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Investigación | Prioridades de papel: qué revela la cartera cubana de inversión extranjera

El Gobierno cubano dice priorizar alimentos y energías renovables en su política de inversión extranjera. Pero la cartera de negocios que promueve revela intereses muy diferentes.

Portada investigación de CubaChequea en Árbol Invertido. Edificio K en La Habana

Cuba se presenta oficialmente como un Estado socialista que coloca el bienestar colectivo y la calidad de vida de la población en el centro de su modelo. Ese discurso contrasta con una realidad marcada por apagones diarios, escasez de alimentos y deterioro de servicios básicos como la salud. Todavía en junio de 2026 el primer ministro Manuel Marrero Cruz reiteró ante la Asamblea Nacional cuál debía ser el propósito esencial de las transformaciones económicas emprendidas por el Gobierno:

“Mejorar la calidad de vida de nuestros compatriotas, donde cada cubana y cubano aporte lo mejor de sí a la construcción del socialismo próspero y sostenible que merece nuestro pueblo”.

En medio de una crisis multidimensional, el Gobierno cubano ha anunciado una transformación de la economía en la que la inversión extranjera desempeñaría un papel fundamental. Dentro de ese diseño económico ha declarado como sectores prioritarios la producción de alimentos, las fuentes renovables de energía y la biotecnología. Por eso, en noviembre de 2025, el ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga, aseguró:

“Todo negocio que esté enfocado a la producción de alimentos […] nosotros lo vamos a valorar positivamente”. —Intervención en el VIII Foro de Inversiones de FIHAV 2025, 25 de noviembre de 2025.

Son prioridades declaradas que parecen responder a las urgencias de un país marcado por los apagones, la escasez de alimentos y medicinas, el deterioro de los hospitales y el colapso de servicios esenciales. Sin embargo, ¿se corresponden realmente con las oportunidades de negocio que el propio Estado ofrece a los inversionistas extranjeros?

Para comprobarlo, CubaChequea recuperó y analizó 308 proyectos publicados en la plataforma oficial Invierta en Cuba. El resultado revela una brecha considerable entre las prioridades anunciadas y la distribución del capital que el Gobierno pretende captar: de cada 100 dólares asociados a proyectos con montos conocidos, 62 corresponden al turismo y apenas 7 a la producción de alimentos.

La diferencia no se explica únicamente por el número de proyectos, sino por su magnitud. Entre las oportunidades ofrecidas aparecen un campo de golf de 1.100 millones de dólares en Guardalavaca, una instalación turística de 951,6 millones en Artemisa y un desarrollo hotelero de 1.094 millones en la península de Ancón. Entretanto, el 82,9 % de los proyectos destinados a producir alimentos no supera los 10 millones de dólares.

La cartera adquiere especial relevancia en un país donde la población observa cómo se levantan grandes hoteles, como la Torre K del Vedado, mientras el sistema eléctrico permanece obsoleto, escasean los alimentos y se deterioran los servicios públicos. Este hotel de 42 plantas, construido por el Grupo Gaviota —perteneciente al conglomerado militar GAESA— y convertido en una ruptura monumental del paisaje habanero, constituye el símbolo más visible de esa política de inversiones que no conecta con las urgencias de la población.

“Los destinos de las inversiones no ponderan adecuadamente las necesidades económicas y sociales”. —Ricardo Torres, economista cubano y profesor de la American University de Washington. Declaraciones publicadas por El País, 20 de diciembre de 2024.

Esta investigación no permite determinar cuánto capital extranjero ha entrado realmente en Cuba ni cuántos de estos proyectos llegaron a ejecutarse. Lo que sí permite comprobar es qué negocios promueve oficialmente el Estado, cuánto dinero pretende atraer hacia cada sector y hasta qué punto esa oferta se corresponde —o entra en contradicción— con las prioridades que el propio Gobierno ha declarado para la inversión extranjera.

