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Opinión | Cuba necesita una constitución personalista

"La Constitución debe ser el instrumento que sirva para edificar el mayor consenso posible y la mayor inclusión y participación posibles de cada uno de los cubanos, independientemente de la corriente filosófica y política que profesen."

Félix Varela, José Martí y la Constitución de la República de Cuba.
Félix Varela, José Martí y la Constitución de la República de Cuba.

Creo que Cuba necesita una nueva Constitución para una nueva etapa de su historia después del cambio y la transición.

Considero que esa nueva Carta Magna debería reunir y sintetizar lo mejor de los aportes de nuestra Constitución de 1901, junto a lo mejor de los aportes de nuestra Constitución de 1940.

Esa síntesis de lo mejor de nuestra historia constitucional republicana permitiría obtener un nuevo texto que incluyera las principales conquistas de las tres más grandes corrientes filosóficas y políticas que han enriquecido nuestro acervo jurídico: la liberal, la demócrata cristiana y la socialdemócrata y, además, se subiría un escalón en nuestra filosofía constitucional.

Presidencia de la Convención Constituyente de 1940 de Cuba.
Presidencia de la Convención Constituyente de 1940 de Cuba.

Una Constitución para el consenso nacional

Es importante que los cubanos asumamos que una Constitución de la República no puede ser, nunca más, el programa de una sola corriente filosófica, política e ideológica. Cuando se ha redactado un texto que ha consagrado una sola ideología esto ha traído, como sabemos, la imposición totalitaria de un sistema político excluyente de las partes de la sociedad que no piensan ni actúan igual.

Por tanto, considero que toda Constitución debe ser el instrumento que sirva para edificar el mayor consenso posible y la mayor inclusión y participación posibles de cada uno de los cubanos, independientemente de la corriente filosófica y política que profesen. El texto que logre servir para el mayor consenso será la Constitución que garantice los mejores cimientos para la libertad responsable, la participación cívica y el ejercicio perdurable de una democracia de calidad.

¿Cuál sería la mejor base para ese consenso?

Es absolutamente necesario y conveniente que encontremos una base filosófica y política, en el más amplio sentido de estas dos palabras, y que esa base sea tan inclusiva, abarcadora y aceptable para el mayor consenso entre cubanos con sus diferentes formas de pensar, creer, sentir y actuar, que solo queden fuera la violencia, la opresión, la exclusión, la incitación fratricida a la lucha de clases, los totalitarismos y la muerte.

¿Cuál sería entonces esa base filosófica capaz del mayor consenso, ese fundamento constitucional que sea capaz de proporcionar la mayor cohesión al cuerpo de la nación cubana y que sea lo más incluyente y abarcador de los principios y valores morales, de todos los derechos humanos, de todos los deberes cívicos, de las diferentes opciones políticas pacíficas, así como de los diversos modelos económicos y sociales?

Qué no puede ser el fundamento de la nueva Constitución

Vayamos haciendo un ejercicio de discernimiento aunque solo sea limitado y sugerente:

  1. Si ese fundamento constitucional fuera poner solo, o por encima del ser humano y de todo lo demás, al mercado, este fundamento por sí solo no lograría el mayor consenso nacional porque dejaría al margen otras dimensiones de la condición humana, podría fomentar el individualismo, el materialismo y no favorecería a otros cubanos que deseen trabajar en programas y proyectos con una dimensión más social y solidaria.
  2. Si ese fundamento constitucional fuera poner solo, o por encima del ser humano y de todo lo demás, lo social, este fundamento tampoco lograría por sí solo el mayor consenso nacional porque crearía dependencia, vagancia, irresponsabilidad, igualitarismo descendente, pobreza y aplastaría la iniciativa personal de los ciudadanos emprendedores.
  3. Si ese fundamento constitucional fuera poner solo, o por encima del ser humano y de todo lo demás, al Estado, hipertrofiado, centralizador, totalitario o autoritario, ya hemos experimentado durante más de 70 años que este modelo, este fundamento, tampoco lograría por sí solo el mayor consenso nacional porque convierte al ciudadano en una pieza de la maquinaria del poder. El ciudadano deja de ser el soberano y el Estado deja de ser el servidor público para usurpar la soberanía ciudadana.
  4. Si ese fundamento constitucional fuera poner solo, o por encima del ser humano y de todo lo demás, a los partidos políticos como una partidocracia, este fundamento tampoco lograría por sí solo el mayor consenso nacional, porque cuando los partidos se dedican a vivir "de" la política y no a servir a la nación y a sus ciudadanos, haciendo de eso un "modo de vida", se olvidan de lo que son y deben ser por vocación: servidores públicos que trabajan por los intereses generales de la Patria, concretados en la búsqueda del bienestar de cada ciudadano como el objetivo principal de ese servicio. Por no cumplir ese servicio se producen la corrupción, el clientelismo y la falta de credibilidad.

