¿cuándo acabaré de acontecer?
Giro en torno de Dios, antigua torre,
giro hace miles de años.
R. M. Rilke, Vivo mi vida en círculos crecientes
¿cuándo acabaré de acontecer?
he vivido con esta lanza en el costado
¿acaso no he aprendido nada en la penosa caminata?
en la intemperie ¿estoy inevitablemente solo?
¿de qué vale saber que otro también anhela y se fatiga?
la soledad es condición del que busca
del que intenta su propio cielo
el que anticipa la hoguera urgido por su anhelo
deseo que no se resuelve en llamas
paso por estas avenidas
enjambre en el mareo del ruido y el engaño
están confundidos me digo ¿están?
¿y yo? ¿sostengo la certeza pájaro escurridizo?
vértigo carrusel para los sentidos
opio legitimado del tráfago
exorcizar la cordura
andar andar andar
embriagarse embriagarse embriagarse
no ver no oír no hablar
agarrar firme las hojas del rábano
o el clavo ardiente
último salvavidas
postergar
construimos un escenario movible y pintoresco
festejamos la gloria la resistencia
el porvenir por venir pozo sin fondo
cien volando y la mano en ascuas
salud señor de Cawdor
salud señor Macbeth
ya está listo el brebaje
¿lo quiere para beber aquí o para llevarlo a la cama?
abro una puerta cualquiera y salgo
pero allí donde dirija mis pasos
me persigue la noche y sus puñales
¿no hay cera para taponar?
¿no hay atajo hacia el claro?
ah la gangosa voz del oráculo me infarta
el tiempo no es un fajo de hojas que se zafan
se tiran y se reemplazan con nuevos dígitos
pasan de boca en boca la nueva regla
al César lo que es del César
lo nuestro es la opera
meterse en el personaje
repetir insistir refinar la puesta
si non e vero al menos pasa
y mientras lo virtual se hace cotidiano
me desnudo y corro al agua a lo hondo del monte
¿lo que asumo debes asumir?
vivo sin vivir en mí
pero no muero porque no puedo
quiero ver de nuevo el curso de las aguas
así no me detengo ando y ando
giro en torno a Dios empecinadamente
durar no es frutecer
moverse no es acercarse al puerto
pero adormece las ansias y acalla los sentidos
¿cuándo acabaré de acontecer?
¿celebración?
hoy es día marcado por la gente
como el fin de año
que se supone da paso a que otro nazca
robusto y pleno de augurios benéficos
como si el tiempo fuera un ser
sujeto a las edades el caducar la expiración
y no sustancia que sencillamente es
sin nacimiento ni muerte
sin miramiento ni deferencia por quienes lo transitamos
igual que cada nacimiento convoca este celebración
todos se aprestan al jolgorio que asumen por felicidad
preparan asados y licores
con que embriagarse de entusiasmos
que cada inicio de año prenden
y luego lentamente se apagan
con el soplo de la severa realidad
no tengo nada que celebrar
pues todo ha sido una sucesión de derrotas
y con aquellos que quisiera hacerlo
no los alcanzo al otro extremo de mi anhelo
han marchado en pos de entusiasmos más a mano
la pobreza es un gran amedrentador
sobre todo cuando los logreros la ceban para medrar
así que al no haber nada por qué festejar
miro a todos lados y como no hallo refugio
me abrazo a mí mismo
y me digo que al menos hay alguien
que me acompañe hacia la muerte.
la sangre de la afrenta
mantén viva la sangre de la afrenta
la pedrada que te asedió
el mote que te persiguió
el bando donde te crucificaron
mantén viva la sangre pisoteada
no la dejes sellar por el olvido
no permitas que duerma en la fatiga
que no la suture la oportuna anuencia
serena el miedo que no te discipline
no te enredes en dádivas ni trampas confortables
saben quién eres y todo gesto aquiescente
será gozoso trallazo para el domador
punza tu sangre vilipendiada
recuerda cada puerta de tu ansia clausurada
lo que podías que no pudiste al serte vedado
tus mejores años cocinados a lenta negación
mantén viva la sangre de la afrenta
ella te hará volver de entre los muertos
será tu fuerza para decir
no estaré con ellos
no seré como ellos
nos prometieron una puerta
nos prometieron una puerta
tablas pintadas bellamente color absoluto
abría dijeron al jardín de los perpetuos frutos de oro
al fondo se advertían proféticas luces
tenaces soles que enceguecían con dulzura
era el fulgor de tanto oro inagotable
decían
nos tiraba una música de flautas y estribillos
y avanzamos deseosos
sin detenernos para abrir sombrillas de cautela
caminamos dormidos bajo la promisoria luz
los cantos nos alzaban y bajaban briznas lisonjeadas por el remolino
al hombre siempre lo extravía el entusiasmo del ciento volando allá en el
alto azul que está por venir a él
fuimos cantando como eximidos del juicio final
para no hastiarnos de la larga marcha —más allá
decían más allá pronto verán decían—
mientras nos asediaba el paisaje fatigosamente lunar
aprendimos alabanzas
aprendimos la mordida defensiva
aprendimos la cera para los oídos
a sortear la aridez por entre espinos aprendimos
de vez en vez un sorbo insulso inventarnos una sombra
ah breve pausa que refresca en olvido
nube que borra para recomenzar como el terco mar
y de nuevo al camino cantando —el hombre no marcha sin estribillos—
vivimos el temblor y la caída
vivimos la huida y el espasmo
y en la espalda quemaba el fuego de la espada
sofocaba el olor a chamusquina
pero la fuerte luz diluye las formas en una penumbra radiante
dudábamos si veíamos el jardín de oro o el fulgor del desierto
desde la puerta no desisten las alabanzas
y nuestros ojos se han dañado tras la luz
queda el consuelo de poder alzar siquiera un pie tras otro
nos prometieron una puerta
y caminamos caminamos caminamos caminamos
dónde está la puerta
dónde está oh Dios el jardín
se escuchan solo pasos acallados
por una rancia música de flautas y estribillos
Sobre la obra de Manuel García Verdecia, la poeta y traductora argentina Paulina Vinderman ha expresado:
“Manuel García Verdecia, este Odiseo contemporáneo, nos recuerda que el poema es, ante todo, experiencia humana, hecha lenguaje. Abraza al mundo pero lo abraza con lucidez, con sabiduría, en su totalidad. Este mundo al que hemos sido arrojados con furia y llanto, con un tatuaje en los párpados de misterio y de misión, que debemos explorar desde el principio de los principios. García Verdecia sabe conjurar el dolor con la belleza y riqueza de su lenguaje fulgurante, barroco y emotivo, gracias a la autenticidad de su génesis.”
El autor ha dicho en una entrevista con Alex Fleites:
Regresar al inicio“Todavía hoy siento una suerte de aprensión en declararme poeta. La considero una palabra con un patrimonio tal de sabiduría y sensibilidad que la respeto mucho. Los primeros textos compartidos y el visto bueno de los compañeros, más que certeza, me infligieron un compromiso. Creo que el momento en que ya acepté este destino fue cuando tuve el Premio de la Ciudad en poesía con mi cuaderno Incertidumbre de la lluvia, en 1993. La letra impresa no solo nos desnuda ante el mundo, haciéndonos ganar decoro y responsabilidad, sino que alza una espada de fuego que indica un camino de no retorno.”