La primera edición del espacio La Tertulia reunió en la mañana del 16 de mayo de 2026, en El Patio del Indiano, en Madrid, a la activista cubanoamericana Iskra Pérez Salcedo, la artista multidisciplinar cubana Ana Rosa Díaz Naranjo y la poeta, editora y periodista cubana Ileana Álvarez en un encuentro conducido por el poeta, editor y periodista Francis Sánchez y el artivista y sommelier Rigoberto Carceller.
La velada se centró en la memoria, el exilio, la palabra, la creación y las formas de resistencia frente al silencio impuesto por las dictaduras.
Esta primera edición de La Tertulia, concebida por el poeta y pintor Rafael Vilches y titulada esta vez "Escribir contra el silencio", abrió un espacio de conversación pública y lectura literaria donde las tres invitadas dialogaron sobre la experiencia del destierro, la reconstrucción de Cuba, la democracia futura y el papel de la cultura como refugio, testimonio y resistencia. Álvarez y Díaz Naranjo leyeron poemas durante una jornada concebida no solo como acto cultural, sino como ejercicio de memoria compartida.
La jornada contó también con la presencia de activistas por la libertad de Cuba como Lázaro Mireles y José Daniel Ferrer, en un ambiente de intercambio marcado por la memoria del exilio, la denuncia del autoritarismo y la reflexión sobre el futuro democrático de Cuba.
La memoria como puente
La Tertulia fue creada y organizada por Vilches junto a Carceller como un proyecto dedicado a la memoria, el arte y la resiliencia, como un espacio plural para voces atravesadas por el exilio, la censura, la vigilancia, la prisión, el silencio impuesto o el destierro, sin reducir esas experiencias únicamente al dolor.
Vilches concibe el espacio como una "patria simbólica" para memorias heridas, pero también como un espacio de creación, escucha y transformación, donde la experiencia humana y artística permita pensar el impacto de los totalitarismos más allá del sectarismo:
"La Tertulia nace con la vocación de tender puentes entre exilios de distintas geografías y generaciones. De acercar experiencias que, aunque separadas por idiomas, fronteras o épocas, comparten heridas semejantes. Queremos abrir un espacio para encuentros, conversaciones, ciclos literarios, acciones artísticas y proyectos culturales que permitan comprender el impacto humano de los sistemas totalitarios sin caer en el sectarismo ni en la fragmentación. La memoria, aquí, no será un muro: será un puente."
La conducción de Sánchez y Carceller articuló el diálogo entre literatura, testimonio y reflexión política. Una de las preguntas centrales de la mañana fue cómo imaginaban las participantes el primer día de democracia en Cuba y qué habría que hacer después de la caída del régimen.
Iskra Pérez Salcedo: "Estamos buscando justicia"
Iskra Pérez Salcedo respondió desde una imagen de celebración colectiva junto al Malecón habanero, pero también desde la conciencia de que la libertad exigirá una reconstrucción profunda.
Pérez Salcedo subrayó también que la Cuba posterior al totalitarismo deberá abrir espacio para todos los cubanos, sin repetir exclusiones:
"Obviamente, estamos buscando justicia, porque ha habido mucho derrame de sangre durante todos estos años, y la justicia va a llegar. Pero también tenemos que dar espacio a todas las voces, y espacio para todos los cubanos."
Ana Rosa Díaz Naranjo: "Construir la democracia"
Ana Rosa Díaz Naranjo coincidió en que el primer impulso sería celebrar, pero llevó la respuesta hacia una preocupación concreta: la educación democrática de una sociedad que ha vivido durante décadas sin conocer plenamente las leyes, los derechos y el funcionamiento de una vida cívica libre:
"Habrá que trabajar muchísimo en el panorama completo de Cuba, en la juventud, en el modo de ver la democracia porque no la conocen, no conocen las leyes, no conocen nada, no han vivido, la gran mayoría no ha salido, no tienen ni idea de cómo funciona el mundo real."
Díaz Naranjo insistió en que esa formación no puede imponerse como una doctrina, sino construirse de forma natural, comprensible y cercana: traducir la democracia a una experiencia cotidiana para quienes han sido educados bajo un sistema autoritario.
Ileana Álvarez: "Lo primero es abrazar"
Para Ileana Álvarez, el primer gesto de una Cuba libre sería el reencuentro entre quienes permanecieron en la isla y quienes fueron empujados al exilio:
"Lo primero es abrazar. Abrazar y acompañar a los míos que están allá, que hace mucho tiempo que no nos vemos. Yo creo en ese abrazo entre las personas que están en el exilio, que van a regresar a abrazar y acompañar en esa alegría a las personas que han quedado en Cuba."
La autora defendió una reconciliación con justicia, en la que los responsables de la represión respondan ante nuevas leyes y en la que las estructuras del país sean reconstruidas desde sus bases.
