Entrevista | Roger Daniel Vilar: "La patria te crea, pero a la vez te devora"

"Nunca he estado dispuesto a traicionar mi vida privada. En realidad, no tengo militancia a favor de nada".

Hombre con chaqueta.
El escritor cubano Roger Daniel Vilar. | Imagen: Grupo Milenio

Parte de aquella promoción que a principios de los noventa revolucionó la narrativa cubana, Roger Daniel Vilar se trasladó a México siendo muy joven y desapareció del radar de nuestra crítica.

Periodista curtido en las calles y en varias importantes redacciones, polémico en algunas de sus afirmaciones, siempre narrador, Roger Daniel Vilar llega, tal vez desde uno de los cafés mexicanos donde suele encontrar inspiración para escribir, y nos cuenta qué pasó con aquel adolescente prometedor que un día dejó la isla.

Fuiste una especie de niño prodigio de las letras cubanas, pues ya en 1984 y 1985, sin llegar a los dieciocho años, habías obtenido menciones en los Encuentros Debate Nacionales de Talleres Literarios y antes de cumplir los veinte ganas un premio provincial de cuento que te permite publicar tu primer libro, el cuaderno Corceles de la pradera y luego, en 1988, el Premio de la Ciudad de Holguín con el cuaderno Aguas en la noche, del que el jurado compuesto por Arturo Arango, Abilio Estévez y Reynaldo Montero destacó la presencia en sus páginas de una “voluntad de estilo y amplitud de sus posibilidades expresivas”. Hablemos un poco de Corceles en la pradera y Aguas en la noche. ¿Cómo nacen estos cuaderno?¿Cómo llegó la literatura a tu vida?

Bien. Mis primeros dos libros, Corceles en la pradera, y Aguas de la noche, como bien dices, son más cuadernos que libros. Uno llegó a mis 17 años y otro a los 19 o 20. Para una persona de esa edad esto representa una gran alegría. Y un aliciente para seguir escribiendo. Esos libros me recuerdan sobre todo a mi madre, Zoila Rosa Fernández Borrego, que fue quien me inscribió en el taller literario de Holguín, mi ciudad natal. Tanto mi madre, que murió en diciembre de 2019, como mi padre, Roger Vilar Sierra, y mi abuelo materno, Emiliano Fernández, fueron las personas que en mi niñez me acercaron a la literatura.

Mucha gente emitía opiniones desde la ideología comunista acerca de textos literarios.

Por otra parte, reconozco que estos dos primeros cuadernos de cuentos no tienen la calidad requerida en un escritor profesional.

¿Cuánto aportó el fortísimo movimiento de los talleres literarios de los años ochenta en aquel adolescente que empezaba a destacar?

El movimiento de talleres literarios de los ochenta en Cuba fue muy benéfico, sobre todo para jóvenes como yo, que sentíamos que alguien nos escuchaba, se interesaba en lo que escribíamos. Por otra parte, también había censura política. Mucha gente emitía opiniones desde la ideología comunista acerca de textos literarios. La literatura no se puede juzgar a través de criterios políticos ni morales, sino solo a través de criterios literarios.

Estudiaste Licenciatura Artística en el Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. ¿Por qué esta carrera y no otra más cercana al universo literario, como Filología, por ejemplo?

Nunca me interesó estudiar Filología, tampoco Pedagogía. Me interesaba el periodismo. Cuando estaba en la secundaria, empecé a interesarme en esto a través del marido de una prima mía (unos diez años mayor que yo). Él me contaba lo que hacía, como se metía entre la gente, conocía las historias de los otros, y esto me resultaba fascinante. El periodismo te permite conocer la tremenda intensidad de los otros. El periodismo te permite conocer que la realidad puede superar a cualquier literatura u obra cinematográfica. Baste mencionar ese gran monumento de las letras que es A sangre fría, de Truman Capote.

Otro gran nombre que admiro del quehacer periodístico es el polaco Kapuscinski. No quiero pasar por alto el gran trabajo periodístico que hizo Amir Valle en Habana Babilonia.

¿Por qué no estudié periodismo? Esa carrera estaba reservada en Cuba para los militantes de la juventud comunista.

