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Poesía cubana | "La marcha de los hurones" / Isel Rivero

Isel Rivero escribió el poema con 19 años, en 1960, cuando entendió que en Cuba, "entre la marginación de los estudiantes, la persecución de los homosexuales" y "la censura y la vigilancia, yo no iba a poder respirar".

Obra de la serie "Malecón" (2014) de Luis Enrique Camejo.
Obra de la serie "Malecón" (2014) de Luis Enrique Camejo.

LA MARCHA DE LOS HURONES

¡Realmente vivo en tiempos oscuros!

La palabra sincera es una locura. La frente pura 

revela apatía. Si te ríes,

todavía no conoces

el terrible anuncio.
........

Ese hombre que atraviesa la calle tranquilo 

¿ya no será alcanzable

por los amigos necesitados?

Bertolt Brecht

Canto primero

y nosotros llevamos sus castigos

Jeremías

Es rosado el matiz del amanecer.

Los automóviles corren veloces en la confusión del día que comienza.

Los hombres se miran en el mar y gesticulan.

Comenzamos con el ascendente giro del sol.

No hay nube ni presagio de lluvia.

El horizonte luce siempre lejano e inofensivo.

Las fábricas se apilan contra las lomas.

Nos puede parecer todo esto que vemos, un débil escorzo a creyón.

Desde este orgulloso edificio que tiene 18 pisos, 12 elevadores

                                                                                    [y más de 500 oficinas

donde se apilan los cuerpos con instinto de hormiga

podemos desplegar nuestros sentidos frente a la hermosa recopilación de

[casas que son construidas, amontonadas y cuidadas por brazos gigantescos,

y disfrutamos de ellos, solo bajando nuestras pupilas 

apretándonos al cristal verde de las ventanas

y sosteniendo la respiración para no empañar la transparencia. 

Desde este junco gris

duro

sin flexibilidad a los vaivenes del viento

podemos

en nuestra enorme insignificancia

agradecer el panorama urbano con sus posibles resortes de belleza.

II

Pero estamos aquí

sintiendo cómo el tiempo corre sin remedio

cómo volcamos energía sobre panfletos, sobre cartas, sobre archivos,

agobiados en pequeñas tareas en un juego de tortura.

Estamos aquí

sirviendo causas merecedoras

entregando lo único que poseemos

la vida, la juventud

pensando en el momento presente o en el inmediato futuro...

...quizás después de todo no exista la razón

sino como una leve idea de sobrevivencia...

...quizás solo nos gobierna el motivo de egoísmo al protestar 

pero mientras

nos desgarramos por un ideal

que son como todos los ideales, caen, ruedan, y desaparecen 

mientras, fustigamos nuestras aspiraciones

callamos cualquier ambición

y quedamos doblegados a sabiendas de que en el retorno del tiempo

todo muere

todo evoluciona por necesidad natural

y que hoy los hambrientos padecen

y mañana perecen los opulentos.

Pobre ciudad junto al mar

sus hijos nuevos alzarán los brazos para caer.

Pobre ciudad... junto a su miseria elabora soluciones pasajeras 

y se acera un poco más a su ineludible destino.

Y esta ciudad es la imagen de muchas ciudades

—porque todos somos reflejos unos de otros—

apilando conceptos, nuevas perspectivas para acercarse a lo único definitivo

uniendo generaciones

sacrificándolas al progreso...

nos mantenemos a punto de desfallecer...

Estamos cansados, insatisfechos, hastiados

—cuántas veces nuestros ancestros no se repitieron en su curso—

construimos en hábito de construir

y vivimos en hábito de morir existiendo.

III

Pondrá su boca en el polvo por si quizás hay esperanza. 

Jeremías

Es como una marcha donde todos vamos separados 

acentuando nuestra absoluta soledad

porque a una sola flexión de nuestra mente

a una sola palabra

proclamamos las enormes diferencias que nos envuelven 

borramos existencias, sentimientos

y quedamos frente al Ego imperecedero

el indestructible

el primitivo Ego

de donde se desprendió la raza humana.

Nos han hecho de iguales materias,

digo

nos han dado diferentes valores.

Estamos casi acostumbrados a este desequilibrio.

Sin embargo, hay algunos aún que laten apesadumbrados y sufren

y ruedan y se despedazan.

