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Recomendaciones | Presidio político en Cuba desde 1959: la literatura como testimonio del horror

Cuatro libros fundamentales —de Huber Matos, Armando Valladares, Pierre Golendorf y María Elena Cruz Varela— reconstruyen el horror de las cárceles castristas. Sus páginas muestran el poder de la memoria como testimonio  liberador.

Libros sobre el presidio político
Imagen: Árbol Invertido

“Nel mezzo del cammin di nostra vita 

 mi ritrovai per una selva oscura,

 ché la diritta via era smarrita”.

Dante Alighieri. Verso primero del Inferno.

El presidio político ha sido relatado en múltiples memorias, pero quienes mejor lo han plasmado son, sin duda, los escritores. Fiódor Dostoyevski, en La casa de los muertos, y Aleksandr Solzhenitsyn, con su obra monumental Archipiélago Gulag, ofrecen dos ejemplos esenciales vinculados a las purgas políticas del siglo XIX y XX.

En Cuba, esa tradición de la escritura como testimonio del cautiverio y la represión no se interrumpe. José Martí, desde su propio presidio, dejó un registro íntimo y luminoso de lo que significa la cárcel política en carne propia. Más adelante, Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro, aunque no centrado en la dimensión política, anticipa un modelo carcelario que la dictadura moldearía con perversidad, llevándolo a un extremo todavía más siniestro: el presidio político negado durante años, las condenas disfrazadas bajo la etiqueta de “delincuentes comunes” y, como remate macabro, la inserción de prisioneros políticos en penitenciarías de máxima seguridad, compartiendo celdas con homicidas, violadores y asesinos. Una estrategia calculada para infligir tortura psicológica, obligando a hombres y mujeres sin delito real a convivir con las peores lacras humanas, reducidos a luchar por su supervivencia cotidiana.

Mi padre fue preso político, y muchas de las historias que hoy encuentro en los libros del presidio las he corroborado en sus propias anécdotas. El 20 de agosto de 2025, se cumplieron 29 años de su partida física —hecho del cual responsabilizo únicamente a la dictadura que tanto despreció—, quiero dejar esta reseña de cuatro libros que recorren cuatro momentos del presidio del horror, diseñado y perfeccionado con asesoramiento y perversidad por la dictadura más cruel y sanguinaria de América Latina: la de los Castro y sus secuaces. En estas obras se revelan las causas de procesos paralelos al encarcelamiento; los motivos por los cuales se hizo más énfasis en unos prisioneros que en otros; y, al leerlas en conjunto, obtenemos un prisma completo que permite reconstruir, a través de las causas, las condenas, los períodos y hasta las torturas, aquello que el castrismo quiso ocultar década tras década de la opinión pública. Y puedo asegurar que no se trataba solo de esconder la existencia del presidio político, sino de distraer a la sociedad para encubrir procesos todavía más turbios, más oscuros y perversos que los que los propios sicarios ejecutaban en las cárceles. Creo, por mi propia salvaguarda, que lo más prudente es dejarlo así, por el momento. Pero ahí están estos cuatro libros imprescindibles, que contienen casi todas las respuestas.

Los he seleccionado desde mi lectura como historiadora, siguiendo la evolución de los relatos hacia cotas cada vez más altas de horror, y valorando el grado de desgarramiento y dolor que me han causado. Y lo he hecho sin que medie —ni interfiera— mi condición de hija orgullosa del amigo de Eduardo Chibás, del masón incorruptible y del padre que, junto con mi madre, me crió en un hogar  privilegiado por su cultura, y me convirtió en una mujer libre. 

Cómo llegó la noche

Autor:  Huber Matos

Excomandante y Preso político Huber Matos
Imagen: Virginia Ramírez Abreu

Este libro narra la experiencia de Huber Matos, excomandante de la Sierra Maestra, quien fue condenado a veinte años de prisión por oponerse a la deriva comunista de la revolución cubana apenas nueve meses después del triunfo de Fidel Castro. Matos, declarado “preso plantado”, cumplió íntegramente su condena y posteriormente se convirtió en un activo opositor desde el exilio, hasta su fallecimiento en 2014.

