En una cueva cercana a Gibara, en la actual provincia de Holguín, fueron identificados restos fósiles de Chelonoidis cubensis, una tortuga terrestre gigante que habitó Cuba durante el Pleistoceno y que hoy está extinta. El hallazgo constituye el segundo registro confirmado de la especie en el nororiente del país y amplía el conocimiento sobre la distribución de esta megafauna en la isla. Los fragmentos fueron recolectados en la cueva La Campana, situada a unos dos kilómetros al suroeste de Gibara. El paleontólogo Luis Mariano Rodríguez Garrido confirmó su identificación. El estudio fue publicado en enero de 2026 en la revista científica Novitates Caribaea.
Una cueva como archivo natural
La cueva La Campana se desarrolla en dos niveles y cuenta con aproximadamente 900 metros de galerías cartografiadas. Sus pasajes, excavados en formaciones calcáreas que datan del Cretácico y el Mioceno, funcionan como un espacio de acumulación natural de restos fósiles.
El depósito donde aparecieron los fragmentos ha sido clasificado como tipo B, categoría que describe cuevas con sumideros que actúan como captadores de aguas circulantes. En estos entornos, restos de animales que murieron en el exterior pueden ser arrastrados hacia el interior y preservados durante largos periodos.
Una pista anatómica clave
En total se recuperaron 238 fragmentos óseos, ninguno completo. Los restos estaban poco mineralizados, de color blanco-amarillento y con señales de abrasión, producto del transporte y la fricción contra el sustrato antes de quedar depositados en sedimentos húmedos dentro de la cavidad.
A pesar de su estado fragmentario, fue posible confirmar su pertenencia a Chelonoidis cubensis. Uno de los rasgos determinantes fue la ausencia total del escudo cervical (nucal) en el caparazón, sustituido por un surco en el plano sagital, una característica clave del género. Otros fragmentos mostraron elementos del plastrón y de los escudos marginales compatibles con la especie.
Los restos aparecieron asociados a perezosos terrestres gigantes como Megalocnus rodens y Neocnus gliriformis, una relación ya documentada en otros depósitos fósiles cubanos.
Una historia evolutiva que cruza océanos
El género Chelonoidis agrupa tortugas terrestres de Suramérica y el Caribe. Estudios previos indican que sus antepasados habrían llegado desde África a Sudamérica por dispersión transoceánica durante el Eoceno tardío–Oligoceno temprano. Posteriormente, durante el Mioceno temprano, algunos linajes alcanzaron las Antillas.
En el Caribe evolucionaron al menos seis especies endémicas del género, cada una propia de determinadas islas. Todas están hoy extinguidas.
Chelonoidis cubensis fue la única representante del género registrada en el archipiélago cubano. Sus restos son frecuentes en depósitos fósiles del occidente y centro del país, pero solo existía un reporte previo en la región oriental. El hallazgo en Gibara refuerza la hipótesis de que tuvo una distribución más amplia de lo que se pensaba.
La tortuga gigante cubana en el contexto del Caribe
La especie Chelonoidis cubensis fue una tortuga terrestre gigante que habitó el archipiélago cubano desde el Pleistoceno hasta inicios del Holoceno. Esta especie fue descrita por primera vez por el naturalista estadounidense Joseph Leidy en 1868 y constituye el único representante del género Chelonoidis registrado en Cuba.
El género Chelonoidis tiene su origen en América del Sur. Estudios paleobiogeográficos sostienen que sus ancestros habrían llegado al Caribe mediante dispersión transoceánica natural, probablemente favorecida por corrientes marinas y eventos climáticos extremos a lo largo de millones de años. Una vez establecidas en distintas islas, estas poblaciones evolucionaron de manera aislada, dando lugar a especies endémicas como la cubana.
Su importancia no radica solo en su presencia insular, sino en el hecho de que formaba parte de un conjunto más amplio de tortugas gigantes que habitaron el Caribe durante el Cuaternario. Lejos de ser un caso aislado, la tortuga gigante cubana integraba una megafauna regional hoy completamente desaparecida.
Un patrimonio paleontológico aún en exploración
El estudio subraya que el oriente cubano es una región con exploraciones paleontológicas incipientes en comparación con otras zonas de la isla. Cada nuevo registro contribuye a reconstruir los ecosistemas cuaternarios de Cuba y documenta una biodiversidad hoy desaparecida.
El caso de la tortuga gigante cubana permite comprender que Cuba no fue una excepción dentro del Caribe prehistórico. Más bien, compartió con otras islas una historia evolutiva marcada por la presencia de grandes reptiles terrestres que desempeñaban un papel ecológico significativo en sus entornos.
Hoy, los restos fósiles constituyen la principal evidencia de esa biodiversidad perdida y ofrecen una ventana para entender la transformación profunda de los ecosistemas insulares caribeños.
Las tortugas terrestres gigantes del Caribe, al igual que muchas otras especies insulares, se extinguieron en un proceso que todavía es objeto de investigación científica. Los fragmentos hallados en Gibara añaden una nueva pieza a esa historia y permiten delinear con mayor precisión los paisajes antiguos donde tortugas gigantes y perezosos compartieron territorio.
Regresar al inicio