Columna | Cubania y Ucruba

"Ana se fue sin apagar El Morro. / Ana se fue de crueles golpes bajos". 

Mujer anciana
Imagen: Pixabay

En 2022, cuando estalló la guerra en Ucrania, su pareja escribía un soneto sobre la fuga masiva de cubanos, en la guerra —no reconocida— de Cuba. Su pareja era de esa isla llamada pacífica, alejada de Ucrania, y escribía desde Madrid, adonde tuvo que huir por razones mezcladas, de considerable peso cada una.

Su pareja iba por el onceno verso de un soneto sobre la cubanorragia, cuya causa puede resumirse así: paisanos de su pareja eran empujados a los límites vitales y geográficos porque otros paisanos sobrepasaban los límites de la ambición y caían en el genocidio.

Razones para explicar todas las fugas de Ana

Ana se fue de un triste país roto.

Ana se fue de un tiro en su retrato.

Ana se fue de un grano en el escroto.

Ana se fue de un huevo para cuatro.

Ana se fue de piojos y de hongo.

Ana se fue de tisis y catarro.

Ana se fue de qué coño me pongo.

Ana se fue de un mal talla desgarro.

Ana se fue jodida y hasta-el-gorro.

Ana se fue cosida a escupitajos.

Ana se fue de hallarse sin socorro.

Ana se fue entre pingas y carajos.

Ana se fue sin apagar El Morro.

Ana se fue de crueles golpes bajos.

En el argot de su pareja los malos paisanos eran unos singaos. Agredían y expulsaban —con fuerza centrífuga— al ciudadano infeliz.

Sabía cuándo su pareja escribe algo que la desgarra porque la mano le retiembla, como si tuviera Parkinson. La ve temblequear cuando escribe y piensa que ser poeta es una calamidad. 

Pero si su pareja fuera cubana a secas —para nada poeta— le afectarían lo mismo las injusticias en su país y el olvido acomodado del resto del mundo. 

Si su pareja fuera ucraniana temblequearía igual frente a su tierra invadida de pronto y sus ciudadanos llevados a límites vitales y geográficos por la fuerza centrípeta de otro poder singao

En lo básico, ningún país debería ser propiedad de nadie. A todos se debería poder entrar y en todos debería ser grato permanecer con una rosa simbólica, con una causa ecológica que no hubiera que arrancar de ningún tallo, que no hiciera daño. Y sin nada feroz ni atroz apuntándonos.

Entrar o salir a la fuerza son filos de la misma bayoneta. Muera la guerra.

Gleyvis Coro Montanet
Gleyvis Coro Montanet

(Pinar del Río, 1974). En 2006 recibió el Premio UNEAC de Novela Cirilo Villaverde por la obra La burbuja (Unión, 2006), por la que también consiguió el Premio Anual de la Crítica Literaria en 2007. Ha publicado los libros Con los pies en las nubes (1998), por el que obtuvo el Gran Premio Vitral de Narrativa, Cantares de Novo-hem (1999, Ediciones Loynaz), Escribir en la piedra (2000, Premio Alcorta de Poesía, Ediciones Loynaz), Poemas Briosos (2003, Ediciones Aristas de Cobre), Aguardando al guardabosque (2006, Ediciones Loynaz), Jaulas (2009, Letras cubanas), Lejos de Casa (Memoria lírica del problema cubano) (2018, Editorial Cristal de Agua), Mujer aparta de mí ese smartphone (2020, Editorial Gata Encerrada) y Cien días en cuarentena (2020, Editorial Gata Encerrada). Reside en Madrid.

Comentarios:


Marta (no verificado) | Mar, 01/03/2022 - 13:21

Hermoso, como siempre.

Ileana A. (no verificado) | Mar, 01/03/2022 - 13:23

Excelente la columna de Gleyvis. Muchas gracias por tu poesía y tus palabras que no se las lleva el viento.

Luis Roberto G… (no verificado) | Mar, 01/03/2022 - 19:38

De excelencia. Por suerte para Ana... Y sí, "ningún país debería ser propiedad de nadie..." Mi abrazo.

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