"Caronte en Patera, 'D' Apre's Patinir'" (óleo sobre lienzo, 145 × 165 cm, 2020). | Imagen: Cristóbal Toral
Para el niño que era,
para el que queda todavía,
para el que no regresará nunca...
Ir al mar siempre había sido algo placentero
daban saltos gigantes,
cantaban canciones
y felices se tomaban de las manos.
Jamás pensaron que el mar
pudiera tragarse a tantas personas.
Personas que solo querían correr,
buscar aires nuevos en un lugar
donde todos decían era libre.
Libre como el mismo mar y su furia.
Enloquecido el mar,
golpeaba las paredes del camaronero
como si las fuera a derrumbar.
Una anciana gritaba
cuando la alzaban brazos de hombres desconocidos.
No la volvieron a ver al bajarse.
Nadie sabía su nombre y sola hacía el viaje.
Seguro tenían deudas pendientes con ese mar
porque a uno por uno les fue cobrando,
muchos permanecieron perdidos en la espuma
y en el verdor de esas olas enfurecidas.
Del libroUn juego que nadie ve, de Manuel Adrián López (Ediciones Deslinde, Madrid, 2019).
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