ÍNDICE
- MEMORIAL DE UN TESTIGO
-
Claves de lectura
- Gastón Baquero: "Hay una repetición interior tan molesta y tan visible en mis poemas"
- Matías Montes Huidobro y Yara González: "Refinado y humano a la vez"
- Pío E. Serrano: "El encantamiento del lenguaje"
- Efraín Rodríguez Santana: "Uno de los pilares sobre los que se asienta el sistema de invención de Gastón Baquero."
- Carmen Ruiz Barrionuevo: "Asociación insólita y sorpresiva"
MEMORIAL DE UN TESTIGO
I
Cuando Juan Sebastián comenzó a escribir Cantata del café,
yo estaba allí:
llevaba sobre sus hombros, con la punta de los dedos,
el compás de la zarabanda.
Un poco antes,
cuando el siñorino Rafael subió a pintar las cameranas vaticanas
alguien que era yo le alcanzaba un poquito de blanco sonoro
bermejo,
y otras gotas de azul virginal, mezclando y atenuando,
hasta poner entre ambos en la pared el sol parido otra vez,
como el huevo de una gallina alimentada con azul de Metilene.
¿Y quién les sostenía el candelabro a Mozart,
cuando simboliteaba (con la lengua entre los dientecillos de ratón)
los misterios de la Flauta y el dale que dale al Pajarero
y a la Papagina?
¿Quién con la otra mano, le tendía un alón de pollo y un vasito
de vino?
Pero si también yo estaba allí, en el Allí de un Espacio escribible
con mayúsculas,
en el instante en que el Señor Consejero mojaba la pluma de ganso
egandino,
y tras, tras, ponía en la hojita blanca (que yo iba secando con
acedera meticulosamente)
Elegía de Marienbad, amén de sus lágrimas.
Y también allí, haciendo el palafrenero,
cuando tuvo que tomar de las bridas al caballo del Corso
y echar a correo Waterloo abajo. Y allí, de prisa, un tantito
más lejos, yo estaba
junto a un hombre pomuloso y triste, feo más bien y demasiado
claro,
quien se levantó como un espantapájaros en medio de un
cementerio, y se arrancó diciendo:
Four score and seven years ago.
Y era yo además quien, jadeante, venía (un tierno gramo de ébano
corre por las orillas de Manajata)
de haber dejado en la puerta de un hombre castamente erótico
como el agua,
llamado Walterio, Walterio Whitman, si no olvido,
una cesta de naranjas y unos repollos morados para su caldo,
envío secretísimo de una tía suya, cuyo rígido esposo no consentía
tratos
con el poco decente gigantón oloroso a colonia.
II
Ya antes de todo tiempo yo había participado mucho. Estuve
presente
(sirviendo copas de licor, moviendo cortinajes, entregando
almohadones, cierto, pero estuve presente),
en la conversación primera de Cayo Julio con la Reina del Nilo:
una obra de arte, os lo digo, una deliciosa anticipación del
psicoanálisis y de la radioactividad.
La reina llevaba cubierta de velos rojos su túnica amarilla,
y el romano exhibía en cada uno de sus dedos un topacio
descomunal, homenaje frustrado
a los ojos de la Asombrosa Señora. ¿Quién, quién pudo engañarle
a él, azor tan sagaz, mintiéndole el color de aquellos ojos?
Nosotros en la intimidad le decíamos Ojito de Perdiz y Carita
de Tucán,
pero en público la mencionábamos reverentemente como Hija
del Sol y Señora del Nilo,
y conocíamos el secreto de aquellos ojos, que se abrían grises con
el albor de la mañana,
y verdecían lentamente con el atardecer.
III
Luego bajé a saltos las escaleras del tiempo, o las subí, ¡quién
sabe!
para ayudar un día a ponerse los rojos calzones al Rey Sol
en persona
(la música de Lalande nos permitía bailar mientras trabajábamos):
y fui yo quien en Yuste sirvió su primera sopita de ajos al Rey,
ya tenía la boca sumida, y le daba cierto trabajo masticar el pan,
y entré luego al cementerio para acompañar los restos de Monsieur
Blas Pascal,
que se iba solo, efectivamente solo, pues nadie murió con él
ni muere con nadie.
¡Ay las cosas que he visto sirviendo de distracción al hombre
y engañándole sobre su destino!
Un día, dejadme recordad, vi a Fra Angélico descubrir la luz
de cien mil watios,
y escuché a Schubert en persona, canturreando en su cuarto
la Bella Molinera.
No sé si antes o después o siempre o nunca, pero yo estaba allí,
asomado a todo
y todo se me confunde en la memoria, todo ha sido lo mismo:
un muerto al final, un adiós, unas ceniza revoladas, ¡pero no
un olvido!
porque hubo testigos, y habrá testigos, y si no es hombre será
el cielo quien recuerde siempre
que ha pasado un rumoroso cortejo, lleno de vestimentas
y sonatas, lleno de esperanzas
y rehuyendo el temor: siempre habrá un testigo que verá
convertirse en columnilla de humo
lo que fue una meditación o una sinfonía, y siempre renaciendo.
