Ofelia Pérez (Oyá Deí)

Bailarina rinde homenaje a los Orishas
Bailarina rinde homenaje a los Orishas

Su vida es su muerto y su muerto la llevó al santo. Así nos asegura Ofelia, esta excepcional mujer, que con sus 84 años cumplidos recientemente es una de las personalidades vivas de la santería afrocubana. Como santera mayor, con más de medio siglo asentada en Ocha, ha ganado mucho prestigio.

Ofelia Pérez nació en la Ciudad de La Habana el 2 de abril de 1933. En la capital de Cuba tuvo su casa entre Picota y San Isidro, en el número 210, frente a la antigua estación de policía. Llegó a la ciudad avileña procedente de la ciudad de La Habana, siendo aún iyawó, un 14 de febrero de 1978. Se estableció en el antiguo barrio de Maidique, también llamado Lugones, en la zona sur de la ciudad, a pocos pasos de la línea del ferrocarril de Júcaro a Morón, en una cuadra conocida popularmente como la “Cueva del Humo”, donde aún vive.  

Procede de una familia humilde y sus orishas vinieron a la región de la Trocha, según ella misma recuerda “en un cajón de bacalao”. Su primera casa en Ciego de Ávila fue un ranchito que con el tiempo llegaría a transformarse en una edificación de mampostería con un amplio patio lateral.  

Es Ofelia una mujer de facciones finas, delgada, de piel negra y voz dulce y tierna, aunque no por ello desprovista de carácter. Muy firme siempre en sus apreciaciones, le satisface mucho hacer el bien.

En el ámbito familiar de Ofelia existen antecedentes en la práctica de religiones de origen africano. Una de sus abuelas, de sangre haitiana, fue poderosa en la rama de palo monte y vivió en Jovellanos, provincia de Matanzas.

La consagración religiosa fundamental de Ofelia se enmarca en los dominios del espiritismo y de la Regla de Ocha-Ifá, pues no es poseedora de nganga o prenda conga.

Se asentó Ocha siendo muy joven, en el año 1966. Ella recuerda con gran lucidez cómo, estando ingresada en un hospital por una grave situación de salud, fue a visitarla un babalawo acompañado por santeros, y le hizo saber el mensaje de Orula, que le aconsejaba coronarse en el santo. Poco después empezaron los praparativos para la ceremonia del asiento, para lo cual fue necesario (y este pasaje de su vida lo cuenta siempre emocionada, con los ojos húmedos) que vendiera un relojito que siempre llevaba puesto y que tenía para ella un gran valor sentimental. Fue necesario también el apoyo económico de la familia. En aquel entonces el santo le costó quinientos pesos. La ceremonia de su asiento fue en Cruces, municipio de la provincia de Cienfuegos. Fue su padrino el mulato babalawo Román Brindis de Salas, hijo de Obbatalá. Su madrina fue Olga Terry (Oggún Toyo) y su eyigbona Oggún Deí. Su cumpleaños de santo es el 2 de junio.

Durante la ceremonia en 1966, se escuchaban en la distancia los disparos de la lucha  que se ejecutaba en las montañas próximas del Escambray. La década del sesenta en Cuba, como bien se conoce, fue testigo de una serie de acontecimientos de índole político social de gran resonancia, y entre los practicantes tanto del catolicismo como de las religiones de origen africano se respiraban aires de temor y zozobra, resultado de las manifestaciones de hostilidad e irrespeto que padecieron las personas de fe. En tal contexto, la adoración a las deidades africanas se hacía muchas veces de forma oculta, para evitar confrontaciones con las autoridades. Por esas razones Ofelia, durante la semana de su asentamiento en Ocha, hubo de hacer un peregrinaje por varias casas de santo. La segunda casa para la que la llevaron fue una ilé osha de Elegguá  y la tercera en donde estuvo fue en una ilé osha ubicada en Marianao, en La Habana. Es por eso que Ofelia, durante su nacimiento como santera, tuvo tres tronos.  

Le asentaron la orisha Oyá, de quien es hija directa y legítima. Su nombre en el santo es Oyá Deí. Es su padre Obbatalá Obbamoró y en 1966 le fue entregado el cofá de Orula. Respeta mucho a Changó y le gusta especialmente trabajar el espiritismo. Por tal razón sentencia: “La vida mía es el muerto y el muerto me llevó al santo”. Es su costumbre, cada 31 de diciembre, hacer en su casa una misa espiritual. “Al muerto hay que saber llevarlo”, sostiene con la firmeza y humildad de quien lleva más de cincuenta años de una intensa y hermosa comunión con los eggunes y con los orishas.

