Algunas declaraciones de miembros de la administración estadounidense han provocado varias reacciones entre los cubanos, tanto los de dentro de la isla como los que viven fuera.
Las enormes expectativas se van convirtiendo en desalentadoras frustraciones. Eso pasa cuando ponemos toda nuestra esperanza en hechos y soluciones que dependen de otros, que tienen sus propios intereses y responsabilidades en otros países, y que han sido considerados por algunos como nuevos "mesías" o "salvadores".
También ocurre cuando se les atribuye aquel papel de las antiguas tragedias griegas, popularizado por Eurípides, en que, ya hacia el final del drama, cuando la catástrofe y el infortunio de los protagonistas llegaban a su máxima expresión, aparecía un "Dios-salvador" que bajaba mediante un mecanismo desde lo alto para terminar la tragedia de forma mágica. Le llamaban Deus ex machina.
El Deus ex machina = Dios de la máquina es una forma tramposa de terminar una historia que rompe la cadena de causa y efecto. Como un "Dios" que interviene y resuelve los problemas de los personajes en su nombre. Pero viene desde "arriba o desde fuera" de la realidad de la escena.
Romper la cadena causa-efecto provoca una frustración ilógica que nos llena de incertidumbre o desesperanza en la tragedia de nuestra vida cotidiana. Esto ocurre cuando ni los actores ni los espectadores saben de dónde viene, o por qué ocurre esa situación que, en el más sereno razonamiento, nos parece ilógica, contraproducente y contraria a lo que se espera. Ocurre que, como en las tragedias griegas, ni los dioses ni los demonios se inclinan a dar explicaciones o se dedican a aclarar posturas herméticas o poco transparentes.
Cuba no es Grecia, ni es una obra de teatro
En efecto, Cuba, es decir, los cubanos de la isla y de la diáspora, a veces caemos, o nos dejan caer, en una espesa y pesada bruma de incertidumbre y pérdida de esperanza. Una causa es que ponemos esa falsa esperanza en una salida al estilo del Deus ex machina que, hoy día, no baja del cielo sino de fuera.
Hoy día, nosotros, los protagonistas principales, es decir, los cubanos, con frecuencia hacemos dejación de nuestra responsabilidad cívica y convertimos lo que debiera ser apoyo y solidaridad externa en una solución mágica sin ninguna participación de los cubanos de aquí y de fuera que somos los que formamos una única nación cubana.
Entonces, en este momento oscuro, en que parece que toda alternativa se desvanece, es bueno, es sano, es conveniente y oportuno, como en esas carreteras sin visibilidad, fijar balizas, encender señales, establecer alertas, para que el "tránsito" sea seguro y claro, para evitar accidentes o, lo que sería peor, que ocurran "choques" entre los que transitan y los que regulan el tránsito o lo bloquean cerrándose al cambio en paz y, por tanto, abriendo el paso a la violencia que nadie desea.
Propuestas
¿Qué significan las balizas en la hoja de ruta de la transición cubana? Según una definición publicada por ISTEL, empresa española especializada en sistemas de señalización:
"Las balizas son señales luminosas diseñadas para captar la atención y alertar a los usuarios sobre posibles peligros o situaciones que requieren precaución. La tecnología utilizada en las mismas ha evolucionado con el tiempo, permitiendo que sean más eficaces y visibles en condiciones adversas."
En nuestro símil quisiéramos sugerir algunas "señales" en el cada vez más serpenteante camino de la transición de Cuba a la democracia verdadera:
- Los cubanos, isla y diáspora, somos y debemos ser "los protagonistas de nuestra propia historia" como nos repitiera ¡tres veces! San Juan Pablo II durante su visita a Cuba en 1998.
- Nada ni nadie debe sustituirnos en este protagonismo principal: ni un poder extraño, ni los cubanos de dentro sin contar de verdad con los de fuera, ni los cubanos de fuera sin contar de verdad con los cubanos de la isla, ni los cubanos todos, renunciando a este protagonismo, haciendo dejación de él o dejándonoslo arrebatar, sea por otros o por nuestra propia inercia, pasividad o desilusión. Ninguna transición a la democracia podrá ser verdadera y exitosa sin el protagonismo de nosotros, los cubanos.
- Atención con las curvas y derrumbes del camino. No nos dejemos distraer ni desorientar ni perder el rumbo. Poder identificar qué eventos puntuales son maniobras de distracción internas o en el exilio, es de una importancia vital para poder concentrarnos en la ruta que nos conduce al destino anhelado: la libertad y la democracia. Todo lo que distraiga, nos desoriente, nos desanime o nos divida, debe ser primero bien interpretado, y una vez identificado como distracción o desvío, dejarlo rápidamente a un lado, superarlo, con eticidad y pragmatismo, y recuperarnos para centrarnos en la ruta. Una pregunta que quizás nos ayude en este discernimiento sería: ¿Este evento o esta actuación contribuye a centrarnos en el cambio o nos distrae, nos desalienta o nos confunde? No gastemos energía, espacio y tiempo en distracciones o ruidos que nos desorientan.
- Para preservar el ánimo y la esperanza es también necesario "ubicar", circunscribir e interpretar bien la diferencia que existe entre apoyo y protagonismo principal, entre la política de la nación cubana (isla y diáspora), la política del régimen y la política interna de otros gobiernos.
En este sentido, es bueno tener claro que la política que busca la mayoría de la nación cubana es la libertad, la democracia y el progreso. Estos objetivos no coinciden para nada con la política del régimen que es mantenerse en el poder.
Y también está la política de Estados Unidos que tiene y tendrá como primera prioridad el bienestar del pueblo estadounidense y, en estos meses concretos, esa política también está determinada por los intereses electorales y por el hecho de que todavía no se haya resuelto la guerra en Irán.
Estas últimas circunstancias, elecciones y guerras inconclusas, pueden ser dos razones que motiven las recientes aclaraciones de que para ellos aquel país está primero y eso se traduce en que su prioridad es trabajar ahora por responder a las demandas del electorado y, por tanto, su política exterior aunque no cambia en esencia, se pospone frente a sus prioridades nacionales.
Para evitar la trampa del Deus ex machina
Para no desanimarnos, ni caer en la trampa del del Deus ex machina, entendido como una solución mágica, para evitar que las grandes expectativas nos produzcan grandes frustraciones, es absolutamente necesario tener la convicción de que somos y debemos ser los cubanos los protagonistas principales de nuestra transición y de que el apoyo y la solidaridad externos estarán siempre después de la política interna y los intereses nacionales de quienes pretenden apoyar.
Para nosotros los cubanos, la mayor derrota sería perder la esperanza y caer en el inmovilismo y en la inercia de una espera ilusa.
El mayor impulso al cambio y a la transición será no dejarnos distraer, ni entretener con declaraciones o eventos puntuales. Será asumir, con fortaleza y esperanza, la cuota de responsabilidad cívica y política que nos corresponde como cubanos, tanto en la isla como en la diáspora.
La mayor virtud será acabar de tomar conciencia de que somos, y debemos ser, sin desdeñar el apoyo y la solidaridad de otros, los únicos dueños, diseñadores y constructores de nuestro futuro en libertad, democracia y progreso, y asumir la responsabilidad que ello implica.
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