IV
Yo estuve allí,
alcanzándole su roja peluca a Antonio Vivaldi cuando se disponía
a cantar el Dixit,
yo estuve allí, afilando los lápices de Mister Isaac Newton, el de
los números como patitas de mosca,
y unos días después fui el atribulado espectador de aquel médico
candoroso
que intentaba levantar una muralla entre el ceñudo
portaestandarte Cristóbal Rilke
y la muerte que él, dignamente, se había celosamente preparado.
Sobre los hombros de Juan Sebastián,
con la punta de los dedos, yo llevaba el compás de la zarabanda.
Y no olvido nunca,
guardo memoria de cada uno de los trajes de fiesta del Duque
de Gandía, pero de éstos,
de estos rojos tulipanes punteaditos de oro, de estos tulipanes
que adornan mi ventana,
ya no sé si me fueron regalados por Cristina de Suecia o por
Eleonora Duse.
Claves de lectura
“Memorial de un testigo” fue publicado por primera vez en 1966, en Madrid, en el libro homónimo de Ediciones Rialp, dentro de su colección Adonáis (nro. 240). En 1960 Gastón Baquero (1914—1997) publicó en la revista Cuadernos Hispanoamericanos (nro. 127, julio de 1960, pp. 20—37) sus Poemas escritos en España, pero Memorial de un testigo fue el primer grupo de poemas publicadas como libro por el ensayista, periodista y poeta cubano —miembro del grupo Orígenes— tras marcharse de Cuba por su oposición directa al régimen de Fidel Castro y pasar al exilio en España, donde vivió hasta su muerte.
El periodista español Luis Antonio de Villena escribió sobre su intempestiva partida de la isla en el artículo "Gastón Baquero, magias de verso y cultura" de 2008:
"Cuando la Revolución de Castro triunfó y él estuvo y se manifestó naturalmente en contra, supo que el Che Guevara lo iba a citar en su despacho. Otro día me contó que sabía también que esa cita (que no llegó) hubiera sido su fin, así es que con lo puesto y protegido por tres embajadores —entre ellos el de España—, a mediados de marzo de 1959, Gastón Baquero, el intelectual poderoso, tomó un avión en La Habana rumbo a Madrid."
Memorial de un testigo marca uno de los momentos centrales de la poesía del exilio de Baquero, en que su voz lírica consolida una meditación sobre la memoria, el desarraigo y la trascendencia histórica. Es uno de sus poemas y libros más estudiados.
Alfonso Ortega Carmona, director de la Cátedra de Poética Fray Luis de León, en el Prefacio a Poesía completa (1935—1994), publicado en la Colección Obra Fundamental de Salamanca: Fundación Santander Central Hispano, D.L., 1995, apuntó:
"Poeta de tres mundos, como certeramente se ha llamado a Gastón Baquero, supo vincular a la luz de su vida interior el vigor telúrico de su remoto origen africano, en cuya magia se percibe el ritmo de los tambores de la selva..., de cuando las fuerzas del hombre eran fuerzas gloriosas, mientras se revela la exuberancia vital, fulgurante en la perla de las Antillas, donde abrió sus ojos... y me sentí cercado por un resplandor de oro: /algo venía precedido de músicas, de pájaros verdes, de jazmines,/ abiertos a la luna, y se eleva en tierras hispanas su visión cultural de Europa a una asombrosa síntesis poética. Con estos tres mundos, renacidos en la luz de su espíritu, Gastón Baquero es ya posesión nuestra para siempre, como de toda obra perfecta afirmó el historiador Tucídides. De toda la suya son Magias e invenciones síntesis, símbolo y realidad deslumbrantes."
Gastón Baquero: "Hay una repetición interior tan molesta y tan visible en mis poemas"
Ante todo, estoy harto de la monotonía de mis poemas. Hay una repetición interior tan molesta y tan visible en mis poemas, que no puedo soportar la relectura de cualquiera de ellos. Se cambia un poco el traje, el adorno, pero el maniquí, el esqueleto, es el mismo. Veo que en el fondo, "Palabras escritas en la arena", es el mismo poema que "Memorial de un testigo" o que "Manuela Sáenz baila con Garibaldi el rigodón de la despedida". Estoy metido en un agujero, en una prisión, de la que no puedo, o no sé, escapar. Ortega tenía razón al decir: "Nacer es caer preso de un contorno inexorable". Esto lo veo como una humillación de la naturaleza a la inteligencia. Una victoria de la fisiología sobre la estética.
Felipe Lázaro (entrevistador): Conversación con Gastón Baquero, Editorial Betania, Madrid, 1987.
