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Poesía cubana | Poemas de Manuel García Verdecia: “Mantén viva la sangre de la afrenta”

Todavía hoy siento una suerte de aprensión en declararme poeta. La considero una palabra con un patrimonio tal de sabiduría y sensibilidad que la respeto mucho, ha comentado Manuel García Verdecia.

Pintura de Max Ernst, "La corriente de Humboldt"
"La corriente de Humboldt". Pintura de Max Ernst.

¿cuándo acabaré de acontecer?

Giro en torno de Dios, antigua torre,

giro hace miles de años.

          R. M. Rilke, Vivo mi vida en círculos crecientes

¿cuándo acabaré de acontecer?

he vivido con esta lanza en el costado

¿acaso no he aprendido nada en la penosa caminata?

en la intemperie ¿estoy inevitablemente solo?

¿de qué vale saber que otro también anhela y se fatiga?

la soledad es condición del que busca

del que intenta su propio cielo 

el que anticipa la hoguera urgido por su anhelo

deseo que no se resuelve en llamas

paso por estas avenidas 

enjambre en el mareo del ruido y el engaño

están confundidos me digo ¿están?

¿y yo? ¿sostengo la certeza   pájaro escurridizo?

vértigo   carrusel para los sentidos

opio legitimado del tráfago

exorcizar la cordura

andar   andar  andar

embriagarse embriagarse embriagarse

no ver no oír no hablar

agarrar firme las hojas del rábano

o el clavo ardiente

último salvavidas

postergar

construimos un escenario movible y pintoresco

festejamos la gloria la resistencia

el porvenir por venir   pozo sin fondo

cien volando y la mano en ascuas

salud señor de Cawdor

salud señor Macbeth

ya está listo el brebaje

¿lo quiere para beber aquí o para llevarlo a la cama?

abro una puerta cualquiera y salgo

pero allí donde dirija mis pasos 

me persigue la noche y sus puñales

¿no hay cera para taponar?

¿no hay atajo hacia el claro?

ah la gangosa voz del oráculo me infarta

el tiempo no es un fajo de hojas que se zafan

se tiran y se reemplazan con nuevos dígitos

pasan de boca en boca la nueva regla

al César lo que es del César

lo nuestro es la opera

meterse en el personaje

repetir   insistir  refinar la puesta

si non e vero al menos pasa 

y mientras lo virtual se hace cotidiano

me desnudo y corro al agua   a lo hondo del monte

¿lo que asumo debes asumir?

vivo sin vivir en mí 

pero no muero porque no puedo

quiero ver de nuevo el curso de las aguas

así no me detengo ando y ando

giro en torno a Dios empecinadamente

durar no es frutecer

moverse no es acercarse al puerto

pero adormece las ansias y acalla los sentidos

¿cuándo acabaré de acontecer? 

¿celebración?

hoy es día marcado por la gente

como el fin de año

que se supone da paso a que otro nazca

robusto y pleno de augurios benéficos

como si el tiempo fuera un ser

sujeto a las edades   el caducar   la expiración

y no sustancia que sencillamente es

sin nacimiento ni muerte

sin miramiento ni deferencia por quienes lo transitamos

igual que cada nacimiento convoca este celebración

todos se aprestan al jolgorio que asumen por felicidad

preparan asados y licores 

con que embriagarse de entusiasmos

que cada inicio de año prenden 

y luego lentamente se apagan

con el soplo de la severa realidad

no tengo nada que celebrar

pues todo ha sido una sucesión de derrotas

y con aquellos que quisiera hacerlo

no los alcanzo al otro extremo de mi anhelo             

han marchado en pos de entusiasmos más a mano 

la pobreza es un gran amedrentador

sobre todo cuando los logreros la ceban para medrar

así que al no haber nada por qué festejar

miro a todos lados y como no hallo refugio

me abrazo a mí mismo

y me digo que al menos hay alguien

que me acompañe hacia la muerte.

