La palma real y la serpiente

Timbre con nombres de Jesús y María, Foto: Francis Sánchez, revista Árbol Invertido 2015
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Francis Sánchez

Publicado: 11/27/2015 - 17:47
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Hace poco concluyó la visita pastoral a Cuba del Papa Francisco, tercer pontífice romano que ha viajado a nuestra patria, tras sus predecesores San Juan Pablo II (1998) y Benedicto XVI (2012). El paso, en olor de multitudes, del Papa Bergoglio ha dejado un testimonio gratísimo en el seno del pueblo, por su sencillez, cercanía a la gente y la transparencia de sus edificantes mensajes.

Este suceso obliga a desempolvar un acontecimiento olvidado en la historia de las relaciones entre Cuba y el Papado. En febrero de 1947 se efectuó en La Habana un Congreso Eucarístico Nacional, y en la clausura, que se produjo en la Avenida del Puerto, los asistentes escucharon por vez primera un mensaje radiofónico dirigido al pueblo cubano desde el Vaticano, en este caso de Pío XII.

Antes de ocupar la silla de Pedro su nombre era Eugenio Pacelli (1876-1958), y su pontificado se extendió entre 1939 y 1958, años convulsos para el planeta por el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, el inicio de la Era Atómica luego de los trágicos bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, y la subsiguiente Guerra Fría. Pío XII también alcanzó celebridad por el decreto que excomulgaba a los comunistas y sus simpatizantes.

Los presentes en la explanada capitalina fueron testigos expectantes al oír, en la propia voz del Santo Padre, aquel memorable mensaje. En una de sus partes advertía:

 

Todos os sentís orgullosos de haber visto la luz, como alguien felizmente dijo: “en la tierra más hermosa que ojos humanos vieron” y dais gracias a Dios porque os hizo hijos de la Perla de las Antillas.

Pero precisamente en esta placidez y suavidad del fácil vivir, en esta perenne y casi irresistible sugestión de una naturaleza luminosa y exuberante, en esta prosperidad alegre y confiada se esconde acaso el enemigo: por el tronco airoso de vuestra palma real que el suave soplo de la brisa hace cabecear airosamente, nos parece ver que precozmente se desliza la serpiente tentadora: “¿Por qué no coméis?... os dice, seréis como dioses” (Gen. 3) y si todo el esplendor de esta atracción puramente natural no se compensara con una vida sobrenatural, potente y robusta, la derrota sería cierta.

 

Un poco después retomaba la imagen de la palma real, símbolo de Cuba: “Si no queréis veros hundir por la oleada del materialismo, si deseáis no ver ahogada vuestra palma real entre la mala hierba, bajo los cardos y las espinas”, exhortaba a volverse a Dios y a la Virgen.

En la Biblia Adán y Eva, al ser convencidos por la serpiente, léase el Diablo, de comer del fruto prohibido cometen un pecado doble, de insubordinación y orgullo, y por esto Dios los expulsa del Paraíso Terrenal y condena a los infractores y a sus descendientes, o sea a la humanidad toda, a experimentar el misterio de la muerte. Esto es lo que se conoce como el pecado original. El Papa Pacelli acude a este recurso literario para amonestar sobre el cultivo de una vida ligera y despreocupada, el rechazo a la virtud y el desprecio o negación de Dios y apostrofa que de elegirse ese camino “la derrota sería cierta”.

Un lustro después, el 10 de marzo de 1952, el golpe de estado liderado por el ambicioso y funesto Fulgencio Batista quebró el imperfecto, pero sostenido proceso democrático inaugurado en 1940 y abrió una luenga y dolorosa etapa para la nación. Se había cumplido la advertencia profética de Pío XII.

José Gabriel Quintas. Foto en revista Árbol Invertido

(Ciego de Ávila, Cuba, 1951). Historiador. Fundador y director de la revista católica Imago (1996-2013). Ha publicado los libros Historia anticuaria de alucinados, fantasmas y bandidos (Ed. Ávila, 1999) y El que de miedo se muere (En coautoría con Manuel Toledo Alejo. Ed. Ávila, 2006). Tiene a su cargo la sección “Gacetillas Avileñas” en la revista cultural Videncia, donde publica sus crónicas. Ha colaborado en otras publicaciones, como el Índice Histórico de la Provincia Ciego de Ávila (1988), la Historia local de la provincia Ciego de Ávila (1988) y, en colaboración con Manuel Toledo Alejo, las Gacetillas avileñas (1991).

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