¿Cuál sería, entonces, el fundamento más universal, justo, incluyente y fuente de progreso, libertad política y responsabilidad cívica?

Creemos que el fundamento filosófico y político, en el sentido amplio de estas palabras, es la primacía y la dignidad de la persona humana con todos sus derechos.

A esto se le llama fundamento personalista, o filosofía personalista, porque pone a la persona humana, su dignidad y sus derechos, por encima de todo, del mercado, de lo social, del Estado y de los partidos.

El politólogo cubano Raisiel D. Rodríguez propone un modelo parlamentario semipresidencial para la transición democrática en una Cuba libre (2026).

Propuestas

Entonces, una nueva Constitución de la República de Cuba de inspiración personalista edificaría la convivencia social sobre este fundamento que garantiza que la persona del ciudadano ejerza su soberanía y se organice en el tejido de relaciones de una sociedad civil madura, emprendedora, solidaria, cohesionada respetando la diversidad.

Esto se traduciría en un articulado constitucional que tendría estas características:

  1. El ciudadano es el soberano.
  2. La nación es la comunidad de ciudadanos libres y responsables.
  3. Todos los cubanos tienen iguales derechos y deberes con independencia de sus opciones filosóficas, políticas y religiosas, de sus condiciones económicas, de sus preferencias sexuales y culturales, y del lugar donde residan.
  4. La Parte Dogmática de la Constitución, es decir, la que establece el reconocimiento, la garantía, la defensa y la educación de todos los derechos humanos, civiles y políticos, económicos y sociales, culturales y medioambientales, debe tener mayor alcance y primacía sobre la Parte Orgánica.
  5. Que la Parte Orgánica, es decir, aquella que organiza las estructuras del Estado con la separación de sus tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial, deje bien establecido que toda esta parte orgánica-estructural debe recibir el mandato de los ciudadanos a través de elecciones libres y debe estar siempre al servicio del ciudadano y de la sociedad civil. Esta parte orgánica tambieén blinda a la República de todo totalitarismo, autoritarismo, populismo, corrupción, inseguridad ciudadana y de la hegemonía de cualquier ideología que pretenda convertirse en una especie de "dogma religioso" impuesto a todos. Debe blindarse igualmente de todo intento de usar los mecanismos democráticos para minar las instituciones y para desmantelar a la misma democracia.
  6. La nueva Constitución no debe ser falsamente "centrista" en el sentido de estar en la "cerca", en lo indefinido. No debe caer en la mediocridad de no ser "ni chicha ni limoná". No se trata de que, huyendo de los extremos del mercado o del Estado, hagamos un texto constitucional vacío de sentido y absurdo en su tibieza. Todo lo contrario, se trata de subir un escalón por encima del mercado y del Estado, de escalar por encima de las derechas y las izquierdas y que a la vez, y por estar por encima, pueda incluirlos a todos. Ese estadio superior, que es a la vez cimentar a la República en un nivel más profundo, es el personalismo, que, como hemos dicho, significa la primacía y la total dignidad de la persona humana.

Representación de la cabeza de José Martí fundida con una granada.
"Teleología insular" (arte digital, Photoshop) de Julio Lorente.

Cuba tiene esa filosofía en su matriz cristiana, en su padre fundador Félix Varela, en Luz y en Agramonte y sobre todo en José Martí, cuya "filosofía de relación" es "personalista, ética, social y trascendente", como pude demostrar en mi tesis doctoral a partir de casi mil citas. Me remito solo a una de estas que debe estar inscrita en el Preámbulo de la nueva Constitución:

"Porque si en una cosa de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre."

Una Constitución personalista significa una Constitución humanista. Porque, en antropología, la persona es más que un individuo encerrado en sí: es un ser humano abierto al otro, a lo social y a lo Trascendente. Se trata de una Constitución que ponga a la persona, su dignidad y todos sus derechos por encima del Estado, del mercado, de los partidos políticos y de todas las instituciones. El Estado al servicio del ser humano. El mercado para el desarrollo del ser humano. Todas las instituciones y toda la sociedad civil al servicio del ciudadano.

El Centro de Estudios Convivencia viene estudiando este tema desde el año 2016, en que publicamos el II Informe titulado "Tránsito constitucional y marco jurídico complementario: visión y propuestas", cuyas propuestas constitucionales el Centro está trabajando en actualizar y concretar.

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Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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