Su madrina en Ciego de Ávila fue Iluminada Diago (Ochún Moyuwá). Otra de las santeras famosas de la ciudad con quien sostuvo una gran amistad y por la que sintió un gran cariño fue María Siria Cabello (Oggún Salé) cuya casa se encontraba a pocas cuadras de la suya. La amistad con María Siria fue interrumpida por la muerte de esta última, acontecida a principios de la década de los noventas del pasado siglo. De María Siria dice: “Fue como mi abuela de corazón”. Y recuerda con alegría la mañana en la que María Siria y ella se conocieron: “Cuando María Siria supo que había venido a vivir al barrio una santera hija de Oyá, a la semana vino a conocerme. Yo vine todavía siendo iyawó, y ella quería conocer a única iyawó de Oyá que había aquí en aquellos momentos”.

El muerto de Ofelia es muy respetado, sobre todo porque cuando anuncia una muerte o una grave situación de salud nunca se equivoca. Asimismo muchas veces la orisha dueña del cementerio y sus alrededores, de la centella y el viento tempestuoso se ha posesionado de Ofelia durante los toques de tambor y celebraciones a las deidades. Ella recuerda que una de las veces que fue tomada por la santa durante un toque de tambor, la orisha se detuvo delante del hijo adoptivo de María Siria Cabello, que se llamaba Ángel Custodio Baró Monteagudo, y lo miró con fijeza y rostro aterrador. De esa forma, la santa avisaba por adelantado la partida del santero, la cual aconteció poco después.

Ofelia gusta vestir, como es habitual en muchas mujeres santeras (al menos en las más apegadas a la tradición) con vestidos largos y sus collares permanecen habitualmente en su canastillero, salvo el collar y el iddé de Orula, que lleva siempre puestos, tal y como establece la Regla de Ocha-Ifá. Luce dos bellas argollas doradas y dentro de su ilé, en ocasiones, anda descalza. Esto último no es raro encontrarlo en otras mujeres santeras, pues no se trata solo de una cuestión de comodidad o costumbre, sino también de un comportamiento que encierra múltiples connotaciones espirituales.

Ofelia se lamenta del irrespeto y falta de prestigio existente en algunas casas de santo y entre algunos practicantes de las religiones de origen africano. “Ya muchas cosas no son como se hacían antes. No se respeta a los mayores como debiera ser. Si uno se corona en Ocha es para seguir al pie de la letra el reglamento del santo, y eso no siempre se hace. Cuando yo me hice santo las cosas eran muy diferentes. Como yo hago las cosas como me la enseñaron los mayores, no ligo mucho con algunos santeros de ahora porque se ha perdido mucho el respeto y yo soy muy respetuosa de los orishas y de la regla y me gusta hacer siempre el bien y decir la verdad”. Pues justamente otro de los méritos de Oyá Deí es que, en un panorama religioso actual donde por razones de diversa índole se tiende muchas veces a la tergiversación y adulteración de las reglas del culto a las deidades de origen africano, ella nunca se ha dejado contaminar ni corromper, y mantiene con gran firmeza y convicción la enseñanza de sus mayores. De ahí también que ella prefiere no “mezclarse” con algunos santeros.

Por haber llegado a la Ciudad de los Portales a fines de la década del setenta de la pasada centuria, Ofelia fue testigo de algunas manifestaciones de represalia y discriminación contra las religiones de origen africano, que aún en esos años continuaban de un modo muy semejante a los días en los que se coronó en Ocha. Como el olvido no se olvida y es Ofelia una mujer muy lúcida, nos dice: “En casa de Aracelia Ramos (Oyá Aladdé) lo tenían todo preparado para hacer un santo a un ahijado y de pronto llegó la policía con un camión y un papel con una orden. Todas las cosas del santo, las piedras, las soperas, los atributos de los orishas y hasta los animales fueron lanzados para el camión y se los llevaron. En otras casas de santo pasaron también cosas como esas. “Una mañana fui a visitar a mi madrina Iluminada Diago y cuando estaba llegando a su casa vi que había un camión parqueado en la esquina y que estaba pasando lo mismo que pasó en casa de Aracelia”. Por eso muchas veces los santos se hacían a escondidas, como en los tiempos de los barracones y la esclavitud. A mí por suerte nunca me llevaron ninguno de mis fundamentos, pero sí vino un policía a mi casa para darme la orden de que no podía seguir con las consultas”. Al preguntarle sobre si tales atropellos nunca les provocaron consecuencias negativas a sus ejecutores, vuelve a contar: “Aquí hubo un policía que siempre estaba en todos los registros en las casas de los santeros. Se hizo famoso para la comunidad religiosa porque aquel hombre se extasiaba con entrar a casa de los santeros, amparado por las autoridades, y acabar con todo lo que encontraba a su paso que tuviera que ver con la religión. Ese policía fue el que se llevó y botó los fundamentos de una casa de santo de Changó muy conocida, y alardeaba que a él no iba a pasarle nada de nada. Pues resulta que ese policía tenía un hijo que era un niño, y un día que su mujer estaba lavando el niño fue y metió la mano en el agua de la lavadora y una descarga eléctrica lo mató al instante. Dicen que después de eso no participó en ningún otro registro.”

Conversar con Ofelia es sumergirse de lleno en las tradiciones y costumbres de décadas pasadas, beber de la savia auténtica de la religiosidad popular de origen africano. Es también una gran lección de sabiduría donde todo acaba siempre en una gran fiesta del espíritu.