Suelo ser bastante mercantilista, pero nunca lo he sido tanto como para negar mis creencias religiosas. Y en las planillas para solicitar la carrera de periodismo había una pregunta. ¿Practica alguna religión? Soy católico y nunca lo negaré. Entonces... ¿Para qué siquiera intentarlo? Admito que no tengo la militancia en favor del catolicismo que tuvo, por ejemplo, un escritor como Chesterton, mi catolicismo es algo de mi vida privada, pero nunca he estado dispuesto a traicionar mi vida privada. En realidad, no tengo militancia a favor de nada.

¿Nos cuentas cómo te contacta Redonet para que uno de tus textos aparezca en la antología Los últimos serán los primeros? ¿Cómo se eligió el cuento a incluir?

Yo conocí a Salvador Redonet en los encuentros interprovinciales que se hacían. Salvador y Eduardo Heras León hacían una importante labor en cuanto a la formación de nuevos valores dentro de la literatura cubana. Eduardo sigue haciendo esta labor loable.

Redonet conocía  mis escritos. Tenía los dos breves cuadernos de cuentos míos a los que haces referencia. Supongo que de ahí escogió el breve cuento Corceles en la pradera que aparece en la antología Los últimos serán los primeros (apareció con el título Cantar de gesta: los nibelungos)

Conservo gratos recuerdos de Salvador Redonet. Y también de Eduardo Heras, de Senel Paz, Arturo Arango... y otros que me guiaron en aquellos años.

Desde tu primer libro queda claro que te interesa un género literario que estuvo aparcado muchos años en la narrativa cubana: el gótico. ¿Tenías algún referente de autores nacionales como Oscar Hurtado? ¿Conocías ya a Lovecraft? ¿Cuánto influyó este último autor en tu obra? ¿Cuánto influyeron otros autores que abordaban la literatura fantástica en sus diversas vertientes como Daína Chaviano, Chely Lima, Alberto Serret o Gina Picart?

No he leído a ninguno de los escritores cubanos que mencionas vinculados a la literatura gótica, o fantástica en general. Sin embargo, he leído a José Lorenzo Fuentes, que tiene algunos cuentos que nada tienen que ver con el realismo. Admiro mucho al escritor cubano Antonio Benítez Rojo, cuya literatura, si bien no es fantástica, tiene en parte esa tensión  de ambiente propia de algunos relatos de Poe y Lovecraft.

El Quijote le dio un golpe de muerte a las novelas de caballerías en España.

Mi fascinación por el género de terror, gótico, épica, fantástico o weird fiction en general, no comienza con libro alguno. Comienza con las historias que de niño me hacía mi abuelo Emiliano Fernández, sobre brujas y fantasmas.

Emiliano era hijo de un inmigrante de Islas Canarias. En sus historias se mezclaban el folclor de aquellos lugares con el propio de los campos de Cuba. Cuba es un país donde abundan los relatos maravillosos, procedentes tanto de tradiciones españolas como africanas. Incluso, creo que perviven algunos mitos indígenas, como el del cagüeiro, esos hombres con capacidad para transformarse en animales.

Luego, empecé a leer a Poe y a Lovecraft, pues mi padre tenía libros de ellos. Y esta es mi verdadera iniciación con los autores del gótico.

libros
Libros de Dark & Glow Press. | Imagen: Facebook

Por otra parte, es cierto que el género fantástico estuvo “aparcado” en Cuba, pero no es privativo de Cuba, sino del mundo latino en general. El Quijote le dio un golpe de muerte a las novelas de caballerías en España, que era la única literatura importante respecto a temas no realistas en la península ibérica.

Si nos remontamos más atrás, hay muy poca fantasía en los cantares de gesta españoles de la edad media, cosa que contrasta muchísimo con producciones literarias de países como Alemania, Reino Unido o los países escandinavos en general en esa misma época. Incluso, el Cantar de Roldán de Francia, que yo recuerde, no es fantasioso.

Italia tiene esa obra tan grandiosa que es La divina comedia de Dante, donde hay verdaderos momentos y ambientes de terror, pero se deben más a una preocupación teológica, mística o iniciática, que a un verdadero gusto por los relatos de fantasía.

