Héctor Luis, préstanos el corazón

Portada del libro "Pies-prestados", del joven escritor Hector Luis Leyva
Portada del libro "Pies-prestados", del joven escritor Hector Luis Leyva
Portada del libro "Pies prestados", del joven escritor Hector Luis Leyva

No he conocido un escritor más valiente en todos los sentidos de la palabra, ni honesto y humilde. Héctor Luis Leyva Cedeño (Jiguaní, Cuba, 1986), me honra al permitirme ser su amigo y fiel lector. Eso cuando tengo la suerte de obtener alguno de sus libros.

Los que tuvimos la dicha de estar junto a él en sus primeros pasos literarios, quizás no sospechábamos entonces que llegaría tan lejos, que un día acumularía tantos libros publicados, tantos premios, tantos seguidores, tantos amantes de sus historias. Tantas personas enamoradas del ser humano que es.

Los pies prestados (Ediciones Orto, 2014), edición de Marlene Moreno Sosa, corrección del poeta Ángel Larramendi Mecías, diseño, composición e ilustraciones del artista de la plástica Yuris Y. Baldoquín Suárez, es uno de esos títulos, dedicado a niños y jóvenes, donde Héctor recrea 13 historias en que se juntan sueños, anhelos, dolores, tristezas, alegrías, y otros sentimientos que despiertan las páginas de esta obra ya agotada en las librerías de Cuba.

Él mismo pide los pies prestados a amigos para desandar las calles de la Isla en eventos literarios, y reuniones con seres a los que quiere y que lo adoran. Entrar en el mundo narrativo que nos propone, también es irrumpir en la cruel y dura realidad que sepulta a los cubanos.

Es este un libro lleno de encantos y magias, de cuentos contados y tejidos con maestría y gracia, en los que terminamos involucrándonos de principio a fin.

El joven escritor Hector Luis Leyva
El joven escritor Hector Luis Leyva
El joven escritor Hector Luis Leyva

¿Acaso fue el autor protagonista de muchas de sus historias? ¿O le pasaron a los lectores que ahora siguen y persiguen cada una de las entregas que hace Héctor a las editoriales nacionales?, eso no es lo más importante, lo cierto es que Héctor se nos convirtió de la noche a la mañana en un gran escritor cubano para niños y jóvenes, de los que habitan muy pocos en esta Isla, comparable a: Eduard Encina, Mirna Figueredo, Luis Carlos Suárez, Luis Caissés, Rubén Rodríguez, Ronel González, Niurkis Pérez, Yunier Riquenes, Geovannys F. García, Diusmel Machado, Mirian Estrada, Saray Guerrero, Mildre Hernández, Otilio Carvajal Marrero, Maylén Domínguez, Luis Cabrera Delgado, Jorge Luis Peña, Geovannys Manso Sedán, José Manuel Espino, Nersy Felipe, Nelson Simón… y un etcétera cortico.

La literatura para niños y jóvenes es un terreno muy frágil, una tembladera muy extensa, donde hay que tener pies de plumas, y no se puede pasar gato por liebre, eso es imposible, te hundes. Después de franquear la tierra baldía con cierto éxito, hay que ser un púgil de peso completo, súper pesado, para subir al rin, y tener el corazón de espuma, de algodón azucarado para conseguir ciertas alturas, cierto vuelo y alcanzar con inefable belleza la cima y no estrellarse, y eso solo lo logran ciertos elegidos.

Aquel niño creció, se nos hizo imprescindible, y ahora está entre los maestros de las letras, batiéndose como el mejor de los mosqueteros, entregándonos estas historias contundentes, las que después de disfrutarlas o sufrirlas, con igual intensidad, no las podemos olvidar.

 

FOBIA

(Cuento del libro inédito “Vaca de vacaciones”)

Quitaron bruscamente la guarachita de Pijirigua para llamar por los altavoces:

A la Vaca Georgina, la solicitan en la dirección… A la Holstein Georgina, presentarse con urgencia en la dirección —repetía Úrsula, la secretaria con esa manía de aeromoza frustrada.

La música me relaja, me calma, pero esa vocecita nasal e irritante me crispa los pelos del lomo. Debido al trauma padezco “agorafobia” o miedo a los espacios abiertos, cosa difícil de curar si vives en una vaquería como esta, donde llanuras inmensas y desoladas se sobran. Por eso siempre estoy escondida en la nave del ordeño mecanizado, roto desde hace más de medio siglo. Me agobia el tumulto del rebaño. No soporto escuchar los periqueos de mis compañeras que se pasan el día entero rumiando chismes, porque con esta sequía, no hacen otra cosa:

—Que si fulanito se las daba de torazo y ahora es un buey que no quita la vista del surco.

