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En 1960, Fidel Castro, Ernesto «Che» Guevara y Antonio Núñez Jiménez llegaron vestidos de verde olivo al Country Club, uno de los clubes más conocidos de la Cuba anterior a 1959. Durante aquella partida de golf, Fidel Castro planteó construir en esos terrenos un centro de formación artística. Pronto, en 1962, el antiguo campo de golf había cedido su lugar a los edificios de ladrillo de la Escuela Nacional de Arte.
Como recuerda el periodista y ensayista Alfredo Prieto en un artículo sobre la historia del golf en Cuba, el deporte se consideraba entonces no solo «la expresión de un deporte aristocrático y elitista», sino también un «símbolo de la presencia norteamericana en Cuba», asociado a mafias, casinos y prostitución.
Más de tres décadas después, en 1996, Fidel Castro autorizó el primer proyecto de un nuevo campo de golf desde 1959. En 2011, durante el mandato de Raúl Castro, la construcción de campos de golf pasó a formar parte de las prioridades económicas recogidas en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.
La apuesta no se limita al deporte. Los proyectos anunciados incluyen complejos inmobiliarios de lujo, con 13.914 apartamentos y 5.899 villas previstos para su comercialización a extranjeros, además de marinas para yates y megayates e incluso un aeropuerto.
Según la documentación examinada por CubaChequea, ninguno de los nuevos proyectos analizados ha mostrado la construcción de un campo de golf.
Treinta años de proyectos que no despegan
«Antes de 1959 Cuba era uno de los países caribeños con más instalaciones para ese deporte de origen escocés (ocho en total, cuatro en La Habana)», señala Alfredo Prieto.
En la actualidad, Cuba cuenta con dos campos de golf operativos: el Varadero Golf Club, de 18 hoyos, y el Club de Golf de La Habana, de nueve.
El Gobierno cubano quiere ampliar esa oferta y competir con otros destinos del Caribe. En 2018, Raudel García, entonces director de CubaGolf —empresa estatal creada en 2013 para promover proyectos vinculados al golf—, aseguró que Cuba tendría 27 campos en 2030, una cifra próxima a la de República Dominicana.
La realidad sigue lejos de esa promesa. Según los registros examinados, existen cuatro proyectos con acuerdos para desarrollar campos de golf y complejos inmobiliarios: Punta Colorada (Pinar del Río), El Salado (Artemisa), Bellomonte (La Habana) y La Carbonera (Matanzas).
CubaGolf también ha promocionado otros cinco como oportunidades de inversión: La Altura (Artemisa), La Tatagua (Cienfuegos), Chorrera-Ancón (Sancti Spíritus), Loma Linda (Holguín) y Rancho Luna (Cienfuegos).
En conjunto, esos nueve proyectos contemplan 15 campos de golf y ocupan unas 4.040 hectáreas.
La cartera oficial de oportunidades de inversión incluye, además, Boca de Camarioca, que no figuraba entre las ofertas del sitio web de CubaGolf desde, al menos, octubre de 2024.
A partir de un video promocional de CubaGolf difundido en marzo de 2026, CubaChequea delimitó las parcelas previstas para estos desarrollos. El análisis de imágenes satelitales y de cambios en el terreno no encontró estructuras visibles ni modificaciones relevantes en las áreas estudiadas desde, al menos, 2017.
Jibacoa: el primer gran proyecto frustrado
El historial de proyectos fallidos se remonta a la década de 1990. El primero fue el de Jibacoa, en Mayabeque, propuesto en 1995 y autorizado en 1996 junto con la empresa canadiense Leisure Canada. Su ejecución se enfrentó a obstáculos legales e institucionales.
En mayo de 2010, Manuel Marrero Cruz, entonces ministro de Turismo, anunció durante la Feria Internacional de Turismo de Cuba la intención del Gobierno de abrirse al mercado del golf.
Según información reunida por el desaparecido medio independiente CubaNews, las autoridades presentaron entonces unos 15 proyectos. Los reportes mencionaban 13 en una fase inicial de negociación y cuatro considerados «muy avanzados»: La Carbonera, La Altura, Bacunayagua y Jibacoa.
Ese mismo año, el Decreto Ley 273, publicado el 13 de agosto, amplió las posibilidades de otorgar derechos de superficie por hasta 99 años y, en determinados desarrollos inmobiliarios, a perpetuidad a empresas mixtas e inversionistas extranjeros.
Seguir el destino de aquellos proyectos no es sencillo: la prensa estatal informa sobre anuncios y acuerdos, pero rara vez sobre suspensiones o retrocesos. En 2016, cuando el Gobierno volvió a promover este mercado en medio del deshielo diplomático con Estados Unidos, solo La Carbonera había alcanzado un acuerdo entre los proyectos descritos como avanzados en 2010.
