Ancianos cubanos residentes en Cabacú, Baracoa, en la provincia de Guantánamo, denuncian la falta de alimentos, los precios inalcanzables y el abandono que enfrentan en medio de la crisis que atraviesa la isla. Sus testimonios describen una rutina marcada por la escasez, la enfermedad y la imposibilidad de conseguir comida suficiente.
Ana Luisa Olivero Fernández cuenta que su alimentación se reduce a harina de maíz o alguna vianda, cuando aparece algo para cocinar. Martha Eugenia Hernández afirma que en el momento de la entrevista no tenía "nada, nada" para comer. Irma Cantillo Legrá resume su situación de manera dolorosa:
"Me estoy acostando sin comer."
El reportaje también recoge el testimonio de Ciberio Rodríguez Matos, quien asegura haber trabajado como arriero, responsable de crédito, maestro y cortador de caña, pero hoy se ve sin fuerzas y sin ayuda. Afirma:
"Mil veces nos tenemos que acostar sin comer o con un guineo [plátano de fruta]."
Sus palabras exponen el deterioro de la vejez en Cuba y la vulnerabilidad de quienes, tras una vida de trabajo, sobreviven entre el hambre, la carestía y la falta absoluta de protección social.