La política española bajo la lupa de un cubano. Entrevista a León de la Hoz

Cuatro candidatos a la presidencia de España, debate en RTVE
Cuatro candidatos a la presidencia de España, debate en RTVE
Cuatro candidatos a la presidencia de España, debate en RTVE
Cuatro candidatos a la presidencia, debate de RTVE. Pablo Casado (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Cs), Pablo Iglesias (UP)

España se debate en medio de una compleja situación política, con elecciones adelantadas, polarizaciones ideológicas, y una variedad de fenómenos sociales que atraen la atención de una gran parte del mundo. En Árbol Invertido nos congratulamos por poder presentar a los lectores, con esta entrevista, las vivencias y las reflexiones de un intelectual que integra la amplia comunidad de cubanos residentes en España. León de la Hoz, escritor, editor y periodista, ganó en Cuba los concursos de poesía “David” (1984) y “Julián del Casal” (1987), y dirigió La Gaceta de Cuba. Entre sus libros recientes se encuentran la novela La semana más larga (2007) y el poemario Vidas de Gulliver (2012). Es autor de la importante antología La poesía de las dos orillas, Cuba 1959-1993 (Ed. Betania, 2018).

 

Indagamos por las opiniones de uno de los más importantes intelectuales de la isla dentro del exilio español, el escritor y periodista León de la Hoz (Santiago de Cuba, 1957). Y, como la actualidad manda, comenzamos justo con el análisis de la realidad política de la España que hoy va mucho más allá de la antigua alternancia entre el PP (Partido Popular) y el PSOE (Partido Socialista Obrero Español).

 

Usted ha publicado un libro singular, al menos por el título: Los indignados españoles: del 15 M a Podemos. ¿Qué lo motivó a escribir sobre este movimiento de izquierdas que ha cambiado el panorama político?

 

Los indignados españoles: del 15M a Podemos (Editorial Betania, 2015), es un libro que nace de mi vivencia directa en los días en que la ciudadanía española se rebeló pacíficamente contra el statu quo heredado de la conformación del poder político en la transición de la dictadura franquista a la democracia. La transición exigió de grandes esfuerzos de las fuerzas políticas de izquierda y derecha que mediante el diálogo tuvieron que negociar en condiciones difíciles un reparto de poder y una Constitución que regulara los comportamientos del conjunto de la sociedad y su estabilidad. La última crisis mundial que estalló en 2007 (algunos la sitúan en 2008) puso en evidencia las grietas de aquel proceso de transición que se abrieron apuntando a la clase política: el bipartidismo, la corrupción. El mayor empobrecimiento de los pobres y la clase media, y el surgimiento de una nueva generación descomprometida con la transición, entre otras cosas, condujeron a un movimiento de protesta conocido como el 15M que se inició el 15 de mayo de 2011 en la Puerta del Sol en Madrid, curiosamente el día que se cumplían siete años de la muerte de Gastón Baquero y fiesta de San Isidro, patrono de la ciudad.

El 15M no fue un movimiento de izquierdas, fue un movimiento ciudadano transversal de inconformidad que pedía cosas que afectaban a todo el mundo y a la democracia. La interpretación que le ha dado la prensa, en general, es interesada y manipuladora, tanto la de izquierda como la de derechas. Yo estuve allí todos los días que duró la protesta y viví la exaltación irreflexiva de los jóvenes, la irresponsabilidad de los más viejos, la manipulación por la izquierda de las demandas y, por último, la acaparación que hizo esta última del movimiento. Junto a mí había gente de todos los estratos sociales, incluso de los residuales. Estuve porque vi que aquella protesta cívica era un indicio excepcional de un momento histórico, del estado de ánimo de la ciudadanía, y así fue. Se exigía el perfeccionamiento de la democracia que con la crisis y las políticas equivocadas estaba mostrando las grietas que era necesario cerrar. La casi totalidad de la gente no pedía un cambio de régimen, sino atajar las deformaciones de la democracia que afectaban la vida de las instituciones y las suyas propias. Fue un movimiento de tal magnitud que luego, bajo su influencia, dio lugar a Occupy Wall Street y Occupy Miami, donde estuve y comprobé que igualmente reclamaban cosas elementales, pero no atendidas, como que se protegiera mejor a aquellos veteranos de la guerra de Irak que terminaban en una vida desahuciada como había sucedido después de la guerra de Viet Nam. Claro, en Estados Unidos la idea de la izquierda y la derecha es otra cosa. Hoy mismo es uno de los grandes debates donde gran parte de las poblaciones, incluyendo al exilio cubano, ve al socialismo que llevan tatuado en la piel, no al que conocemos en Europa.

