El artista y expreso político Luis Manuel Otero Alcántara llegó a Miami, desterrado por el régimen cubano, el sábado 18 de julio de 2026, a las 5:12 de la tarde, en el vuelo AA2706 de American Airlines. Entre su equipaje trajo de la isla más de cuatro mil pinturas que realizó durante los cinco años en la cárcel y también una efigie rota de la Virgen de la Caridad, como símbolo de la sociedad cubana fragmentada y en ruinas.
Su primera aparición pública, luego del recibimiento en el Aeropuerto Internacional de Miami, fue en la Ermita de la Caridad, a las 6:30 de la tarde, donde realizó una performance que esencialmente consistía en recomponer y restaurar la Virgen mientras conversaba con amigos, activistas, periodistas y público en general. En su perfil de Facebook, pocas horas antes de que Alcántara saliera de la isla, se anunciaba:
Al llegar a Miami, su primer deseo es visitar la Ermita de la Caridad y dejar una ofrenda de acción de gracias. Trae consigo desde Cuba una Virgen rota. Como estamos muchos de nosotros. Como está Cuba. Es un gesto que invita a reunir los fragmentos, a recomponer lo que ha sido quebrado y a creer que todavía es posible sanar.
La Virgen, símbolo de todos los cubanos
Otero Alcántara ha escogido a la Virgen, una figura mítica, un símbolo en el que convergen cubanos de muchas tendencias y posiciones diferentes y hasta opuestas. Desde su artivismo, recurre al mito para convocar a la restauración e iniciar su acción y su vida en libertad. La libertad del mito está siempre unida a la garantía democrática. La posibilidad del mito y su naturaleza liberadora se oponen siempre a toda forma totalitaria. Por ello, Alcántara ha podido hacer libremente en Miami, lo que le habría costado nuevamente la cárcel en Cuba.
La Virgen que transportó Otero Alcántara es un símbolo que pretende representar a todos los cubanos, la decadencia actual del país y la esperanza de un cambio. Reconstruir la Virgen es tratar de reconstruir el país. Que tenga que hacerlo desde el destierro y luego de sufrir cinco años de prisión evidencia lo lejos que está Cuba de ser un país democrático, abierto a la naturaleza elástica y flexible del mito.
Fidel Castro y la negación de los mitos
En el discurso del 6 de junio de 1971, en el acto conmemorativo del décimo aniversario de la creación del Ministerio del Interior (MININT) celebrado en el Teatro "Lázaro Peña" de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Fidel Castro expresó:
"Nosotros no debemos desarrollar ninguna leyenda, nosotros no podemos ni debemos desarrollar ningún mito."
Sin embargo, manipular y controlar mitos fue lo que hizo durante toda su vida como dictador. La negación del mito es también oposición al principio democrático.
El mito y la democracia son elásticos, diversos, contradictorios y cambiantes. Cualquier intento de domesticación, control o represión del mito conduce a una actitud dictatorial y tiránica. En sus escritos y discursos, Fidel Castro utiliza la palabra "mito" acudiendo a su significado más popular de "mentira"; a partir de este, crea una serie de polarizaciones esquemáticas en las que opone lo mitológico a la revolución.
De este modo, el mito es colocado por Castro del lado del capitalismo, de la disidencia cubana, del gobierno estadounidense y sus aliados, del homosexual, y de quienes ellos consideran "degenerado", "gusano" y vago. Sin embargo, lo que realmente está en juego detrás de esas divisiones facilistas establecidas por el dictador cubano es el cuestionamiento del principio democrático. Al oponer mito y revolución, lo que en realidad contrapone es democracia y totalitarismo, y aboga a favor del segundo.
El comunismo: "Un mundo sin milagros, sin mitos"
En contra de esa retórica que sigue oprimiendo al pueblo cubano a partir de oposiciones facilistas repetidas por décadas, vale la pena citar las palabras del secretario de Estado Marco Rubio pronunciadas como parte de su discurso inaugural de la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político el 16 de julio de 2026.
Me interesan las palabras de Marco Rubio, en este caso como expresión del principio democrático (que es también la esencia del mito tal como los griegos lo concibieron) al dar espacio a la diferencia, el arte, el libre albedrío y la imaginación, todo aquello que ahoga o intenta controlar el régimen cubano, caracterizado también por:
Un resentimiento malévolo oculto bajo la capa de la igualdad y la justicia y la liberación, una necesidad incontenible de echar abajo lo que grandes hombres han construido, de arruinar lo bello y lo justo en nombre de gente que está llena solo de fealdad y no tiene nada más que ofrecer al mundo [...]. El mundo que proyecta [el comunismo] para todos nosotros es pequeño, plano, gris, despojado de toda excepción, vaciado de todo lo bueno y noble que hay en el alma humana [...]. Un mundo sin creatividad ni ambición [...], un mundo sin milagros, sin mitos.
Otero Alcántara y su performance vienen a encarnar, a través del mito, la esperanza para Cuba, una Cuba que, a pesar de su fragmentación y ruina, sigue buscando otra oportunidad en el pálpito distante de los muchos éxodos obligados y en el triste paso de los que, como zombis, se mueven dentro de la isla bajo el apagón revolucionario que ya dura más de 67 años. Poder recomponer la imagen del mito en una Cuba futura será también evidencia de que el principio democrático y sus garantías han sido restaurados.
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