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Opinión | “Virgen cubana por excelencia”, apresura para Cuba el alba de la libertad

"En cualquier latitud del mundo, la Virgen de la Caridad, provocan en las entrañas de cada cubano ese estremecimiento del corazón, ese temblor del alma, esa efusión de lágrimas y sentimientos que manifiestan de forma inequívoca lo que somos."

Virgen de la Caridad del Cobre y bandera cubana.
Virgen de la Caridad del Cobre y bandera cubana.

En una visita al Santuario del Cobre, el gran patriota cubano Juan Gualberto Gómez dejó plasmado en el libro de visitantes que la Virgen de la Caridad es "Emblema patrio".

Cada año, al acercarse el 8 de septiembre, donde quiera que hay un cubano creyente, e incluso algún cubano agnóstico o ateo, pareciera como si una madre amorosa convocara a todos sus hijos, sin distinción, para una reunión familiar, para el cumpleaños de la madre, para celebrar que somos y seremos siempre cubanos. 

Nuestra nacionalidad y nuestra cultura han nacido y se han consolidado bajo el manto de la Virgen de la Caridad del Cobre, la madre de Jesucristo y madre de todos los cubanos.

Efigie de la Virgen de la Caridad del Cobre en una procesión.
Efigie de la Virgen de la Caridad del Cobre en una procesión.

En cualquier latitud del mundo, bajo cualquier circunstancia, la bandera cubana, el Himno Nacional, el Escudo y la Virgen de la Caridad, provocan en las entrañas de cada cubano ese estremecimiento del corazón, ese temblor del alma, esa efusión de lágrimas y sentimientos que manifiestan de forma inequívoca lo que somos, de dónde venimos, cuál es nuestra Patria y hacia dónde queremos ir.

La fe y el amor imborrables

Nada, ni siquiera estos 67 años de tinieblas, han podido borrar la fe de los cubanos y su amor a la Virgen de la Caridad.

Hoy, cuando la Cuba trasnacional que navega por todos los mares del mundo permanece en vela esperando el día 8 de septiembre para celebrar a "Cachita", nuestra Madre, Reina y Santa Patrona, junto a las flores y las velas, presentamos ante sus pies, en la barca junto a los tres Juanes, la única plegaria unánime y sufriente que brota de las entrañas del alma nacional:

¡Salva a Cuba de llantos y afán!

Y tu nombre será nuestro escudo,

Nuestro amparo tus gracias serán.

Hoy, en la vigilia de la fiesta de la Virgen del Cobre, quiero compartir con ustedes la carta que nuestros mambises enviaron al Papa Benedicto XV pidiéndole que declarara a la Virgen de la Caridad como Patrona de la República de Cuba. Se trata de releer, meditar y sacar las conclusiones que se podrían derivar de este testimonio de fe y amor a Cristo, a la Virgen, a Cuba y a la Iglesia, de la que nuestros libertadores se declaran hijos fieles:

Carta de solicitud de los veteranos de la Guerra de Independencia a S. S. Benedicto XV

24 de septiembre de 1915

Santísimo Padre:

Los que suscriben, hijos de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana a S. S. humildemente exponen:

Que son miembros unos y simpatizadores otros del Ejército Libertador Cubano, título que constituye el timbre de nuestra mayor gloria, por sintetizarse en él, el supremo bien de la Libertad e Independencia de nuestra Patria; que junto a ese título, ostentamos otro, que es el de pertenecer a la Iglesia Católica Apostólica Romana, en cuyo seno nacimos, al amparo de sus preceptos vivimos y de acuerdo con ellos queremos dejar de existir; y esos dos títulos hacen que hoy, reunidos en la Villa del Cobre, en donde se encuentra el Santuario de la SANTÍSIMA VIRGEN de la CARIDAD, y postrados reverentemente ante su altar, acordemos acudir a S. S. para que realice la más hermosa de nuestras esperanzas y la más justa de las aspiraciones del alma cubana, declarando Patrona de nuestra joven República a la Santísima Virgen de la Caridad del Cobre, y de precepto para Cuba, el día que lleva su Santísimo nombre, ocho de septiembre.

No pudieron ni los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia, apagar la fe y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen venerada; y antes al contrario, en el fragor de los combates y en las mayores vicisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro, o como rocío consolador para nuestras almas, la visión de esa Virgen cubana por excelencia, cubana por el origen de su secular devoción y cubana porque así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras amantes esposas y así la han proclamado nuestros soldados, orando todos ante ella para la consecución de la victoria, y para la paz de nuestros muertos inolvidados; y acusaría una vergonzosa ingratitud por nuestra parte, el que a los beneficios que esa Virgen excelsa nos prodiga, permaneciéramos inactivos o mudos, y no levantáramos nuestra voz ante el sucesor de San Pedro, para que haciéndose intérprete de los sentimientos del pueblo católico de Cuba y de los de su Ejército Libertador que profesan la religión de nuestros antepasados, y usando de las facultades de que se encuentra investido, declare, previo los trámites correspondientes, como Patrona de la República de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre y de fiesta eclesiástica en ella, el día que lleva su santo nombre.

Por tanto,

A Su Santidad suplicamos humildemente, se sirva acceder benigno a nuestra solicitud.

Villa del Cobre, a 24 de septiembre de 1915

(siguen las firmas de los mambises)

La "matriz cristiana" de la República de Cuba

De esta carta podemos sacar algunas enseñanzas:

  1. Que la nación cubana nació, se formó, se independizó como República y se ha desarrollado en toda su historia, dentro de una matriz cristiana.
  2. Que la Virgen de la Caridad del Cobre fue, es y seguirá siendo un símbolo inconfundible de nuestra cubanía. Ella es emblema de lo que somos y camino de lo que queremos ser como nación.
  3. Que el amor a Cuba y el amor a Cristo y a su bendita Madre, unidos indisolublemente en un mismo corazón, constituyen la más alta síntesis de fe y cubanía.

Por eso, en este año terrible y esperanzador de 2026, reitero, desde lo más hondo de mi corazón, mi plegaria de yagüero a la Virgen de la Caridad, escrita el 8 de septiembre de 2002, con la firme certeza de que ella nos adelantará la tan ansiada libertad:

Plegaria de un yagüero a la Virgen de la Caridad

Virgen de la Caridad,

Cobija de todos

los cubanos,

Ave Marinera y

Tabla de Salvación

del que zozobra

y del que sufre.

Bajo tu Ternura nos guarecemos

de la nostalgia y

de la falta de libertad.

Blanca y silvestre Mariposa

que nuestra alma

no se corrompa,

danos la transparencia

de la honestidad y de la coherencia.

Himno de Gratuidad

y de Servicio,

Magnificat de los pobres:

Concédenos ser una ofrenda permanente

en el ara de la Cruz y de la Patria

de modo que todo lo que hagamos y soñemos sea para hacer de Cuba

un Hogar Nacional.

Escudo de los que

son oprimidos,

mira a la Perla que llora,

a la Llave encerrada,

a la Palma que se deshoja

por la pérdida de sus hijos.

Cobija a nuestra Nación

con el guano de tu Ternura.

Envuelve nuestra historia

con la yagua de tu Memoria.

Reconstruye nuestro futuro

con el cogollo de tu Virtud.

Estrella de la mañana,

que anuncias un nuevo día:

Apresura para Cuba

el alba de la libertad.

Amén.

Compartámosla y recémosla juntos.

¡Cuba lo necesita!

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Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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