Orlando furioso, de Ariosto, tiene mucha fantasía, sin embargo, le debe más a un rescate renacentista de temas clásicos, a una reelaboración, que a la misteriosa literatura del mundo británico, por ejemplo, que luego dará lugar al gótico. No hay que olvidar que fue el británico Walpole el primero que escribió una novela calificada de gótica. La edad media inglesa nos provee de esa enigmática novela, parte del ciclo artúrico, que es El caballero verde.

En La Eneida, el pasaje donde el héroe desciende al Hades es terrorifico, pero las intenciones de Virgilio son mayormente épicas.

La literatura griega antigua, molde para la romana, no contiene gran cosa de fantasía. En El asno de oro, de Apuleyo, que contiene algunos rituales de hechicería, el infortunio del pobre hombre convertido en burro no viene de la maldad de la bruja, sino de una casualidad que puede pasar incluso por cómica. Petronio habla de un hombre lobo, pero una golondrina no hace primavera.

En fin, la postergación de la literatura gótica en Cuba no tiene que ver con Cuba en sí, sino con una tradición grecolatina de por lo menos 25 siglos, donde se desestima lo fantasioso en pro de la razón ilustrada.

Toda la América Latina heredó esto a través de España y Portugal.

Incluso, la manera de actuar de la inquisición española y portuguesa se destaca por los pocos procesos contra brujos o brujas, en comparación con lo ocurrido en las islas británicas, los territorios germánicos o los del norte de Francia.

La obsesión por el demonio pertenece más a las nieblas del norte que a la tradición mediterránea, de la cual somos herederos. Y el demonio, como sabemos, es tema recurrente en la literatura de terror.

Con sólo veintitrés años dejas Cuba en un momento en que el país está al borde del colapso. ¿Qué razones te impulsan a emigrar? ¿Por qué a México? ¿Cómo viviste tus primeros años allí?

Llegué a México a los 23 años (ahora tengo 51) porque me casé con una mexicana. Una chica de veinte años a la que amaba. No me casé por interés. Diez años después me separé de ella, por las razones por las que se separan la mayoría de las parejas. Desavenencias, discusiones...

En México estudias Periodismo. ¿Nos cuentas cómo pudiste acceder a estos estudios y sobre tu experiencia en las aulas y lo que la academia aportó a tu escritura?

La manera en que llegué al periodismo es la siguiente. A los tres meses de llegar a México comencé a trabajar en una empresa de cobranzas. A los clientes morosos de tarjetas bancarias de crédito tenía que cobrarles lo que debían, por cada cliente me daban una comisión. Gracias a este trabajo pude, dos años después, pagar el diplomado de creación literaria de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México, que dura dos años. Un semestre está dedicado a la enseñanza del periodismo; o sea, no lo estudié en una universidad, sino durante el diplomado. Cabe señalar que Juan Rulfo y Gabriel García Márquez fueron profesores de dicha escuela en la materia de novela. A mí no me tocaron estos profesores; pero sí gente destacada, como los novelistas mexicanos Oscar de la Borbolla y Aline Petterson, de quienes aprendí mucho. También fueron altamente productivas las clases del crítico literario Eduardo Casar, que hoy es conductor de uno de los programas culturales más importantes de México: La dichosa palabra, en Canal 22. Casar presentó, años después, mi novela Una oscura pasión por mamá, en su programa.

Con Federico Wilkins aprendí la mayoría de las cosas relativas al periodismo.

Televisa y Azteca se venden como grandes máquinas de sueños. Tal vez no estés al tanto, pero desde hace tiempo muchos de sus programas, especialmente los de entretenimiento, circulan ampliamente en Cuba y conocemos algunos nombres que aparecen en los noticiarios de todo tipo como Carlos Loret de Mola, José Origel o Paty Chapoy. ¿Qué puedes decirnos de tu experiencia en estos canales?

Bien, retomando la cuestión del periodismo, en la Escuela de Escritores conocí a mi amigo Christian Malcher (mexicano-alemán), quien ya era reportero en TV Azteca. Él me recomendó con el productor de televisión cubano radicado en México Federico Wilkins. Wilkins era el Productor Ejecutivo del noticiero de nota roja Ciudad Desnuda, de TV Azteca, en el año 1996.

Estuve a prueba un mes, la pasé y me quedé como redactor de noticias internacionales y guionista de Ciudad Desnuda. Es con Federico Wilkins con quien yo aprendí la mayoría de las cosas relativas al periodismo. Wilkins, así lo considero, es un verdadero genio de las estrategias comunicacionales en medios.

