Muchos días después de los terremotos en Venezuela, el gobierno cubano sigue dando respuestas tarde, incompletas y frías sobre los cubanos muertos o desaparecidos.
Seis días después de la tragedia, las autoridades cubanas solo reconocían oficialmente a dos cubanos fallecidos: un hombre y una adolescente de quince años. El contraste con los registros independientes es brutal, pues ya reportaban al menos ocho muertos, 21 desaparecidos y cuatro localizados.
Entre los casos más graves figura la muerte de seis miembros de una misma familia cubana en La Guaira, un dato que agrava todavía más la frialdad y lentitud de la respuesta oficial.
La pregunta es inevitable: ¿es solo incompetencia del aparato estatal cubano, o hay algo más oscuro detrás de este vacío informativo?
Las dictaduras de Venezuela y Cuba vigilan, nunca protegen
Los terremotos en Venezuela han dejado al desnudo a dos dictaduras aliadas: Cuba y Venezuela. Son Estados policiales, preparados para vigilar, reprimir y hacer propaganda, pero no para proteger con eficiencia a la población.
Cuando ocurre una tragedia, un gobierno responsable intenta saber qué pasó con todos sus ciudadanos que estaban o podían estar en el lugar: los enviados oficiales, los migrantes, los turistas, los trabajadores privados, los que estaban allí por cualquier motivo.
Pero el régimen cubano parece funcionar de otra manera. Solo cuenta rápido a los suyos: sus misiones, sus empleados, sus estructuras. Los demás cubanos quedan en una zona de desamparo y silencio.
Eso ya sucedió antes. Tras el devastador terremoto de Haití, ocurrido 12 de enero de 2010, al siguiente día, el canciller Bruno Rodríguez informó:
"No se reportan víctimas entre los 403 cubanos que trabajan en programas sociales en Haití, entre ellos 344 médicos."
Y ya. No se habló más sobre el tema. Esa cifra eran todos los cubanos que les importaban al régimen.
La insensibilidad de las dictaduras comunistas
En medio del caos, otros países demoraron incluso semanas en la búsqueda de desaparecidos, hasta el último ciudadano anónimo. Pero Cuba no. Cuba solamente hablaba de sus brigadas oficiales, no de todos los ciudadanos cubanos que podían encontrarse allí.
Este caso revela algo terrible: para el poder cubano, la ciudadanía no existe como comunidad de derechos, como individuos con dignidad propia. Para el régimen comunista solo existe la lealtad. Existe la obediencia. Existe la utilidad política.
Y cuando un cubano no pertenece al aparato, cuando no forma parte de una misión, de una estructura o de una vitrina propagandística, su vida no les importa.
La tragedia de Venezuela no solo muestra el poder destructivo de un gran desastre natural. Deja en evidencia también la condición profundamente inhumana, mediocre y dañina de un sistema comunista o dictatorial que sustituye la verdad por propaganda, el profesionalismo por servilismo y la responsabilidad pública por insensibilidad.
En una tragedia, un Estado legítimo busca a sus ciudadanos sin fijarse en su ideología ni su procedencia. Pero el régimen cubano, como el venezolano, se moviliza solamente en defensa de sus intereses políticos. Esa diferencia lo dice todo.
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