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Opinión | Cuba futura: ¿poder o servicio?

"Un servidor público debe ganar, cultivar, sostener e incrementar su autoridad moral. El poder sin autoridad moral es burocracia, funcionariado, oportunismo, modo de buscarse la vida, y enseguida se le reconoce, se le transparenta."

Estatua de la República en el Capitolio de La Habana. Escultor: Angelo Zanelli.
Estatua de la República en el Capitolio de La Habana. Escultor: Angelo Zanelli.

Seguimos en la reflexión sobre el futuro de Cuba que ya está aquí. Hoy quisiera tocar un tema tan polémico y tan ambicioso como es el del poder. El poder puede ser político, económico, mediático o religioso, entre otros.

No debemos confundir poder con autoridad moral. Como los clásicos, debemos aprender a distinguir la potestas de la auctoritas, es decir, saber diferenciar la potestad del cargo de la autoridad moral ganada por la persona con su conducta y trayectoria. Veamos los conceptos...

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Potestas y auctoritas

Potestas: "es el poder que se posee simplemente por ostentar un cargo jerárquico. Si un directivo ostenta solo este grado de poder, las personas no le obedecen a él, sino a su cargo, independientemente de quién lo ocupe, su poder durará lo que su posición en el mismo. La persona que solo ostente este tipo de poder obtendrá la sumisión de sus subordinados, pero nunca ganará su respeto". (Posadas, I. 2012. Liderazgo: potestas vs auctoritas).

Auctoritas: "es la cualidad por la que una persona se hace merecedora del respeto y la admiración de sus semejantes a través de la demostración continuada de experiencia, conocimiento y denotadas habilidades personales. El directivo que tiene auctorictas lleva una vida de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio y de conocimiento que le hacen merecedor del honor de ser escuchado". (Ídem).

El poder como servicio

En ambos casos, debemos añadir la cualidad del servicio. En efecto, el que ejerce cualquier tipo de poder debe ejercerlo como servicio, como servicio concreto y puntual a las personas más cercanas, es decir, su equipo, su empresa, su comunidad, y como servicio al bien común, que se entiende como la búsqueda y construcción de las condiciones generales, leyes, estructuras, sistemas y recursos que permitan a los ciudadanos tener una vida digna y próspera.

Frase de Rafael Almanza sobre la Democracia
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El aspirante a desempeñar un servicio público debe integrar varias dimensiones: el espíritu, la capacidad, la calidad y la universalidad. Todo servidor público que aspira a una potestad, un poder, o lo ostenta, es para servir. Y los ciudadanos debemos conocer estas dimensiones que nos permiten evaluar su potestad como servicio. El poder sin espíritu y capacidad de servicio es autoritarismo, dictadura o tiranía. 

¡Cuidado no volvamos a chocar con la misma piedra! Hay que conocer, evaluar y sopesar bien estas cualidades en el futuro próximo. El que aspira al poder político, económico o religioso debe comenzar por revisar si tiene, cultiva y desarrolla estas cuatro dimensiones.

Además, y sobre todo, un servidor público debe ganar, cultivar, sostener e incrementar su autoridad moral. El poder sin autoridad moral es burocracia, funcionariado, oportunismo, modo de buscarse la vida, y enseguida se le reconoce, se le transparenta, aun antes de trepar al poder.

Autoridad moral

El servidor público que aspira a ganar en autoridad moral debe poseer, cultivar e incrementar las seis cualidades mencionadas en la definición citada arriba: experiencia, conocimientos, habilidades demostradas, trabajo, esfuerzo y sacrificio. Sin una de estas cualidades no se puede cultivar la autoridad moral que es un atributo espiritual, interior, ético, que no puede improvisarse, ni inflarse en el currículum, ni divulgarse en las redes.

Busto de José Martí (obra de Jilma Madera) sobre el Pico Turquino.
Busto de José Martí (obra de Jilma Madera) sobre el Pico Turquino. | Imagen: Amilkar Feria Flores

Los ciudadanos debemos conocer estas seis cualidades para poder evaluar la autoridad moral de los candidatos al poder como servicio. Si alguna de estas falla o está ausente, entonces la autoridad se reduce al ejercicio del poder como fuerza o disciplina administrativa, sin ninguna reserva moral ni ética profesional. ¡Tengamos mucho cuidado al discernir, al evaluar, al elegir a un candidato, o a un cargo directivo cualquiera! 

No vaya a ser que nos guiemos por su hablar, por su carisma, por su renombre, por su imagen, o por su impacto mediático. Recordemos historias pasadas y recientes, sin autoridad moral, sin espíritu y capacidad de servicio, y sin consistencia interior demostrada, volveremos a chocar con la misma piedra.

Propuestas

No todos servimos para la política partidista, ni para administrar el poder económico, pero todos los ciudadanos cubanos sí podemos o debemos prepararnos para poder participar en la política cívica aprendiendo a utilizar estas herramientas para elegir, votar y evaluar a los candidatos o a las propuestas para ejercer el poder. Para ello, podríamos guiarnos por estas preguntas sencillas:

  1. ¿Esta persona es merecedora del respeto y la admiración de sus semejantes a través de la demostración continuada de su experiencia, su conocimiento y sus denotadas habilidades personales?
  2. ¿Esta persona lleva toda una vida de trabajo, de esfuerzo, de sacrificio y de conocimiento que le hacen merecedor del honor de ser escuchado, elegido y votado para que sea un buen servidor público?
  3. ¿Esta persona, en su forma de vivir, de expresarse y de relacionarse, trasluce un ansia de poder, de figurar, de postureo, o por el contrario, ha demostrado su vocación de servidor, su estilo de trabajo, sus métodos y su trayectoria como servidor público?

En resumen, alguien que aspire legítimamente a ocupar cargos de responsabilidad en el futuro de Cuba debe reunir: autoridad moral, capacidad y formación para ejercer el poder, y vocación de servicio.

Guarda estas otras preguntas junto con las de la columna anterior, puede que te sirvan en un futuro muy próximo o quizá ya, ahora mismo. Compártelas con tus amigos y conocidos. Es parte de la muy necesaria educación ética y cívica, sin la cual no hay democracia.

Cuba merece una democracia de calidad.

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Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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