Los héroes de hoy llevan sobre sí la doble vara de una sociedad dividida en peligrosas parcelas. Quien no sigue la línea obligatoria del régimen, no encontrará otro camino que la cárcel o el destierro.
El tablero donde se mueven las piezas de un ajedrez cada día más pragmático no es el mismo de años atrás. Apenas surge un rostro visible que emplace al viejo, decadente y corrupto sistema, aparece desde varios frentes una oleada de ataques y descrédito contra esa figura. Y mientras eso sucede, la dictadura se fortalece a través de sus habituales artimañas.
Pero la esencia continúa siendo pelear por la victoria. Sin embargo, en ocasiones la necesidad y el deseo imperioso por lograr un resultado, al menos parcial, nos llevan a equivocarnos.
La nación se desangra
La vida de los héroes es la vida de un pueblo que ha soportado demasiados procesos en sus 67 años: Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, Período Especial, Revolución Energética, Tarea Ordenamiento, aprobación y creación de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), así como cientos de engendros que lo único que lograron fue empobrecer más a los de siempre y enriquecer a los de siempre.
La nación se desangra y quien no baja la cabeza ante el vacuo discurso de los burgueses de turno, corre el peligro de convertirse en blanco de los francotiradores que, desde diferentes puntos y con todo el apoyo de la maquinaria propagandística y los "cibercombatientes", se disponen a actuar en manada. El campo de batalla de las redes sociales es similar a un matadero. Los elegidos para morir llevan la marca en su frente y disponen de pocas oportunidades de salvación.
He visto a jóvenes salir a reclamar sus derechos y horas después ser encarcelados y convertidos en muertos vivientes. Me duele verlos padecer por anhelar una vida mejor, donde se pueda elegir de manera democrática y segura el futuro de esta nación. Por más que lo intenten ocultar y desvíen la atención, ahí está ese foco de resistencia que se reinventa cuando muchos lo dan por muerto. Disentir, no tragarse la píldora envenenada, es el acto de valentía cuyo simbolismo supera con creces a la imagen desteñida de lo que desde esta autocracia pretenden imponer.
Descabezar a la oposición y convertir al rival en motivo de burla es parte del guion que, de tan conocido, no sorprende. El ataque sobrepasa la lógica humana, nunca la lógica de una bestia que no acaba de asumir su desteñimiento moral al usar como punta de lanza a personas que, en privado, se sienten usadas, pero ya es demasiado tarde para arrepentimientos. Artistas que durante años se ganaron el respeto del pueblo por su manera de reflejar las luces y sombras de Cuba, ahora, cuando apenas pueden levantar vuelo, decidieron sobrevivir con las migajas que el sistema les deja caer.
Ellos tuvieron un corazón y una obra. Ahora se proyectan como cuadros y agitadores políticos de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Pobres criaturas sin vergüenza. Pobres hijos de Saturno que serán devorados cuando menos lo esperen. Eso está al doblar de la esquina.
Los prisioneros políticos: humillación y martirio
Los prisioneros políticos son los héroes que pagan el precio de una nación reducida a la inmovilidad. Se pudren con la convicción de que su causa es la de millones de cubanos dentro y fuera, libres o cautivos. El trato hacia ellos ha sido y es humillante. ¿Quién no lo sabe? ¿Quién puede dudar a esta hora que muros adentro se cierne un infierno difícil de visualizar?
Ese infierno se alimenta cada día de jóvenes y no tan jóvenes, hombres y mujeres, hijos y nietos que decidieron salir a reclamar un derecho tan normal como el derecho a la vida y a la libre expresión. Pero las cosas no cambiarán de la noche a la mañana.
El adoctrinamiento al que se ha sometido a los hijos de esta tierra de héroes extiende sus conexiones y detecta con rapidez a quienes se salen de su radio de acción. El asunto está en no permitir que su irracional búsqueda de nuevas víctimas se extienda hacia nuestros hogares, hacia el núcleo familiar cansado de la politiquería barata y la vigilancia combativa de los colaboradores.
Los desterrados y los sometidos a una férrea persecución y linchamiento mediático continúan su lucha. Hay mucho dolor en sus historias y aspectos que a veces no salen a la luz por la pureza de sus ideales. Expulsiones de centros laborales, universidades y gremios artísticos son parte de las consecuencias por declararse en contra de la dictadura. No todos poseen la fortaleza para salir airosos de semejante embestida. Negarlo sería deshonesto.
