La orden ejecutiva de Donald Trump, diseñada para castigar con aranceles a quienes suministren crudo al régimen cubano, eleva el costo político del envío de petróleo mexicano a Cuba y obliga a Claudia Sheinbaum a medir cada palabra.
La presidenta aborda el asunto como un riesgo de crisis humanitaria: sostiene que un recorte de combustible golpea primero a la población, porque compromete el funcionamiento de hospitales, el transporte y otros servicios esenciales. Al mismo tiempo, activa la vía diplomática con Washington para buscar margen de maniobra, mientras mantiene en pausa los envíos y evita convertir la crisis cubana en un conflicto propio con Estados Unidos.
La orden ejecutiva de Trump: propósito y alcance
El 29 de enero de 2026, la Casa Blanca informó que el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que declara una emergencia nacional respecto a Cuba y establece un procedimiento para imponer aranceles a bienes procedentes de países que “vendan o de otro modo proporcionen” petróleo a la isla. La medida se presenta como una respuesta de “seguridad nacional” y “política exterior” ante lo que Washington describe como “acciones malignas” del Gobierno cubano.
Qué dice la orden y cómo funcionaría
La orden ejecutiva plantea un mecanismo de castigo comercial a terceros países. En términos prácticos, el Gobierno estadounidense sostiene que, si un país suministra crudo a Cuba, Estados Unidos puede aplicar aranceles adicionales a productos importados desde ese país mediante un proceso de determinación administrativa. La Casa Blanca afirma que el objetivo consiste en encarecer y disuadir el abastecimiento energético hacia La Habana, trasladando el costo a quienes actúen como proveedores.
La Casa Blanca publicó además una hoja informativa el mismo 29 de enero, donde explica que el foco incluye la venta o provisión de crudo como punto de presión y ubica la medida dentro de su estrategia hacia el régimen cubano.
Hasta ese momento, los envíos de petróleo mexicano a Cuba se mantenían como una opción viable dentro de una relación bilateral discreta, sin confrontación abierta con Washington. El nuevo escenario altera ese equilibrio: se trata de un instrumento administrativo con capacidad de impacto sobre terceros países.
Para la isla, la orden ejecutiva llega en un momento de alta vulnerabilidad. La reducción de suministros externos y la fragilidad del sistema eléctrico sitúan el acceso al combustible como un factor crítico para el funcionamiento de servicios básicos.
¿Qué pasará con el envío de petróleo mexicano a Cuba?
La presidenta Claudia Sheinbaum abordó el tema en su conferencia matutina en Ciudad de México. Allí informó que instruyó a la Secretaría de Relaciones Exteriores a contactar al Departamento de Estado para precisar el alcance de la orden ejecutiva y explorar una vía diplomática.
Sheinbaum construyó su argumento alrededor del impacto social de una restricción energética en Cuba. Planteó que el combustible sostiene la operación cotidiana de hospitales, el funcionamiento del transporte y el acceso a servicios básicos, por lo que un recorte puede golpear primero a la población. Ese encuadre le permite respaldar una posición de solidaridad en clave humanitaria y, a la vez, mantener una estrategia de cautela en la relación con Estados Unidos.
En paralelo, medios internacionales han informado que México mantiene en pausa el envío de crudo a Cuba, y que Sheinbaum ha presentado esa decisión como un asunto de soberanía y de condiciones de suministro.
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