Las prioridades del Gobierno cubano, sobre el papel

Las prioridades de la inversión extranjera en Cuba no aparecen solamente en discursos de funcionarios. Están definidas desde 2014 en la Ley 118 de la Inversión Extranjera, que presenta la entrada de capital foráneo como una vía para impulsar el desarrollo económico del país.

Entre los objetivos establecidos por la Ley 118 se encuentran:

  1. Diversificar y ampliar los mercados de exportación.
  2. Acceder a tecnologías avanzadas.
  3. Sustituir importaciones, especialmente las de alimentos.
  4. Obtener financiamiento externo.
  5. Crear nuevas fuentes de empleo.
  6. Desarrollar encadenamientos productivos.
  7. Transformar la matriz energética mediante fuentes renovables.

Estas prioridades fueron incorporadas posteriormente al Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, proyecto que fue aprobado inicialmente en abril de 2016, durante el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Tras un proceso de consulta, sus bases recibieron la aprobación del Comité Central del PCC el 18 de mayo de 2017 y de la Asamblea Nacional el 1 de junio de ese año.

La atracción de capital foráneo aparece de forma explícita como uno de los objetivos del macroprograma número tres del Plan 2030, “Infraestructura”, y es concebida como una fuente de financiamiento. Los proyectos de captación quedan subordinados a las “estrategias de desarrollo territorial”.

Entre los sectores mencionados expresamente como prioritarios para la inversión extranjera figuran la producción de alimentos, la transición energética y la industria azucarera.

Las bases definitivas del Plan 2030, aprobadas en 2017, identificaron como sectores estratégicos la construcción, la generación eléctrica, las telecomunicaciones, el turismo, la agroindustria no azucarera y la industria alimentaria, la biotecnología y la industria farmacéutica. También atribuyeron a la inversión extranjera un papel relevante en la transformación productiva del país.

“Incrementar la inversión extranjera directa que estimule la reorientación productiva hacia actividades basadas en el fortalecimiento de capacidades nacionales de investigación, desarrollo e innovación”. —Bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, aprobadas en 2017.

En el ámbito agroalimentario, las bases definitivas del Plan Nacional establecieron como objetivo elevar la producción y contribuir a la seguridad alimentaria y a la sustitución de importaciones:

“Elevar la producción, productividad, competitividad y sostenibilidad ambiental y financiera de las cadenas productivas agroalimentarias, a fin de contribuir a la seguridad alimentaria, aprovechar el potencial exportador, incrementar la sustitución eficiente de las importaciones y generar empleos e ingresos”. 

También se estableció como prioridad la modernización del sistema energético y el aumento de la participación de las fuentes renovables:

“Garantizar un suministro energético confiable, diversificado, moderno, a precios competitivos y en condiciones de sostenibilidad ambiental, aumentando sustancialmente el porcentaje de participación de las fuentes renovables de energía en la matriz energética nacional”.

Luego, casi ocho años después, el Gobierno volvió a situar la alimentación y la energía entre sus principales objetivos. El Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía durante 2025, aprobado por el Consejo de Ministros el 31 de enero de 2025, incluyó el aumento y la diversificación de los ingresos externos, el incremento de la producción nacional y la recuperación del sistema electroenergético.

“Incrementar y diversificar los ingresos externos del país, así como la producción nacional, con énfasis en los alimentos”.

Las autoridades responsables de captar capital extranjero también han presentado reiteradamente estos sectores como prioritarios. En diciembre de 2023, Ana Teresita González Fraga, entonces viceministra de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, afirmó que el Gobierno buscaba negocios “focalizados en los sectores priorizados para la economía nacional” y mencionó “la producción de alimentos, las fuentes renovables de energía y la biotecnología”, con un franco optimismo:

Hemos analizado las dificultades que se presentan para el desarrollo de la inversión extranjera. Tenemos proyecciones de trabajo que están estrechamente vinculadas con estos asuntos para, en 2024, alcanzar un desarrollo superior". Intervención ante la Asamblea Nacional, 18 de diciembre de 2023.

