Inés Casal Enríquez, profesora universitaria cubana, autora en medios independientes y una de las voces cívicas que en los últimos años acompañó con especial cercanía a las nuevas generaciones de cubanos, falleció el 11 de agosto de 2026 en La Habana, a los 77 años. Su muerte provocó numerosos mensajes de despedida entre familiares, antiguos alumnos, artistas, periodistas e intelectuales.
Para Árbol Invertido fue también una lectora cercana y constante. Seguía las publicaciones del medio en las redes sociales, comentaba con frecuencia, replicaba contenidos en su propio muro y se hacía eco de denuncias y causas. Ese vínculo tenía además una dimensión familiar: su hijo, el artista visual e historiador del arte Julio Llópiz-Casal, ha sido nuestro colaborador con trabajos de opinión gráfica, entrevistas y otras contribuciones sobre arte, sociedad y política cubana.
El 20 de junio de 2024, al comentar en Facebook una publicación de Árbol Invertido sobre el título de "Mujer de Ciencia" concedido a Lis Cuesta durante un congreso celebrado en La Habana, escribió:
"Ese congresillo (y sus eventos) solo se conoce en países como Cuba. El prestigio que pudieron haber tenido lo han ido perdiendo por anteponer ideologías y política a la ciencia. Ese reconocimiento es puro papel."
La crítica tenía un significado particular viniendo de una mujer que había dedicado más de tres décadas de su vida profesional a la enseñanza universitaria de la Química.
En otras ocasiones utilizaba las publicaciones de Árbol Invertido para amplificar reclamos cívicos. El 26 de mayo de 2025 compartió en su muro un texto sobre la visita del escritor Otilio Carvajal al preso político José Gabriel Barrenechea en la prisión La Pendiente, en Santa Clara. Inés añadió su propio llamado:
"¡No dejemos solo a José Gabriel, como hicimos con Zoila! Al menos, hagamos visible su caso y gritemos por él. Al menos en las redes."
Casal perteneció a una generación que creyó en la revolución cubana, participó activamente en sus instituciones y, después de un largo proceso de revisión personal, terminó enfrentándose públicamente al régimen al que había dedicado buena parte de su vida.
La profesora y sus alumnos
Nacida en un entorno rural de Matanzas, en la Finca Orbeta, en el municipio Los Arabos, Inés fue la sexta de siete hermanos. Su familia se trasladó a La Habana en 1956 y ella acabaría convirtiéndose en la primera profesional universitaria de su familia. En 1966 matriculó la Licenciatura en Química en la Universidad de La Habana y, aunque reconocería después que había llegado a esa carrera casi por casualidad, durante sus estudios descubrió una vocación que conservaría durante toda su vida: enseñar.
Desde segundo año fue alumna ayudante. Al graduarse comenzó a trabajar como profesora en la propia Facultad, donde permaneció durante más de tres décadas, hasta su jubilación. La investigación, reconocía, nunca fue lo que más la atraía. Lo suyo era el aula. Contó en una entrevista concedida a Amilkar Feria Flores y publicada por Alas Tensas en marzo de 2024:
"Pararme en un aula frente a un grupo de jóvenes deseosos de aprender fue mi mayor incentivo para superarme."
Pero de aquella experiencia no recordaba únicamente la enseñanza de la química: valoraba especialmente haber mantenido con sus alumnos una relación "leal y franca", incluso cuando sus ideas eran discrepantes y menos ortodoxas. Ese contacto con generaciones más jóvenes sería decisivo para su evolución política:
"Ellos también me ayudaron a despertar y siempre se los agradeceré."
De creer en la revolución a "no quedarme callada nunca más"
Inés nunca ocultó su propio pasado. Perteneció a la Unión de Jóvenes Comunistas y posteriormente pasó al Partido Comunista de Cuba. Desempeñó responsabilidades sindicales, partidistas e institucionales en su facultad y llegó a definirse como una "modesta protagonista" del proceso revolucionario.
Tampoco intentó reconstruir retrospectivamente aquella etapa para presentarse como una disidente desde el principio. En la entrevista con Alas Tensas fue explícita:
"A fuerza de ser honesta puedo decir que fui una más en una masa adoctrinada que se dejó llevar por un líder carismático que nos convenció de que estábamos haciendo las cosas a nuestra manera, aunque en realidad las estábamos haciendo a la suya."
Su decepción, explicó, comenzó lentamente durante la década de 1980 y se profundizó con el derrumbe del campo socialista. Después llegó el silencio: callar para evitar problemas y pedir también a sus hijos que lo hicieran. Lo resumió con una frase que terminaría dando título a la entrevista:
"El desencanto de haber entregado la vida entera a una mentira, la tristeza de comprender lo equivocados que estuvimos."
