Cuba vive entre la esperanza y la frustración, entre el cambio profundo y el cambio fraude, entre el "ahora sí" y el "si no es ahora, más nunca".
Los cristianos del mundo entero celebramos la Semana Santa de 2026 y todos, incluso los agnósticos y ateos, todos, podemos aprender de las contradictorias lecciones que nos brindan los diferentes acontecimientos históricos que conmemoramos en esta Semana Mayor de los cristianos. Veamos:
1. El Domingo de Ramos celebramos la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Jesús avanzaba hacia la muerte y, mientras, el pueblo lo recibía vitoreándole con palmas como si fuera un rey de los violentos y mundanos, como si fuera un político que los liberaría de la opresión de Roma. Jesús no iba a oprimir, sino a entregarse para una liberación total que empieza por el interior de cada persona y transforma hasta las estructuras de la sociedad.
Cuba puede también equivocarse y esperar a un nuevo caudillo populista y falsamente mesiánico en lugar de aprender a evaluar y elegir los mejores programas y propuestas para la liberación total de todas sus estructuras políticas, económicas y sociales.
2. El Jueves Santo se celebra la última cena de Jesús. En ella, el verdadero Mesías nos enseña, a lavar los pies a sus discípulos, que el único poder legítimo es el que se ejerce como servicio y por amor.
Cuba debe aprender a elegir a sus nuevos líderes entre aquellos que hayan demostrado, convincentemente, que tienen vocación de ser verdaderos servidores públicos, disponibles para servir y dispuestos para abandonar el poder en cuanto se cumpla su mandato. Servir y amar a Cuba. No dominar y oprimir a Cuba.
3. El Viernes Santo, día de descanso y oración, se conmemora la muerte de Cristo para salvarnos. La pasión y muerte de Jesucristo es la pasión y muerte de todo pueblo que sufre y muere. Él no manda a su pueblo a morir, Él se entrega y ofrece su vida por todos. Jesús dice:
"Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente" (Juan 10, 18).
La misma muchedumbre, masa deshumanizada, que el Domingo de Ramos aclamó a Jesucristo cantando: "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!", sólo cinco días después, el Viernes Santo, vocifera manipulada: "¡Crucifícalo!, ¡crucifícalo!". La pasión de Cristo es también la pasión de Cuba que sufre.
Cuba debe aprender también esta doble lección: primero, las masas son así de manipulables y contradictorias cuando no tienen educación cívica, ni ética personal: un día están de un lado y al otro día apoyan lo contrario. Segundo: el verdadero líder da su vida primero, no empuja a su pueblo a la violencia ni a la muerte.
4. En el Domingo de Resurrección, la mayor fiesta de los cristianos, celebramos el triunfo de Jesús sobre la muerte que no tiene nunca la última palabra. La última palabra es de la vida, de la vida nueva, de la vida buena, de la vida en la Verdad.
Cuba también resucitará, y muy pronto. La luz de la verdad vencerá sobre las tinieblas del gran apagón de Cuba. Después de este agónico viernes de muerte que ha durado más de sesenta años, Cuba amanecerá al resplandor de su libertad.
¡Cristo ha resucitado!
¡Cuba verdaderamente resucitará!