Cómo nació la idea que dio origen a Arraigados, qué objetivos persigue el proyecto, cuáles han sido sus principales desafíos y qué lugar ocupan la formación y los valores humanos en su propuesta son algunas de las cuestiones que aborda su impulsor, Ismely Alvarez de Cubas, en esta entrevista.
Hay una palabra que llevaba repitiendo mucho antes de saber que terminaría dando nombre a su proyecto: "arraigado". La palabra apareció tantas veces mientras explicaba su idea que un sacerdote amigo le hizo notar que, en realidad, el nombre ya estaba allí desde mucho antes.
"Lo has dicho cincuenta veces en la presentación", le dijo. Así nació esta iniciativa que comienza a tomar forma con una idea tan sencilla como ambiciosa: que una persona pueda encontrar oportunidades en su propia tierra sin tener que renunciar a sus raíces.
Para entender el origen del proyecto, es necesario conocer la historia de su impulsor y director ejecutivo. Álvarez de Cubas salió de la isla siendo joven y tuvo que reconstruir su vida profesional en un sector completamente diferente de aquel al que estaba acostumbrado. En Cuba se desempeñaba como profesor y, al emigrar, trabajó en distintas actividades del sector hotelero y del ámbito de la comunicación. Esa experiencia personal terminó convirtiéndose en una inquietud: cómo ayudar a quienes aman su oficio, su tierra y su forma de vida para que no se vieran obligados a abandonarlos.
"Me llevó siempre al anhelo de ayudar a la gente para que no tuviese que pasar por lo mismo", explica. Habla especialmente de quienes, aun teniendo la posibilidad de marcharse, deciden permanecer en su "conuco" o en su "pedacito de tierra" porque están vinculados al lugar donde nacieron.
De esa preocupación surge una propuesta que va más allá de la agricultura. Arraigados pretende crear una comunidad para personas que quieran dedicarse al campo, conservar el vínculo con su tierra y desarrollar allí sus proyectos de vida. Alvarez de Cubas resume ese propósito en una palabra: dignidad.
Cultivar algo más que la tierra
La agricultura es el punto de partida, pero la formación ocupa un lugar central. Para Alvarez de Cubas, constituye "el ADN" de Arraigados. Su planteamiento establece una comparación entre cultivar la tierra y cultivar a las personas: formar significa preparar a alguien para trabajar, producir, crear comunidad y desarrollar sus capacidades.
La propuesta busca integrar conocimientos de diferentes procedencias: por un lado, la formación profesional y académica; por otro, los saberes tradicionales de quienes viven y trabajan en el campo. A ambos pretende incorporar nuevas ideas y principios de ecología y sostenibilidad.
Alvarez de Cubas habla desde su propia experiencia. Nacido y criado en un entorno rural, reivindica el conocimiento acumulado por la gente del campo sobre la tierra, los ciclos de la naturaleza y los animales. El desafío, plantea, consiste en sumar esos saberes a una formación profesional que permita aumentar la producción y ampliar sus posibilidades.
Pero hay otra dimensión que considera inseparable de ese aprendizaje. Para formar parte del proyecto, dice, lo primero es tener "bondad". La formación profesional, por sí sola, no basta: debe estar acompañada por una dimensión humana y comunitaria.
Un puente que cruza el Atlántico
La iniciativa busca conectar a personas y conocimientos de diferentes lugares y establecer vínculos duraderos:
"La idea es que personas con experiencia empresarial y profesional desde España y otros países acompañen a quienes formen parte del proyecto en Cuba, no únicamente mediante conocimientos técnicos, sino también a través de sus propios testimonios, recursos y experiencias. En ese sentido, el Atlántico no aparece como una frontera, sino como una ruta de intercambio."
España ocupa un lugar particular en esa visión. Alvarez de Cubas considera que la experiencia acumulada en materia de agricultura ecológica y sostenible puede servir como referencia para un proyecto que pretende desarrollarse en Cuba. Su planteamiento consiste en aprovechar conocimientos y técnicas que ya se aplican en España y adaptarlos a las necesidades del campo cubano.
Devolver al campo la palabra "oportunidad"
Uno de los desafíos que identifica Alvarez de Cubas es conseguir que las nuevas generaciones vuelvan a mirar hacia el campo. Quiere alejarse de la idea de que la agricultura es una actividad perteneciente exclusivamente a los abuelos o a los padres.
Para él, la tierra sigue siendo un espacio de posibilidades: de ella procede buena parte de lo que sostiene la vida cotidiana y, por tanto, también puede ser un lugar desde el que construir proyectos nuevos. Aclara:
"La apuesta pasa, por tanto, por cambiar la dirección de la mirada. No presentar el campo como aquello que quedó atrás, sino como un ámbito en el que las nuevas generaciones pueden aprender, emprender y generar oportunidades."
El desafío de empezar
El fundador de Arraigados reconoce las dificultades de poner en marcha la iniciativa:
"El proyecto aún está en sus primicias. Y su principal desafío no ha sido solamente encontrar la manera de desarrollarlo, sino tomar la decisión de dar el primer paso."
Alvarez de Cubas resume así aquel momento:
"Querer hacerlo, no saber cómo hacerlo y lanzarme."
Según explica, después de tomar esa decisión comenzó a conocer a las personas que hoy colaboran en la puesta en marcha de Arraigados:
"El siguiente paso será continuar dando forma a la iniciativa y avanzar hacia la estructura que permita consolidarla como asociación o institución."
Una comunidad sin fronteras
La visión de Arraigados tampoco se limita a la relación entre Cuba y España. Alvarez de Cubas imagina una red capaz de conectar a personas del campo cubano con otras naciones de Europa, con Chile, Brasil, Estados Unidos.
Refiere que el intercambio debe funcionar en ambas direcciones. Para quienes llegan desde otros contextos, el contacto con esa realidad puede ofrecer otra perspectiva sobre las condiciones de vida, las dificultades materiales y la capacidad de salir adelante.
Es una visión en la que la experiencia de unos puede convertirse en impulso para otros y en la que las distancias geográficas pierden importancia frente a los vínculos humanos. Condensa así el sentido de Arraigados:
"Que sean capaces de volar sobre su propia tierra. No se trata de impedir que las personas se marchen ni de idealizar la permanencia. Se trata, según la visión de su impulsor, de que quedarse pueda ser también una opción con oportunidades, formación y futuro."
Cerrar los ojos y ver Madrid en Cuba
Alvarez de Cubas imagina que, para 2036, Arraigados será una comunidad amplia, integrada por personas de Cuba y otros países, unidas por el trabajo, la formación y la fe. Así describe ese futuro:
Regresar al inicio"Yo cierro mis ojos y veo todo lo que hoy tenemos en Madrid en Cuba, o todo lo que hoy tenemos en esa parte del mundo en nuestra tierra. ¿Cómo lo veo? Lo veo como la herramienta que necesita el pueblo de Cuba, o mejor, que necesitan todas aquellas personas que quieren volar, para que vuelen, pero no hacia otra tierra, sino que sean capaces de hacerlo en su propia tierra. Que de sus corazones brote la felicidad porque han conseguido volar, han conseguido expandirse dentro de su propia tierra sin tener que abandonarla. Entonces, dentro de diez años lo único que espero es que Arraigados tenga una comunidad muy grande, que seamos muchísimos, tanto de allí como de aquí, y que estemos vibrando todos en esa armonía. Y que Jesús nos acompañe."