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Poesía cubana | "Monólogo de una exiliada" / Pura del Prado

El poema "revela ese desconcierto, esa desorientación que se percibe, o que percibe el exiliado cubano-miamense, al descubrir que aquello que se ha construido 'como si fuera Cuba' realmente no lo es", señala la ensayista Milena Rodríguez.

"Mantilla para el silencio" (2008) de Gina Pellón.
"Mantilla para el silencio" (2008) de Gina Pellón.

MONÓLOGO DE UNA EXILIADA

Para Josefina Inclán y Alberto Duboy

Miami se parece a Cuba 

pero no tiene yényere, 

ni tejas coloradas, 

ni olor a guarapo, 

ni aquellos negros, 

ay, aquellos negros 

tan distintos.

Le falta qué sé yo, 

lo más sabroso de lo mío, 

un mamey desempaquetado, 

dos o tres lomas, 

la guagua-guaguancó, 

el ritmo de una risa con dientes de oro, 

el toque en una caja de cerveza.

Y las playas sin heridas en los pies.

Esos colores de agua y cielo, 

de arena y nube,

se parecen no más, 

no son gemelos.

La sombrita de esperar el transporte, 

el pollo criado en el patio 

que se mordía hasta el huesito.

La décima la encerramos en el disco, 

ya no trota su campo.

La Plaza de la Catedral 

es de quita y pon en el cabaret, 

puro decorado muerto.

Cecilia Valdés nos canta 

que es cascabel y es campana, 

con los ojos de angustia y de nostalgia.

Los congones

llenos de pueblo, 

son apenas una calcomanía 

de rumberas de club.

Hasta Olga Guillot nos ha cambiado 

y en el fondo de su sensualidad 

hay un jipido, un sollozo con timidez.

Celia Cruz se parece 

a Celia Cruz y Portabales 

nos llevaba a un compay gallo 

sin plumas y cacareando.

La calle 8 del South West 

es un intento de recuperación de bienes, 

pero no pasa de ser injerto.

A la Virgen del Cobre 

la han remodelado,

extraña sus piedrecitas con vetas doradas, 

sus colinas frescas, 

su salón de milagros, 

sobre todo el milagro de volver.

Santa Bárbara emigró 

con sus manzanas y centavos, 

pero su espada está inactiva 

para que la prendan en Nassau.

Los cubanos

contamos calamidades 

y echamos la raíz unos en otros, 

como faltos de tierra.

El Zig Zag hace burlas 

entreteniendo el hasta cuándo, 

y la desesperación

se torna en inauditas carcajadas

No nos podemos quejar,

nada nos falta, 

vivimos como ricos.

la nevera está llena, 

ya ni hay calor en junio.

pero, caballeros,

hasta echamos de menos a las moscas 

protegidas por las telas metálicas

En la televisión hay el consuelo 

de una Mesa Redonda de desahogos, 

algún líder de turno nos promete el regreso, 

y en las calles

un silencio funeral

nos hace evocar la bulla, 

las serenatas sin denuncias a la policía,

los jelengues de solar 

y el último chance de la noche

Pero es que ya se ha muerto Matías Vega

La bolita anda escondida 

sin vidrieras ni versos 

del animalito que corre por los techos 

y echaban al elefante.

El alma naturalizada 

machucha inglés 

y la frita cedió el paso 

a la hamburguesa

Celebramos los quince.

damos viajes a Europa, 

un día hasta tendremos carnaval....

Eso sí, nos peleamos, 

decimos palabrotas

unos a otros, 

mi grupito y el tuyo, 

cada cual tiene su historia.

su muerto, su rencor, 

su estación de radio.

su periódico.

Claro, no podíamos 

transformamos del todo.

Pero qué ganas tengo de volver al patio de mi casa, 

que se acabe el exilio, 

al diablo los millones,

que me devuelvan mi inventario, 

que me des-selle la Reforma Urbana, 

colgar mis viejos cuadros, 

volver a ver mis libros, mis cucharas, 

mi Malecón, mi Patria...


La poeta cubana Pura del Prado (al micrófono) en el Ateneo de Matanzas, junto a los poetas Agustín Acosta; Carilda Oliver y Marta Vignier (19 de diciembre de 1953). Foto: Universidad de Miami.
La poeta cubana Pura del Prado (al micrófono) en el Ateneo de Matanzas, junto a los poetas Agustín Acosta; Carilda Oliver y Marta Vignier (19 de diciembre de 1953). Foto: Universidad de Miami.


Claves de lectura

"Monólogo de una exiliada" fue publicado por primera vez en el poemario La otra orilla (Plaza Mayor, Nueva York, 1972). En este texto confluyen varias constantes de la poesía de Pura del Prado: la oralidad, el humor, la memoria cotidiana y una voz que convierte la experiencia privada del destierro en discurso público. La convivencia de registros distintos —la ternura y el desafío, la intimidad y la protesta, el lenguaje doméstico y la pasión política— define también esta obra.

