"Da tu mano hoy por mí, que mañana otro la dará por ti."
Proverbio popular
"Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás."
Eclesiastés 11:1
Hay momentos en la vida de los pueblos en que la desesperanza se vuelve una enfermedad colectiva. Una infección que termina contagiándonos la desconfianza, el miedo, el silencio y esa peligrosa costumbre de mirar hacia otro lado mientras la bota sigue pisando el cuello de los mismos de siempre.
Y Cuba lleva demasiado tiempo así.
Una isla que parece haber sido lanzada hacia un agujero negro donde todo termina siendo devorado: los sueños, la libertad, la dignidad, la esperanza… y hasta la memoria.
Pero no.
Porque cuando parece que la noche ha conseguido tragárselo todo, aparecen nuevas estrellas.
Y esas estrellas tienen nombres.
Anna Bensi. El padre Alberto. El 4tico. Y tantos otros hombres y mujeres que, sin pedir permiso a la oscuridad, han decidido encender una luz allí donde otros solamente ven tinieblas.
No son héroes de bronce. Son algo mucho más grande: seres humanos que no han permitido que el dolor les robe la humanidad.
Cada mano que se tiende es una grieta en el muro.
Cada pan que se arroja al mar es un acto de fe.
Cada gesto de solidaridad es una pequeña rebelión contra la indiferencia.
Porque quizá Cuba no necesite más espectadores contemplando cómo se hunde.
Necesita manos. Necesita hombros. Necesita corazones.
Necesita cubanos que comprendan que la patria no se salva desde la comodidad de una orilla, sino metiendo los pies en el agua cuando el hermano se está ahogando.
Por eso, hoy más que nunca:
Da tu mano.
Aunque te digan que no servirá de nada.
Échale panes al mar.
Aunque no sepas quién los recogerá.
Enciende tu estrella.
Aunque creas que es demasiado pequeña para vencer semejante oscuridad.
Porque una sola estrella quizá no ilumine el universo, pero muchas estrellas juntas pueden impedir que una isla desaparezca en la noche.
Y si alguna vez alguien pregunta qué hicimos mientras Cuba se hundía, que podamos responder sin bajar los ojos:
No nos quedamos mirando.
No dejamos sola a nuestra gente.
No entregamos nuestra esperanza.
Tendimos la mano.
Arrojamos el pan.
Encendimos la luz.
Y cuando la historia vuelva a preguntarnos de qué lado estuvimos, que no tenga que buscar demasiado.
Que nos encuentre allí donde siempre debimos estar: junto al que sufre, junto al que resiste y junto al que todavía se atreve a creer que Cuba puede volver a amanecer.