Por su parte, Bellomonte incorporó en 2014 a la empresa china Beijing Enterprises; en 2017 se anunció El Salado, con participación de la española Globalia.
Jibacoa, el proyecto más antiguo, volvió a atraer atención durante aquella nueva etapa. Leisure Canada, ya renombrada 360 VOX y adquirida por Dundee Corporation, recibió con interés el relanzamiento de Cuba como destino para el golf.
Sin embargo, los informes financieros de Dundee Corporation muestran que Jibacoa llevaba años estancado. Entre 2014 y 2016, la compañía informó de retrasos reiterados en los permisos de las autoridades cubanas. En 2017 manifestó su intención de desprenderse de su participación y pidió autorización para venderla.
Desde 2021, el proyecto deja de aparecer en las bases de datos corporativas consultadas y tampoco vuelve a recibir atención en la prensa cubana examinada.
Rancho Luna: un plan millonario y un socio en dificultades
Mientras Jibacoa desaparecía de los anuncios, el Gobierno presentó uno de sus planes más ambiciosos: Rancho Luna, cerca de Cienfuegos, vinculado a la empresa española Urbas Grupo Financiero.
La propuesta inicial, difundida en 2016, incluía «una marina deportiva, 6 campos de golf, 6 hoteles de 5 estrellas, 3 apartahoteles, 1.500 villas y 3.000 apartamentos», según los reportes de prensa.
En el relanzamiento de 2021, el plan pasó a cinco campos de golf, pero aumentó hasta 3.400 villas y más de 11.000 apartamentos. La inversión prevista rondaba los 3.500 millones de euros.
Urbas solicitó el concurso voluntario de acreedores en septiembre de 2025. En septiembre de 2026 presentó una propuesta de convenio respaldada, según la empresa, por una mayoría de acreedores. Sin embargo, en octubre la administración concursal sostuvo que no se habían alcanzado las mayorías exigidas. La compañía impugnó ese criterio y defendió la continuidad de su plan, por lo que su situación seguía en disputa.
En Cuba, CubaChequea no encontró evidencias de avances constructivos en Rancho Luna.
La parcela de Rancho Luna, la mayor de las ofertas examinadas, figura como oportunidad de negocio en el sitio web de CubaGolf desde, al menos, mayo de 2024, según las copias archivadas en Internet Archive.
El verdadero negocio: viviendas y hoteles de lujo
Los complejos vinculados al golf ocupan un lugar destacado en la cartera oficial de proyectos para captar inversión extranjera, según una investigación anterior de CubaChequea.
De cada 100 dólares de inversión extranjera que Cuba aspira a captar, 36,7 se destinan a proyectos inmobiliarios asociados al golf.
De cada 100 dólares que el Gobierno cubano aspira a captar mediante esa cartera, 36,7 corresponden a este tipo de proyectos: un total previsto de 3.920 millones de dólares.
En comparación, los proyectos del sector alimentario representan unos 716,7 millones de dólares. Es decir, por cada dólar que Cuba pretende captar para alimentos, busca atraer 5,47 dólares para el desarrollo inmobiliario asociado al golf.
El sitio de CubaGolf no detalla todas las construcciones previstas en las parcelas que ofrece a inversionistas. Sin embargo, las versiones históricas de las carteras de oportunidades, conservadas en Internet Archive, permiten reconstruir parte de esos planes.
Entre los proyectos sin socio extranjero identificado en esos registros se contemplaban diez hoteles —algunos de lujo o superlujo— y un aeropuerto de servicio cerca de La Altura. También se proyectaban 8.984 apartamentos y 2.120 villas de lujo para comercializar entre compradores extranjeros.
Si se suman las viviendas anunciadas para los proyectos con acuerdos firmados, el total asciende a 19 hoteles, 13.914 apartamentos y 5.899 villas, de acuerdo con información difundida por CubaGolf en abril de 2026.
¿Cuánto costarían las viviendas?
No ha sido posible conocer los precios de venta previstos para todas esas propiedades. Como referencia, en 2010 La Jornada informó de precios de entre 150.000 y 1,3 millones de dólares para villas y apartamentos en La Carbonera, según su tipo y tamaño.
En 2014 se informaron precios de partida de 2.700 dólares por metro cuadrado para apartamentos y de 3.750 dólares para villas en ese proyecto.
En el caso de Bellomonte, cuando se negociaba con la firma británica Coral Capital, uno de sus directivos mencionó villas con precios «por encima de 500.000 dólares», según publicó CubaNews.
Al informar sobre estos proyectos, la prensa estatal suele recurrir a expresiones como «unidades habitacionales», sin explicar siempre que se trata de viviendas de lujo para su venta. Al mismo tiempo, las autoridades han reconocido que los hoteles vinculados al golf buscan atraer visitantes con altos ingresos.
