Más de seis décadas después de 1959, campesinos cubanos de Baracoa, en Guantánamo, denuncian la miseria, el abandono estatal y la falta de insumos básicos para trabajar la tierra. Sus testimonios desmontan el relato oficial sobre el campo cubano. Son hombres que producen alimentos sin herramientas suficientes, sin combustible, sin fertilizantes y con familias que sobreviven entre el hambre y la precariedad.
El videorreportaje de Yoel Acosta Gámez acoge el testimonio de Yudennis Labañino, quien resume la desesperación de quienes trabajan "a pulmón" y no reciben condiciones mínimas para producir:
"El herbicida me cuesta 5.000 pesos. Como yo voy, por ejemplo, hago 1.500 o 2.000 pesos. Me subieron el cacao a 2.000 pesos el quintal. ¿Y los otros 3.000 pesos cómo los busco? ¿Voy a robar? Yo no puedo robar. No tengo condiciones para limpiar los yucales. No tengo nada, aquí no dan nada. Yo estoy trabajando porque tengo dos viejos, no quiero que se me mueran de hambre."
Felipe Utria, otro de los entrevistados, critica la falta de alimentos, el deterioro de las viviendas y el engaño cotidiano al pueblo.
"Yo dependía de 2.300 pesos. Estoy trabajando ahora con los campesinos para poder buscar la comida. Y lo que traen a la tienda es una limosna. Al final de la jornada el aceite no lo acaban de traer. Mira cómo estamos y el aceite no lo traen a la tienda. El pueblo se está muriendo de hambre."
Resume así la frustración de muchos habitantes del campo:
"¿Qué revolución es esta?"
Armando Sollet, campesino que siembra yuca, boniato y habichuelas, además de criar puercos, explica que trabaja con medios propios y sin apoyo suficiente:
"Con un pico estoy arando el terreno."
Utria denuncia:
"¿Cómo va a trabajar ese campesino si no tiene la lima ni el machete? ¿Qué producción puede entregarle a la base campesina si es que no le mandan abono ni nada para uno hacer producir esa tierra? Si no hay producción, no hay alimentación. ¿Quién se está quejando de eso? El pueblo."