Él me dio luego el puesto de Jefe de Redacción en Ciudad Desnuda, programa que alcanzó el mayor rating nacional en México, y elevadísimas audiencias en EEUU a través de Telemundo. También se transmitió en América Latina y España.

Debido a este rotundo éxito, Televisa llamó a Federico Wilkins a trabajar en sus filas. En ese momento, Televisa era el mayor consorcio de medios del mundo hispano, incluida la propia España. (Ignoro si lo sigue siendo, puesto que las plataformas digitales como Netflix y otras han minado muchísimo la audiencia de la televisión tradicional en la actualidad).

Bien, Federico Wilkins se llevó a Televisa a algunos miembros de su equipo de TV Azteca, entre ellos yo. Hicimos un nuevo programa de nota roja, Fuera de la Ley, y en seis meses tiramos a Ciudad Desnuda. Allí también ocupé el cargo de Jefe de Redacción. Posteriormente Wilkins, dentro de Televisa, se ocupa de reorganizar y reestructurar, modernizar el noticiero nacional del país, el más importante de todos.

El también cubano Alexis Núñez Oliva asume la producción ejecutiva de los programas de nota roja y espectáculos de Televisa, él es quien me asciende a Coordinador de Información, un puesto de mayor envergadura y responsabilidad que el de Jefe de Información. Me ocupé de todo lo referente al noticiero de nota roja Duro y Directo.

En Televisa también fui guionista del talk show Hasta en las mejores familias, conducido por Carmen (Carmelita) Salinas, un mito vivo del cine de oro mexicano.

Fui jefe de redacción de Hoy, la revista de la mañana más importante del país, con Alfredo Adame y Laura Flores como conductores (ellos venían del mundo de las telenovelas en México). Esa es mi incursión en la Televisión mexicana.

Roger, a muchos les puede parecer mercantilista e incluso cruel que no solo hayas dejado Azteca para trabajar con la competencia, sino que, como tú mismo afirmas, desde Televisa contribuyeras a “tirar” (entendido como desplomar el rating) al programa que antes hacías en Azteca. ¿No te molesta lo que puedan pensar al respecto el púbico, tus colegas escritores?

De eso se trata, de saber ser mercantilista. La televisión es una lucha despiadada por el mercado y el dinero. Nunca me ha preocupado la opinión de los otros, lo que me preocupa es no tener para comer. Me encantan los buenos vinos, no tenerlos es preocupante... Así, que, qué me importa la opinión de los demás ¿Alguna vez algún escritor me ha dado para comer? Nunca.

Seguimos con el periodismo. ¿Nos cuentas sobre tu recorrido como reportero y tu trabajo en la radio?

En cuanto a reportero, lo fui de dos medios mexicanos muy importantes: el periódico Reforma, perteneciente al grupo del mismo nombre (eso fue tras la terminación de Duro y Directo) y para otro periódico de Grupo Reforma: Metro, de nota roja. Para ellos hice hasta tres reportajes diarios y estuve en medio de balaceras (no me tocó ninguna bala), de incendios gigantescos. Me tocó reportear esa inmensa desgracia de la quema de Lohobombo, la famosa discoteca en la que habían ido a cantar figuras como Gloria Stefan, etc. Parecía el Infierno de Dante Alighieri. Había por lo menos 30 o 40 personas achicharradas adentro. Para Reforma hacia reportajes más enfocados en temas de sociedad y política. También trabajé para Readers Digest México, aunque fue sólo por seis meses.

Luego fui reportero, enfocado a política y a sociedad, de Milenio Diario (Grupo Reforma y Grupo Milenio son los más importantes de México. Actualmente Grupo Milenio ya superó a Reforma, pues tiene televisión y unas 40 estaciones de radio).

Después de Milenio fui conductor de radio, en Núcleo Radio Mil, un grupo radial fundado en la primera mitad del Siglo XX, de los más importantes en el país ya que tiene seis estaciones de radio. Yo conduje un programa de Turismo Nacional durante tres años. Luego, fui director editorial de Horizontum, una revista que se distribuye en tiendas departamentales y versa sobre economía, finanzas y cultura. Ese es mi recorrido en el periodismo. Después de eso me he dedicado nada más a mi propio negocio, la editorial Dark & Glow Press.

