La crisis alimentaria en Cuba marca el día a día de millones de personas y continúa agravándose sin señales claras de solución. Enrique Pérez, trabajador de la Industria Alimentaria en Santiago de Cuba, en una entrevista concedida a Árbol Invertido, medio informativo independiente cubano, describe un escenario de escasez estructural y falta de voluntad política para revertir la situación.
Desde su experiencia dentro del propio sector estatal, Pérez sostiene que las necesidades básicas de la población no están siendo garantizadas:
Las primeras necesidades que tiene que cubrir el Estado con el pueblo, no se están cumpliendo.
Una economía que se desmantela
Pérez explica que la crisis actual no surge de forma repentina, sino que responde a un proceso prolongado de deterioro económico. Según su análisis, la economía cubana lleva años siendo desmantelada, lo que ha desembocado en el colapso actual del sistema productivo y de distribución:
La economía fue destruida. Llegó a este punto difícil. Para mí, el Estado no tiene ningún interés real en revertir la actual situación económica, para podernos seguir subyugando.
Escasez como mecanismo de control
La falta de alimentos no solo impacta en la nutrición, sino que se convierte en una herramienta de control social. Pérez describe un patrón repetido: cuando escasean productos básicos como arroz o leche, el régimen entrega pequeñas cantidades que generan alivio momentáneo, pero no solucionan el problema de fondo.
No hay arroz. Les envían un poco de arroz que les hace feliz. No hay leche. Les envían un poco de leche.
El trabajador subraya que las personas más empobrecidas son también las más vulnerables al control estatal. Señala que la precariedad limita la capacidad de cuestionar o desobedecer al poder:
Debemos recordar que las personas más pobres son las que más control tienen sobre ellas.
La libertad como demanda central
Más allá de los reclamos materiales, Pérez insiste en que el problema de fondo es la falta de libertades. En su opinión, exigir solo alimentos perpetúa un ciclo de dependencia que no cambia la estructura del sistema.
Más que exigir un poco de arroz, más que exigir un poco de leche, lo que debemos exigir es libertad.
Desde esta perspectiva, la crisis alimentaria aparece ligada de forma inseparable a la crisis política. La ausencia de libertades económicas y civiles impide, según Pérez, que la población pueda generar soluciones propias a sus problemas cotidianos.
Crisis energética y parálisis productiva
El escenario se agrava con la crisis energética que atraviesa el país. Pérez advierte que los apagones y la falta de insumos están paralizando empresas y centros productivos, profundizando el colapso económico.
En ese contexto, se pregunta por el futuro inmediato de la economía cubana, que describe como una espiral descendente sin freno visible:
Imagínense que todas las empresas en el país están paralizadas porque no hay manera de producir.
Su diagnóstico resume una percepción extendida entre amplios sectores de la sociedad cubana: la crisis no es solo resultado de carencias materiales, sino de decisiones políticas sostenidas en el tiempo.