En noviembre de 2024, Oscar Pérez-Oliva Fraga, titular del MINCEX, destacó que los proyectos de la cartera de oportunidades presentada durante esa jornada se concentraban en sectores como la producción de alimentos, la energía, el turismo, la agroindustria azucarera, el transporte, la construcción, la biotecnología y las telecomunicaciones. La prensa oficial subrayó que el sector alimentario reunía entonces el mayor número de proyectos de la cartera.

Cerca de un año más tarde, durante la presentación de la cartera para 2026 en la Feria Internacional de La Habana, Pérez-Oliva calificó al sector agroalimentario como un “eslabón decisivo” y destacó la necesidad de priorizar la alimentación de la población.

En materia energética, sin embargo, el discurso oficial mostró cambios. Aunque los documentos estratégicos privilegiaban la transición hacia fuentes renovables, durante la presentación de la cartera para 2026 Pérez-Oliva anunció que la promoción de inversiones se concentraría intencionadamente en la prospección y extracción de petróleo. Justificó ese enfoque por la necesidad de encontrar “fórmulas diferentes para la generación eléctrica que se adecúen a las capacidades de pago del país”.

Al citar al ministro, Cubadebate precisó que la promoción en el sector energético se centraría “de manera intencionada en la prospección y extracción petrolera para la participación de capital extranjero”, pese a que el discurso del Gobierno y los objetivos declarados hasta entonces favorecían las fuentes renovables.

En cambio, en junio de 2026, durante su participación en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo, Pérez-Oliva volvió a mencionar las fuentes renovables como un sector abierto a la inversión extranjera y aseguró que el Gobierno estaba interesado en:

“Negocios para la generación, distribución, eficiencia energética y fuentes renovables de energía”.

Alimentos, energía, tecnología, exportaciones y desarrollo territorial aparecen, por tanto, como prioridades reiteradas en leyes, planes, programas y declaraciones oficiales. La pregunta es si esas prioridades se corresponden con los proyectos concretos que el Gobierno ofrece a los inversionistas extranjeros.

La “cartera perdida”: cómo recuperamos y analizamos 308 proyectos

El análisis de la cartera de negocios publicada por el MINCEX permite comprobar si las oportunidades ofrecidas a los inversionistas se corresponden con las prioridades declaradas por el Gobierno.

La cartera de oportunidades de inversión extranjera reúne las propuestas elaboradas por organismos y empresas estatales, avaladas por el Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX) y aprobadas por el Consejo de Ministros. Según el Reglamento de la Ley de la Inversión Extranjera, sus fichas deben contener las características principales de cada proyecto y las condiciones ofrecidas a los posibles inversionistas.

En noviembre de 2021, el MINCEX lanzó “Invierta en Cuba”, una plataforma digital destinada a publicar la cartera y mantenerla actualizada. El sitio ya no se encontraba disponible cuando CubaChequea intentó consultarlo nuevamente el 12 de julio de 2026.

CubaChequea consultó la plataforma el 26 de junio de 2026 y recopiló la información de los 308 proyectos que entonces permanecían disponibles. La base obtenida contiene datos sobre el sector, la actividad económica, la provincia, la modalidad de inversión y el monto solicitado, entre otros campos incluidos en las fichas. Los registros habían sido publicados entre 2021 y noviembre de 2025; los más recientes correspondían a la cartera presentada para 2026. Aunque algunas fichas habían sido publicadas desde 2021, los 308 proyectos recuperados aparecían integrados en la cartera vigente presentada para 2026.

La base de datos completa de los 308 proyectos recuperados por CubaChequea puede consultarse y descargarse aquí.