Sin embargo, aún persisten diferencias entre los opositores al régimen de La Habana, que deberían limarse para bien de todos. Dejar a un lado los intereses personales resulta primordial. De lo contrario, esa propia división impedirá el objetivo que tantas vidas arrebató. Unidad es la palabra de orden y debe primar. La organización política es imprescindible. "Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae" (Lucas 11:17). Lo dijo Cristo y debería ser más que suficiente para dejar a un lado la competencia de egos y colocar en primer lugar la libertad de Cuba.
Basta de seguirle el juego macabro a los adoradores de ídolos. La situación irá de mal en peor. No esperen mejoría ni diálogo respetuoso ni cambio de estrategia. Nunca han cumplido sus promesas, ni ahora las cumplirán. Hicieron demasiado daño a los que se acercaron pacíficamente. Se lanzaron con furia sobre ellos y sus familias y eso causó una herida demasiado profunda en el cuerpo y en el alma. No puedo negar cuán duro será. No se avanzará por un camino lleno de rosas. Habrá espinas y bifurcaciones durante el trayecto. Pero valdrá la pena cada segundo de unidad.
Las lecciones de Ceauşescu
El documental Nicolae Ceauşescu: El Rey del Comunismo es una producción de BBC Mundo del año 2002, dirigida por Ben Lewis. Su realizador nos acerca al último dictador de Europa del Este, quien, junto con su esposa Elena, movió durante más de veinte años los hilos del poder en Rumanía mediante métodos comparables a los de Iósif Stalin. Lo hizo con mano de hierro y llevó a la ruina total la economía a través de métodos donde la mentira y el terror se dieron de la mano.
Su fin llegó como la caída de un edificio que parecía tener buena base, pero dicha base tenía demasiados agujeros. Ni las promesas de su último discurso impidieron que el pueblo hiciera justicia de manera fulminante. Al poco tiempo, la pareja que hizo y deshizo a su antojo fue fusilada después de un juicio sumario. No hubo diálogo. Llegar a ese final fue la explosión de todas las posibilidades. Fue la alternativa. No hubo otra. La Securitate ejercía un control estricto sobre los rumanos. Cualquier intento de tomar una dirección sospechosa era fatal.
En Cuba no hay posibilidad de establecer canales de comunicación. El diálogo ha sido desestimado porque sencillamente no hay argumentos que sostengan el relato que desde arriba intentan vender. Cuando ocurrió el 27N [27 de noviembre de 2020], la orden fue simular interés en escuchar el reclamo de los que protagonizaron la sentada frente al Ministerio de Cultura.
La simple presencia de personalidades como el cineasta Fernando Pérez hacía entrever que se podía establecer una conversación respetuosa. Pero no fue así. No hay forma de dialogar con quien pretende apoderarse de la razón a través de la intimidación y el uso de un lenguaje acusador y prepotente. Ni al ministro ni al viceministro ni a sus voceros les importó escuchar. Enseguida se lanzaron sobre la mayoría con la acusación estándar: mercenarios. Así actúa quien se sabe vencido por la verdad. Así ha sido siempre, aunque intenten darle un matiz diferente.
Cuando todas las puertas se cierran es porque quien está dentro no tiene ninguna intención de abrir. Se siente dueño de lo que le pertenece a todos. Entonces, ¿por qué tanta división que lo único que provoca es el debilitamiento de los que desde abajo anhelamos el cambio definitivo? Antes de responder, deberíamos pensar en los más de mil presos políticos que en este momento enfrentan largas condenas. Muchos no lograron salir con vida; otros están sometidos a un trato degradante. La dolorosa condición de esos cubanos debería ser motivo más que suficiente para bajarnos de ese pedestal que solo busca protagonismo.
Los héroes de hoy dejaron atrás la ingenuidad. Saben que la guerra es asimétrica y no hay margen de error. Delante de ellos están los que exigen más sacrificios y resistencia desde sus rones importados. Están los que algún día, cuando la debacle sea inevitable, intentarán escapar con las maletas llenas y el acceso total a cuentas millonarias en paraísos fiscales.
Los héroes de hoy, que no se pliegan ante las amenazas de la dictadura, lo único que esperan es la unidad de todos los factores. Entonces, cuando la libertad sea la verdadera protagonista, vendrá un tiempo de reconstrucción y refundación en el que cada ciudadano tendrá voz y voto, y donde Cuba renacerá de sus cenizas.
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