En relación a las atenciones a los eggunes o espíritus protectores dice: “Antes el día de los fieles difuntos la gente se pasaba la noche y la madrugada en el cementerio. Ponían velas y flores en las tumbas, las limpiaban y las pintaban, si había yerba se chapeaba y no había nadie que no fuera ese día a visitar a sus seres queridos. Ya eso es muy raro que se haga tal como se hacía en aquel tiempo”.

Un repaso detenido de la ilé osha de Oyá Deí nos permite apreciar, al pie del tronco de uno de los árboles de su amplio patio, el palo con tiras blancas y negras para la ceremonia de Eggún. Como suele ocurrir en las ilé osha de Cuba, dispone de un cuarto de santo, donde se encuentra sobre el piso, en una esquina, el fundamento de Babalú Ayé, el cual le fue entregado a la manera yoruba y no arará, es decir, con el receptáculo de barro abierto y no sellado, el cual es de medianas proporciones. En la pared de enfrente se ubica su canastillero, que luce bellas soperas de loza y porcelana, algunas antiguas, y majestuosos collares de mazo de los santos orishas, entre los cuales se destacan los de Yemayá y Oyá. Alrededor y junto a algunas de las soperas, varios muñequitos y muñequitas finas de loza, no solo a modo de decoración, sino también alegóricos a los dioses africanos. En la parte superior del mueble que hace la función de canastillero (al parecer un escaparate grande al que se le retiraron las puertas y se le colocaron anaqueles para adaptarlo a su actual función) se destaca la gran sopera de Yemayá y la de Obbatalá. La de Yemayá es una sopera grande de loza, de color azul oscuro con bordes dorados. Justo en el anaquel central del canastillero, en una sopera blanca de las antiguas, adornada con flores de color rosado, tiene a Oyá, su orisha tutelar. Su fundamento de Orula, que incluye la lerí (cabeza) del chivo sacrificado al orisha de la adivinación, se halla en el anaquel más cercano al piso y pegado a la esquina. En la habitación contigua al cuarto de los orishas, la del fondo de la casa, encontramos la gran tinaja de barro pintada de azul oscuro de Olokun. “Esa tinaja es la misma en que me fue entregado Olokun cuando me asentaron Ocha”, nos dice.

Ofelia no está de acuerdo con aquellos que dicen que los fundamentos de determinados orishas no puedan estar juntos en el canastillero, y para explicarse sostiene que: “Todos ellos son santos, pueden estar juntos, unos al lado de los otros, eso no tiene nada de malo”. En relación a los orishas guerreros (Elegguá, Oggún, Ochosi y Osun sostiene, tal como le enseñaron sus mayores, que son santos de patio, lo cual no significa que no puedan estar dentro de las casas. De cualquier forma, ella prefiere el patio para situar los orishas guerreros, pero no los tiene en el suyo tan acogedor porque: “Como ya se ha perdido el respeto con todo, hasta con la religión, cualquiera pasa y los ve y les tira una pedrada”.

En Ofelia Pérez (Oyá Deí) confluyen, con gran fuerza y armonía, toda una serie de valores humanos que la convierten en una mujer santera extraordinaria. En ella pueden constatarse, tanto en su modo de actuación como en su forma de oficiar el culto a las divinidades, la pureza y frescura del legado de los ancestros africanos llegados a Cuba en épocas pasadas. Su establecimiento en Ciego de Ávila, por espacio de ya más de cinco décadas, ha aportado y aporta todavía capítulos de luces a la historia del culto a los orishas en nuestra comarca, pues es Ofelia árbol sabio y bueno cuyas iluminaciones habrán de acompañarnos siempre, como ofrenda amorosa de quien aprendió muy pronto en la vida de que solo un buen corazón fraguado en el respeto es capaz de salvarse en lo más puro.

Foto: escritor Pedro Evelio Linares, en revista Árbol Invertido

(Ciego de Ávila, 1983). Poeta e investigador. Licenciado en Estudios Socioculturales por la Universidad Máximo Gómez Báez de Ciego de Ávila (2009). Miembro de la Asociación hermanos Saíz (AHS). Poemas suyos aparecen en el dossier de poesía avileña de la revista Videncia (No. 10), y en antologías de varios números de la revista Norte del Frente de Afirmación Hispanista, México. Aparece incluido en la selección de poetas avileños Silencio anterior a todo ruido, compilación de Herbert Toranzo y Elías Enoc Permut (Ed. Ávila, 2008). Ha realizado investigaciones sobre arqueología aborigen y colonial cubana. Uno de estos trabajos investigativos, “La marca de la rosa”, apareció en la revista cultural Videncia, No. 17. Autor del libro Poemas para fundir contra el pecho del acróbata (Ed. Ávila, 2010).

Comentarios:


Maya (no verificado) | Mié, 22/11/2017 - 17:25

Me encanta este trabajo, da muestra de una persona muy conocedora y entusiasamada por el tema. Gracias

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