El libro es una crónica de la evolución de aquel movimiento que acabó monopolizado por la izquierda más radical que dio lugar a Podemos. Este partido, fundado por jóvenes intelectuales, terminó dividiendo esa corriente transversal de protesta y ahora se halla en franca decadencia que ya preví en mi libro. El 15M no fue un movimiento antisistema, pero fue capitalizado por los antisistema, que pensaban producir una implosión de tipo radical a cargo de los nuevos y los viejos nostálgicos comunistas que se creyeron traicionados durante la transición.

El escritor, editor y periodista cubano León de la Hoz

Teniendo en cuenta que en Cuba no parece haber una posición oficial de simpatía hacia los “podemitas”, como sí existe en el gobierno de Venezuela, sería interesante que nos diera su opinión sobre cuatro de los rostros más conocidos de Podemos: Pablo Iglesias, Irene Montero, Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. ¿Cómo ve usted a cada uno de ellos y que cree de las más recientes disputas internas que parecen haber debilitado a la formación morada de cara a las próximas elecciones generales? ¿Por qué no hubo sorpasso en las anteriores? ¿Qué le parece la alianza entre Podemos e Izquierda Unida? ¿Y con las llamadas confluencias?

 

Puede que en Cuba no exista una corriente de simpatía hacia Podemos, pero Podemos se ha expresado “simpáticamente” o al menos acrítico hacia el gobierno cubano. Todos los que mencionas son jóvenes con una significativa preparación intelectual y política de izquierdas, empollados dentro de las corrientes radicales del comunismo, en tu lista faltan algunos muy importantes como Carolina Bescansa, que es posiblemente la más inteligente y preparada de todos.

Iglesias es el típico líder de izquierdas que se repite como una constante, se gusta a sí mismo, es gustado, e impone un talante autocrático que ha despedazado a Podemos. Sus últimas comparecencias después de haber disfrutado de un permiso paternal para cuidar de sus hijos recién nacidos son las de un predicador televisivo, que aprovecha su carisma y dos o tres frases estimulantes para la audiencia comprometida, emotiva y sensible. Como líder, es el principal responsable de la división y la fuga de algunos de los dirigentes, sabe manipular a los que lo quieren, pero es incapaz de sumar. Montero es actualmente la segunda del partido y tiene un defecto fundamental, es la pareja de Iglesias y actúa como la lideresa, repartiéndose con él ese papel de cabeza de fila. Habla, gesticula y piensa como Iglesias. Ambos cometieron un grave error que sin embargo no acabó con la destitución de éste y de ella por la fidelidad de la masa al líder. Ese error fue la mansión que se compraron para vivir en las afueras de Madrid, lo hicieron con el dinero que ganan representando en el Parlamento a los pobres y trabajadores para quienes dicen trabajar. Es un derecho como ciudadanos, pero es contraproducente con la ejemplaridad que proclaman y el modelo que tratan de combatir de la derecha. Creo que más que la lucha de tendencias en el partido, ese acto de lujuria fue la primera piedra de su destrucción como líder y posiblemente como partido.