La era del dragón, Brujas, El regreso de Quetzalcóatl, Habitantes de la noche. Tus títulos remiten al gótico, el terror, un toque de serie negra, pero también apelas a la distopía, como en tu cuento Después del fin de todos los desiertos, a lo onírico, elementos del psicoanálisis. Pero, mejor que tú mismo cuentes sobre tu obra literaria.

En la Escuela de Escritores de la SOGEM aprendí que un libro no solo necesita estar bien escrito, se necesita dinero para imprimirlo, distribuirlo y hacer una campaña mediática.

La gente en México empezó a conocerme un poco.

En Cuba, al menos hablando por mi experiencia, no pensamos en el costo en dinero de un libro. Es algo que baja del gobierno, como si fuera del cielo, y nunca me pregunté el costo de mis primeros libros.

Aquí es muy diferente. Es difícil que una editorial invierta en ti si nadie te conoce.

Mi primer libro en México, La Era del Dragón, en 1998, lo tuve que pagar yo a la editorial Mexicana Edamex. De ahí derivó que pude ir a firmar mi libro por primera vez a la Feria Internacional del libro de Guadalajara, la más importante del mundo hispano. Los gastos del stand corrieron por parte de Edamex, que exponía todos sus títulos en Guadalajara.

La Era del Dragón es un libro de cuentos fantásticos donde el cuento que le da título habla de un adolescente que descubre el embrión de un dragón en la época actual.

Después, me hundí en el inmenso y absorbente trabajo de la televisión, y no vuelve a salir nada mío hasta 2003 o 2004, no recuerdo muy bien, en que una editorial argentina incluyó en la antología Escritores Hispanoamericanos en el Mundo mi cuento “Asterius”. Ese fue el embrión de mi libro Brujas. “Asterius” figura en el libro Brujas en una versión mucho más larga y bajo otro nombre: El oscuro dios de las ruinas.

En 2013 (pasaron 15 años sin que se publicara ningún libro mío) Sediento Ediciones, del español Manuel Perez Petit, publicó en México la primera edición de Brujas. 1000 ejemplares. Fue bastante exitosa. Se vendió toda en 6 meses. La gente en México empezó a conocerme un poco.

La poeta cubana radicada en Mexico, Odette Alonso, presentó el libro en la que había sido casa de Alfonso Reyes, específicamente, en la biblioteca, entre los libros que fueron propiedad de este intelectual. Para mí fue de gran felicidad presentarla en la antigua casa de Reyes, en mi opinión el escritor que mejor manejo la lengua española en el siglo XX.

Odette también escribió una amplísima y elogiosa reseña del libro, que se publico en OtroLunes, que dirige Amir Valle. Estoy muy agradecido por esto a ambos escritores y compatriotas.

El caníbal se llamaba José Luis Calva, y fue un asesino serial de mujeres que escribía poemas.

A finales de 2013 gané el premio de novela de la editorial mexicana De Otro Tipo. Es un premio que se convoca a nivel nacional cada año y que gané con mi novela Habitantes de la noche. Esa novela está inspirada, solo inspirada, porque no narra los hechos tal como sucedieron, en el caso del caníbal de la Colonia Guerrero, en la Ciudad de México. El caníbal se llamaba José Luis Calva, y fue un asesino serial de mujeres que escribía poemas, los imprimía en hojas sueltas el mismo, ponía detrás de las hojas con los versos su número de teléfono y su correo electrónico y vendía estas hojas en 10 pesos. Así enganchaba a sus víctimas. También escribía un diario, algo así como una novela reportaje, donde narraba sus crímenes. Él le había puesto Diario de un Caníbal. Tuve acceso a fragmentos de este diario gracias a que yo era reportero. Que yo sepa el diario no se ha publicado.

En mi novela, José Luis aparece como Joseph Calva y lo caracterizo como una especie de Nosferatu mexicano. Los hechos ocurrieron en 2008 y yo escribí la novela entre 2010 y 2011. En ese entonces yo era locutor de radio y tenía más tiempo para escribir. El verdadero caníbal, tras tres meses de encierro carcelario, se suicidó, o quizás lo mataron los otros presos, nunca se supo muy bien.