De los 308 proyectos analizados, 50 —el 16,2 %— no indicaban cuánto capital pretendían captar y consignaban el monto como “por definir”. Por esa razón, los porcentajes económicos de esta investigación se han calculado únicamente a partir de los 258 proyectos que sí declaraban una cifra.

A partir de estos datos puede establecerse qué sectores concentran los proyectos ofrecidos y el capital solicitado. La cartera no permite determinar cuánto dinero entró realmente en Cuba ni cuáles de esas propuestas llegaron a convertirse en negocios ejecutados.


118 proyectos energéticos desaparecieron en menos de un mes

La cartera presentada oficialmente en noviembre de 2025 fue anunciada con 426 proyectos. Cuando CubaChequea consultó la plataforma el 26 de junio de 2026, solo permanecían accesibles 308: 118 menos que los anunciados.

Para determinar qué había ocurrido con los 118 proyectos restantes, CubaChequea comparó los datos recuperados con copias de la plataforma conservadas por Internet Archive —organización y plataforma digital que se dedica a salvaguardar copias de páginas web, por fechas—.

Mediante comparación de la plataforma con copias conservadas por Internet Archive, pudimos localizar la diferencia. Mientras la página principal continuaba mostrando los totales iniciales de la cartera, las fichas correspondientes a 118 proyectos energéticos habían dejado de estar disponibles. 

La comparación sectorial permitió localizar toda la diferencia en energía. La cartera anunciada contenía 124 proyectos energéticos, mientras que el 10 de diciembre de 2025 solo permanecían accesibles seis. En conclusión: 124 - 118 = 6 proyectos energéticos. La reducción de 118 proyectos en ese sector coincide con la diferencia total entre los 426 proyectos de la cartera completa originalmente anunciados y los 308 recuperados. 

Las copias conservadas por Internet Archive permiten comprobar que el número de proyectos visibles en la plataforma se redujo después de la presentación oficial de la cartera. Así, para febrero de 2026, tres meses después de presentada oficialmente la cartera, el número de proyectos disponibles para su consulta en el sitio se había reducido de 426 a 308.

Una captura archivada el 10 de diciembre de 2025 ya mostraba el vacío documental: solo permanecían visibles seis proyectos energéticos, la misma cantidad encontrada por CubaChequea en junio de 2026. Las direcciones de las fichas indican que los proyectos de la nueva cartera fueron incorporados el 19 de noviembre de 2025. Por tanto, los otros 118 proyectos energéticos dejaron de estar disponibles en menos de un mes, en un plazo máximo de 21 días.

Un total de 118 proyectos energéticos desaparecieron en menos de un mes.

No está claro qué significaba la retirada de una ficha: ¿podía responder a la cancelación, adjudicación, ejecución o simple despublicación del proyecto? La plataforma no explicaba los cambios y el MINCEX tampoco publicó información que permitiera conocer el destino de esas propuestas. Sí resulta llamativo que los únicos proyectos que permanecieron publicados correspondían a la exploración a riesgo y la explotación compartida de reservas de crudo, precisamente el ámbito en el que Pérez-Oliva había anunciado que se concentraría la cartera. 

En conjunto, esos seis proyectos pretendían captar 900 millones de dólares. La reducción no solo contrajo drásticamente la oferta energética visible, también eliminó de la plataforma las oportunidades vinculadas con otras formas de generación, incluidas las fuentes renovables que el Gobierno había presentado reiteradamente como prioritarias.


El turismo concentra el dinero

En cuanto a los montos, el turismo mantiene una supremacía absoluta: la cartera analizada se propone captar para este sector 6.700,7 millones de dólares, equivalentes al 62 % de todo el capital solicitado según los 258 proyectos con montos conocidos. La cifra podría ser aún mayor, pues 30 proyectos turísticos —casi la tercera parte de los registrados en el sector— consignan el monto como “por definir”.

Los dos sectores que le siguen por el capital solicitado, energía y agroindustria azucarera, representan, respectivamente, el 8,43 % y el 7,84 % del monto total conocido de la cartera.

