Cuenta la Biblia en el Primer Libro de los Reyes, capítulo 19, la experiencia del profeta Elías cuando Dios lo encontró solo, temeroso, huido a la montaña, escondido en una cueva, porque era perseguido de muerte. Dios habló a Elías y le ordenó estar atento y listo para ponerse "delante del Señor".
Entonces pasó un fortísimo viento huracanado que partía las rocas, pero Elías permaneció en la cueva porque comprendió que Dios no estaba en el viento. Después llegó un terremoto, pero Dios tampoco estaba allí. Luego apareció un fuego devastador, y tampoco estaba Dios en el fuego. Tras el fuego llegó:
"Un susurro de brisa suave. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto, salió y se detuvo a la puerta de la cueva."
El profeta había comprendido que Dios, el Bien Supremo, es efectivo, es fuerte, es triunfador, incluso demoledor del mal, sin hacer ruido.
El susurro de Dios frente al ruido del mundo
Me venía a la mente este pasaje bíblico y su enseñanza, el pasado miércoles 2 de septiembre de 2026 en el Patio del Indiano (Calle de los Manantiales 11, Vicálvaro, Madrid), donde tuve la oportunidad y el privilegio de participar en el conversatorio "Cristo y Cuba" con el padre Enrique Corona. En ese acogedor encuentro, además de los anfitriones, Rigoberto Carceller y su hija Yelena, solo participamos dos cubanos, los demás eran españoles y una venezolana. ¡Sólo dos cubanos asistentes al coloquio!
No voy a exponer aquí lo que yo considero grandezas del padre Corona; para cualquier observador mínimamente objetivo estas se pueden apreciar en el citado conversatorio de más de dos horas, del que la mayor parte quedó recogido en el canal de YouTube de Árbol Invertido. Invito a todos a buscarlo, verlo y difundirlo.
Mi reflexión va precisamente por ahí: qué poca acogida, qué poca participación y difusión ha tenido este conversatorio con un buen hombre, sacerdote católico, exprisionero político de las ergástulas castristas, que a la par de su vocación cristiana ha desarrollado una vocación política de justicia que lo ha llevado a enfrentar desde muy joven y por décadas a una cruel dictadura; a ser reprimido con cárcel, exilio y represalias también contra sus seres queridos y que se mantiene firme, sereno, efectivo, trabajando por el triunfo del bien y que lo hace calladamente, sin algazaras; como dirían en mi pueblo: "sin cacarear".
Una vida de novela la del padre Corona: novela romántica de pasión y amor por su familia pero sobre todo por Cristo y su madre la Virgen María; novela de aventuras, conspiraciones, traiciones e intrigas en la lucha política; incluso novela costumbrista y nostálgica, porque el pater no deja de ser un guajirito de Jiguaní, Granma, que todavía, en su Parroquia de San Miguel (Paterson, New Jersey), se prepara el café de la mañana en colador de tela.
Padre Enrique Corona: una vida de fe y resistencia
Da la impresión de que esa historia novelesca y callada no nos importa a los cubanos. Nos prestamos más al "choteo", a la algazara, al "cacareo" de patio, no de colegio sino de gallinas. Por poner un ejemplo reciente: ¿Cuántas horas, videos, comentarios o manitos "parriba y pabajo" hemos dedicado al affaire Otero Alcántara? Salió de prisión (dudosa, a juzgar por sus propias palabras) y se monta "la de Dios" con atención máxima.
Viene a Madrid un buen cubano que ha pasado su cárcel y su vida predicando el Evangelio; nos llaman a escuchar su novelesca vida y no se presenta "ni Dios". (Perdóname Señor si lo parece, pero bien sabes que con estas expresiones no pretendo tomar Tu Nombre en vano.)
Qué triste fenómeno, cuánta pena da y qué problema tan grande para la efectividad de la lucha por una futura Cuba libre. Una vez más me convenzo de esa contradicción del "cubaneo"; por eso dejé hace tiempo de tener redes sociales y de frecuentar ciertos círculos "opositores".
Y también una vez más me convenzo de que el problema de Cuba será sacar a los Castro, pero la solución solo pasa por poner a Cristo. Ante el inmenso daño y el ruido del mal, no basta con demoler su causa sino que es necesario rellenar el vacío que deje con bien y el Bien es Dios que se hace presente en "un susurro de brisa suave".
Sábado 5 de septiembre de 2026.
Día de Santa Teresa de Calcuta (otra que pasó haciendo el bien calladamente).
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