A lo largo de su trayectoria, Matos se erigió como portavoz del sector anticomunista dentro del Movimiento 26 de Julio. Su preocupación por la infiltración comunista lo llevó a solicitar una reunión de la Dirección Nacional para abordar el tema. En sus cartas, expresó una firme oposición a los nuevos rumbos tomados por la revolución, señalando directamente a Raúl Castro y al Che Guevara como impulsores de un plan comunista paralelo.

El 20 de octubre de 1959, tras el nombramiento de Raúl Castro como Ministro de las Fuerzas Armadas, Matos presentó su renuncia junto a quince oficiales afines. Acusado de traición por Fidel Castro, fue arrestado por orden de Camilo Cienfuegos, quien, según Matos, mostró cierta reticencia. Matos enfrentó un “tribunal revolucionario” en La Cabaña y fue condenado en diciembre de 1959 a veinte años de prisión. A diferencia de otras personas acusadas en ese periodo, no recibió la pena capital, aunque Fidel Castro sostuvo que Matos planeaba un levantamiento armado, hecho que nunca se comprobó.

Este libro, producto de su larga meditación, no solo son las memorias de las vejaciones, torturas, negación de derechos como la atención médica, sino que estos relatos se van insertando en una verdadera historia de cómo los Castro llegaron al poder, de cómo eran tratados los prisioneros en la propia Sierra Maestra, con una crueldad sin precedentes, de los juicios populares, y va mezclando la crueldad suprema que sobre sí mismo se ejerció en las mazmorras del tirano, con una historia vivida en primera persona de lo que verdaderamente fue el Ejército Rebelde, los grandes asesinos como Raúl Castro y Ernesto Guevara. Representa la historia mejor contada y más fiel de lo que verdaderamente fue la Revolución Cubana y su ascenso al poder como terrorismo, además de ser posiblemente el primer testimonio escrito post 1959 sobre las condiciones de los presos, según la dictadura aceptara que estos existían o no.

— Huber Matos: Cómo llegó la noche, Edición Fábula / Tusquets Editores, Barcelona.

Contra toda esperanza: 22 años en el Gulag de las Américas

Autor: Armando Valladares

Armando valladares, expreso político
Imagen: Virginia Ramírez Abreu

Armando Valladares es un escritor cubano y exembajador estadounidense, quien trascendió a la opinión pública internacional como prisionero político y de conciencia, por sus 22 años en prisión y su carácter de opositor a la revolución cubana. Valladares fue encarcelado en diciembre de 1960, a los 23 años, acusado de realizar acciones terroristas con bombas tras el triunfo de los futuros dictadores, encabezado por los hermanos Castro. Pasó un total de 22 años en prisión. Valladares afirma que la causa había sido negarse a estampar en su escritorio de trabajo una calcomanía procomunista. Cualquier acto de libertad es motivo suficiente, aunque sea un gesto pequeño de defender tu espacio. Luego de que comenzara la campaña por su liberación, y después de que fuese catalogado por Amnistía Internacional como "prisionero de conciencia", las autoridades cubanas lo detuvieron bajo la acusación de amenazar la seguridad del Estado, describiéndolo como un traidor y afirmando que había sido un integrante de la policía secreta de Fulgencio Batista, presidente de la República de Cuba, a quien Fidel Castro y su ejército minoritario usurparon el poder tras años de terrorismo de guerrillas.

Armando Valladares no solo fue vejado y torturado, sino que, en su odio ciego a quien no se doblega, fue mancillado por la Seguridad Cubana, que lo pretendió humillar y asesinar su reputación de preso duro y de conciencia, porque estaba en silla de ruedas y lo filmaban haciendo ejercicios rehabilitadores en los baños, cosa que no implica que no tuviera dolores, sobre todo cuando leemos los métodos sofisticados o violentos para causar dolor en una mazmorra política cubana. Creo, sin lugar a duda, que este libro es el más escalofriante testimonio de las torturas físicas y las psicológicas, y cuánto dolor puede soportar un ser humano por no aceptar ser humillado o no someterse a un pensamiento que no comparte. No existe en las cárceles que narra Valladares ni un ápice de conmiseración, de empatía ni de misericordia. No existe un intervalo de recuperación cuando se infringe dolor. Es hasta el límite y, cuando se despierta, vuelve a comenzar. Desde ausencia total de luz por meses, un mes sin comer por no darle su comida, hasta la brutalidad más sofisticada y sangrienta, que solo imaginamos que existen en tiempos lejanos y países que desconocemos. Es un libro que te cala hasta el alma. Es una descripción de manual de lo que no se puede creer que le pueden hacer a un ser humano recluido, indefenso, débil, que no quebranta su idea ni su voluntad.

