En los años 1940, los estudios Disney trabajaron en una ambiciosa serie de películas animadas inspiradas en América Latina, parte de la Política del Buen Vecino impulsada por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Esta estrategia cultural buscaba fortalecer lazos con los países latinoamericanos y contrarrestar la influencia del Eje nazi-fascista (Alemania, Italia y Japón) en la región.
De ese esfuerzo nacieron Saludos Amigos (1942) y Los tres caballeros (1944), producciones que combinaban animación con segmentos inspirados en Brasil, México, Argentina y otros países del continente. Pero pocos saben que Disney tenía en mente un tercer largometraje en el que Cuba sería protagonista.
El regreso de Disney a La Habana
La conexión de Walt Disney con Cuba no era nueva. En 1931 había visitado la capital cubana durante unas vacaciones, hospedándose en el Hotel Nacional y quedando fascinado por la música de la isla, particularmente la percusión de rumbas, tambores y congas que grabó en los barrios habaneros.
El animador visitó La Habana por primera vez durante unas vacaciones para recuperarse de una crisis nerviosa que había sufrido tras el agotamiento del trabajo en sus primeros éxitos cinematográficos. Se hospedó en el Hotel Nacional —donde hoy la habitación 445 lleva su nombre en su honor— y quedó profundamente impresionado por la vitalidad musical de la ciudad.
Durante esa estancia, Disney recorrió los barrios de La Habana con una grabadora portátil, capturando rumbas de solar, toques de tambor y congas que descubrió en las calles y patios de la capital cubana. Esas grabaciones dejaron una huella duradera en su sensibilidad artística y plantaron la semilla de lo que, trece años después, se convertiría en un proyecto ambicioso: llevar Cuba a la pantalla animada.
Trece años después, en octubre de 1944, Disney regresó a La Habana, pero esta vez con un objetivo profesional: su equipo llegó a la isla para recabar material cultural, ilustraciones y fotografías destinadas a un nuevo proyecto animado. En esas reuniones con funcionarios y artistas locales se acordó la creación de un personaje representativo de Cuba.
El proyecto cubano
Los bocetos conceptuales describen a este personaje —apodado informalmente "The Cuban Caballero"— como un gallo cubano similar al mexicano Panchito Pistoles. La trama planteaba que el Pato Donald y José Carioca viajarían por La Habana, visitando mercados, plantaciones de caña de azúcar y escenas de carnaval, con música caribeña como banda sonora.
Las ilustraciones preliminares incluían referencias visuales a cigarros, instrumentos de percusión y celebraciones del carnaval cubano, elementos que debían formar parte central de la narrativa.
¿Por qué se canceló?
El proyecto nunca llegó a concretarse por tres razones principales. Primero, Los tres caballeros tuvo una recepción comercial y crítica inferior a lo esperado, lo que desanimó al estudio para continuar la saga latinoamericana. Segundo, el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 reabrió los mercados cinematográficos europeos que habían estado cerrados, reduciendo la urgencia de centrarse exclusivamente en el público latinoamericano. Tercero, Disney optó por volver a enfoques más tradicionales y globales en sus producciones posteriores.
Aunque la película sobre Cuba nunca se rodó, dejó rastros en archivos, bocetos y testimonios de animadores e historiadores del estudio. Algunos de los elementos ideados para ese filme —música y conceptos visuales— terminaron dispersos en otros proyectos de la época, aunque sin referencia directa a Cuba.
El paso de Disney por la isla y otros países latinoamericanos tuvo influencia en la representación de culturas en títulos posteriores y contribuyó a una mayor visibilidad de personajes como José Carioca, que sí llegó a la pantalla como representante de Brasil.
Un capítulo de diplomacia cultural
Lo que hoy puede leerse como una curiosidad histórica es en realidad un ejemplo de cómo la industria del entretenimiento y la diplomacia cultural se entrelazaron durante momentos decisivos del siglo XX. La propuesta de una película de Disney centrada en Cuba habría anticipado décadas de fusiones culturales entre el cine animado estadounidense y escenarios caribeños.
La anécdota ilustra cómo las decisiones corporativas se ven afectadas por factores globales: política internacional, mercados cinematográficos y recepción del público. La cinta que no fue deja una ventana a una Cuba imaginada desde los estudios Disney, un país caribeño tan influyente en cultura musical y visual que pudo haber tenido un héroe animado propio.
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