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Estos cuentos fueron publicados por primera vez en el blog Kykubi intenta decir..., por la profesora, escritora y podcaster cubana Yadira Álvarez Betancourt (conocida en redes sociales como Yadira AlBet), fallecido en La Habana el 5 de enero de 2026, luego de luchar contra el cáncer durante años. Su pérdida ha sido lamentada por muchos colegas y alumnos, que celebraron siempre su sensibilidad, talento y empatía, bien patentes en su obra literaria.
Tres cuentos de Yadira AlBet
Olvido
Cincuenta años después que la sirena emergiera del mar y se echara a caminar en la tierra por amor, después de enterrar a su amado, se despidió de sus hijas y nietas y regresó a la costa.
Se adentró en las aguas, pero la marejada le expulsó sin piedad hacia la orilla
—Déjame volver —suplicó a las olas rugientes.
El mar ya no recordaba quién era ella.
Cuántico
Cuando empezó el verano y terminé la escuela, volvimos a la vieja finca familiar. Allí alimentamos a un gato negro que nos recibió con alegría. Al día siguiente había dos, y le dimos también algo de comer al nuevo gato.
Pero ya al tercer día había otro, y al cuarto, otro. Y cada día, a lo largo de dos semanas, iban apareciendo nuevos gatos negros.
No teníamos problemas con alimentar a muchos felinos. No era la primera colonia que se instalaba en nuestra finca cuando estaba ocupada. Pero era sumamente extraño que todos fueran negros y tuvieran más o menos la misma edad y tamaño. No había cachorros, ni gatos ancianos. Todos eran perfectas bolas de pelo oscuro, sin una mancha.
Al final los aceptamos y mi mamá los llamaba "Nuestro pequeño rebaño de demonios".
Hasta un día en que lastimé sin querer la pata delantera de uno de ellos. Se había colado en la cocina y lo quemé por accidente.
Curé al pobre felino lo mejor que pude y lo dejé ir. Al atardecer, cuando los llamamos a cenar, todos acudieron cojeando.
Agenda profesional
—Por favor, sea breve —dijo la del traje sastre.
Ofreció su mano a la gitana sin soltar el portafolio.
—Hija, en tu destino veo una sombra…
—¡Breve, mujer, no tengo tiempo!
La gitana torció el rostro en una expresión de fastidio.
—Muy bien, seré breve. Usted va a morir en dos semanas.
—¿Dos semanas?
—Dos semanas justas.
La del traje sastre sacó una agenda e hizo un par de anotaciones.
—¿A qué hora será? –preguntó y volvió a ofrecer su mano para que la otra la mirara.
El rostro de la adivina se ensombreció más aún. Sin tomar la mano de la ejecutiva gruñó:
—A las cuatro y veinticinco.
La ejecutiva terminó de anotar en su agenda, puso un billete en la mesa y partió a una junta.
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