¿Debe un cristiano mantenerse al margen de la política? En este video, el joven cubano Iván Daniel Calás Navarro responde sin rodeos a una idea muy repetida —y muy funcional a las dictaduras—: que la fe debe callar ante la injusticia.
Iván habla desde la experiencia. Fue uno de los youtubers pioneros en Cuba, creando contenido desde la adolescencia, sorteando censura, mala conexión y vigilancia. Desde 2017 ha abordado temas de fe, cultura y sociedad con una voz cristiana clara, conservadora y profundamente incómoda para el poder.
Entre 2020 y 2021 denunció públicamente restricciones a la libertad religiosa en Cuba: la negación de la objeción de conciencia, la imposibilidad de que los padres elijan la educación de sus hijos y el cierre de espacios cívicos. Produjo además cortometrajes como Decisión (2021) y Cyanofobia (2023), donde cuestiona tabúes del socialismo cubano y la imposición ideológica.
Durante el Servicio Militar Obligatorio fue interrogado varias veces. Aun así, no dejó de hablar. Lideró iniciativas juveniles de oración pública, impartió clases sobre el ejercicio de la fe y convirtió la iglesia en un espacio de educación cívica frente al totalitarismo.
Tras un interrogatorio policial en 2023, dijo una frase que resume su postura:
“Sí, temo por mi vida. Pero Dios está al control. Dios es más fuerte que el Departamento de Seguridad del Estado. Dios es el Rey de Reyes”.
En este video, Iván recuerda algo esencial: cuando la fe se aparta de la verdad y la justicia, deja de ser fe y se convierte en silencio cómplice.
Fe cristiana y totalitarismo en Cuba
El video también sitúa el debate en un marco claramente cubano. Iván contrasta la realidad de los cristianos en países democráticos —donde expresar inconformidades cotidianas no tiene consecuencias penales— con la situación en Cuba, descrita por él como una tiranía.
Desde esa comparación, sostiene que el problema no es la expresión en sí, sino el sistema político que castiga cualquier forma de disenso, incluida la que nace desde convicciones religiosas.
Iván se define abiertamente como cristiano evangélico bautista y vincula su fe con principios como la libertad de conciencia, la libertad de expresión y la libertad religiosa. Para él, esos valores no son añadidos modernos, sino parte del núcleo del mensaje cristiano.
Iglesia, dictadura y libertad religiosa en Cuba
Para entender el planteamiento de Iván Daniel Calás Navarro conviene situarlo en un contexto más amplio. En Cuba, el Estado reconoce formalmente la libertad de culto, pero restringe la libertad religiosa cuando las iglesias intentan salir del espacio estrictamente litúrgico y participar en la vida social, educativa o cívica. Esa diferencia —clave— explica por qué muchos conflictos no se producen en torno a misas o cultos, sino alrededor de actividades comunitarias, formación juvenil, pronunciamientos públicos o iniciativas solidarias.
Desde 1959, la relación entre el poder político y las instituciones religiosas ha estado marcada por una tolerancia condicionada. El régimen acepta la fe como práctica privada, pero reacciona cuando esta se traduce en conciencia pública. Árbol Invertido ha documentado durante años ese patrón: vigilancia policial en templos, citaciones a pastores y sacerdotes, presiones para cancelar actividades, advertencias a jóvenes creyentes y control sistemático de espacios religiosos cuando estos se convierten en lugares de encuentro cívico.
Las organizaciones independientes de derechos humanos coinciden en ese diagnóstico. Informes recientes del Observatorio Cubano de Derechos Humanos señalan cientos de incidentes anuales vinculados a la libertad religiosa, que incluyen hostigamiento, amenazas, multas y restricciones administrativas contra comunidades de fe. Estas prácticas se intensifican en momentos de crisis social, cuando el Estado percibe cualquier red autónoma —incluidas las iglesias— como un potencial foco de disenso.
Uno de los puntos más sensibles es el Servicio Militar Obligatorio. En Cuba no existe una regulación clara de la objeción de conciencia por motivos religiosos, lo que deja a muchos jóvenes creyentes en una situación de vulnerabilidad legal. Negarse a portar armas o cuestionar determinadas prácticas puede derivar en interrogatorios, sanciones o procesos disciplinarios. Para muchos cristianos, esta realidad convierte la fe en una experiencia inevitablemente atravesada por decisiones políticas.
En ese contexto, el debate sobre si un cristiano debe “mantenerse al margen de la política” adquiere un sentido distinto al que tiene en sociedades democráticas. No se trata de militancia partidista, sino de derechos básicos: libertad de conciencia, de expresión y de religión. Cuando esas libertades se ven limitadas, el silencio deja de ser neutral y pasa a tener consecuencias éticas.
El discurso de Iván Daniel Calás Navarro se inscribe en una tradición cada vez más visible de activismo religioso crítico en Cuba, protagonizado en gran medida por jóvenes creyentes que rechazan la identificación automática entre fe y obediencia. Desde iglesias evangélicas hasta sectores del catolicismo, estas voces cuestionan la instrumentalización de la religión por parte del poder y reivindican un cristianismo que no se desentiende de la verdad ni de la justicia.
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