Errejón es el que mejor representa el espíritu del 15M, se le veía venir antes de que se desencadenara la ruptura. Su estrategia de moverse al lado de la alcaldesa de Madrid es perfecta, dejando a Podemos convertido en una sopa de letras mal ordenadas. La alcaldesa no pertenece a Podemos, goza de gran popularidad, no ha hecho mal las cosas durante su gobierno y ha tenido que luchar contra la bisoñez de los “podemitas” de la coalición. Además, goza de enorme prestigio por su propia historia personal. Errejón es el más moderado, ha madurado rápidamente, pero aún le falta para suplir su escaso carisma con una elaboración política más acorde a sus propósitos. Es difícil diferenciarse de sus viejos compañeros sin caer bajo el espectro del PSOE más centrado.

Monedero es un agitador que a nadie le conviene porque nadie quiere a su lado a uno que habla hasta por los codos y a todas partes va agitando las manos, que fue la forma que se puso de moda para aplaudir durante las concentraciones del 15M.

En las anteriores elecciones, Podemos cometió el error de creerse demasiado a sí mismos y no valoró que uno de los errores históricos de la izquierda es hacer un diagnóstico partidista de la realidad, además de la capacidad infinita de dividirse. La saturación académica les impidió hacer una evaluación política correcta de la realidad española, donde pervive un miedo visceral a los extremos como herencia de las luchas intestinas de la República y la Guerra Civil. La actitud que sostuvieron durante las elecciones donde pudo ganar el PSOE con el apoyo de Podemos ha tenido sus consecuencias para toda la izquierda, pero especialmente para ellos. Dijeron y se desdijeron sin hacer una autocrítica que hubiera hecho comprender a los electores que sus verdaderas intenciones no fueran la ambición de poder. En mi libro sostengo que la verdadera importancia de Podemos radicaba en que podrían servir de contrapeso a la izquierda socialdemócrata en sus perversiones de derecha, hicieron lo contrario hasta que se vieron obligados a apoyar al gobierno de Sánchez para la moción de censura contra Rajoy, cuando ya habían cometido el error de no apoyar la coalición en las elecciones en que Sánchez pudo ser presidente. Podemos se ha equivocado muchas veces, errores graves de cálculo político y codicia, por los que el electorado español, cada vez más dividido, terminará por pasarle factura. No hubo sorpasso porque habían mostrado las garras antes de hacerse con el poder, envilecidos por el populismo y la egolatría ideológica.

Otro de los elementos del descrédito de Podemos es su alianza con Izquierda Unida. Es como si no entendieran que la política tiene un lenguaje y la ideología otro, Izquierda Unida es como un lastre en popa, posiblemente no se vea del todo, pero termina ralentizando la navegación. La unión de estos dos partidos ha sido un paso más en la imagen y la concepción radical hacia donde Iglesias arrastró a la formación política, que ambos compartieran la ideología y las formas de concebir el poder no tenía por qué hacerlos pareja de hecho. Podemos y eso que se llama las confluencias es un picadillo difícil de masticar que, además, va a las elecciones con otro picadillo que es Izquierda Unida. Así lo ven los votantes de izquierda, confundidos, no saben qué votan ni a quién votan, aunque en realidad están votando a lo mismo.

 

Siguiendo con el espectro político español, ¿qué opinión le merece la resurrección de Pedro Sánchez y el hundimiento de Susana Díaz? ¿Cree que las bases del PSOE están hartas del caciquismo? ¿Tiene opciones reales el partido de la rosa para seguir gobernando?