Quizás sellen sus palabras con sangre

pero ella es común y cotidiana

y el suicidio es crimen en el tiempo.

Estos formidables guerreros buscan a la noche para reencontrarse en ella.

Sus llantos despiadados son repetidos infinitamente por voces eternas de días

de horas, de años, de siglos.

Ellos atraviesan el espejo del espacio y retornarán dementes. 

Todo se torna difícil

interminable.

Todo se agolpa.

Las taras más elementales no desaparecen.

Es como si las lleváramos de ciclo en ciclo

arrastrando un cúmulo de dolor que nos impone la época anterior

disponiéndonos a existir

hoy aceptamos llevar la carga de la etapa presente

y nos extinguimos entre los implacables órganos de la lucha. 

Es nuestro signo perecer sin concluir

y así será.

Quietos

estáticos

soportamos nuestra lanza sin atormentarnos inútilmente 

alzamos nuestros ojos hacia una solución

un alivio vinculado al presente

y tomarnos la mano a otros de la misma especie

y desvanecemos ante una ventana de cristal

rodeados del suave coro que forman las máquinas calculadoras.

Canto segundo

desfallecían como heridos en las calles de la ciudad

Jeremías

El mediodía vaga por las calles reprimiendo entre sus dedos alguna vaga esperanza.

Son nobles los hombres.

Es noble esta humanidad multiplicada.

Se apresura dispuesta hacia sus labores con voz de diario matutino

entre sorbo y sorbo de café negro

cruzados los sobretodos al hombro

y las mangas arremangadas

pensando, también, en cualquier imagen perdida.

La tibieza del sol hace evocar escenas de mar que son como consuelo.

Y respira hondo

negando obscenamente el encierro suculento de la oficina 

donde apretados unos sobre otros

se siente fluir el aire frío

que hiere los más ocultos nervios

donde se resiste diariamente la opresión de la angustia 

donde pretendemos olvidar que no existimos

y mantenemos la máscara exhausta con firmeza de sobreviviente...

Marchamos hacia el almuerzo con dos horas de margen. 

Vamos hacia la esquina donde esperaremos el transporte. 

Vamos hacia la cotidiana cita de otros rostros semejantes 

donde en cada párpado hay trazada una cruz

donde en cada mirada hay sangre disuelta

y sombras de siluetas mutiladas que danzan en imágenes grotescas...

donde en cada gesto surge un eco de dolor indescriptible 

un símbolo de necesario silencio o de avaricia.

IV

¿Qué es lo que muere en el hombre,

qué es lo que se desvanece?

...…………………………………

Cada hombre carga su designio

cada raza es culpable de su estigma

y todos somos culpables de los que nos antecedieron. 

Unos llevan la suástica en el pecho

otros la estrella de seis puntas.

Miles de martirios hechos en nuestro nombre

miles de muertes prolongadas por nuestras manos 

miles de cuerpos calcinados por nuestro cuerpo. 

Somos una larga e infinita caravana de verdugos. 

Somos una larga e infinita caravana de víctimas.

Estamos ejecutando al que ha de nacer un segundo después de nuestra expiración

y perpetuamos este círculo sin consciencia

y lo hemos perpetuado desde que el primitivo núcleo humano emergió

y continuaremos enlazando eslabones por siempre...

¿A quién, a quién aniquilamos con nuestra palabra? 

¿A quién condenamos con nuestras vidas?

¿A quién?

V. Estigma

Flagelo        I. ¿Quién ha seccionado las alas de las palomas que ya no vuelan sobre el mundo?

                    II. ¿Quién ha cegado a los profetas que no han predicho nuestra caída?

                    III. ¿Quién ha cantado a la belleza sin llevar clavos en las manos?

                    IV. ¿Quién ha tendido una mano ante el derrumbe de una sonrisa?

                    V. ¿Quién no ha ejecutado con inflexible mano las flores silvestres?

                    VI. ¿Quién no ha derramado la sospecha sobre el agua?

                   VII. ¿Quién no ha erigido monumentos a sombras?

                   VIII. ¿Quién ha destruido los puentes níveos entre los hombres y las bestias que solo se desprecian?

¿Desde qué oscuridad remota ascienden los pasos del hombre que no distingo su esencia?