Habitantes de la noche era inicialmente un cuento que estaba en el libro La noche del reportero. Saque el cuento de ahí y lo hice novela. Habitantes de la noche salió a la venta en 2014 y tuvo mucho éxito. Firmé muchos ejemplares, tanto en la feria de Guadalajara como en la de Palacio de Minería.

La gente me preguntaba como siendo cubano había entendido tan bien la realidad mexicana: respondí con la verdad simple y llana: por ser reportero. El libro lo presento una eminencia de las letras mexicanas, Felipe Garrido, director adjunto de la Academia Mexicana de la Lengua.

Fue en el teatro de la SOGEM. El teatro se lleno y por primera vez viví el hecho de que la gente se arremolinaba alrededor de mí en busca de mi firma. El libro tuvo también gran repercusión en medios de comunicación.

Agradezco al director editorial Walter Jay Nava el trabajo tan profesional que se hizo, tanto de edición como de difusión.

No soy de izquierdas, has dicho. ¿Influye el posicionamiento político en el mundo editorial?

Es cierto que en una entrevista dije que “no soy de izquierda”, pero tendría que añadir que tampoco soy de derecha. Izquierda y derecha han devenido en meros términos huecos que se usan según las conveniencias del momento. Suelo ver y calificar a las personas por sus hechos, no por sus ideologías o religiones.

La Cuba del Período Especial, recreada hasta el hastío dentro y fuera de la Isla, tú encuentras otro modo de abordarla en Una oscura pasión por mamá. ¿Quisiste exorcizar algunos demonios al llevar el gótico a La Habana sumida en el desastre?

Una oscura pasión por mamá, narra de manera apocalíptica, surrealista, sádica, el Periodo Especial, que más bien debería llamarse el derrumbe de la vida, por el grado de penuria al que llegó el pueblo cubano. Yo creo que esa es mi novela más lograda, aunque los lectores siempre tendrán la última palabra. Una oscura pasión por mamá une en un solo símbolo a la madre física, la que lo procreó a uno, con la madre patria. O con la matria, pues patria viene de padre. Ese símbolo, en una técnica narrativa que tiende al gótico y al surrealismo, es tratado en una relación amor-odio. La patria te crea, pero a la vez te devora, además, cuando se derrumba, te lleva en su derrumbe. Me gusta mucho lo que dijo el crítico Luis Bugarini de esa novela en Milenio Diario: “Esta manera de reconstruir un fragmento de memoria por parte de Vilar se instala como una forma posible e inesperada, al menos por lo que hace a las letras hispanoamericanas, pues la metaforización de la madre esencial se instala en un terreno arquetípico para arrojar significados a la inmediatez y el desaliento por un pasado y presente de privaciones y miseria”.

En 2014, más de veinte años después de tu primera publicación en Cuba, vuelves a publicar en la Isla (La noche del reportero). ¿Cómo se da esta posibilidad? ¿Quedaste satisfecho?

En un viaje que hice a Cuba, mostré a mi amiga Lourdes González, escritora y directora de Ediciones Holguín, el libro La noche del reportero (ya sin el material de Habitantes de la noche). Ella lo publicó, cosa que agradezco mucho. Me parece muy bueno que ahora se publiquen libros de autores que viven fuera de Cuba. Sé que Letras Cubanas ha publicado a Pacheco y tal vez a otros.

Tras publicar en diversas editoriales de lanzas en 2017 a crear la tuya. Podrías hablarnos de Dark & Glow Press S.A. de C.V? ¿Cómo surge la idea de crearla?

Bien, yo creé en sociedad con mi pareja Guadalupe Teresita Rodríguez, quien también escribe narrativa de terror, la editorial Dark & Glow Press, en diciembre de 2017 para darle un espacio a escritores que se inscriben en los géneros oscuros dentro del mundo de habla hispana.

Somos una editorial tradicional, es decir, no les cobramos nada a los autores por la impresión, distribución, campañas mediáticas de sus libros. Hemos publicado 10 títulos de autores de México, Argentina, Cuba y Uruguay.