la sangre de la afrenta

mantén viva la sangre de la afrenta

la pedrada que te asedió

el mote que te persiguió

el bando donde te crucificaron

mantén viva la sangre pisoteada 

no la dejes sellar por el olvido

no permitas que duerma en la fatiga

que no la suture la oportuna anuencia 

serena el miedo   que no te discipline

no te enredes en dádivas ni trampas confortables 

saben quién eres y todo gesto aquiescente 

será gozoso trallazo para el domador

punza tu sangre vilipendiada

recuerda cada puerta de tu ansia clausurada

lo que podías que no pudiste al serte vedado

tus mejores años cocinados a lenta negación

mantén viva la sangre de la afrenta

ella te hará volver de entre los muertos

será tu fuerza para decir

no estaré con ellos

no seré como ellos

nos prometieron una puerta

nos prometieron una puerta

tablas pintadas bellamente color absoluto

abría dijeron al jardín de los perpetuos frutos de oro

al fondo se advertían proféticas luces

tenaces soles que enceguecían con dulzura

era el fulgor de tanto oro inagotable

decían

nos tiraba una música de flautas y estribillos

y avanzamos deseosos

sin detenernos para abrir sombrillas de cautela

caminamos dormidos bajo la promisoria luz

los cantos nos alzaban   y bajaban briznas lisonjeadas por el remolino 

al hombre siempre lo extravía el entusiasmo del ciento volando allá en el 

                                  alto azul que está por venir a él

fuimos cantando como eximidos del juicio final

para no hastiarnos de la larga marcha —más allá 

            decían más allá      pronto verán   decían— 

mientras nos asediaba el paisaje fatigosamente lunar

aprendimos alabanzas

aprendimos la mordida defensiva

aprendimos la cera para los oídos

a sortear la aridez por entre espinos aprendimos 

de vez en vez un sorbo insulso inventarnos una sombra

ah breve pausa que refresca en olvido

nube que borra para recomenzar como el terco mar 

y de nuevo al camino cantando —el hombre no marcha sin estribillos—

vivimos el temblor y la caída

vivimos la huida y el espasmo

y en la espalda quemaba el fuego de la espada

sofocaba el olor a chamusquina

pero la fuerte luz diluye las formas en una penumbra radiante

dudábamos si veíamos el jardín de oro o el fulgor del desierto

desde la puerta no desisten las alabanzas

y nuestros ojos se han dañado tras la luz

queda el consuelo de poder alzar siquiera un pie tras otro

nos prometieron una puerta

y caminamos caminamos caminamos caminamos 

dónde está la puerta 

dónde está oh Dios el jardín

se escuchan solo pasos acallados

por una rancia música de flautas y estribillos


Sobre la obra de Manuel  García Verdecia,  la poeta y traductora argentina Paulina Vinderman ha expresado: 

Manuel García Verdecia, este Odiseo contemporáneo, nos recuerda que el poema es, ante todo, experiencia humana, hecha lenguaje. Abraza al mundo pero lo abraza con lucidez, con sabiduría, en su totalidad. Este mundo al que hemos sido arrojados con furia y llanto, con un tatuaje en los párpados de misterio y de misión, que debemos explorar desde el principio de los principios. García Verdecia sabe conjurar el dolor con la belleza y riqueza de su lenguaje fulgurante, barroco y emotivo, gracias a la autenticidad de su génesis.

El autor ha dicho en una entrevista con Alex Fleites: 

“Todavía hoy siento una suerte de aprensión en declararme poeta. La considero una palabra con un patrimonio tal de sabiduría y sensibilidad que la respeto mucho. Los primeros textos compartidos y el visto bueno de los compañeros, más que certeza, me infligieron un compromiso. Creo que el momento en que ya acepté este destino fue cuando tuve el Premio de la Ciudad en poesía con mi cuaderno Incertidumbre de la lluvia, en 1993. La letra impresa no solo nos desnuda ante el mundo, haciéndonos ganar decoro y responsabilidad, sino que alza una espada de fuego que indica un camino de no retorno.”                                                                         

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Manuel García Verdecia

Manuel García Verdecia

(Cueto, Holguín, Cuba, 5 de octubre de 1953) es poeta, narrador, traductor, editor y crítico cubano, máster en Historia y Cultura Cubana y licenciado en Lengua Inglesa, con una trayectoria reconocida por el Premio Nacional de Edición (2002), el Premio Nacional de Novela José Soler Puig (2007), el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal (2007) y el Premio Nacional de Poesía La Gaceta de Cuba (2008); entre sus libros publicados figuran los ensayos La consagración de los contextos (1986) y La mágica palabra (1991), los poemarios Incertidumbre de la lluvia (1993), Hebras (2000), Meditación de Odiseo a su regreso (2001), Saga de Odiseo (2006), Camino a Mandalay (2008) y Hombre de la honda y de la piedra (2009), los volúmenes de cuentos Travesías (2004), Música de viento (2005), El código Manderrán (2017) y Las pericas renovadas (2018), así como las novelas El día de La Cruz (2008), La pasión según Gregorio Samsa (2011) y Manao tupapau, el espíritu de los muertos (2015).

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