—Que si mira a menganito como le crecen los cuernos y su vaca haciéndose la santa.

Hasta de mí andan hablando esas malas amigas: dicen que luego del suceso me he convertido en una vaca introvertida, solitaria, neurótica. Quisiera ver si les hubiera sucedido lo mismo a ellas.

Escuchar mi nombre como una letanía en las bocinas me inquieta. Un aire frío me sube desde la cola y se me crispa el espinazo. Maquinalmente inclino la cabeza y escarbo con la pezuña derecha en el pavimento. Hago siempre esta rutina cuando me siento amenazada o si me ronda un mal recuerdo. Levanté las orejas y casi pude volver a escucharlo. Recuerdo que todo se oscureció de pronto, nubes de tormenta cerraron el cielo. Me había separado del rebaño y la vaquería estaba bastante lejos, por lo que decidí guarecerme bajo un algarrobo. Los arbustos a mí alrededor se estremecían violentos por las ráfagas, pero mi sexto sentido juraba y perjuraba que alguien se escondía tras la maleza —No seas cobarde Georgina… es el viento, es la lluvia… son los truenos —decía dándome valor ante cada señal. Amparado por una densa cortina de agua, me sorprendió el desalmado por la retaguardia como una aparición, inmovilizándome con endiablada agilidad. Primero las patas, luego con una mordaza ahogó mis mugidos de auxilio. El vaho alcohólico de mi agresor era insoportable. Con increíble sadismo me susurraba los sórdidos detalles de su macabro plan, mientras afilaba los cuchillos uno contra el otro:

 —Vaquita rica, te voy a hacer bistecs. No van a quedar de ti ni los tarros, este palo de agua borrará la evidencia. Soy un bestia. Lo tengo tó´ pensao…

Otra vez sentí el filo del acero contra mi garganta, mis súplicas desoídas, y en el último segundo...

Un gallo que se le fue a la secretaria, llegó tan certero, como el disparo al aire que hiciera el celador aquella noche horrible. Fue entonces que reaccioné y venciendo el pánico lancé aquella patada directo al pecho del cuatrero, que adolorido se perdió en el monte. Aquel golpe que me salvara la vida, ahora sólo me causa problemas.

Georgina, si no vienes, los vaqueros saldrán a buscarte y ahí sí que no te va salvar ni el médico chino —chilló Úrsula amenazante volviendo a poner la música.

Traté de levantarme, pero estaba en temblores, el cuerpo no me respondía. Estaba helada, sudorosa y rígida tras aquel flashback de mi memoria. Tuve que hacer los ejercicios de respiración que me orientó la doctora para qué mis cuartos traseros reaccionaran.

Bastó una noche de terror para convertir a la vaca mejor plantada en el materialismo dialéctico, en una temerosa y frágil creyente en los milagros y medio adicta a los antidepresivos.

Encomendándome a la Vaquita del Santo Pesebre me encamino hacia la dirección.

 

Nota de la redacción: Héctor Luis Leyva Cedeño (Jiguaní, Granma. 1986), pertenece al grupo literario Hacedor. Además, es miembro de la AHS (Asociación Hermanos Saiz) en Granma, desde donde ha obtenido relevantes premios nacionales. En 2009 publicó por ediciones Bayamo su primer libro titulado Cuentos feos, reeditado al año siguiente. En febrero de 2014 obtuvo el Gran Premio Escaramujo en el apartado de literatura, otorgado por la Brigada de Instructores de Arte José Martí.

Rafael Vilches Proenza

(Vado del Yeso, Río Cauto, Granma, Cuba, 1965). Lic. Educación Artística en Artes Plásticas. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Premio de poesía “Manuel Navarro Luna” en 2004 y 2010, con El único hombre (Ed. Orto, 2005) y País de fondo (Ed. Orto, 2011). Ha publicado Ángeles desamparados (Novela. Ed. Bayamo, 2001 / El Barco Ebrio, España, 2012), Dura silueta, La Luna (Ed. Bayamo, 2003), Trazado en el polvo (Ed. Holguín, 2006), Tiro de gracia (Ed. Holguín, 2010), Lunaciones (Letrabierta, La Habana, 2012), Café amargo (Miami, EE.UU, 2014). Textos suyos se han publicado, además, en España, Italia, Nueva Zelanda, Alemania, Puerto Rico, México, Honduras, Brasil, Chile, Canadá, Argentina y EE.UU.

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