La exposición colectiva Las dos orillas, inaugurada el 6 de abril de 2026 y abierta hasta el día 30, en el Centro Cultural José Luis Sampedro, Madrid, está comisariada por el artista español Jesús Ignacio Puras Trimiño y el mexicano Andrés del Collado y propone una revisión necesaria de la geografía afectiva.
Más allá de la dicotomía geográfica, la muestra, se articula como un campo de tensiones donde el exilio y la diáspora no son temas estáticos, sino procesos de transición formal que atraviesan la pintura, la fotografía y el collage.
Dentro de este conjunto polifónico de 23 artistas, el proyecto integra una particularidad analítica: la convergencia de cinco creadores —Ana Rosa Díaz Naranjo, Ray Nelson Pons Díaz, Andy Jesús y Brian Jesús Vilche Gallardo y Rafael Vilches Proenza— cuya presencia funciona como un microcosmos de la fragmentación.
Su reunión no debe leerse desde la biografía, sino como un ejercicio de triangulación sobre cómo la experiencia del desplazamiento y las migraciones alteran la percepción de la forma, la materia y la familia.
Ana Rosa Díaz Naranjo: El rostro como resistencia
En "Incertidumbre", la artista utiliza el lenguaje expresionista para subvertir la función del retrato.
El encuadre cerrado anula la perspectiva y obliga al espectador a una confrontación directa con la materia.
Aquí, la fragmentación cromática —el choque entre tonos gélidos e irrupciones cálidas— no busca la semejanza, sino la descomposición del sujeto.
La obra desplaza la psicología hacia la textura, donde la identidad solo emerge en el momento en que la forma comienza a disolverse.
Ray Nelson Pons Díaz: La economía del signo
En "El guardián del sendero", la fotografía abandona cualquier pretensión espectacular para operar desde la austeridad. La captura de un ave interrumpiendo un camino se convierte en un estudio sobre el límite y la vigilancia.
La precisión del lente y el control de la luz contenida transforman un motivo banal en un símbolo de suspensión narrativa. La imagen no busca explicar el territorio, sino retenerlo bajo una mirada que cuestiona qué se permite y qué se impide en el tránsito.
Andy Jesús Vilche Gallardo: La estética de la ruina normalizada
"Hábito" es una de las propuestas más incisivas por su frialdad compositiva. La fotografía disocia la imagen en dos planos: el residuo en primer término y la figura humana en una acción mínima al fondo.
La potencia de la obra reside en la ausencia de conflicto visual; la ruina no irrumpe, sino que se integra como paisaje habitable. Esta normalización del desecho propone una lectura política despojada de gritos, donde la devastación estructural y el silencio se convierten en una condición atmosférica.
Brian Jesús Vilche Gallardo: La inminencia del gesto
En "Roja tentativa", la pintura explora la vulnerabilidad del cuerpo. La composición fragmentada niega la totalidad anatómica para centrarse en una mano saturada que permanece en un estado de suspensión sobre una carnación marmórea.
La obra no describe una acción terminada, sino el potencial de una herida o un contacto que no llega a consumarse. La tensión se organiza mediante el contraste térmico de la paleta, capturando el instante previo a la pérdida del control formal.
Rafael Vilches Proenza: La erosión de la figuración
El cuadro "Por el ojo del pajar" se aleja de la representación convencional para entrar en el terreno de la topografía emocional. El rostro se desintegra bajo una carga de materia densa y gestual, donde el empaste adquiere una cualidad casi geológica.
No hay un interés en la fisonomía, sino en la erosión de la imagen. La obra funciona como un campo de fuerzas donde el sujeto se fragmenta, obligando a una experiencia límite donde la forma ya no garantiza la identidad, sino que documenta su colapso.
La fricción y la huida
Las dos orillas no pretende ser una síntesis conciliadora. Al reunir prácticas que oscilan entre el realismo crudo y la abstracción matérica, la exposición reivindica la fricción como método de conocimiento.
La muestra se consolida no por la uniformidad de sus discursos, sino por la capacidad de sus piezas para sostener una cartografía inestable, reflejo fiel de una contemporaneidad marcada por el desplazamiento y las huidas constantes.
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