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Opinión | No regresar al pasado: queremos una Cuba nueva

"Al acercarse aceleradamente un cambio en Cuba debemos asentar cabeza, no dejarnos arrastrar por el vértigo del tan esperado cambio. La libertad sola puede aturdir. La libertad sola puede conducir al caos y a la violencia."

Bandera cubana ondeando al amanecer.
Bandera cubana ondeando al amanecer.

La verdad histórica es que Cuba era próspera en el pasado, antes de 1959, a pesar de las dos dictaduras que sufrió, a pesar de las injusticias y la corrupción de entonces. Había libertad y los cubanos honestos y trabajadores podían hacerse cargo de su proyecto de vida.

Al acercarse una nueva etapa de nuestra historia nacional, comienzan las tentaciones y las nostalgias del pasado. Comienzan las viejas corrientes que siempre tentaron a algunos cubanos: la reformista que ahora se llama "cambio fraude"; el autonomismo que ahora se llama "estado libre asociado" como Puerto Rico; y el anexionismo que ahora significa lo mismo y se llama igual.

Cuba, su industria y sus ciudades, con electricidad antes de 1959.

Medir el futuro con la vara del pasado

Cada cual tuvo en el pasado, y vuelve a tener en el presente, defensores y detractores. Ya lo dice el refrán popular: "Para que el mundo sea mundo tiene que haber de todo". Sin embargo, no todo vale, ni todo es conveniente, ni todo tiene coherencia con lo que hemos sido como nación y lo que somos como cultura y como identidad propia.

Otros cubanos no aceptan ninguna de esas corrientes políticas, quieren volver a ser verdaderamente libres, independientes y ciudadanos soberanos para hacerse cargo de la responsabilidad personal y nacional. Pero… su ideal, su modelo y su aspiración es regresar a la Cuba de antes de 1959. Miden el futuro con la vara del pasado. Creen avanzar hacia el porvenir libre y próspero regresando hacia un pasado libre y próspero de hace tres cuartos de siglo.

El futuro debe ser nuevo

Cuando miro, pienso y trabajo para el futuro de Cuba aspiro a que ese futuro sea nuevo de verdad. El mundo ha cambiado mientras Cuba estuvo encallada en la noche del inmovilismo por casi setenta años. Y siete décadas es más que suficiente para hundir a un país en la más espantosa miseria material, moral y espiritual. Nada empobrece más que el totalitarismo, es decir, la falta de libertad, la vida en la mentira, la imposición de una sola ideología convertida en religión política y el relativismo moral. Aferrarse al poder empobrece al país que se oprime, lo encadena al pasado, lo asfixia de sufrimiento y le hace perder la única vida que tenemos en este mundo.

Al acercarse aceleradamente un cambio en Cuba, debemos asentar cabeza, no dejarnos arrastrar por el vértigo del tan esperado cambio. La libertad sola puede aturdir. La libertad sola puede conducir al caos y a la violencia. La libertad sola puede desorientar. La verdadera libertad tiene que estar indisolublemente unida a la responsabilidad.

En Cuba la libertad de expresión se encuentra bajo asedio constante.
En Cuba la libertad de expresión se encuentra bajo asedio constante.

Libertad y responsabilidad son los dos raíles inseparables del camino hacia el futuro de libertad. Verdad y libertad también están indisolublemente intrincadas. Solo el Espíritu nos revela la verdad y esa verdad nos hace libres. Por eso todo materialismo oprime y empobrece, sofoca y mata a las naciones.

Entonces, es necesario pensar, diseñar y adelantar el futuro de Cuba, que ya está aquí, de una forma renovada y renovadora. No se trata de aspirar al pasado. Se trata de colocar a Cuba en el horario del mundo. Se trata de edificar un futuro según los índices de desarrollo humano integral que viven hoy las naciones del mundo libre. Lo mejor que hoy vive el planeta es ya un futuro deseable para Cuba. 

Pero no es suficiente colocar a Cuba en lo bueno del hoy de los demás, hay que seguir avanzando al mismo ritmo que los adelantos actuales y futuros. He dicho: lo mejor del mundo, no los horrores que se están viviendo. Uno de los retos de ese futuro es lograr no regresar al pasado y luchar contra los vicios, corrupciones y violencias que nos acecharán en ese futuro. El Centro de Estudios Convivencia ha identificado como los tres principales peligros de ese futuro: la corrupción, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana. (Cf. XI Informe del CEC).

En resumen

Que nuestro futuro como cubanos:

  • No sea regresar al pasado.
  • No sea remediar las corrientes reformistas, autonomistas ni anexionistas.
  • No sea copiar o dejarse arrastrar por los nuevos vicios de hoy ni del futuro.

Ojalá que aspiremos a edificar el futuro:

  • Con el mejor legado de nuestras raíces y los logros pasados.
  • Con una nación independiente y unos ciudadanos soberanos, abiertos al mundo.
  • Con el pensamiento, el talento y la creatividad de los cubanos de hoy.
  • Con lo mejor de los avances del mundo.
  • Creo que los cubanos, con libertad y responsabilidad, tenemos la inteligencia, las iniciativas y la creatividad que pondrán a Cuba en el futuro nuevo de un mundo mejor.
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Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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