Inés situó la ruptura definitva entre los acontecimientos decisivos el Movimiento San Isidro, la sentada del 27 de noviembre de 2020 (27N) frente al Ministerio de Cultura. Entre ellos estaba su hijo Julio Llópiz-Casal. Declaró a Alas Tensas:
"Si tuviera que hablar de un punto de inflexión tal vez sería ese, el momento en el que supe que yo también era culpable de aquello que estaba sucediendo y solo me quedaba un camino: no quedarme callada nunca más."
Y no volvió a callarse.
"Mi hijo no es terrorista, Fernando, y tú lo sabes"
Uno de sus pronunciamientos públicos más recordados ocurrió en diciembre de 2020, cuando escribió una carta pública al entonces viceministro de Cultura Fernando Rojas, en medio de la campaña oficial de descrédito y criminalización contra artistas y creadores independientes.
No se dirigía a un desconocido. Había trabajado durante años con los padres de Rojas en la Universidad de La Habana y apeló precisamente a esa historia común para pedirle que interviniera ante la ofensiva propagandística contra los jóvenes. En la carta recordó también su propia militancia comunista y el proceso mediante el cual había dejado de creer en la revolución:
"Mi hijo, Fernando, no es terrorista, y tú lo sabes."
Su oposición al régimen cubano no nació, según su propio relato, de un acontecimiento aislado, sino de una acumulación de decepciones, conversaciones, lecturas y experiencias personales.
Escribir contra el miedo
En sus últimos años, Inés trasladó esa voz también a los medios independientes. Publicó en El Estornudo textos de memoria personal y reflexión política como Mi única esperanza, Mi Periodo Especial y La pequeña historia de mi vecina y su hija.
En este último regresó a un episodio ocurrido cuando todavía era profesora y militante del PCC: el veto político contra una joven que aspiraba a estudiar Medicina. Décadas después interpretó aquel recuerdo como parte de su propio tránsito desde la aceptación del sistema hacia su cuestionamiento:
"Todos tenemos una parte de culpa. ¿Pediremos perdón alguna vez?"
Su mirada sobre Cuba fue haciéndose cada vez más severa. En la entrevista con Amilkar Feria habló de la destrucción del país, la miseria, la pérdida de valores, la indiferencia ante el sufrimiento y las familias de cubanos "asesinados, presos, torturados". Mantenía una certeza:
"Yo no logro visualizar el fin de esta dictadura de seis décadas. Pero hay algo que no me pueden quitar y es la seguridad, más que la esperanza, de que ese momento llegará."
"Seguimos, ahora de nuevas formas"
Tras conocerse su muerte, Julio Llópiz-Casal rememoró en sus redes sociales uno de sus primeros recuerdos conscientes. Se veía tumbado en una cuna, bajo el techo de la casa familiar en Santos Suárez, La Habana, cuando Inés entraba en su campo visual con su sonrisa "luminosa" y le hacía una pregunta inesperada para un niño:
"¿Qué tú piensas de la Vida?"
"He rememorado en bucle sepetecientas veces ese recuerdo en las últimas horas", escribió Julio. Imaginó que entonces habría respondido con una sonrisa de bebé y confesó que, tantos años después, aun teniendo palabras para contestar aquella pregunta, prefería hacerlo de la misma manera, "con la misma sonrisa".
Su despedida dibujó también a la madre que permanecía detrás de la profesora, la mujer crítica y la presencia cívica que conocieron tantos cubanos en sus últimos años:
"Ha sido hermoso llegar hasta aquí especialmente porque tu dulzura nunca me dejó solo, porque me enseñaste a valorar mejor esta Vida nuestra y porque me diste las fuerzas que bastan para luchar contra los lados oscuros y para poner a salvo los tesoros que Dios nos da."
El periodista Mario J. Pentón lamentó igualmente su muerte y dijo que extrañaría:
"Sus comentarios acertados y filosos contra la dictadura, así como la ternura que ponía en defender a los jóvenes y a quienes deseamos una Cuba libre."
El comunicador Mag Jorge Castro la recordó como "siempre lúcida y certera" y vio en ella:
"El reflejo de las madres que acompañaron a una generación de cubanos valientes que decidieron no guardar silencio."
El periodista y opositor Reinaldo Escobar Casas recordó que seguía con atención las publicaciones de Inés Casal en Facebook y la describió así:
"Siempre equilibrada, valiente, aguda."
Esa combinación de firmeza y ternura fue también la Inés Casal que Árbol Invertido encontró durante años al otro lado de sus publicaciones: leyendo, comentando, compartiendo y haciendo suyas muchas de las causas que aparecían en nuestras páginas.
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