 

La resurrección de Pedro Sánchez podría ser un milagro y no lo es. Habla de la crisis de liderazgo dentro del PSOE y de la asimetría de las élites con las bases y en su conjunto con la sociedad, el mejor ejemplo que puedo recordar fue la situación que se creó a raíz del 15M. La dirección del PSOE se quedó sin respuesta ante el empuje y las demandas del movimiento, que en un principio vieron con mirada esquiva hasta que estuvieron obligados a tomarlos en cuenta, aunque de forma paternalista, dentro del partido llegó a surgir una corriente crítica a la que censuraron fuertemente, obligándolos a cerrar un espacio digital donde se expresaban. Desde la época del liderazgo de Felipe González no había surgido un socialista capaz de mover a los suyos y, a diferencia de González, Sánchez tiene que enfrentar la crisis de credibilidad a la política, la crisis del propio partido, la crisis económica y social acrecentada por los gobiernos de la derecha, un cambio generacional y el surgimiento de un nuevo partido de izquierda como Podemos que no se lo pone fácil. Además, la observación con lupa que le hace la prensa y los ataques más furibundos de la derecha por haber tenido que conciliar su gubernatura dándole la mano a Podemos y a los nacionalistas e independentistas catalanes y vascos. Sánchez, errático, sin embargo, ha logrado vencer dentro de su partido, controlarlo, independizarse de los barones históricos socialistas, echar a Rajoy de la presidencia de la misma manera que lo habían echado a él del partido y, finalmente, contra natura, aprobar unos decretos que le pueden dar nuevamente la presidencia por la vía electoral, habiendo mejorado la valoración entre los españoles a pocos días de las elecciones generales. No es un mal récord para un sobreviviente.

Susana Díaz era un cadáver demasiado comprometido en vida con el clientelismo andaluz y era la hija política del pasado que se está poniendo en solfa por corrupción, caciquismo y una política clientelar que cualquiera que haya vivido en Andalucía podía verificar, igual que sucedía en la Comunidad Valenciana con el PP. Yo viví en Sevilla varios años y te puedo decir que era más fácil vivir si eras del PSOE y tenías contactos en las “congregaciones” de afiliados. El partidismo es un problema del que sale lesionada la democracia y lo que ha sucedido en Valencia y Andalucía ha sucedido en otros lugares como en Madrid con el PP. Es un problema de las debilidades del sistema de partidos y de la configuración de las autonomías que nadie ha querido tocar por conveniencia.

 

Las dos principales capitales españolas no están a día de hoy en manos de ninguno de los grandes partidos y, para más inri, han sido gobernadas por mujeres: Manuela Carmena en Madrid y Ada Colau en Barcelona. ¿Cómo podría leerse esta peculiar situación?

 

Que las dos principales capitales españolas estén gobernadas por mujeres no es una anomalía, España ha tenido tres vicepresidentas, dos socialistas y una del Partido Popular, Susana Díaz fue presidenta de la Junta de Andalucía y, Monica Oltra es vicepresidenta de la Comunidad Valenciana, por ejemplo. Los últimos gobiernos socialistas y del PP han contado con una gran cantidad de mujeres en sus Ejecutivos. Manuela Carmena y Ada Colau son el producto de la nueva realidad política nacida del proceso de desafección de los ciudadanos y que ha tenido sus puntos más críticos en las movilizaciones del 15M y la finalización del colchón del bipartidismo donde el PSOE y el PP se acostaban y reciclaban, adoptando las posturas más indecentes sin que hubiera una réplica hasta que llegaron Ciudadanos y Podemos. En España la mujer se ha sabido ganar el lugar que merece en labores de dirección política y representación ciudadana, y no creo que haya ninguna discriminación en ese sentido, si bien aún debemos luchar por el objetivo de alcanzar la plena igualdad real y efectiva. Hay demasiada gesticulación en la izquierda abrazando el lado más emotivo, pero menos realista del feminismo, que, como todo, conlleva un lado extremista que es el que tiene más altavoces.

 

Nos vamos a la acera de enfrente. Ciudadanos, tirando del carisma y buena presencia física de Albert Rivera, pareció en un momento el gran beneficiado con los escándalos del PP, los dimes y diretes entre Errejón e Iglesias y las discrepancias entre las bases del PSOE y sus caudillos. ¿Cree usted que Rivera y su partido pueden ser una opción de gobierno real? Incluir a figuras procedentes del PP y a un alto directivo de la Coca Cola ¿beneficia o perjudica la imagen de un partido que se ha movido entre el apoyo a una primera y fracasada investidura de Pedro Sánchez y el sí a Rajoy? ¿Es hoy Ciudadanos la mejor cara de la derecha española o se trata de un proyecto similar al de Macron y que pudiera atravesar las mismas dificultades que se viven hoy en el Hexágono con los chalecos amarillos?

