El Partido Comunista cubano (PCC) atraviesa una crisis interna que ya no logra ocultar. En una intervención pública, Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político, admitió ante las cámaras que la organización tiene dificultades para cubrir cargos de dirección. La referencia explícita a la necesidad de “tener las plantillas cubiertas” confirma un problema estructural: la falta de dirigentes en Cuba dispuestos a asumir responsabilidades dentro del aparato partidista.
La declaración apunta a un vaciamiento progresivo de la militancia activa. No se trata solo de escasez de cuadros, sino de desafección en el núcleo mismo del poder, en un contexto marcado por el éxodo, el desgaste institucional y la pérdida de legitimidad del PCC.
Ideología como único criterio ante la deserción
Lejos de apelar a la capacidad técnica o a la gestión, la dirección del partido insiste en la “firmeza ideológica” como principal requisito para ocupar los puestos vacantes. Morales Ojeda llamó a buscar personas dispuestas a “pelear con los problemas” y a “movilizar la voluntad”, fórmulas que revelan la precariedad de la estructura y la ausencia de incentivos reales para dirigir en un escenario de crisis prolongada.
El reconocimiento público proyecta una imagen clara: el partido único enfrenta dificultades crecientes para reproducirse como estructura de poder. La falta de dirigentes es un síntoma de un desgaste más profundo, en el que la obediencia ideológica ya no basta para sostener el control.
Quién es Roberto Morales Ojeda
Roberto Morales Ojeda ocupa una posición clave dentro del PCC: es uno de los responsables directos del funcionamiento interno del partido, la cobertura de cargos y el control de las estructuras territoriales. Desde esa función, supervisa la selección de dirigentes, la disciplina orgánica y la estabilidad del aparato en provincias y municipios.
Médico de formación, Morales Ojeda ha transitado por cargos relevantes del Estado y del Partido, incluido el Ministerio de Salud Pública y la vicepresidencia del Consejo de Ministros, antes de asumir tareas vinculadas al engranaje interno del poder. En los últimos años, su nombre ha sido mencionado en círculos políticos y mediáticos como una de las figuras con proyección dentro de la cúpula, en un contexto marcado por el relevo generacional fallido y la falta de liderazgos claros.
Precisamente por ese posicionamiento, su intervención ante las cámaras resulta significativa. Que sea una figura asociada al control interno —y señalada por algunos como posible sucesor de Miguel Díaz-Canel— quien admita la incapacidad del partido para cubrir sus propios cargos, refuerza la lectura de crisis estructural que atraviesa la organización..
El PCC también es responsable del colapso de Cuba
La falta de dirigentes en Cuba es consecuencia directa del modelo de poder del Partido Comunista. Durante décadas, la organización ha concentrado en sus estructuras la toma de decisiones económicas, administrativas y sociales, anulando los mecanismos de corrección interna y bloqueando cualquier proceso de renovación real. El resultado es un aparato que no solo pierde cuadros, sino que ha erosionado de forma sistemática la autonomía técnica y la rendición de cuentas.
En ese contexto, las recientes declaraciones de Miguel Díaz-Canel —en las que atribuye a la dirigencia partidista la responsabilidad de lo que “no funciona”— constituyen una admisión parcial de un problema estructural. El Partido no actúa solo como orientador ideológico, sino que interviene de forma directa y decisiva en áreas clave como la producción agrícola, el control territorial, las empresas estatales, la distribución de recursos y la disciplina social. Cuando esas áreas colapsan, el problema no es de gestión, sino de diseño del poder.
La insistencia oficial en “cambiar mentalidades” o “corregir desviaciones en las bases” elude el núcleo del problema: un partido que gobierna sin contrapesos, sin incentivos a la eficiencia y sin asumir costes por el fracaso. En ese marco, la crisis económica no es una anomalía coyuntural, sino la manifestación de un sistema fallido.
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