Roberto Coronel cuenta a su nieta cómo un acto de repudio precedió la salida de su familia de Cuba: una turba se concentró frente a su casa, hubo agresiones físicas y, cuando sus familiares respondieron para defenderse, fueron ellos quienes terminaron detenidos durante tres días. Lo considera "inolvidable y doloroso".
El video recoge uno de los momentos más violentos de aquel episodio:
"La gente empezó a gritar, 'gusanos' y 'vende patria' y a tirar piedra y cosas. Y sale la esposa de mi hermano, que es hermana de mi esposa y les dijo 'no me rompan mi casa que yo no me voy de este país'. Ahí mismo, cuando ella estaba caminando, un policía vestido paisano le dio un tubazo y le rompió la mano. Tres fracturas le hizo."
Después relata cómo intervino para defenderla y cómo la policía llegó armada y detuvo a su familia. Las imágenes muestran también su relato sobre lo que ocurrió antes de exiliarse. Según Coronel, las autoridades del régimen contaron todos los objetos de la casa para apropiárselos:
"Tantos tenedores, tantas cucharas, tantos zapatos, tantas ropas, tantas camas, tantos vasos."
También asegura que tuvo que entregar todo el dinero que había ahorrado para casarse:
"Más nunca he ido a Cuba. Porque el perro es el mejor amigo del hombre. Pero tú al perro lo maltratas y viene a comer a tus manos. Y yo no soy perro."
Estos linchamientos, orquestados por el régimen para asediar a opositores o a quienes deciden emigrar, no quedaron en el pasado. Se mantienen vigentes décadas después como un método intacto de terror estatal.