 

Cuando en España imperaba el bipartidismo era más fácil determinar cuál de los dos candidatos podía ser el presidente; actualmente, según la nueva configuración del espectro político, no hay ningún partido que predomine y que pueda gobernar sin coalición y apoyos después de la aprobación de investidura. El sistema parlamentario, al contrario del presidencialista, determina el presidente mediante el respaldo del Parlamento, de modo que en un Parlamento tan fragmentado como el español es difícil saber quién podrá formar gobierno; en estas condiciones lo más importante no es el presidente, como sí podría ser en un sistema presidencialista, sino con quién se gobierna. El presidente debiera salir del partido más votado, pero no es el presidente lo que determinará cómo y para qué se gobierna, sino las alianzas que se generen, y eso es de una gran incertidumbre que es muy difícil esclarecer en el periodo de campaña electoral que ya estamos viviendo.

Conforme a lo que te he dicho, Rivera y su partido sí son una opción de gobierno como participación en una alianza con el PP, por ejemplo, otra cosa es que Rivera pudiera llegar a ser el que presida el gobierno. Ambas posibilidades son reales, si pensamos en la fragmentación que se ha producido en la derecha hacia el centro y hacia el extremo, podemos imaginar que Rivera, en una coalición donde tenga más escaños que Casado con el PP, podría obtener su apoyo más el de otros de partidos pequeños que tradicionalmente han servido de sostén a investiduras presidenciales o decisiones legislativas. Sí, es posible. No creo que los fichajes procedentes del PP afecten el criterio de los votantes, también han fichado a ex directivos del PSOE. Ciudadanos no es ni la mejor ni la peor cara de la derecha, tampoco lo es el PP, a pesar de la demonización que hace la izquierda de la derecha o la que hace la derecha de la izquierda. En una democracia desarrollada los límites en que se mueven los políticos cada vez son más reducidos y ello contribuye a la estabilidad de la democracia en contra de lo que se dice, que hayan llegado otros partidos la fortalece aún más, lo que sucede es que esa fortaleza a veces produce una rigidez que obliga a cambiar las reglas del juego, que es precisamente lo que necesita la democracia europea en las condiciones en que ha quedado con la suma de los países del Este, con los cuales ha habido que repartir lo que se tenía y la crisis nos asoló desde 2007.

Por otro lado, la gente debería saber que cambiar de partido no es peyorativo ni degradante, la idea de la traición ideológica y política es una antigualla de la Guerra Fría y las dictaduras. En democracia tiene que ser normal el cambio porque hay que valorar más lo político que lo ideológico, si usted cambia de coche o de pareja según crea conveniente, ¿por qué no puede cambiar de idea, de ideología o de partido? Es un contrasentido. Cada partido actúa según lo que cree necesitar para obtener el voto y llegar a gobernar, eso es actuar políticamente y no hay que rasgarse las vestiduras, nadie obliga a los votantes a favorecer a uno u otro y son especialmente los votantes que no son correligionarios de partidos a quienes les toca decidir según el estómago, el cerebro o el corazón; estos son los tres órganos que intervienen en las elecciones, los asesores de campaña lo saben y actúan sobre ellos. El problema que enfrentan estas campañas es que la ciudadanía está cada vez más ideologizada, no necesariamente más politizada, si estuviera más politizada sería más inteligente. Como en Cuba, la gente busca una razón ideológica, cuando en realidad lo que se impone es una razón política. La socialdemocracia ha creado un sistema de balances y compensaciones que, aunque amenazados y disminuidos en los últimos años, se sostienen, pésele o no a los extremistas de derecha e izquierda que desde ideologías catastrofistas apelan a la reversión de los valores para reconducir los sistemas. En Madrid se han colocado unas enormes orejas donde la gente común va y crítica y confiesa sus deseos para las elecciones, no te sorprenderá saber que las grabaciones han detectado que los problemas prioritarios no son los que hasta ahora se están debatiendo para las elecciones, la gente lo que quiere es trabajo, trabajo y trabajo.

