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Poesía venezolana | Imágenes de la lluvia

"Herida voy cercada por renuncias y espinas / pero tu imagen guarda la limpidez de un remanso / por donde mi niñez construía los tesoros solitarios".

Mujer con sombrilla de frente a un lago mientras llueve.
"Lluvia". | Imagen: Pixabay

Imágenes de la lluvia

Oh seductora lluvia al pie de mi infancia

con murales de ponsigués de dantas de cayenas

oh mansa criatura de pupilas delirantes

tu escudo es la nostalgia con su vuelo

cuando las amarillas flores del verano

se estremecían de una dulzura insondable

Oh materia hecha para una fábula

oh magnífica espesura de mis recuerdos

por tus cristales cumplo el mandato de ser melancolía 

pradera rumorosa del sentimiento

 

Herida voy cercada por renuncias y espinas

pero tu imagen guarda la limpidez de un remanso 

por donde mi niñez construía los tesoros solitarios 

en busca de tu dimensión con ciudades azules 

lluvia besada por los labios de esta canción

lluvia con vaticinios y afluencias.

***

Los ángeles nocturnos

Tenemos ángeles de lirios sorprendidos

que nos rodean tiernamente

nos internan por regiones brumosas

Algunas noches tenemos de improviso

visitas desconocidas de seres con ojos alucinados

con las mejillas empalidecidas 

por la vigilia por la fe 

 

Todos creemos entonces

que comienza un ciclo de perfección

queremos ascender en las olas de la noche

porque aceptamos el desafío sobrenatural

entonces la marea se inclina hacia nuestras vidas 

pensamos que si nos lo proponemos

alcanzaremos al viento con sus flautas maravilladas 

 

Hay nocturnos cálidos y sencillos

con el advenimiento de ángeles cuyas músicas

nos hacen padecer con alegría

ofreciéndonos un halo de su gloria verdadera

y tal es nuestra convicción

que entonamos himnos amargos y fieles

no sabemos qué gracia solicitar

todo se nos vuelve jirón de la densa inquietud sideral 

 

En esa hora en que la conciencia

se ensancha en la luz omnipotente de otra luz. 

***

Ascensión en la noche

Ascenderemos a ti noche de presencia misteriosa 

cantaremos el canto encendido de nuestros corazones 

tendrás el clamor de nuestros ideales

nos escucharás aunque no quieras 

aunque estés lívida de presagios mortales

aspiraremos el soplo de tu bosque y de tu mar

Somos centinelas confusos en el infinito cauce de Dios 

somos las sombras que perseguimos el itinerario de los astros 

por eso buscamos tu desamparo tu designio

pues queremos consolarnos delante de tus torres 

creemos en tus hechizos en tus preguntas

oh noche de palpitación sonámbula

tu emblema es el delirio

tu signo es tu propio fondo innumerable

madre de las agonías madre de los deseos 

madre de las tempestades y alianzas 

ascenderemos a ti

aunque nuestras rodillas parezcan piedras 

ascenderemos a tu atalaya con muerte 

a tu ámbito con la estrella de la esperanza

a tu seno de fantasmas de imprecaciones

a tus murallas con rumores febriles

caeremos con pasión frente a tus llanuras pisoteadas 

te alabaremos con los labios resecos por el fuego 

cuerpo nocturno con el sobresalto de la eternidad. 

***

Himno terrenal

Por tus gramíneas y tus espesuras 

por tus rebaños y tus labrantíos 

por tus fragancias y tus marejadas 

madre terrena densidad secreta 

llego a tu seno de sedienta duda 

 

Por tus canteras y tus soledades

por tus abismos y tus huracanes

por tus tormentas y tus abundancias 

madre del polvo humano derramado 

dejo las fibras de mi corazón 

 

Por tus raudales y tus manantiales 

por tus leyendas y tus rocas vivas

por tus océanos y tus sinsabores 

madre de sales de la luz henchida

te doy la sombra de mi propia sombra 

 

Por tus espumas y tus ventisqueros 

por tus retoños y tus animales

por tus azogues y tus minerales 

madre de angustia cauce indescifrable 

rompe las leyes de mi sangre errante 

 

Por el amor de cada criatura

por el amor sediento que padece 

por la fe del amor negado y alto 

madre de amor profundo impenetrable 

quiero ser alba de tu anunciación. 

 

Del libro Temblor del vacío (Ediciones Deslinde, Madrid, 2020). 

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Jean Aristeguieta

Jean Aristaguieta

(Guasipati, Venezuela, 31, julio, 1921 - Caracas, 8, enero, 2016). Tenía apenas veinte años cuando ganó un certamen con su primer libro, Alas en el viento (1942). Alcanzó reconocimiento internacional desde joven y llegó a publicar en vida unos noventa poemarios. Viviendo en Madrid, mientras estudiaba en la Universidad Complutense, conoció el 27 de octubre de 1964 a la pintora venezolana Elvira Senior. A partir de entonces compartieron lo mejor de sus talentos y sus aficiones, incluida la predilección por la antigüedad helénica. Elvira la dibujó y pintó muchas veces, además de ilustrar siempre sus libros y la revista literaria Árbol de Fuego (fundada en 1967). Jean recibió distinciones como el premio «José Vasconcelos» (1985), otorgado por el Frente de Afirmación Hispanista, y el de poesía "Hölderlin" (1999-2000). Perteneció, por el estado Bolívar, a la AVL (Academia Venezolana de la Lengua), y también a la Real Academia  Hispanoamericana de Cádiz, España. Su obra ha sido traducida al griego, francés, hebreo, inglés, italiano, ruso y portugués, así como al occitano y al valenciano.

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