La oferta para el turismo es bastante homogénea en cuanto a las actividades específicas. Las actividades de alojamiento para estancias cortas concentran el 71,2 % del capital solicitado por el sector turístico, nada más y nada menos que 4.770 millones de dólares. Le sigue la categoría “Otras actividades de esparcimiento y recreativas”, que reúne solamente cinco proyectos, pero pretende captar 1.254 millones de dólares.

Del total de proyectos turísticos, el 45 % corresponde a propuestas de administración y comercialización de instalaciones hoteleras. 

Otros 22 aparecen clasificados como propuestas constructivas y cinco como desarrollo inmobiliario. Sin embargo, estas dos categorías concentran los mayores volúmenes de capital: 3.920,2 millones de dólares para el desarrollo inmobiliario —el 58,5 % del monto turístico conocido— y 2.067 millones para la construcción de instalaciones —el 30,8 %—. En conjunto, ambas categorías absorben el 89,3 % del capital solicitado para el turismo.

La distribución del capital contradice la jerarquía presentada por el Gobierno en sus leyes, planes y declaraciones. Aunque la producción de alimentos, la recuperación energética, la sustitución de importaciones y el desarrollo territorial aparecen reiteradamente como prioridades nacionales, casi dos de cada tres dólares solicitados por los proyectos con montos conocidos corresponden al turismo.

La apuesta tampoco puede separarse de quién controla el sector. Buena parte de la infraestructura hotelera cubana pertenece a empresas integradas en el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), conglomerado bajo el mando de las Fuerzas Armadas. Su rama turística, Gaviota, controla numerosos hoteles de cinco estrellas, mientras otras empresas del grupo participan en la construcción, el transporte, las finanzas, el comercio y la captación de divisas. Las cuentas de GAESA no son públicas ni están sometidas a controles accesibles a la ciudadanía, según ha documentado Reuters.

El economista cubano Pavel Vidal ha señalado que los hoteles controlados por GAESA han acaparado “una proporción desmesurada de la inversión nacional”. Según su análisis, esa concentración de recursos ha contribuido a descapitalizar otros sectores productivos y profundizar los desequilibrios de la economía cubana.

Todo ello ocurre a pesar del colapso del sector turístico. Cuba recibió un total de 1.810.663 visitantes internacionales en 2025, un 18 % menos que en 2024, siendo el registro más bajo desde 2002 (sin contar la pandemia). Significa una de sus peores cifras de visitantes internacionales de este siglo, después de varios años sin recuperar los niveles anteriores a la pandemia. 

La persistencia de esa oferta de inversión extranjera, pese a la caída del turismo, refuerza la conclusión central de este análisis: la distribución del capital solicitado privilegia la expansión hotelera e inmobiliaria por encima de sectores vinculados directamente con las necesidades inmediatas de la población. Esto contradice incluso la propaganda del Gobierno sobre sus prioridades sociales. Al mismo tiempo, la inversión hotelera e inmobiliaria responde a intereses económicos que diversas investigaciones identifican con sectores estratégicos del poder, como el conglomerado militar GAESA.

Muchos proyectos de alimentos, poco peso económico

En contraste, la producción de alimentos reúne 78 proyectos —el 25,3 % de la cartera analizada—, pero concentra solamente el 7 % del capital solicitado por los proyectos con montos conocidos.

De los 70 proyectos alimentarios que informan su monto, 65 —el 92,9 %— solicitan menos de 20 millones de dólares y 58 —el 82,9 %— no superan los 10 millones.

La actividad con mayor peso económico es la “Elaboración de aceites y grasas de origen vegetal y animal”, con dos proyectos que solicitan en conjunto 150,7 millones de dólares, y la producción de molinería, con cuatro proyectos que suman 130,8 millones.