 

¿Le preocupa el ascenso de Vox en las autonómicas andaluzas y en Catalunya?

 

En hilo con lo que te respondía anteriormente, no me preocupa el ascenso de Vox y me preocuparía menos si los partidos se dedicaran a repartir razón política en vez de razón ideológica. Ante todo, hay que contextualizar el surgimiento de Vox, las causas por las que han tenido el respaldo de una parte de los votantes, y replantearse si esta derecha a la derecha de la derecha es realmente de extrema derecha por sus planteamientos ideológicos más conservadores y si estos ponen en peligro la estabilidad de la democracia, digamos que aún más que otros partidos que permitieron el saqueo de los bancos, por ejemplo. Además, me pregunto si habiendo sido votados por una parte notable de los ciudadanos de Andalucía que es donde primero han llegado a un parlamento, no tienen la suficiente legitimación. Yo creo que quienes temen a Vox más allá de lo razonable, como un partido que compite y pone en duda algunos de los valores democráticos que son y debieran ser supranacionales, son aquellos que han permitido que reviva ese espíritu con olor que parecía enterrado, situando la nación y la patria como un valor ideológico por encima de los valores de la democracia. Vox no es el resultado de que en Andalucía el nivel de abstención haya sido alto, cuando los partidos dicen eso están responsabilizando a los votantes de no ir a las urnas, si bien en realidad no habrán ido porque no creyeron en las propuestas que esos partidos les ofrecían. Esa en todo caso puede haber sido una de las causas de que Vox tuviera los votos suficientes según el sistema electoral español, pero no es la razón de que exista. Vox ya existía dentro de las filas del Partido Popular, aún más que Podemos dentro de los partidos de izquierda. Si Cuba tuviera un proceso de transición hacia la democracia, seguramente los partidos más representativos llevarían dentro lexemas ideológicos sembrados y cultivados durante 60 de Revolución, de la misma manera que fuera de la isla puede verse una enorme parte de la población cubana portadora de esos lexemas genéticamente trascendidos.

Por otro lado, si no fuera por la mala dicción política, Vox representaría un papel menos incorrecto políticamente, y tendría más cercanía con los presuntos votantes. En realidad, algunas de sus demandas denigradas por “fachas” no lo son ni tanto, y son apoyadas por personas que se dicen a sí mismas de izquierda. Por ejemplo, la defensa de las fiestas tradicionales que incluye la de los toros, la caza, la prioridad de lo nacional, la condena del nacionalismo independentista, la aplicación de medidas contra la inmigración (indiscriminada), la oposición al aborto, el cambio de la ley de violencia de género, la equiparación de todas las fuerzas de seguridad y la legalización del uso de armas de fuego. Estas demandas podrán considerarse de mal gusto, incluso discriminatorias, pero no hay ninguna que atente contra la democracia, sus instituciones y poderes. Los votos de Vox, a pesar de que por ahora son menos, tienen más valor que los de otros partidos que abarcan todo el territorio nacional, pueden ser decisivos para ganar la presidencia y, además, están personalizados porque son demandas de cosas que están en peligro por la acción de otros partidos, influyen en determinados individuos que se sienten aludidos, mientras que la apelación de los otros partidos va dirigida a los sueños y deseos. Las demandas de Vox son tangibles, la gente sabe de lo que hablan porque forma parte de sus experiencias. Es mucho más movilizador el mensaje que reclama cuidar lo que se puede perder que aquel que alude a lo que no se conoce, aunque se quisiera o necesitara. Te lo explico mejor, un partido que movilice prometiendo más empleo es menos sensible de ser votado que otro como Vox que pide resguardar cosas que han perdido o temen perder, el primero promete algo que ni siquiera sabe poder llegar a cumplir, pero Vox reclama el voto para evitar algo que ya tienes o que está amenazado. Si hacemos paralelos, podríamos acercar el discurso del miedo del gobierno cubano al de Vox. El cubano no se moviliza por lo que le prometen, sino por el temor a perder lo poco que tienen, en ese sentido es paralizador. El miedo tiene un poder moldeador y movilizador que paraliza en su doble efecto de acción-reacción, me muevo en una dirección para que no se mueva nada.