¿Cuál es el gesto de cotidiano enlace con el que tiende su vida? 

¿Cuál es el puente?

¿Cuál es la palabra?

Porque me sé cristal de sus ojos

bóveda de sus ecos

y hay miles de hombres bullendo bajo mi piel

y lejanos transcursos

desatando sabiduría dormida desde mis labios.

¿Cuál es el latente ademán en su silencio?

¿Cuál es la diástole que conduce los ríos de su existencia

la certeza de sus actos

el deambular de su miseria?

¿Qué busca el hombre tras el hombre?

¿Qué sombra sigue su sombra?

¿Qué horadar del tiempo persigue en la muerte?

¿Por qué rompe la lasitud de la noche

con la percusión de licores y alegría fácil?

¿Qué esquiva?

¿A qué recóndito punto no hollado dirige su energía?

El hombre

el mismo de ayer

del final

del diluvio

el mismo que levantó la sagrada ira en Sodoma

el mismo petrificado en sal

el mismo oculto bajo las piedras de los monasterios

el mismo crucificado y perseguido

el gladiador

el hombre

el hidalgo

el Minnesinger

el descubridor

el diluido en cenizas

el reformista

el inquisidor

el exhausto hombre...

¿Hasta qué flexible instante resistirá la cuerda de su arco

el tremebundo resplandor de la guerra

el trepidar persistente de unas botas

el llamado fanático a las manifestaciones?

¿Cuál es el límite de lo soportable

en el cremado olor de la carne

en la transparencia de un cadáver

en el horror de unos ojos fijos

en el espasmo de un aborto

en el multiplicar de unos días

en la confusión de las luces

en la indecisión de un semáforo

en el orden de lo burocrático

en el estatismo de la voluntad?

¿Es que acaso tengo aún vestigio de hombre frente a mis percepciones

solo retengo de la arcaica concepción humana algún canon perdido?

¿Cuál es la imagen verdadera?

¿Cuál es el concepto veraz?

¿Se puede confiar en las líneas de un cuerpo

en el arquetipo de una figura?

¿Se puede confiar, a pesar de todo, en este siglo

así designado por la historia?

VI

Nuestra piel se ennegreció como un horno

Jeremías

Es preciso, sin embargo, laborar

impregnados de amarga resina

es preciso continuar, inútil toda búsqueda.

No nos ha sido dada la conformidad.

No nos ha sido dado el optimismo.

Prevemos la decadencia en pleno renacer.

Se nos condena pero es inevitable que señalemos

a pesar de que se nos anule

a pesar de que se nos envuelva con el hilo de lo incierto...

La verdad tiene infinito número de fases.

Es imposible hallar una verdad colectiva

además de aquella de que vivimos y morimos.

Insisten en que proclamemos himnos de batallas

pero la historia se ha repetido

y en algún rincón remoto de cierto día

estas sangres ya se vertieron por las mismas razones.

Es ingenuo para nuestros corazones milenarios

el reclamo de fe.

Preciso es que llegado el momento recojamos los cuerpos de los héroes

limpiemos sus heridas...

Preciso es que completemos el cuento de hadas

para bien de los niños

nuestros monstruosos niños adultos.

Preciso es que dejemos filtrar esta voz

a través de las consecuencias.

Canto tercero

Sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pasto

Jeremías

VII

       Mientras el sol hiere con su fino tacto el recto horizonte azul 

se abren las entrañas de la noche.

       Siluetas como de árboles heridos inclinan su cabeza y descuelgan la frente

dejándole pender flexiblemente en el hilo delgado del cuello.

      Sopla cierta ligera brisa

y las siluetas ceden al peso del cansancio

      son como hojas dispuestas a desprenderse de su rama.

            La respiración sorbe todo el enorme trajinar sonoro de una avenida

confundiéndose en murmullo leve...

      ¿Desde qué punto lejano llega el dolor para acosar? 

      ¿Desde dónde marcha?

            ...del recóndito hueco en el espacio

            desde un paréntesis lineal entre las manos

            desde el dibujo de una melodía precisa pegada a los maderos viejos de un techo colonial.

¿Por qué nos enlazan sus ondas lentas casi divagadas?

¿Por qué existe esta pregunta desde tiempos inmemoriales?

¿Por qué somos insuficientes para contestarnos nuestras propias preguntas...?