Sé que eres muy crítico respecto a cierta literatura de pacotilla que se vende en Amazon y sobre el “postureo” en las redes sociales. Desdichadamente las TIC sirven tanto para tener acceso a la mejor literatura como para que al buscar tu nombre en Google alguien sepa que hubo al menos veinticuatro notificaciones en tu proceso de divorcio de 2005. Partiendo de que como entrevistador esto último me parece absolutamente irrelevante y parte de ese universo privado en el que no tengo motivos para hurgar, no puedo desconocer que esa información está allí, que podrá ser vista por cualquier lector interesado en tu obra que teclee tu nombre en un buscador e influir (o no) en su predisposición a buscar tu narrativa. ¿Cómo has manejado la promoción de tu obra publicada en diversas editoriales?

Las plataformas digitales como Amazon y otras similares tienen una doble tendencia, en ellas se puede difundir y vender buen contenido, pero también circulan una enorme cantidad de tonterías. Esto se debe a que la única limitación que tienen es no difundir palabras violentas u ofensivas. No hay alguien, especialista en literatura, que revise los libros que se suben a Amazon. Por eso se pueden encontrar buenos libros y libros muy malos.

Umberto Eco dijo que las redes sociales le habían dado voz a los idiotas.

En cuanto a las redes sociales, el problema es que difunden chismes, noticias falsas, y en general información banal. Umberto Eco dijo que las redes sociales le habían dado voz a los idiotas. Es cierto. Además, crean una visión falseada de la realidad. Crear una visión falseada de la realidad lo ha hecho el hombre desde que se apoderó de la palabra escrita. Los persas que leyeron la Ilíada en el siglo V Antes de Nuestra Era, tuvieron una visión falseada de Troya, digamos, una visión desde el punto de vista de los griegos.

A medida que pasó el tiempo, que empezó la imprenta, estas visiones simbólicas, alejadas de los hechos todo lo que puede estar un símbolo de los hechos que representa, creció. Un ejemplo de ello es la noción que tenían los europeos de América en el siglo XVI y XVII

A ellos a través de la imprenta le llegaba información de América, pero ellos la representaban a su manera. Por ejemplo, hay pinturas del emperador Moctezuma en que tiene rasgos europeos, lo cual no era así. Las redes sociales hicieran que la posibilidad de producción simbólica se sobredimensionara y difundiera a niveles nunca antes soñados.

También eliminaron la posibilidad de la censura. Cito algunos organismos censores del pasado: La Inquisición que tenía un índice de los libros que podían entrar o no a América; los partidos fascistas y los partidos comunistas del siglo XX…

¿Qué se ganó con las redes sociales? Una democratización de la producción simbólica a través de la palabra y la imagen.

Ya no hay que ser un Miguel Ángel Buonarotti, bajo el mecenazgo del papa, para echar a andar nuestras palabras e imágenes. Basta con tener un celular a la mano. Un adolescente lo puede hacer, un niño también, un anciano.

¿Qué se perdió? La calidad de los contenidos. La mayoría de la gente que difunde información no es culta. Entonces, se difunde gran cantidad de banalidades y tonterías.

Apareces en la enciclopedia de autores mexicanos, pero muchos no tienen claro si incorporarte al canon literario de ese país o si considerarte un autor cubano exiliado, como la mayoría de aquellos muchachos y muchachas de Los últimos serán los primeros. ¿Es incómodo vivir en ese in between?

¿Soy un autor cubano? Por supuesto, nací en Cuba, mis primeras experiencias vitales fueron en Cuba, los primeros libros que leí fueron en Cuba, así como mis primeras publicaciones.

Tal vez un día se publiquen o no mis libros en Cuba, y podré saber si mi obra gusta o no a los lectores cubanos. Mientras tanto, es una incógnita. ¿Soy un escritor mexicano? Sí, lo soy, porque por lo menos la mitad de mi obra se nutre de temas mexicanos, y tengo algunos miles de lectores en México a los que estoy profundamente agradecido. Alguien, no sé quien, me puso en la enciclopedia de la literatura mexicana. Lo agradezco mucho.

Finalmente serán los lectores quienes determinen mi clasificación, conserven mi obra, o la olviden. No es tan importante pensar mi nacionalidad como escritor, en la literatura uno debe de aspirar a la universalidad, o al menos intentarlo.

 

Alejandro Langape
Alejandro Langape

Ingeniero. Narrador y ensayista. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Reside en Villa Clara.

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.