Presos políticos.
Presos políticos. | Imagen: Yulier P.

Aunque se cite en artículos “siempre según Valladares”, pues la inteligencia cubana lo intentó siempre desacreditar, puedo asegurar que es tan real como las copias manuscritas que su familia lograba sacar de la cárcel; se mecanografiaban y se distribuían a modo de fe de vida en un clandestinaje peligroso, de su libro de poemas Desde mi silla de ruedas. Un libro que una y otra vez circuló entre generaciones de intelectuales y del cual tengo un ejemplar dedicado y cuidadosamente guardado. Fue liberado en 1982 y se exilió en EUA. Fue, además, según sus propias palabras, uno de los amigos más cercanos del disidente Pedro Luis Boitel, asesinado por la dictadura. El entonces presidente estadounidense, Ronald Reagan, lo nombró embajador de los Estados Unidos en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Reagan le concedería, además, el máximo reconocimiento civil estadounidense: la Medalla Presidencial del Ciudadano. Aún vive y se mantiene como opositor activo.

— Armando Valladares: Contra toda esperanza: 22 años en el Gulag de las Américas. Plaza y Janés (1985).

7 años en Cuba. 38 meses en las prisiones de Fidel Castro

Autor: Pierre Golendorf

pierre-golendorf
Imagen: Virginia Ramírez Abreu

Un libro imprescindible, para entender que la dictadura cubana no comulgaba realmente con una ideología que no fuera el castrismo, al que disfrazó de un nuevo comunismo, donde se veían mil contradicciones, con una sola cosa clara. Cuba era y sería por siempre el coto privado de los Castro y sus más íntimos, y de aquellos que podrían representar un interés especial para Fidel y su fidelismo. No existen barreras diplomáticas ni respeto por la ciudadanía del visitante a la isla. Y si era intelectual, con pensamiento propio y trayectoria ideológica en el “comunismo” europeo, sería emboscado e incluso, y sin causa ni siquiera probable, encarcelado. Dejo una pregunta en el aire que creo que algún día podré responder. ¿Por qué Fidel Castro aniquiló el apoyo de los sectores más apegados a su supuesta ideología, fundamentalmente en Europa o radicados allí? ¿Qué escondía su aparente filiación al comunismo soviético? El libro de Golendorf puede ser la punta de la respuesta a estas interrogantes. Activista comunista francés, visitó Cuba en 1967, a través de una invitación del pintor Wifredo Lam. Regresó a la isla para el Congreso Cultural de La Habana (enero de 1968) y se instaló definitivamente en la isla, donde trabajó como fotógrafo para la revista Cuba Internacional, así como para Prensa Latina.

A raíz del “Caso Padilla” (1971), fue arrestado y permaneció en prisión en Cuba hasta 1974. Fue acusado de sustraer manuscritos de su amigo, el poeta Heberto Padilla, y de sacarlos de la isla. De vuelta a Francia, Golendorf se convirtió en una importante voz de la oposición francesa a la Revolución Cubana, en particular con la publicación de este libro, donde cuenta, con detalles, no solo su permanencia en la cárcel y lo que allí vivió. Nos da una descripción exhaustiva de cómo fue cercado, poco a poco, sin él mismo percatarse, con la intención de usar a Padilla como escarmiento, pues era el poeta más importante de su generación y uno de los escritores más sólidos del panorama literario cubano en el extranjero. Si condenaban a Padilla, que era reconocido, empezaría a ejercerse el terror y la conversión de menos afamados, pero más cobardes. Daban a entender al mundo que, si había que prescindir de un gran escritor, se haría. Pierre reconoce en el libro que, al ser encarcelado, estaba siendo usado y vigilado, para, a través de su imputación y seguimiento, dar más solidez a toda una serie de pruebas manipuladas, mucho antes de que ocurriera el enjuiciamiento de ambos. Golendorf fue un preso contra el cual nunca se presentaron pruebas reales y su arresto no se justificó solo por sacar manuscritos de Padilla, sino que se imputó por el único delito con que podían retener en prisión a un ciudadano extranjero que no viviera en Cuba: agente de la CIA. Fue encerrado primero en Villa Marista, y después desplazado por diferentes prisiones, incluida La Cabaña. Aclaro que en estos casos siempre existía un protocolo de imputación. (En el caso de mi padre, español, pero que siempre vivió en Cuba, fue una causa por desfalco, de la que nunca hubo pruebas. Cumplió 1 año y 6 meses y fue liberado por la presión de las logias masónicas y por la supuesta salida del país, que no se produjo, por poder salir solo él y no la familia.)