Matías Montes Huidobro y Yara González: "Refinado y humano a la vez"
Lo cotidiano se mezcla con lo mágico, particularmente dentro de un plano histórico… El testigo anónimo parece por momentos la permanencia; es la figura que se mueve de un contacto humano a otro: Juan Sebastián Bach, Rafael, Mozart, Waterloo… De ese modo Gastón Baquero se vuelve refinado y humano a la vez.
Matías Montes Huidobro y Yara González, Bibliografía crítica de la poesía cubana (Exilio: 1959–1971), Plaza Mayor Ediciones, Nueva York, 1972.
Pío E. Serrano: "El encantamiento del lenguaje"
Desde su llegada a España exiliado en 1959, Baquero recupera la palabra poética y así, en 1966, da a conocer su Memorial de un testigo. Lejos de cultivar el desencanto y el resentimiento, sus poemas se inscriben en el encantamiento del lenguaje y elaboran un sorprendente espejo que lo devuelve en una lúdica y maravillosa lucidez expresiva, inversa geometría de la gravedad tonal que se hace severa en sus primeros poemas. Obra escrita desde la madurez vital y emocional del autor, no se puede asegurar que alcanzara en ella el momento culminante de su poesía. Desde la sombra poderosa de su primera obra, su escritura puede permitirse la opulenta humildad de desconocer el progreso, esa distracción. Si éste no es un texto superior a sus anteriores escritos no lo es por depreciación actual, sino por el desbordamiento, la saturación anterior.
Pío E. Serrano: "Gastón Baquero o el reino de lo incondicionado", Quimera, nro. 160, julio-agosto de 1997.
Efraín Rodríguez Santana: "Uno de los pilares sobre los que se asienta el sistema de invención de Gastón Baquero."
k) Proliferación de los pares relacionables de Memorial de un testigo serán profusos y permanentes. Pares opuestos sólo en su especificidad, ya que serán perfectamente intercambiables, deslizantes a uno y otro lado de sus fronteras significativas. Es este procedimiento uno de los pilares sobre los que se asienta el sistema de invención de Gastón Baquero.
3. Baquero ya es muy consciente de que el hombre se enfrenta por igual, y a veces con la misma crudeza, al enigma y la nada. Que la sustancia del ser humano está religada a algo superior, o está condenada al vacío. La poesía sirve para poner en relieve tales dicotomías, y por esa función excepcional es que ha valido y valdrá. Es por ello que este poeta es nuestro contemporáneo. La poesía, el poema, el poeta, ante su principal materia de creación: el caos.
Efraín Rodríguez Santana: “La primera mirada. Apuntes de un lector deslumbrado”, Encuentro de la Cultura Cubana, nro. 2, otoño de 1996.
Carmen Ruiz Barrionuevo: "Asociación insólita y sorpresiva"
Pero parece evidente, si se lee cronológicamente la poesía de Gastón Baquero, que los procedimientos poéticos que consolidan su estilo y que nos interesan para marcar la presencia de la música en sus versos, se manifiestan a partir de Memorial de un testigo de 1966. Un libro que fue publicado en Madrid en la prestigiosa colección Adonáis, y en el que articula los mejores recursos al recuperar personajes y hechos del pasado entretejidos mediante el dinamismo verbal de un "testigo" que posee, como cotidiana existencia, por su facultad de traspasar el túnel del tiempo, el don de lo poético. Aquí cada poema nace con su forma, el versículo produce el propio impulso rítmico del poeta, por eso cada uno de los poemas tiene un ritmo y sus versos no se ajustan a una medida preestablecida. El primer poema, del mismo título que el libro, “Memorial de un testigo” presenta la asociación insólita y sorpresiva de figuras y hechos evocados, rescatados de los pasados siglos que se asocian, en una amalgama de fantasía y humor, con el sujeto poético que centraliza el itinerario. Así llega a diseñar un itinerario culturalista que reúne a la poesía y las otras artes, recreando mediante una provocadora parodia las referencias del archivo cultural de occidente: Bach, Rafael, Mozart, Napoleón, Whitman, Cleopatra, el Rey Sol, Fra Angélico, Schubert, Vivaldi, entre otros. Es este un poema que aglutina muchos de los temas obsesivos de Baquero y que irá desarrollando en los poemas sucesivos. Entre esos nombres, en sus cuatro apartados, menudean los músicos, pero también Napoleón, Cleopatra, Fra Angélico, Rilke, Cristina de Suecia y Eleonora Duse.
Carmen Ruiz Barrionuevo: "Música y ritmo en la poesía de Gastón Baquero. La música de este vocablo extraño". Conferencia de clausura del XVII Encuentro de Poetas Iberoamericanos, “Palabras del inocente”, dedicado al centenario de Gastón Baquero. Salamanca, España, 13 de octubre de 2014.
Regresar al inicio