...cualquier niñez es mejor que el automatismo de la madurez...

VIII. Ditirambo

Cada músculo canta su canción predilecta.

No se puede pensar ya en otra cosa sino en el descanso.

Se guían los pasos

todas las calles ahora parecen inexpugnables

L y 23

los letreros verdes se encienden y se apagan 

no se puede pasar

pase 

urge 

pase

cruce

el timbre

un semáforo ciego

el timbre

apresúrese

el silbato

gire

corra en diagonal

todo lo circundan fieros vehículos

gire

el silbato

y extraños lumínicos repletos de burbujas sonríen 

Habana Libre

CINERAMA

cualquier leve sueño es insuficiente

cualquier saciedad es momentánea

FEIJÓO ORTODONCISTA

levantar un pie con toda la potencia acumulada

seguir una secuencia de pasos

mantener erecto el cuerpo para evitar un desplome 

pase

los párpados invencibles en su extraordinario peso 

ganar la próxima esquina es toda una proeza

SAÚL DÍAZ efectos médicos

HAMBURGUESAS

PERROS CALIENTES

escalar la guagua Avenida Menocal-Sevillano

apilarse a otros sin verlos

ahora solo hay tiempo para sí mismo

para dejarse fluir por el sudor.

                                                                     En la esquina

no se distingue el tiempo

hay mucho que escuchar en los latidos del pecho

en su eco a través de los oídos

también desde el cuello repercutiendo

OYE, ¡PARA AHÍ!

Lanzarse sobre un suelo macizo...

Pasar a través de un cortejo de casas familiares que ríen en bocas de televisores

donde se pueden adivinar los ojos del que mira a través de una persiana

un poco de penumbra.

El generoso contén para sentarse... los amables árboles...

Ha sido un mal día.

Esta generación es una raza excluida.

Nada hacemos por acá...

vegetar así como árboles pero sin fuerza

calor

enormes cucarachas de sueño

FARMACIA

tal vez agua

algo de cerveza...

IX. Final

Asentome en oscuridades como los ya muertos de mucho tiempo

Jeremías

Ya la tierna luz de una lámpara nocturna en una ventana encendida 

muerde el vacío de la noche.

El hombre cabizbajo, camino del lecho desierto

abre los labios amargamente

aprieta las piernas

y guarda su sexo estremecido.

Un vehículo ávido de distancia

viola silencios

y con grandes linternas luminosas

hurga

hasta tropezar con un gato escurridizo de ojos de cristal.

Las sombras se aprisionan en la calle

la mano quejosa de buscar en la distancia algún gesto hermanado en su angustia

la mano que retorna al bolsillo caliente

y se contrae

la frente inclinada sobre sí misma

la pupila dilatada

vidriosa

el paso flexible que se apaga entre hoscos edificios como murallas

y que penetra cualquier estancia cerrada

silbidos

murmullos

una llave que se acomoda en su cerradura entre sonidos metálicos, casi frescos

una puerta que cede

el saco que se desploma sobre cualquier silla visible

un cuerpo que cae, una cotidiana tortura que comienza

y terminará con el alba para reiniciarse.

Ya con las fauces contraídas

los músculos tensos

el hombre pide clemencia al sueño

...la tierna luz de una lámpara nocturna muerde el vacío de la noche...


Claves de lectura

La marcha de los hurones se publica por primera vez en 1960 por Ediciones El Puente. Se han incluido fragmentos en las antologías Novísima poesía cubana (1962), también de El Puente, y Polaris (Olé Libros, Valencia, 2021). Es la obra más reconocida de Isel Rivero, y fue valorada en 1961 por Virgilio Piñera en un artículo publicado en el periódico Revolución:

A pesar de que Isel tiene sólo veinte años esto es una muestra de buena poesía. Todo el libro es de la misma calidad. Por supuesto, está metido de lleno en la corriente poética de esos años 1940-1960. Isel tiene que dar el salto mortal y caer de pie. Si ella reconoce las señales de los tiempos, seguro que lo dará. El problema poético de los nuevos poetas consiste en resolver la ecuación: exquisitez más poesía para todos. El resultado es comunicación.