Golendorf ha contado cómo, a pesar de estar en la cárcel, de ver y de saber que a los presos cubanos se torturaba y muchas veces los sacaban de las galeras para no regresar, de que conoció a Armando Valladares, a él lo dejaban salir al aire, dejaban que le creciera el pelo, tomaba sol. Era como que, una vez expulsado de Cuba, como persona non grata, después de investigarlo, usarlo y mantenerlo 38 meses preso, quisieran que con él se exportara al mundo dos ideas: la primera, que el ala comunista de Europa no le interesaba al turbio proceso cubano, menos si los que iban eran intelectuales; y dos, que, en Cuba, aunque seas espía, no se maltrata ni se violentan los derechos humanos en las prisiones. Tal esa sí, que, al ser liberado, duró solo una noche en Cuba, pero retuvieron durante seis meses a su esposa e hija. (Él declaró que ya en Francia le advirtieron que si quería ver a su familia no hiciera una sola declaración). Nada de eso salió bien para la dictadura asesina. Tardó ocho meses en escribir el libro y fue publicado en 1977. Siendo el mejor testimonio del presidio político en los setenta. Al regresar a Francia fue expulsado del PCF. Este libro recorrió el mundo, advirtió de los desmanes de un proceso que era solo fachada, detrás de la que existía una dictadura que esclavizaba su pueblo, por la obra y gracia de un Fidel sin gloria real que lo acompañara. También desmontó la farsa que se cernió sobre Padilla, con la deserción de muchos, muchísimos intelectuales en el apoyo a Cuba, y reflejó el verdadero sentido de sometimiento, vejación y tortura de las cárceles en Cuba. Golendorf falleció en 2022, a los 102 años.

— Pierre Golendorf: Siete años en Cuba: 38 meses en las prisiones de Fidel Castro. Editorial Plaza y Janés, 1977.

Dios en las cárceles cubanas

Autora: María Elena Cruz Varela

Maria Elena Cruz Varela, expresionera política
Imagen: Virginia Ramírez Abreu

Este libro, desgarrador hasta romperte, es hasta hoy el único testimonio escrito y publicado de las mujeres que sufren el presidio político en Cuba. Aclaro que testimonio en prosa, porque el libro de la poeta presa política María Cristina Garrido, (Voz cautiva, Ediciones Deslinde, 2023 ), también es un duro testimonio en versos de lo que son las cárceles cubanas para las mujeres opositoras.  

María Elena Cruz Varela fue líder del movimiento disidente cubano Criterio Alternativo, que promovió en 1991 la conocida como Carta de los Diez, carta abierta a Fidel Castro de diez escritores cubanos en la que le solicitaban la democratización del régimen. Fue condenada por un tribunal cubano, después de un juicio sumarísimo, a dos años de cárcel. Su delito: disentir. Por órdenes expresas de Fidel, la arrestan tres días después de asediarla en su casa por inundar las calles de La Habana de octavillas que los miembros de su grupo habían preparado, contra la dictadura y a favor de la democratización del país. 