Un artículo de Prensa Latina de marzo de 2026 intentó presentar una imagen más accesible de este deporte: afirmó que, aunque antes era «casi exclusivo de los ricos», ahora lo practican «familias, amigos e incluso grupos sociales provenientes de determinadas empresas y oficinas». Añadió que las autoridades defienden «una visión más inclusiva», con programas para llevar el golf a escuelas deportivas.
El agua: una pregunta que sigue sin respuesta
Una investigación de CONNECTAS publicada en 2019 documentó la falta de información sobre el uso del agua en los proyectos de golf de Cuba, una de sus principales preocupaciones ambientales.
CONNECTAS solicitó información sobre los planes de abastecimiento a los ministerios implicados —Turismo, Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Relaciones Exteriores—, al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y a seis empresas extranjeras vinculadas a proyectos de golf. Ninguna de las instituciones ni compañías consultadas respondió.
Un solo campo de golf en Cayo Coco habría necesitado, según el estudio citado, una media de 1,8 millones de litros de agua al día.
Un estudio de 2006 sobre un posible campo de golf en Cayo Coco, citado en esa investigación, calculaba una necesidad media de riego de 1.807.000 litros de agua al día (1.807 metros cúbicos).
El estudio proponía aprovechar el agua de lluvia, pero estimaba que la demanda podría oscilar entre 1.555.000 litros diarios en la temporada húmeda (octubre) y 2.592.000 en la seca (abril). Estas cifras corresponden a ese proyecto estudiado, no a todos los campos previstos en el país.
Lluvias desiguales, demanda de agua incierta
CubaChequea comparó las precipitaciones medias mensuales de 2020 a 2025 en las zonas de diez proyectos de golf, tanto ofrecidos como firmados. Cuatro de ellas registraron menos lluvias que el promedio nacional durante la temporada seca.
En las zonas de La Tatagua, Chorrera-Ancón y Rancho Luna, las precipitaciones medias resultaron superiores al promedio nacional durante la temporada seca, pero inferiores durante la lluviosa.
Estos datos plantean preguntas sobre el abastecimiento, aunque la lluvia por sí sola no permite calcular el consumo de cada campo: también influyen el suelo, el tipo de césped, el clima local y las fuentes de agua disponibles.
La política ambiental del turismo para 2017-2020 reconocía la gestión del agua como uno de los principales desafíos del sector.
Ese documento proponía aprobar reglas específicas para el uso del agua en los campos de golf y consideraba opciones como desalinizar agua de mar, reciclarla, reducir el consumo y utilizar céspedes resistentes a la salinidad.
La política ambiental del turismo aprobada en 2022 mantiene la preocupación general por el agua, pero omite las referencias específicas a los campos de golf y a la norma planteada en el documento anterior.
¿Por qué insistir en el golf?
Ni los escasos resultados visibles, ni la caída de visitantes extranjeros —en especial de Canadá y Estados Unidos, mercados relevantes para el golf—, ni la crisis económica han detenido la promoción oficial de estos proyectos.
Una muestra fue la presencia en la Feria Internacional de Turismo de Madrid de CubaSol, empresa subordinada a Gaviota que agrupa negocios estatales de servicios turísticos complementarios, entre ellos CubaGolf.
Según informó Cubadebate, la compañía presentó proyectos relacionados con parques temáticos, marinas, astilleros, campos de golf y desarrollos inmobiliarios.
La insistencia responde a una estrategia oficial sostenida desde 2011: aumentar los ingresos medios por visitante. Así lo planteó el punto 255 de los Lineamientos de aquel año y lo mantuvo el punto 166 de su versión para 2021-2026.
El Gobierno también presenta el golf como una vía para diversificar la oferta turística y acceder a un mercado rentable. Como referencia, un análisis sobre República Dominicana estimó en al menos 400 millones de dólares los ingresos asociados a este deporte en 2023, en un país con cerca de 30 campos.
Pero el modelo cubano no se limita a atraer jugadores. En 2006, la publicación especializada Golf Course Architecture ya señalaba que muchos campos nuevos se integraban en urbanizaciones o complejos vacacionales, en los que el golf era solo uno de los elementos.
En ese modelo, el campo de golf funciona también como reclamo para vender inmuebles de alto precio.
La revista especializada ELM sostiene que las viviendas próximas a campos de golf tienden a atraer una mayor demanda internacional y, en muchos casos, alcanzan precios superiores a los de propiedades semejantes situadas en otros lugares.
Para el Gobierno cubano, esta fórmula ofrece la posibilidad de captar divisas mediante la venta de propiedades y de concentrar a compradores de alto poder adquisitivo en desarrollos residenciales delimitados. Treinta años después del primer gran anuncio, la distancia entre los proyectos promocionados y las obras visibles sigue siendo el dato central de esta apuesta.
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