Cada vez se toma más conciencia de lo difícil que será la sanación del daño antropológico que, sin duda, es el desastre más profundo y duradero que ha causado el totalitarismo comunista en Cuba.
Incluso algunos, sin haber estudiado el tema, expresan que es tan grave el daño que es irreversible, que no es posible su sanación. En esta columna quisiera compartir parte del fruto de mi tesis doctoral El daño antropológico en Cuba y su sanación. Un proyecto humanista martiano para la reconstrucción de Cuba que ha sido ya publicada y puede se adquirida en Amazon.
Considero que estas aclaraciones pudieran ayudar a rectificar tempranamente algunos errores que, como en todo concepto nuevo, acompañan a su divulgación.
El concepto de "daño antropológico"
Creo que lo primero es recordar y fijar el concepto al que he arribado en la investigación doctoral:
"El daño antropológico causado por el totalitarismo en Cuba es el debilitamiento, la lesión o el quebranto de las facultades cognitiva, afectiva y volitiva, así como de las dimensiones ética, social y espiritual de la persona humana, todas o en parte, según sea la profundidad del deterioro o trastorno causado, no obstante, subsistir siempre la esencia de la persona humana y su dignidad." (Valdés, D. 2019)
Es bueno precisar aún más lo que se ha identificado en dicho concepto:
- El daño tiene tres grados de profundidad: debilitamiento, lesión y quebranto. No todas las personas han sufrido igual gravedad del daño. No todas sanarán igual.
- El daño se inflige sobre una, varias o las tres facultades de la persona humana: cognitiva, emotiva y volitiva. No todas las personas han sufrido igual daño en su facultad de pensar, sentir y actuar. En ocasiones notamos la dificultad para pensar con cabeza propia y constatamos el adormecimiento de la conciencia crítica y el discernimiento. Además, se aprecia la falta de la necesaria inteligencia emocional y el ablandamiento de la fuerza de voluntad y la falta de perseverancia en el buen obrar.
- El daño también puede impactar en las tres dimensiones de la persona humana: ética personal, convivencia social y desarrollo espiritual-trascendente.
- Sin embargo, en el mismo concepto se precisa claramente que, a pesar de todas las lesiones que pueda ocasionar el daño antropológico:
"Subsiste siempre la esencia de la persona humana y su dignidad."
Equívocos e inexactitudes
Con frecuencia nos encontramos con que la divulgación y el uso del término daño antropológico ha estado mezclado con algunos equívocos e inexactitudes:
— Que el daño antropológico alcanza a la esencia y a la dignidad de la persona dañada. Esto es un error que ignora lo dicho en el mismo concepto y que puede traer gravísimas consecuencias como los crímenes de lesa humanidad, el exterminio y las violaciones de los derechos humanos inalienables, por la falsa consideración de que, por estar dañada o quebrantada gravemente, la persona pierde su esencia, su "ser" humano y su dignidad inviolable.
— Otra inexactitud ha sido considerar que, por haberse acotado esta investigación al daño antropológico causado por el totalitarismo en Cuba, no existe en otros sistemas, épocas históricas o lugares geográficos. Debe quedar claro que acotar un fenómeno, una causa, un tiempo y un lugar para investigar si ha habido un daño a la persona humana, no es excluyente ni niega que pueda haber otro tipo de daños en otros sistemas sociopolíticos, en otros países y en otras épocas de la historia de la humanidad. Y, por el contrario, afirmar la existencia de fenómenos similares en otros lugares y sistemas no niega ni justifica la existencia, concretamente en Cuba, bajo este sistema.
— Otro equívoco pudiera ser considerar que el daño a la persona del cubano haya comenzado solo o exclusivamente con la aparición del sistema totalitario en Cuba. Es evidente que las etapas y sistemas anteriores dejaron su propia huella negativa, pero eso ni niega ni justifica el daño que ha causado el actual régimen y que especificamos al estudiar las causas y consecuencias que distinguen a este tipo de daño antropológico.
— Otro error sería confundir o identificar las causas y consecuencias del daño antropológico con rasgos de la identidad e idiosincrasia del cubano: "es que somos así", es que esos daños forman parte de nuestro ethos, de "nuestro 'ser' cubano". Falso, porque, si es daño, no es identitario, aunque todas las identidades, culturas e idiosincrasias, por ser precisamente humanas, son limitadas e imperfectas.
Una realidad es esa imperfección, y otra realidad es un daño infligido desde fuera de la persona humana por un sistema político, económico y social que va contra la naturaleza humana, niega la verdad, establece la vida en la mentira, en la posverdad, reescribe la historia y establece un control totalitario sobre todos y cada uno de los ámbitos en los que vive y se desarrolla la persona.
— Y, por último y más grave, sería considerar que el daño antropológico es irreparable, irreversible, condenándonos a la fatalidad del fracaso de la condición humana. Nada más lejos de nuestra investigación: precisamente consideramos que la "subsistencia de la esencia y la dignidad de toda persona humana" es el principal fundamento y el punto de partida de las tres etapas de la recuperación del daño antropológico:
- La conversión antropológica, que consiste en la toma de conciencia de que hemos sido dañados, el discernimiento de en qué facultades y dimensiones hemos sido dañados, y la toma de conciencia de que queremos cambiar y sanarnos.
- La sanación antropológica, que consiste en una sanación in radice, desde la raíz, eliminando las causas que provocaron el daño, buscando los remedios éticos, cívicos y espirituales que contribuyan a sanar las consecuencias del daño.
- El avance hacia un desarrollo humano integral mediante un proceso educativo personal y comunitario que afiance las vivencias de un proyecto humano y nacional: personalista, ético, social y trascendente, como nos legaron Varela y Martí.
Estas propuestas son una posible hoja de ruta para la sanación del daño antropológico causado por el totalitarismo en Cuba.
La familia, la Iglesia y los demás espacios y proyectos educativos tienen una enorme y gravísima responsabilidad de animar, custodiar y garantizar una profunda y duradera sanación del daño antropológico para que este no sea obstáculo para vivir en libertad, democracia y progreso material, moral y espiritual.
Cuba lo merece.
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