La abundancia de proyectos alimentarios permite al Gobierno mantener este sector dentro de su discurso de prioridades. Sin embargo, los montos revelan su verdadero lugar en la cartera, cuando por cada dólar que se pretende captar para producir alimentos, se solicitan casi nueve para el turismo.

Esta desproporción adquiere mayor gravedad frente a la crisis alimentaria que atraviesa Cuba. Un informe de Food Monitor Program (FMP) y la organización Cuido60 sobre la seguridad alimentaria en 2025, presentado el 4 de mayo de 2026 y reseñado por Alas Tensas en “Cuba: las cifras del hambre”, reveló que el 33,9 % de los hogares consultados había sufrido hambre recientemente, el 94,9 % había perdido capacidad para comprar alimentos y el 97,6 % identificaba problemas estructurales de desabastecimiento. La investigación calificó la situación como una "inseguridad alimentaria de carácter crítico" y una emergencia humanitaria de dimensiones históricas.

La cantidad de propuestas no basta, por tanto, para considerar que la alimentación recibe un tratamiento económico prioritario. Aunque reúne la cuarta parte de los proyectos analizados, el sector concentra solamente el 7 % del capital conocido, muy por detrás de la expansión turística e inmobiliaria. Si la jerarquía se mide por el capital que el Gobierno intenta captar, la seguridad alimentaria ha quedado relegada a un segundo plano.

La infraestructura también conduce al turismo

Dentro del eje estratégico “Infraestructura”, correspondiente al macroprograma número tres del Plan 2030, el turismo concentra tanto el mayor número de proyectos como la mayor parte del capital solicitado.

Aunque el Plan 2030 identifica el turismo como un sector estratégico general, este no aparece entre los ámbitos abordados expresamente por los programas específicos del macroprograma “Infraestructura”. 

De los 27 proyectos clasificados dentro del eje “Infraestructura”, nueve corresponden al turismo. No obstante, aunque representan la tercera parte de las propuestas, concentran el 91,4 % del capital solicitado por los proyectos del eje con montos conocidos.

El 82,9 % de los montos en Infraestructura corresponden solamente al desarrollo de un hotel.

El proyecto más ambicioso del eje, según los montos conocidos, es turístico, y se concentra en el desarrollo inmobiliario de un hotel en la península de Ancón, en Sancti Spíritus. La propuesta busca captar 1.094 millones de dólares, cifra equivalente al 82,9 % del capital solicitado dentro del eje “Infraestructura” y al 16,3 % del monto turístico conocido de toda la cartera.

En contraste, sectores abordados expresamente por los programas del macroprograma tienen una presencia económica mucho menor. “Transporte y logística” reúne tres proyectos que solicitan 31,7 millones de dólares, mientras que “Telecomunicaciones e informática” cuenta con dos proyectos cuyos montos conocidos suman 7,16 millones.

El desequilibrio resulta especialmente significativo en un país marcado por el deterioro del transporte, las telecomunicaciones, el abastecimiento de agua y el sistema eléctrico. Bajo el eje "Infraestructura", nueve de cada diez dólares solicitados corresponden a proyectos turísticos; más aún, un solo desarrollo inmobiliario hotelero absorbe más de cuatro quintas partes del total.

Nuestra investigación revela una contradicción tan decisiva como que casi la totalidad de los fondos clasificados bajo el eje de Infraestructura se concentra en proyectos turísticos, a pesar de que el turismo no aparece entre los sectores clave de los programas específicos de ese macroprograma. Evidentemente el propio diseño oficial encierra una clara contradicción. Aunque los programas específicos del macroprograma “Infraestructura” se orientan hacia ámbitos como el transporte, las telecomunicaciones y otros servicios fundamentales, el 91,4 % del capital conocido bajo este eje corresponde a proyectos turísticos. Así la infraestructura concebida oficialmente como soporte del desarrollo productivo y territorial termina conduciendo, otra vez, hacia la expansión hotelera e inmobiliaria.


