El régimen de la isla intentó enviar un mensaje de valentía y terminó provocando risa. Imágenes de maniobras y material militar vinculadas a las Fuerzas Armadas cubanas, que circulan en redes sociales, han generado una ola de burlas y comentarios críticos por la evidente obsolescencia del equipo mostrado.
Lejos de proyectar disciplina o capacidad disuasoria, el material expuesto ha reforzado la percepción de un aparato militar anclado en el pasado, incapaz de ocultar sus carencias
Puesta en escena de las Fuerzas Armadas cubanas
En los últimos días, en el contexto de ejercicios militares asociados al Día Nacional de la Defensa y a maniobras de preparación combativa, han aparecido en redes y en publicaciones oficiales escenas de entrenamiento con armamento antiguo y equipos improvisados.
Usuarios en distintas plataformas describen fusiles viejos, uniformes deteriorados y prácticas rudimentarias, que evocan más una puesta en escena propagandística que una preparación militar efectiva. El contraste entre el mensaje oficial y lo que muestran las imágenes ha sido uno de los principales detonantes de la reacción crítica.
“Híbridos” y ruina del aparato militar
Lo que algunos intentan presentar como innovación o adaptación creativa se percibe, en cambio, como un síntoma de la ruina estructural del aparato militar cubano. Los llamados “híbridos” —vehículos civiles o camiones antiguos adaptados con sistemas antiaéreos de origen soviético— ilustran hasta qué punto la falta de acceso a tecnología moderna obliga a soluciones improvisadas.
Especialistas en asuntos militares suelen coincidir en un punto básico: ningún ejército con capacidad real moderniza sistemas de armas de hace cuatro décadas si puede adquirir plataformas eficaces. En el caso cubano, la modificación de chatarra responde menos a una doctrina innovadora que a la escasez de recursos, aislamiento tecnológico y falta de acceso a mercados de defensa.
Estas adaptaciones, además, no solo resultan ineficientes frente a ejércitos modernos, sino que implican costos logísticos y operativos que difícilmente se justifican en términos estratégicos.
El contexto regional como catalizador
Esta exhibición ocurre en un momento de tensiones regionales, marcado por acontecimientos políticos en América Latina y, en particular, por la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.
Analistas y comentaristas digitales interpretan este escenario como un incentivo adicional para que el Gobierno cubano intente mostrar preparación y firmeza, consciente del golpe simbólico que supone la caída de uno de sus principales aliados regionales. Sin embargo, la reacción pública ha ido en dirección opuesta: la exhibición no intimida, sino que debilita el mensaje.
Prioridades militares frente a la crisis interna
Mientras el país enfrenta dificultades económicas severas, apagones prolongados, escasez de alimentos, falta de ambulancias y restricciones energéticas, el uso de recursos —incluido combustible— en ejercicios militares que acaban convertidos en material de mofa subraya el desajuste entre la narrativa oficial y las prioridades cotidianas de la población.
El contraste resulta especialmente evidente: equipos de museo movilizados para una guerra imaginaria, en un país donde los servicios básicos colapsan y la vida diaria transcurre entre carencias estructurales.
Lejos de reforzar la imagen de control y fortaleza, la circulación de estas imágenes ha terminado por exponer las limitaciones materiales de las Fuerzas Armadas cubanas. En lugar de respeto o temor, el resultado ha sido ironía, incredulidad y burla.
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