Isel Rivero: "Es un poema de despedida"

Comencé a notar cómo entraban lo que llamaban “interventores culturales” para modificar —entre comillas— la manera en que los escritores jóvenes se apuntaban o no al proyecto revolucionario. Escribí una carta a Lunes de Revolución preguntando por qué no daban espacio a los escritores más jóvenes. Habiendo leído esa carta, que fue publicada en el semanario, el poeta José Mario Rodríguez me buscó. Entonces José Mario Rodríguez y yo entablamos una amistad y, como éramos contestatarios, siempre preguntábamos y no íbamos cual ovejas, creamos el grupo poético El Puente, cuyas dos primeras publicaciones fueron mi poemario La marcha de los hurones y El grito, de José Mario.

La marcha de los hurones ya es un poema de despedida en el que más o menos expongo que la misma alienación que había antes, con Batista, vuelve a persistir, por la vigilancia, los aparatos de seguridad, la censura y demás. Recuerdo que la noche antes de yo partir, fuimos a una conferencia que daba Carlos Franqui en la Sociedad Nuestro Mundo, afín al partido comunista, sobre las maravillas de la Unión Soviética.

Entonces me di cuenta de que, entre la marginación de los estudiantes, la persecución de los homosexuales, que había ocurrido ese verano, la censura y la vigilancia, yo no iba a poder respirar. Al contrario, corría peligro. Hay muchas anécdotas del peligro que corrí, como cuando estuve enferma con una infección y no pude asistir a la celebración del 26 de julio y vino a mi casa Seguridad del Estado para comprobarlo. Pronto me di cuenta de que tenía que salir de allí. La marcha de los hurones ya estaba completa y la referencia del título era obvio: todo el mundo corría hacia un precipicio, cegados. Y esa fue la razón de mi salida definitiva. Pude conseguir un visado, todavía los americanos no habían cerrado la embajada, y me fui a Estados Unidos al mismo tiempo que Zilia Sánchez, una pintora que se sentía en la misma situación que yo.

Yaiza Martínez: "Isel Rivero: 'Todos somos transeúntes de la historia y la hacemos'”, Tendencias 21, diciembre de 2021.

Ana María Simo y Reynaldo Felipe: "Es producto de una necesidad imperiosa de expresión"

Este largo poema lleva adelante el proceso iniciado con los poetas del 50. Isel maneja con acento propio un material y una serie de recursos técnicos conocidos. Es anti-retórico en el sentido origenista de la palabra retórica; de ahí que logre una gran unidad, un tono despojado y escueto, un aliento casi épico.

Es requisito de toda poesía auténtica que su autor exprese un sentimiento colectivo, es decir, que capte la realidad objetiva, la recree, la interprete y la convierta en objeto estético. Sin embargo, a veces la realidad poética ya no corresponde a la realidad objetiva inmediata. Y es que no se puede acelerar el mecanismo de cada artista para transformar en literatura sus experiencias vitales.

Así, La marcha… expone vivencias y posturas que pertenecen a una época ultimada y en el momento en que se escribió; mientras la realidad objetiva cambia en virtud de la Revolución y van quedando superados los conflictos y las contradicciones que las motivaron.

El poema es producto de una necesidad imperiosa de expresión. Es una obra auténtica; responde a una sensibilidad generalizada entre una amplia mayoría de los jóvenes intelectuales. La misma ya se aprecia en los poetas de la generación anterior y se vuelve crítica con La Marcha...

Para la autora, el hombre está condenado inevitablemente a la impotencia, esté o no consciente de ello. El poema expresa que esta condena debe ser aceptada con dignidad.

La marcha… se escribe en 1960 porque esa tradición de espíritu aumenta en Isel; porque era el momento preciso para reafirmarla.

El carácter definitivo de la Revolución, opuesto a esa actitud, lleva a esta poeta a sentirse aún más impotente. Es así como sus experiencias se vuelcan de súbito contra todas las manifestaciones del cambio revolucionario. 

La marcha de los hurones es la primera manifestación poética importante de esta generación y la última legítima de un período, porque consume una acumulación de experiencias, agotándola, y dejando un vacío temático.

Ana María Simo y Reynaldo Felipe: Prólogo a Novísima poesía cubana (Ediciones El Puente, La Habana, 1962).