Una diversificación más proclamada que demostrada

La diversificación de la estructura económica y la ampliación de los mercados de exportación figuran entre los objetivos declarados en la Ley 118 de la Inversión Extranjera y en el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030. Según esos documentos, el capital foráneo debe contribuir a ampliar las exportaciones, sustituir importaciones y transformar la estructura productiva del país.

Para medir la diversificación sectorial, CubaChequea agrupó los proyectos según la actividad económica consignada en sus fichas y analizó los diez sectores que reunían al menos cinco propuestas.

Sin embargo, comprobamos que la diversificación interna de los sectores también resulta una prioridad poco atendida en la cartera analizada. De los diez sectores que registran cinco o más proyectos, seis concentran cerca de la mitad de su oferta en una sola actividad.

En cuatro sectores —agroindustria azucarera, turismo, industria farmacéutica y biotecnológica, y energía—, una sola actividad reúne entre el 80 % y el 100 % de los proyectos.

La concentración resulta aún mayor cuando se analiza el capital que se pretende captar. En siete sectores, una sola actividad concentra cerca del 60 % o más de los montos declarados.

Hay, por tanto, una variedad formal de sectores, pero una diversificación interna mucho más limitada. En varios de los que reúnen mayor número de proyectos, tanto las propuestas como el capital solicitado se concentran en una sola actividad. La amplitud sectorial de la cartera no se traduce en una diversificación equivalente de las oportunidades promovidas dentro de cada sector.

En conclusión, mientras la cartera se presenta como un instrumento para diversificar la economía, lo cierto es que buena parte de sus principales sectores reproduce una elevada concentración de proyectos y capital en unas pocas actividades.

El turismo también domina la distribución geográfica

Sobre el mapa, La Habana y Artemisa encabezan la cartera por la cantidad de proyectos localizados en esas provincias: 51 y 49, respectivamente. Otros 37 aparecen bajo la categoría “Varias”, utilizada para propuestas que abarcan más de una provincia. Les siguen las provincias de Holguín y Camagüey, con 22 proyectos cada una.

Pero el mapa cambia cuando, en lugar de contar proyectos, se sigue el rastro del dinero.

Holguín y Artemisa pasan entonces al frente. Las propuestas localizadas en la provincia oriental de Holguín suman 2.420,1 millones de dólares; las de Artemisa, situada en el occidente del país, alcanzan 2.193,8 millones.

Entre ambas concentran 4.613,9 millones de dólares: el 43,3 % de todo el capital conocido de la cartera. Dicho de otro modo, más de cuatro de cada diez dólares solicitados se dirigen a proyectos ubicados solamente en esas dos provincias.

¿Qué impulsa semejante concentración? En ambos casos, los proyectos de mayor monto pertenecen al turismo.

En Artemisa, un solo desarrollo inmobiliario turístico previsto para Playa La Altura, en el municipio de Bahía Honda, busca captar 951,6 millones de dólares. El proyecto absorbe por sí solo el 43,4 % de todo el capital solicitado en la provincia.

En Holguín, el proyecto que se impone sobre los demás es un campo de golf en Guardalavaca —uno de los principales polos turísticos de Cuba—, valorado en 1.100 millones de dólares. Ese campo concentra por sí solo el 45,5 % del capital conocido para la provincia.

A ello se suman ocho proyectos clasificados como “construcción hotelera”que buscan captar, en conjunto, 1.243,3 millones de dólares: el 51,4 % del monto correspondiente a Holguín.

Nuestra investigación permite identificar así otro aspecto de la contradicción entre las prioridades declaradas sobre el papel y las reales, pues la concentración geográfica de los fondos no responde principalmente a las necesidades productivas o sociales de los territorios. Aunque el discurso oficial presenta la inversión extranjera como un instrumento para impulsar el desarrollo territorial, sustituir importaciones y fortalecer las capacidades productivas locales, en realidad los mayores montos vuelven a dirigirse hacia la expansión turística e inmobiliaria.