Cuando María Elena estaba siendo asediada en su casa, a la que cortaron la luz, el agua, la provisión de alimentos y cigarrillos, una de las participantes de este despliegue de protestas escritas estudiaba en mi facultad y, en el momento que voy a ascender las escaleras hasta mi aula, un compañero me retiene y me comenta: —Están haciéndole un juicio académico sumarísimo de expulsión de la Educación Superior a una alumna, porque fue una de las que dispersó las octavillas junto con la escritora opositora María Elena Cruz Varela.— Me quedé abajo y vi partir a la chica. Después, en una charla, nos contaron la versión distorsionada. Al poco me enteré del asedio y de que se le hizo a María Elena un juicio sumarísimo también, donde fue condenada a 2 años de cárcel por agente opositora. Salió de Cuba hacia España, al mismo tiempo que yo, en 1994. 

En el año 2001, encuentro en una librería, recién publicado, Dios en las cárceles cubanas, un libro testimonial, donde Cruz Varela cuenta brevemente lo que la llevó al presidio y, después de una cita de los primeros versos del Infierno de Dante, comienza un relato, donde ella se entrelaza con el testimonio de un sinnúmero de presas, sin ningún afán de protagonismo, aunque su relato es tan vívido, que muchas veces sentimos que eso que cuenta realmente o le pasó a ella o que tuvo que permanecer impotente, mientras violaban todo límite de tortura y vejación ante sus propios ojos. Cruz Varela, en un apartado, dice —profundamente rota pero segura— que antes de llevarla a la prisión por orden expresa y precisa de Fidel Castro, le rompieron la boca, tratando de hacerle tragar octavillas. Oía fuera de casa, a sus propios vecinos, por altoparlantes, gritarle improperios y una frase que quedó en mi memoria: “¡Compañera gusana, te vamos a fusilar!”

Poetas cubanos María Elena Cruz Varela y Ángel Cuadra.
María Elena Cruz Varela y Ángel Cuadra, dos poetas cubanos que sufrieron cárcel en la isla.

Advierto que la lectura de este libro es imprescindible, y también, si has vivido la represión, el asedio y el exilio y hoy en día aún piensas que existe una posibilidad de diálogo con un gobierno así, capaz de torturar tal y como aquí se cuenta, como dijera Dante, pierde toda esperanza o déjanos el camino libre para la lucha. Este libro te hace irreconciliable con cualquier exiliado o persona que aún se esconda en la excusa de hay que ayudar al pueblo, sin entender que ayudan única y exclusivamente a la dictadura más calculadora, menos social y más sanguinaria que ha existido. Leer lo que narra Cruz Varela es un viaje sin retorno, y un convencimiento, de que, a Fidel Castro y a sus torturadores, a sus violadores, a sus generales y a todos los que apoyaron y apoyan la dictadura, incluso desde el mismo meollo del pueblo, o desde un exilio rosadito, no les llegan tres vidas para ser juzgados y para cumplir su castigo. En este libro, por momentos hay que parar de leer, y casi todo el tiempo se lee llorando. Cada presa apaleada, metida en celdas con presas comunes con delitos de sangre, cada golpiza que sufrió María Elena y sus compañeras, cada desnudez impúdica ante sicarios, y la crudeza y la veracidad con que esta inquebrantable mujer lo cuenta, te hace sentir un pavor y una impotencia, una tristeza tan profunda, que es un libro para leer una sola vez y que, si no tienes el valor y la fuerza de María Elena es preferible morir, que caer en las manos de los carceleros políticos cubanos. Así lo sentí yo.

— María Elena Cruz Varela. Dios en las cárceles cubanas. Editorial: Martínez Roca S A Ediciones, 2001. 

 

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Virginia Ramírez Abreu

Virginia Ramírez Abreu

(La Habana, 1971) es Doctora en Historia, Historia del Arte y de la Música por la Universidad de Santiago de Compostela; experta en Arte Contemporáneo y de Género, investigadora y Profesora Titular de Antropología de la Cultura e Historia del Arte en la Escuela Superior de Artes Cinematográficas de Galicia. Ha escrito y producido más de cincuenta audiovisuales, ha realizado numerosos proyectos curatoriales, conferencias, programas radiales, trabajos educativos comunitarios e impartido cursos en universidades españolas. Textos suyos han aparecido en IN-CUBADORA, Hypermedia, Libélula vaga, revista Nagari, Letralia, Otro Lunes, Linden Lane Magazine, entre otras, y la editorial Verbum. Reside desde 1994 en la ciudad de Vigo, en Galicia, España.

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