Un video grabado por residentes de Caimanera (Guantánamo, Cuba) muestra la llegada de helicópteros militares a la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo. La grabación, difundida en redes sociales, capta varias aeronaves que serían del modelo CH-47 Chinook, un modelo de transporte pesado empleado por las fuerzas armadas estadounidenses. Se trata del mismo que fue utilizado durante la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, según videos difundidos entonces. El movimiento no es habitual y ha generado atención tanto entre la población local como en plataformas digitales.
No existe por el momento confirmación pública de autoridades norteamericanas ni cubanas sobre el evento filmado, su objetivo, misión o si forma parte de una operación rutinaria o de carácter extraordinario.
Base naval de Guantánamo: un enclave estratégico
La Base Naval de la Bahía de Guantánamo es uno de los puntos más sensibles de la relación entre Cuba y Estados Unidos desde principios del siglo XX. Tras la revolución cubana de 1959 y la crisis de los misiles en 1962, el enclave se consolidó como un territorio bajo control estadounidense en suelo cubano con implicaciones geopolíticas evidentes.
Además de su uso militar tradicional, la instalación ha sido foco de atención internacional en otros contextos —por ejemplo, por su vínculo con centros de detención que han suscitado críticas sobre derechos humanos y legalidad. Históricamente, la base representa para La Habana un símbolo de la presencia militar de Estados Unidos en la región, asociado a resentimientos políticos y narrativas de soberanía.
Operación en Venezuela como antecedente directo
La especulación en torno al video donde un helicóptero en Guantánamo es grabado por residentes de Caimanera tiene una raíz directa en los acontecimientos geopolíticos de las últimas semanas. El 3 de enero de 2026, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar en Venezuela que culminó con la captura del dictador Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, quienes fueron trasladados a territorio estadounidense para enfrentar cargos penales.
Ese operativo, denominado por algunos informes como parte de una campaña más amplia iniciada a fines de 2025, fue precedido por un incremento sostenido de la presencia de fuerzas y medios estadounidenses en el Caribe y la región andina. En el segundo semestre de 2025, Washington desplazó buques de guerra, unidades de aviación y equipos logísticos hacia el sur del Caribe, sustentando acciones militares contra embarcaciones calificadas por la administración estadounidense como vinculadas al narcotráfico.
La operación contra Maduro fue presentada por funcionarios de la administración de Estados Unidos como un acto orientado a hacer cumplir cargos federales de narcoterrorismo y conspiración para el tráfico de drogas, aunque también fue descrita en discursos oficiales como parte de una estrategia más amplia de seguridad hemisférica.
Ese contexto es citado repetidamente en redes y emisiones de opinión como antecedente para interpretar la presencia de helicópteros militares cerca de la Base Naval de Guantánamo. En este marco, muchos sectores dentro y fuera de Cuba consideran que cualquier movimiento de activos militares estadounidenses en la región adquiere una significación inusitada, precisamente por la reciente operación en Caracas.
Tensión entre Washington y La Habana
La relación entre Washington y La Habana atraviesa una fase de confrontación política explícita, marcada por declaraciones públicas, decisiones ejecutivas y acciones de presión directa. Altos funcionarios del gobierno estadounidense, incluida la figura de Marco Rubio, secretario de Estado, han vinculado la situación venezolana con la de Cuba.
Rubio afirmó después de la captura de Maduro que el operativo demostró que fuerzas estadounidenses “penetraron un esquema dominado por asesores y agentes cubanos” que respaldaban al entonces gobernante venezolano, y enfatizó que Venezuela debería redefinir su relación con La Habana.
El propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha descrito al sistema político cubano como un “modelo fallido” y ha sugerido en diversas declaraciones que Cuba enfrenta una presión externa significativa, al tiempo que afirma que Washington busca ayudar al pueblo cubano.
Frente a este discurso, desde La Habana el presidente Miguel Díaz-Canel ha respondido rechazando cualquier intento de intervención en los asuntos internos de Cuba y ha insistido en la necesidad de establecer un diálogo sin condiciones que amenacen la soberanía de la isla.
Este conjunto de hechos sitúa la llegada de helicópteros militares a Guantánamo en un contexto de alta sensibilidad política y especulación. Aunque no hay confirmación oficial sobre la misión concreta de estas aeronaves, su aparición se interpreta dentro de un clima regional marcado por expectativas de confrontación, presión política y debates sobre seguridad hemisférica.
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