Los 349 puntos sobre la mesa

Superman, con capa de bandera cubana
Superman. Fotografía: Ariel Maceo

Dicen por ahí que el Decreto 349 quiere desaparecer a todo el arte cubano, y por carambola, a todos los artistas. Esto es falso. Hoy vengo a escribir la verdad. No es justo que la infamia siga expandiéndose como un cáncer por las redes.

En el caso de los artistas, el 349 quiere desaparecer a un tipo en específico. Se trata de los indomables. Aquellos que no bajan la cabeza, ni se arrodillan ante “El rey de la noche”. Esos que escupen la patrulla de policía, hacen un grafiti en las paredes del calabozo, o… una vez metidos a la fuerza en el manicomio, enamoran a su psiquiatra como el Jóker. Por ende, el arte que quieren desaparecer, es el que no se deja aplastar por el cuño de ningún ministerio.

El arte oficial. El arte predecible. El arte políticamente correcto… no tiene nada que temer. Mucho menos quienes lo fabrican. Sus espaldas seguirán siendo la “alfombra roja” para las botas del General Gepetto y su títere Pinocho. Si eres oficialista, tienes vía libre. Puedes propinarle una paliza a tu mujer, estafar a Etecsa, convertir tu nariz en el perrito goloso de la cocaína, incluso estimular la prostitución infantil y la corrupción de menores. Nada te va a suceder, salvo pasar un tiempo lejos de la opinión pública. Ahí tienen a Kcho.   

Pero, OJO… el panorama alternativo debería estar de fiesta. La historia les ha reservado un sitio VIP. Aunque haya mil ovejas en el rebaño, la única que perdura en el recuerdo es la oveja negra. ¡El nubarrón oscuro que promete tormenta! Los oficialistas son las ovejitas blancas que contamos de una en una para dormirnos de aburrimiento. Lo que nutre el espíritu de un país es el arte incómodo. De hecho, le llaman así, por ser la mosca en la sopa de los poderosos. Siempre hay un tirano de turno, que intenta pisotear los sueños del pueblo, y siempre hay artistas que se juegan el pellejo para traer de vuelta la esperanza.

Cuba posee un racimo de ejemplos.

Tenemos a José María Heredia. Antes de ser considerado “el primer poeta romántico de América”, tuvo que salir corriendo de Cuba. Los españoles querían hacerle pagar caro sus guiños conspirativos. Por esta razón le cantó al Niágara y no al río Almendares. Murió en la Ciudad de México, lejos de la tierra que lo vio nacer.

Tenemos a Plácido. Un mulato pico de oro, cuyos versos se cocinaron en el escote de las mujeres, las fiestas criollas, el aguardiente y el lechón asado. Acabó frente a un pelotón de fusilamiento. Fue a encontrarse con la muerte, declamando un poema suyo escrito en prisión: “Plegaria a Dios”.

Por supuesto que tenemos a Martí: el “Big Boss”, el “Capo di tutti capi”, el “Mokongo”… ¿Qué decir del apóstol? Quien cargó sobre sus hombros la ingratitud y la incomprensión de sus compatriotas, a la par que la furia del imperio español. Sin embargo, llevaba a Cuba entera sobre su frente. Como diría Lezama: “es el misterio que nos acompaña”. Su pensamiento es tan profundo que hoy les sirve a todos los bandos.

Tenemos a Rubén Martínez Villena, quien derrocó al “asno con garras” postrado en cama, y a punto de convertirse en un cadáver, con los pulmones rotos por la tuberculosis. Dejó pocos versos, pero forman parte del tesoro poético de la nación.

Tenemos a Dulce María Loynaz, una cubana exquisita, que al recibir en 1992 el premio Cervantes, llevaba más de treinta años de inxilio en su casona del Vedado. Lo más triste de su anonimato es que, además de haber sido una joya viviente de la literatura universal, su novela Jardín, por ejemplo, ya poseía grandes dosis de Realismo Mágico, lo cual significa que se adelantó varias décadas al Boom Latinoamericano. No obstante, mientras ocurría este fenómeno literario, catapultado por el impacto de la Revolución cubana, los autores del “Boom” se mostraban cariñosos con el Ejército Rebelde, e ignoraban que la precursora flotaba en una soledad de polvo; entre fotos grises, libros y penumbras, como un poltergeist incómodo a los ojos de los barbudos.

Se pueden citar muchísimos ejemplos en cada uno de los períodos históricos de la isla. El grueso de los artistas que hoy son patrimonio nacional, no fueron bien vistos por el poder en su momento.  

Por tanto, los creadores que participan en la campaña para derogar el Decreto 349, son herederos espirituales de Heredia, de Plácido, de Dulce María, de José Martí. Pertenecen al clan familiar de los muertos ilustres. Al igual que ellos, han conocido la prisión, el vino amargo del exilio, el sobresalto en el estómago, la violencia y las campañas de difamación.

Ahora, los inventores del Decreto 349… ¿A quién se parecen? ¿De quién son descendientes? Es obvio. No discrepan de las tiranías que pintan en sus libros escolares.  Son nietos de los gobiernos corruptos de la República. Tataranietos de las autoridades de la colonia. Hijos de las tres carabelas de Colón, aventura que empezó con este diciendo… “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”… y terminó con la población aborigen convertida en un montón de calaveras. La historia es cíclica. La Revolución comenzó con… “Cuba, que linda es Cuba”… y está a punto de terminar con un país en ruinas.

Es necesario aclarar que los artistas que nos antecedieron tenían dos puntos de ventaja sobre nosotros. Primero, ellos sabían que el verdadero enemigo no era una ley escrita en un papel, sino el fabricante de esa ley. Segundo, para enfrentarse a este enemigo, no se limitaron a encerrarse en una burbuja exclusiva de artistas, sino que lucharon codo a codo, con políticos, obreros, esclavos, masones, burgueses… en fin, todos aquellos que pusieran la unidad por encima de sus diferencias.  

Ya nos lo dijeron en la escuela… “no vale ser reformista como Saco, vale ser independentista como Varela”… que de hecho fue el primero que nos enseñó (en) pensar. Volviendo a Dulce María, incluso ella lo tenía claro a pesar de ser apolítica. Una vez le propusieron abandonar el país y expresó: “Yo soy hija de uno que luchó por la libertad de Cuba, quien tiene que irse es el hijo de quien quería que siguiera siendo colonia”. 

Por el momento, nosotros los artistas, seguimos contra el Decreto 349. Derogarlo es una cuestión de honor.

(Video en facebook: rap del autor en contra del Decreto Ley 349)

El escritor y rapero Luis Dener Hernández en la revista Árbol Invertido

(La Habana, 1985). Poeta, narrador y músico. Licenciado en Pedagogía. Fundador del proyecto Demóngeles, y su Coordinador fuera de Cuba. Tiene su primera novela actualmente en proceso de edición. Cuenta con varios poemarios, entre ellos: “Intervalos de cordura”, “Esto no es un bestseller”, “Manicomio o muerte”. Ganador del mejor intro 2009, por el intro del CD "El atropello", de Los Aldeanos. Le gustan los jueves, el café y los cementerios.

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