No me preocupa Vox en sí mismo. Si nos ponemos a comparar con el otro radical, pero de izquierdas, Podemos, me preocuparía más por los “podemitas”, porque estos sí ponen en cuestión la democracia y además tienen un argumentario perfectamente estructurado teóricamente. Sin embargo, no siento preocupación por ninguno de los dos extremos, la democracia tiene una insólita capacidad de absorción y unos atributos de resiliencia; es la inteligencia, el talento y la honestidad de los políticos lo que me preocupa.

 

¿Cree que la aparición de las nuevas fuerzas políticas, rompiendo la dicotomía PP-PSOE, devuelva el interés por la política a las generaciones del postfranquismo, usualmente tenidas por “pasotas”?

 

No son los partidos, sus contradicciones y antagonismos, los que están devolviendo el interés por la política a esas generaciones, sino los problemas que suscitan las políticas equivocadas para solucionar los nuevos retos de la globalización y la crisis mundial, además, y no menos importante, la mediocridad de los políticos, que cuando son incapaces de solucionar problemas o ver la causa de los mismos, apelan a motivos ideológicos y emocionales para ganar adeptos, fortalecer la fidelidad de los correligionarios y la simpatía de los votantes indecisos, creando nuevos problemas que en ocasiones enfrentan al electorado. Es un sistema perfectamente articulado y democratizado por las nuevas tecnologías y las redes sociales. España se ha convertido en un laboratorio, donde podríamos ver cómo las fuerzas políticas, mediante cultivos ideológicos, siembran el odio y segmentan la población con etiquetas, al estilo de las distinciones que se hacen en internet para destacar los contenidos para los motores de búsqueda. Los nuevos partidos lo que han hecho es crear sus propios cultivos en la insatisfacción generada por los políticos tradicionales con políticas y conductas erráticas, generando nuevos contenidos, nuevas etiquetas ideológicas donde no las había y una nueva moralidad como parte de esos contenidos. Eso tiene un riesgo enorme ya que la falta de resoluciones puede conducir una vez más a la banalización de esos contenidos, no se trata de que sean justos o injustos, sino de que la razón política se supedita a los mismos y deteriora la salud del sistema. Por poner un ejemplo, la memoria histórica propugnada por la izquierda como uno de esos contenidos que más han calado entre los ciudadanos, no se ha usado como un instrumento para hacer una crítica de la historia, sino para acentuar el papel de las víctimas como una razón de estado, esto es muy grave e irresponsable en un país donde las heridas de la guerra civil aún están abiertas. En realidad, es un problema que la política de estado ha creado ideologizando el victimismo y reivindicando la razón política con el pasado, cuando los verdaderos problemas y los que afectan más a la ciudadanía y su futuro están en otro lugar, como pueden ser las deficientes políticas territoriales, de estimulación de empleo, de inmigración, de distribución del PIB, de demografía, de educación y un largo etcétera. Para no alargarme, esos que fueron indiferentes o “pasotas” se han convertido en nuevos elementos de cultivo en los laboratorios políticos para ponerlos al servicio de las maquinarias partidistas.

 

Y para concluir este buceo en la actualidad política española, no puede faltar la referencia al Procés. ¿Qué piensa León De la Hoz del nacionalismo catalán? ¿Sería factible la proclamación de la República de Catalunya?