Milena Rodríguez Gutiérrez: "El prematuro fin de lo que podría llamarse la etapa épico-mítica de la Revolución cubana"

Será este temprano texto, hoy prácticamente de culto, pero muy escasamente estudiado, tanto adentro como afuera de la isla, poema que aparece todavía hoy, como especie de enigma bordeado, más que descifrado, el que anunciará en la poesía cubana, antes que Fuera del juego (1968) de Heberto Padilla, el prematuro fin de lo que podría llamarse la etapa épico-mítica de la Revolución cubana. [...]

Y es que, además de la indudable y altísima calidad estética del libro, asombra, y mucho, que Isel Rivero —o Isel, pues la autora no firmaba el libro más que con su nombre de pila— lo escribiera, con apenas 20 años, precisamente durante esos primeros años del triunfo revolucionario, entre 1959 y 1960, momento que quizás podríamos llamar, utilizando, libremente y no sin cierta ironía, el término de Marjorie Perloff y Renato Poggioli en sus teorizaciones sobre las vanguardias, el momento futurista de la Revolución cubana; es decir, esa fase primera, “profética y utópica” (Perloff, 2009: 59), caracterizada por “el contexto de agitación y proyecto de revolución” (Perloff, 77); fase, también, al decir de Perloff, breve, momentánea, en buena medida fugaz; fase en la que, en la isla, incluso figuras muy significativas de la literatura cubana que posteriormente van a ir distanciándose del proceso revolucionario, y ubicándose en los lugares de la decepción, la disidencia, el exilio, o el insilio, como Lezama, Padilla, Cabrera Infante, Piñera, aparecen formando parte del general y desbordante optimismo y entusiasmo colectivos, del deslumbramiento y la agitación; detenidos y atrapados en el poder simbólico del acontecimiento que acaba de producirse.

Milena Rodríguez Gutiérrez: "Partir/Marchar(se): el No femenino en la poesía cubana del XIX y del XX. Gertrudis Gómez de Avellaneda e Isel Rivero", La Habana Elegante, 9 de junio de 2013.

Rafael Rojas: "Esa suerte de prodigio"

Hace algunos años, a propósito de la valiosa antología de Jesús Barquet sobre los escritores cubanos de la generación de El Puente, hablábamos de esa suerte de prodigio que fue el cuaderno La marcha de los hurones (1960) de la poeta habanera Isel Rivero (1941). Es en ese poemario donde se plasma más claramente la voluntad de aquella generación, que comenzó a escribir en los primeros años de la Revolución, de establecer un vínculo tenso con las tradiciones líricas previas, que veían fijadas en Orígenes, Ciclón y Lunes de Revolución, en Lezama o Piñera, Baquero o Diego, Jamís o Fernández Retamar, Baragaño o Escardó.

Editado por la imprenta de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el cuaderno estaba organizado como una serie de “cantos”, que remiten a una inmersión en el legado lírico americano, asociable lo mismo a Whitman que a Neruda, a Pound que a Gorostiza. Seguramente Rivero, a sus 19 años, no había leído buena parte de la poesía americana, pero, como otros poetas de El Puente José Mario, por ejemplo mostraba una familiaridad con la poesía escrita en Estados Unidos que tenía que ver con la recepción, en la isla de los cincuenta y sesenta, del ocaso del Modernism y la apertura a voces más coloquiales, confesionales o catárticas como las de Dylan Thomas, Elizabeth Bishop, Robert Lowell o Allen Ginsberg.

Rafael Rojas: "Isel Rivero y el canto de Jeremías", Rialta, 5 de mayo de 2021.

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Isel Rivero

Isel Rivero

(La Habana, 1941) es una de las voces más originales de la poesía contemporánea. Publicó su primer libro en 1959. Fue cofundadora del grupo literario El Puente antes de salir de Cuba en 1960. Se educó en Nueva York y desarrolló su vida profesional en las Naciones Unidas. Vivió en Austria, Namibia, Honduras… Cofundó el instituto feminista Sisterhood is Global. Se estableció en España en 1996. La marcha de los hurones, de 1960, sigue siendo un referente de la literatura cubana. En 2007 Relato del horizonte reunió su poesía en castellano. Una edición bilingüe de su escritura en inglés se publicó en 2010 con el título Las palabras son testigos. Polaris, la primera antología de su poesía, es una selección que revisita y toma en cuenta el conjunto de su obra.

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