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Ay Cuba

Cuando comienza a llover, este cubano no puede acostarse a dormir. El agua entra por distintos puntos del techo y las paredes de madera de su vivienda.

Durante unos cuatro años, un cubano ha cargado agua para enfrentar el agravamiento del desabastecimiento en su comunidad rural.

Un campesino cubano describe la escasez de alimentos y el deterioro de las condiciones de vida en la isla: "Esta economía no está rinde nada".

Un campesino cubano sin recursos trabaja sembrados de yuca y sostiene a sus padres ancianos, uno de ellos enfermo de cáncer.

Un jubilado cubano recibe 1.700 pesos al mes, una pensión que no le permite garantizar el almuerzo diario ni comprar carbón para cocinar.

Una vecina de Turey, Baracoa, vive amenazada por inundaciones y mantiene sus muebles sobre bloques para evitar que el agua los destruya.

Las aguas albañales inundan viviendas, se mezclan con el agua potable y afectan a los niños en Turey, comunidad de Baracoa, en el oriente cubano.

Cuando el clima empeora, el río cercano amenaza con llevarse la precaria casa de la anciana. Moja todas sus pertenencias, incluido su colchón. 

Los cubanos asolados por ciclones y crecidas de ríos en zonas intrincadas de la isla viven en precarias condiciones, víctimas del abandono estatal.

Un campesino cubano sin recursos siembra yuca, boniato y caña, cría puercos y ara la tierra con un pico ante la falta de maquinaria.

Una mujer mayor del oriente cubano habla de su mala alimentación, de la falta de arroz, viandas y otros alimentos esenciales en su casa.

Una mujer cubana del campo oriental habla de la falta de alimentos, la imposibilidad de comprar aceite, carne o mango, y de acostarse sin comer.

Un hombre de 33 años recorre largas distancias cargando agua en el campo cubano para abastecer a vecinos y llevar alimentos a su casa.