La zona oscura: lo que la cartera no permite saber

La cartera de oportunidades es tanto un mecanismo de promoción como el instrumento mediante el cual el Estado cubano muestra sus prioridades para la inversión extranjera. Su análisis permite conocer qué proyectos ofrece, hacia qué sectores pretende dirigir el capital y cuánto dinero aspira a captar.

Pero la información pública termina ahí. La cartera no permite seguir la trayectoria de cada proyecto: cuáles dieron lugar a negocios concretos, cuánto capital se recibió realmente, cuáles llegaron a ejecutarse y cuántos terminaron archivados en una gaveta del MINCEX.

Aunque el Reglamento de la Ley de la Inversión Extranjera establece mecanismos para supervisar los negocios aprobados, ese seguimiento ocurre dentro del propio Ministerio y su publicación no está contemplada. Tampoco existe un registro público que permita comparar los montos solicitados con las inversiones finalmente captadas y ejecutadas.

Esta falta de transparencia impide medir los resultados reales de la política de inversión extranjera, pero no borra lo que la cartera sí revela: qué sectores y proyectos privilegia el Gobierno cubano cuando sus prioridades declaradas se convierten en oportunidades concretas de inversión. Al contrastar esas prioridades con el contenido de la propia cartera, queda al descubierto la fractura entre el discurso oficial y la distribución del capital que el Estado pretende captar.

Alimentos, energía, diversificación económica, infraestructura y desarrollo territorial aparecen entre las prioridades proclamadas; sin embargo, el turismo y los negocios inmobiliarios concentran la mayor parte del capital solicitado.

La investigación deja así al descubierto una contradicción central: las prioridades que el Gobierno cubano declara no coinciden con las que su propia cartera privilegia al buscar inversión extranjera. Mientras permanece en una zona oscura cuánto dinero llegó finalmente, qué proyectos se ejecutaron y quiénes se beneficiaron de ellos, sí hemos podido comprobar hacia dónde apunta la brújula oficial cuando llega el momento de buscar capital.

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Julio Gerardo Hun Longchong

Julio Gerardo Hun Longchong

(La Habana, 1999) Periodista y comunicador digital. Textos suyos aparecen en El Diario, Periodismo de Barrio y CubaxCuba.

Francis Sánchez

Francis Sánchez

(Ceballos, un poblado de la provincia Ciego de Ávila, Cuba, 1970). Escritor, poeta visual, editor y periodista. Fundador y director de Árbol Invertido, medio informativo independiente cubano. Máster en Cultura Latinoamericana. Perteneció a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba desde 1996 hasta su renuncia el 24 de enero de 2011. Fundador de la Unión Católica de Prensa de Cuba en 1996. Fundador y director de Árbol Invertido, medio informativo independiente cubano. En Madrid fundó el sello de Ediciones Deslinde. Se exilió en Madrid en 2018. Autor, entre otros, de los libros Revelaciones atado al mástil (1996), El ángel discierne ante la futura estatua de David (2000), Música de trasfondo (2001), Luces de la ausencia mía (Premio “Miguel de Cervantes de Armilla”, España, 2001), Dulce María Loynaz: La agonía de un mito (Premio de Ensayo “Juan Marinello”, 2001), Reserva federal (cuentos, 2002), Cadena perfecta (cuentos, premio “Cirilo Villaverde”, 2004), Extraño niño que dormía sobre un lobo (poesía, 2006), Caja negra (poesía, 2006), Epitafios de nadie (poesía, 2008), Dualidad de la penumbra (ensayo, 2009) y Liturgia de lo real (ensayo, premio “Fernandina de Jagua”, 2011). | Escribe la columna "Hacia la Libertad" para Árbol Invertido, medio informativo independiente cubano.

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