En su intervención, vinculó ese futuro democrático con un trabajo de reconstrucción que ya está ocurriendo:
"Nuestro país está tan dañado, tan dañado, todas las estructuras están en el foso: todas hay que volverlas a reescribir. Se están reescribiendo, quiero decirlo, se está reescribiendo esa Cuba futura desde hace mucho tiempo."
Una Tertulia para Cuba
La primera edición de La Tertulia dejó planteada una conversación que rebasa el marco de un encuentro literario. Desde Madrid, las voces reunidas en El Patio del Indiano hablaron de Cuba como herida, pero también como posibilidad de reconstrucción; de la memoria como refugio, pero también como puente; y de la palabra como una forma de permanecer cuando el poder intenta imponer silencio.
En el horizonte del proyecto, según Rafael Vilches, está la voluntad de tender puentes entre exilios de distintas geografías y generaciones, sin convertir la memoria en muro ni en dogma. Esa fue, precisamente, una de las claves del encuentro: recordar, escuchar y pensar la reconstrucción de Cuba desde la palabra.
Poesía de Ana Rosa Díaz Naranjo e Ileana Álvarez
DEL INICIO
Por Ana Rosa Díaz Naranjo
Alguna vez fui lobreguez, lodo, tiniebla
y detoné sin compasión sobre el vacío,
sufrí el encierro, nadie sabe, el desatino,
sólo el Big Bang fue desagravio en mi tristeza.
Salí triunfante del momento, y mi condena,
el maremagno iconoclasta como lid,
fue dar a luz días y noches sin un fin,
fue dar a luz islas, océanos, galaxias,
las estaciones, leyes, hombres, abundancia,
un dios, un diablo, una leyenda, un porvenir.
Y sabios
y guerras
y ciencias
y esclavos
y lagos
y artistas
y orgías
y edades
y hambre
y heridas.
Alguna vez
tuve una estocada,
mi génesis trazada
en magnánimo doblez,
tuve filósofos tal vez
que honraron mi voz en la comedia
de lo eterno, también una Edad Media
que asumió dislocación y ambigüedad,
tuve estratagemas, fenómenos, verdad,
mentiras, shape and form, y el daño que aún me asedia.
Alguna vez tuve una isla, un aguacero,
un partidario insipiente como ardid,
una goleta, un letargo, un Mio Cid,
una esperanza, un tapiz, un caballero,
una batalla, un cantar, un hormiguero,
la idiosincrasia torcida del espanto,
un óleo de Matisse y el adelanto
hacia el umbral suspicaz de otras simientes.
Alguna vez resurgí tras indulgentes
concavidades in memoriam de algún santo.
Por eso canto mi endecha,
mi lágrima feliz adulterada,
por eso canto mi nada,
mi luna sideral, mi ron Arecha.
Por eso canto la estrecha
comunión del espectro indisoluble,
por eso canto hasta el double
clip de simpatía o de desconsuelo,
por eso canto hasta al suelo
donde lastro mis raíces.
Fe voluble
porque canto al orate, a la razón,
porque canto a la luz y a la tiniebla,
porque canto al decoro y a la niebla,
porque canto al sufrimiento, a la ilusión,
porque canto a lo maldito, al corazón,
porque canto a la esencia y a lo inerte,
porque canto a la cábala y la suerte,
porque canto a la luna, al cautiverio,
porque canto con arpas y salterio.
Porque canto a la vida y a la muerte.
"YO CONTIGO COMO UN MONTE Y OTRO MONTE"
Por Ileana Álvarez
Los barrotes de la cárcel de Leningrado se cubrían de lodo y nieve y fuego y nieve y sangre y nieve… Silencio y nieve.
A Anna Ajmátova le florece la nieve y la nieve enseña los brillantes frutos, los cristales que hechos racimos le cuelgan de los ojos, de los pechos, y le brotan aún más blancos, traslúcidos del útero todavía tibio, todavía púrpura.
Caen los ahusados frutos frente a la puerta de la cárcel, se deslizan intactos sobre la piedra fría, menesterosa de los escalones. La piedra que ha visto al cuervo posarse en su propia sombra. El hijo adentro, bien adentro, escucha las manzanas de nieve de su madre desvanecerse en la soledad, bajo la piel cetrina, flácida del olvido.
Los retratos de Stalin cubren la pared inmensa, el musgo traspasa el papel, le crece en los bigotes, en los ojos, en las cejas espinosas. Hay un silencio entonces, un aliento descansado al contemplar cómo la humedad lo puede todo.
Afuera cae la nieve con dulzura. Con dulzura infinita me posee. Como una isla anclada al horizonte. La tomo entre mis manos, los bellos cristales se derriten en mi cuenco, doy un poco de agua tibia a los labios de Anna, unas gotas de mi sal.
Ella entona un himno, un réquiem para el esposo, para el amigo que se ha fundido al hielo siberiano…
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