El gobierno cubano ha presentado reiteradamente la producción de alimentos como una de sus principales prioridades económicas. Esa definición aparece tanto en sus programas oficiales como en declaraciones de sus máximos dirigentes y, específicamente, en su discurso para atraer inversión extranjera.
El Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía incluyó entre sus diez objetivos generales “incrementar la producción nacional, con énfasis en los alimentos”. En diciembre de 2025, Miguel Díaz-Canel fue todavía más categórico:
"Hemos colocado en el centro la producción de alimentos como prioridad nacional."
Esa misma prioridad fue trasladada al discurso sobre inversión extranjera. El 25 de noviembre de 2025, durante la presentación de la nueva cartera de oportunidades de negocios en la Feria Internacional de La Habana, el ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Óscar Pérez-Oliva Fraga, afirmó:
"Todo negocio que esté enfocado a la producción de alimentos lo vamos a valorar positivamente."
CubaChequea contrastó esa prioridad proclamada con los 308 proyectos de inversión extranjera que logró preservar de la plataforma oficial Invierta en Cuba. El análisis muestra una realidad más matizada: la producción de alimentos tiene una presencia considerable por número de proyectos, pero su peso cae drásticamente cuando se sigue el rastro del dinero.
De los 308 proyectos recuperados, 78 correspondían a la producción de alimentos, el 25,3 % de la cartera. Sin embargo, ese sector representaba apenas el 7 % del capital conocido que el gobierno pretendía captar, mientras el turismo concentraba el 62 %. Por cada dólar asociado a proyectos alimentarios, la cartera buscaba captar casi nueve para turismo. Esa distancia entre la prioridad proclamada y el peso económico de los proyectos hace que la afirmación resulte ENGAÑOSA.
Muchos proyectos de alimentos, poco peso económico
La cartera presentada oficialmente el 25 de noviembre de 2025 estaba integrada inicialmente por 426 proyectos. Poco después, 118 dejaron de aparecer en la plataforma, todos pertenecientes al sector energético. Por eso, cuando CubaChequea consultó Invierta en Cuba el 26 de junio de 2026, permanecían publicados 308 proyectos.
La reducción no afectó al sector alimentario. Entre los registros recuperados permanecían 78 proyectos para producción de alimentos, frente a 90 correspondientes al turismo. Es decir, si se mira únicamente la cantidad de oportunidades, los alimentos sí ocupaban un lugar destacado dentro de la cartera.
El panorama cambia al analizar el capital solicitado. De los 308 proyectos, 50 no informaban un monto, por lo que los porcentajes financieros solo pueden calcularse sobre los 258 que sí declaraban cuánto dinero pretendían captar. En ese universo, el turismo reunía aproximadamente 6.700,7 millones de dólares, equivalentes al 62 % del capital conocido; la producción de alimentos, solo alrededor del 7 %.
La diferencia podría incluso estar subestimada, aunque no es posible calcular en cuánto: 30 de los 90 proyectos turísticos tenían el monto por definir, frente a ocho de los 78 proyectos alimentarios. No se puede asignar valor cero a esas propuestas ni inferir qué inversión habrían requerido.
Los proyectos alimentarios tienen montos mucho menores
La distancia entre ambos sectores no depende únicamente de cuántos proyectos aparecen en la plataforma. También influye su escala.
De los 70 proyectos alimentarios que sí declaraban monto, 65 —el 92,9 %— solicitaban menos de 20 millones de dólares y 58 —el 82,9 %— no superaban los 10 millones.
Las actividades alimentarias con mayor volumen de capital eran la elaboración de aceites y grasas de origen vegetal y animal, con dos proyectos que sumaban unos 150,7 millones de dólares, y los productos de molinería, con cuatro propuestas por cerca de 130,8 millones.
El contraste es especialmente visible frente a algunos proyectos turísticos individuales. La cartera incluía, por ejemplo, un campo de golf en Guardalavaca valorado en 1.100 millones de dólares, un desarrollo hotelero en la península de Ancón por 1.094 millones y otro proyecto turístico en Artemisa por 951,6 millones. Cada una de esas propuestas superaba por sí sola el monto de numerosos proyectos alimentarios juntos.
La crisis alimentaria en Cuba da otra dimensión al contraste
Esa prioridad también está recogida en la Ley 118 de la Inversión Extranjera, que establece expresamente que el capital foráneo debe contribuir a sustituir importaciones, “priorizando la de alimentos”. El Programa Económico y Social del Gobierno para 2026 mantiene además la producción nacional de alimentos como uno de sus objetivos centrales.
Esa prioridad declarada coincide con una fuerte contracción de la producción nacional. El Programa Mundial de Alimentos recoge que entre 2018 y 2023 la producción cubana de carne de cerdo cayó un 95 %, la de arroz un 87 %, la de frijoles un 70 % y la de leche un 58 %. El organismo señala además problemas estructurales, bajo nivel de inversión y dificultades para importar insumos agrícolas.
La Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria En Cuba hay hambre 2025, elaborada por Food Monitor Program y Cuido60, documentó también un deterioro severo del acceso a la alimentación. El estudio se basó en 2.513 respuestas válidas recogidas en las 16 provincias y describió un escenario de inseguridad alimentaria crítica; alrededor de uno de cada tres hogares consultados reportó hambre reciente.
Este contexto no demuestra por sí solo cómo debería distribuirse cada dólar de inversión extranjera. Sí hace especialmente relevante comprobar si la prioridad que el Gobierno atribuye a la producción de alimentos tiene una correspondencia material en la cartera destinada a captar capital.
Muchos proyectos de alimentos, mucho menos capital
La presentación de la producción de alimentos como una prioridad económica y de inversión extranjera contiene un elemento verdadero: el sector reúne 78 proyectos, una cuarta parte de las 308 propuestas recuperadas, y tanto la legislación como los planes gubernamentales lo identifican expresamente como prioritario.
Pero la distribución financiera ofrece una imagen diferente. Los alimentos concentran solo el 7 % del capital conocido de la cartera, frente al 62 % destinado al turismo, una diferencia cercana a nueve veces. Además, los proyectos alimentarios son, en general, mucho más pequeños.
Hay una limitación que debe quedar clara: estos datos permiten medir cómo se refleja esa prioridad dentro de la cartera de inversión extranjera, pero no evaluar por sí solos todas las políticas económicas destinadas a la producción de alimentos. Lo que sí puede verificarse es el peso que el propio Estado concedió al sector dentro de las oportunidades que decidió promocionar ante potenciales inversores.
Por ello, la caracterización de la producción de alimentos como una prioridad material de la cartera resulta ENGAÑOSA: está ampliamente representada en número de proyectos, pero esa presencia no se corresponde con el capital que el Gobierno pretendía captar, del cual el turismo concentra el 62 %.
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