Nacida en Santiago de Cuba en 1931 y fallecida en Miami en 1996, del Prado publicó sus primeros libros en la isla, trabajó como maestra, periodista y funcionaria del Tribunal de Cuentas y participó en la lucha clandestina contra Fulgencio Batista. Después de emigrar, residió temporalmente en España y California antes de establecerse en Miami. 

Su oposición al régimen cubano quedó expresada en poemas como "Respondo yo" y "A un poeta preso en Cuba", dedicado al preso político Ángel Cuadra, en los que la palabra poética se convierte también en denuncia de la dictadura y defensa de la libertad. 

La poeta y ensayista cubana Amelia del Castillo definió así la magnitud de su escritura: 

"Leer a Pura del Prado es adentrarse en una sorprendente conciliación de opuestos. Adentrarse en una poesía que sabe andar y desandar, sin perder lirismo y fuerza, por la ternura, la religiosidad, la denuncia, la protesta, la sensualidad y el erotismo." 

Autora de diez libros, traducida e incluida en antologías de distintos países, dejó una obra que enlaza las pasiones de su Santiago natal con la experiencia del exilio, un legado que su hijo, René Pedraza del Prado, ha continuado difundiendo.

Armando González Pérez: "La poeta humaniza a su querida Isla"

"La poeta humaniza a su querida Isla. La ve como algo perenne, intemporal e inmutable, que sobrevivirá a pesar de los sucesos históricos y de los cambios políticos; vale decir, a pesar de las fallas e inconstancias del hombre."

Armando González Pérez en Matías Montes-Huidobro y Yara González-Montes (editores): Anales Literarios-Poetas, Nueva York, num. 2, vol. II, 1998.

Milena Rodríguez Gutiérrez: "Desacraliza el acto de recreación de La Habana en Miami" 

"El texto de Pura del Prado revela ese desconcierto, esa desorientación que se percibe, o que percibe el exiliado cubano-miamense, al descubrir que aquello que se ha construido 'como si fuera Cuba' realmente no lo es. Pienso, sin embargo, que este texto, y ahí radica uno de sus mayores logros, va más allá de mostrar dicho desconcierto, y es que el poema funciona sobre todo como un dispositivo desacralizador, que desacraliza el 'formidable acto de recreación de La Habana en Miami' (o más bien de Cuba en Miami) y muestra a la ciudad de Miami en su cualidad básica de no-ser, o de no-tener. La voz poética en el texto asume así una posición claramente femenina."

Milena Rodríguez Gutiérrez: "Maneras de escribir el dulce nombre de la patria: poetas cubanas del exilio" en José Carlos Rovira y Víctor Manuel Sanchis (editores): Literatura de la independencia e independencia de la literatura en el mundo latinoamericano, Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos, Lleida, 2012, p. 649.

Carlos M. Rodríguez, Ana Vilorio y Mercedes Causse: "El anhelo de regresar a su casa"

"Es oportuno destacar la musicalidad de versos de métrica variable, cercano a la fusión que hiciera Nicolás Guillén con la música tradicional cubana. Asimismo, es abundante la alusión a variantes musicales como el guaguancó, la décima, el canto de Cecilia Valdés, las congas, la música de Celia Cruz o las serenatas. Todo lo cual ofrece tintes de dinamismo y alborozo a los recuerdos del sujeto lírico que, de otro modo, serían pesimistas y nostálgicos. No obstante, el poema 'Monólogo de una exiliada' concluye con el anhelo de regresar a su casa, a sus cucharas, su malecón, su patria."

Carlos Manuel Rodriguez García, Ana Vilorio Iglesias y Mercedes Causse Cathcart: "Lo telúrico en la poesía de Pura del Prado" en Introducción a la Estilística de la lengua de Josef Dubsky... 50 años después, Ediciones UO, Universidad de Oriente, 2022, pp. 196-197.

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Pura del Prado

Pura del Prado.

(Santiago de Cuba, 1931 - Miami, EE.UU, 1996). Su vida transcurrió siempre en Santiago de Cuba hasta su salida definitiva del país. Se graduó como Maestra en la Escuela Normal de Oriente (1951). Presidió el club literario juvenil «La Avellaneda». Estudió pedagogía en la Universidad de La Habana, y recibió clases en la Escuela de Artes Dramáticas del Teatro Universitario. En la década del 50, estuvo entre los poetas sentimentales o neorrománticos reunidos en torno a José Ángel Buesa y la revista Isla. Tras su matrimonio con el aviador Jorge Pedraza, partió a vivir fuera de Cuba: residieron en Venezuela, México y los Estados Unidos, donde se establecieron definitivamente. Sus restos, por voluntad expresa, fueron traídos a su Santiago de Cuba y recibieron sepultura el 22 de noviembre en el cementerio de Santa Ifigenia, en el Panteón del Arzobispado, bajo el seudónimo bíblico que a veces usó en vida: Esther. Luego de años silenciada, su poesía reaparecería en su patria con La fronda y el mar (Ed. Letras Cubanas, 2009), compilación de Virgilio López Lemus, quien subraya en el prólogo: «Pura del Prado fue educada en un medio católico, el cristianismo fue la religión de toda su vida». 

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