 

El Procés es uno de los más grandes montajes de contaminación ideológica y manipulación de los sentimientos que se haya conocido en la historia, y se ha producido con la complicidad del propio Estado español, ha sido una crisis forjada a lo largo de toda la democracia, basada en una política equivocada de correspondencia entre lo cualitativo y lo cuantitativo que tiene como base la política territorial, uno de los caballos de Troya de la distribución del poder a través de las Autonomías. La política solidaria de que quien más tiene da más al conjunto de la sociedad es una falacia en la actualidad, si bien es cierto que fue fundamental para el desarrollo del conjunto del país. Eso dio lugar a una serie de deformaciones que alentaron la corrupción política. El PIB debería ser solidariamente repartido mediante consenso y fiscalización de proyectos de desarrollo sobre la base de necesidades, eso, claro, llevaría a un cambio de la configuración autonómica y seguramente de la propia Constitución.

Los nacionalistas han desarrollado una política de victimismo, muy de moda entre los partidos nacionalistas y de izquierda, para negociar condiciones, algunas justas, otras electoralistas y muchas de ellas lesivas para la integridad de España, culpando a los gobiernos centrales de sus enfermedades. Pero el problema real no es el nacionalismo en una España mal vertebrada, sino el nacionalismo independentista. El nacionalismo en sí mismo no es dañino para la unidad, si no compromete la unidad de la diversidad mediante la enajenación que produce la victimización frente a un sujeto que en este caso es el Estado español. Esa política, llevada a la sociedad mediante los medios autonómicos de comunicación y la educación, ha terminado creando una ideología independentista en una parte de la población que pide la separación del Estado español. El nacionalismo catalán no es un problema y es sano el cuidado y preservación de la identidad que no tiene porqué diluirse, sino que es parte de la riqueza del Estado español, lo que pasa es que ese nacionalismo ha sido tomado como una espada para atacar con motivos políticos a un enemigo que se ha creado el independentismo y ese enemigo es el resto de España. Esa política de los independentistas ha ido conformando un sentimiento anticatalán en algunos segmentos de la sociedad, muy larvado todavía, que no logra distinguir entre los políticos independentistas y las propias víctimas catalanas que fueron a votar en las elecciones que un presidente irresponsable y cobarde convocó antes de fugarse, y que provocó la aplicación del artículo 155 de la Constitución y la consiguiente intervención del Estado español de las funciones autonómicas, y que ahora tiene en el banquillo de los acusados a varios de los responsables de aquel Procés.

Ni es factible, ni legal, ni justa la proclamación de una real República de Catalunya. El Estado español tiene las herramientas legales previstas en la Constitución para evitarlo y con ello impedir un antecedente inadmisible para cualquier Gobierno responsable de su integridad territorial y jurídica. Los independentistas lo saben, pero, conformado como ideología del victimismo, el independentismo utiliza unos dados falsos para continuar con un juego muy peligroso, que mantiene al pueblo catalán en una realidad ilusoria que les da vida política y mediante la cual se sostienen los unos a los otros. No hay nada que sostenga mejor a un pueblo unido que la ilusión del peligro y del enemigo que amenaza con quitarle lo que tiene, ya sea lo material o lo inmaterial. Es el ideologema común de las ideologías dictatoriales y extremistas de derecha e izquierda. Por cierto, aunque Cuba está lejos de esta contingencia peninsular, sí ha jugado un papel destacado en los inicios del independentismo catalán que se remonta a la importante presencia catalana en la isla antes y después de 1898. Se podría decir que Cuba es la cuna del independentismo catalán, incluso antes de que su fundador, Francesc Macià, estuviera en la isla en 1928 y fundara el partido que más tarde sería Esquerra Republicana. En 1898 la bandera independentista ondeó por primera vez en Santiago de Cuba.

Alejandro Langape

Ingeniero. Narrador y ensayista. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Reside en Villa Clara.

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