La temprana muerte del diseñador Claudio Sotolongo Menéndez a inicios de 2026, genera tristeza entre la comunidad artística e intelectual cubana. Fallecido a causa de un infarto, es recordado por sus alumnos, colegas de las artes visuales, y activistas culturales debido a su prolífico trabajo como diseñador, profesor y autor de varios libros investigativos sobre el cartel cubano.
Su trabajo visual se caracterizó por explorar las conexiones entre imagen, memoria colectiva y espacio urbano. Como él mismo definió:
Me interesan los procesos de recopilación y archivo de imágenes y cómo estos moldean nuestra memoria colectiva. Trabajo en entornos citadinos prestando especial atención a los procesos que conforman el paisaje urbano: desde la arquitectura hasta el vandalismo.
Esta aproximación dio origen a proyectos como el libro Vándalos o poetas visuales: ejercicios de poder ciudadano en la Roma contemporánea (Editorial UH, 2019), resultado de sus residencias artísticas en la Real Academia de España en Roma entre 2016-2017 y 2019-2020, donde documentó expresiones de inconformidad social a través del graffiti, pegatinas y stencil arte. Este texto obtuvo el Premio Roma (Beca del Gobierno francés) en ambas convocatorias, hace una lectura crítica de las manifestaciones visuales urbanas como formas de resistencia ciudadana.
Su producción cartelística alcanzó reconocimiento internacional: fue galardonado con el Premio Coral al mejor cartel en el 40 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por Últimos días de una casa, y sus obras fueron seleccionadas en bienales de Varsovia, Lublin, Trnava, Gwangju (Corea del Sur), Perú y Bolivia. Sus carteles forman parte de colecciones como la Margaret Herrick Library, UCLA, el Center for the Studies of Political Graphics, el Center for Cuban Studies de Nueva York y el Museum für Gestaltung de Zúrich.
Labor curatorial y editorial: constructor de genealogías
Hijo de la profesora Lázara Menéndez, Sotolongo, se graduó del Instituto Superior de Diseño (ISDi) en 2006 y obtuvo una Maestría en Gestión e Innovación del Diseño en 2010. Su carrera se desarrolló simultáneamente en varios campos: docente en el ISDi entre 2006 y 2011, profesor de Historia del Diseño en la Universidad de La Habana desde 2011, diseñador editorial en la Dirección de Publicaciones Académicas de esa institución, y creador sostenido de carteles para el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) desde 2004.
La dimensión curatorial e investigativa de Claudio Sotolongo resultó tan significativa como su creación visual. Fue coautor de Ciudadano cartel, junto a Sara Vega y Alicia García (Ediciones ICAIC, 2011), y Soy Cuba, el cartel de cine en Cuba después de la Revolución, con Carole Goodman (Trilce Ediciones, 2011). Ambos textos constituyen referencias fundamentales para comprender la evolución del diseño gráfico cubano en las últimas décadas.
Entre sus últimas exposiciones destacan Elogio de la simplicidad (2024), retrospectiva dedicada a Félix Beltrán en la Galería Habana, que posteriormente llevó a España y Panamá, y La segunda casa, homenaje al centenario de Oscar Morriña en el Museo Nacional de Bellas Artes. Apenas el 27 de diciembre de 2025 participó como expositor en HB2025, Arte Cubano Contemporáneo, en la Galería Habana. Al momento de su muerte trabajaba en el diseño gráfico de la obra danzaria Siempre vuelvo, visitaciones a Belkis Ayón, de la compañía Rosario Cárdenas, programada para estrenarse el 16 de enero de 2026.
Las despedidas: reconocimiento humano y profesional
Sotolongo falleció en La Habana a los 43 años el 1 de enero de 2026. Su muerte generó una ola de reacciones entre amigos, colegas y alumnos. Varias personas despidieron desde las redes a Sotolongo, tanto por la amistad que les unía, como por su obra. La activista Lara Crofs, publicó un mensaje que resonó ampliamente:
Ante la muerte, incluso cuando fuimos buenos amigos pero las ideas nos separaron, corresponde el silencio respetuoso y la humanidad. No es momento de ajustes de cuentas ni de balances políticos. La muerte pone un límite donde termina la disputa y comienza lo esencial.
Crofs reconoció que Sotolongo formaba parte de “una generación de intelectuales que creyó —con convicción, con fe o con disciplina— en un proyecto que prometió justicia y terminó dejando demasiadas heridas abiertas”. A pesar de que sus miradas “nunca coincidieron, ni sobre el poder, ni sobre la libertad, ni sobre el papel del intelectual frente al dolor real de la gente”, concluyó:
Era un tipo chévere, un buen ser humano, con una historia, una familia y afectos que hoy lo lloran.
La comunicadora Yuliet Teresa, desde una proximidad distinta, compartió:
Ayer, justo ayer, Claudio Sotolongo me mandó un audio. Me deseaba felicidades. Se reía de esas postales de feliz año nuevo que no dicen nada y lo dicen todo. Diseñó mi primer libro de poesía. Fue conspirador. Fue cómplice. Lo hizo suyo. La noticia de su muerte es un golpe seco en el cuerpo. De esos que no dejan marcas visibles pero desordenan todo por dentro.
Los integrantes del Estudio Galería La Marca, con quien Sotolongo colaboró desde sus inicios, escribieron:
Su obra, su pensamiento y su presencia forman parte de nuestra historia. Los buenos tiempos se empeñan en recordarnos que ya nada es igual, pero también que lo vivido deja huella.
Sotolongo trabajó sobre la memoria visual urbana, documentando expresiones efímeras que el tiempo y el poder borraban sistemáticamente. Esa misma tarea archivística —preservar lo que tiende a desaparecer— adquiere ahora dimensión biográfica.