Frente a la sede principal del Ministerio Público, en Caracas, los familiares de presos políticos gritan: "Todos son inocentes, ninguno es delincuente". Portan pancartas y se sobreponen al temor que, por años, autocensuró a muchos en el espacio público. Si el chavismo sigue en pie, a pesar de la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026, ¿qué cambió para que escenas de protesta como esta vuelvan a suscitarse estos días?
Jorge Rodríguez, líder de la Asamblea Nacional y hermano de la presidente interina Delcy Rodríguez, prometió solo cinco días después de la extracción de Maduro que el régimen pondría en libertad a "un número importante de personas venezolanas y extranjeras" desde el momento mismo del anuncio.
Liberación "a cuentagotas" de presos políticos
Sin embargo, las liberaciones de nacionales han ocurrido a "cuentagotas". Las familias se impacientan. Es comprensible. Saben que cosas oscuras ocurren tras las rejas del socialismo. Hace poco un ciudadano francés secuestrado por el chavismo confesó haber sido agredido sexualmente por una oficial policial del régimen mientras viajaba encapuchado en un auto atronado con reguetón. Acabó en la cárcel conocida como El Rodeo I.
Justo en ese lugar se encuentra el teniente José Ángel Barreno, preso político cuya madre, Massiel Cordones, protagonizó otra protesta:
"Basta ya de tantas mentiras, Jorge Rodríguez. Si te paraste el 8 de enero a decir que iba a haber excarcelaciones, entonces cumplan."
Lo que traba el paraguas de las liberaciones, presionadas por la administración Trump, parece ser la obstinación de Diosdado Cabello, ministro del Interior y Derechos Humanos —sí, leyó bien, Derechos Humanos. Se cree que algunos presos están en un estado tan deplorable que sería aún más escandaloso que el mundo los viera así. Otros estiman que Cabello, acostumbrado al poder de los "colectivos", los grupos paramilitares que aterrorizan a la población, se resiste a cumplir las órdenes de la Casa Blanca.
Esos roces dentro del chavismo podrían hacerlo implosionar. Parece que la intención de Marco Rubio es deschavizar Venezuela utilizando el chavismo. Debilitarlo con contradicciones entre distintas facciones. Oponer a los que se aferran al mazo, como Cabello y compañía, con los que temen a un nuevo 3 de enero. Previo a la captura de Maduro, ¿habrá negociado Rubio con los Rodríguez para que aceptaran una transición, cambios en el sistema que facilitarían una futura democratización?
Parecen indicarlo algunos movimientos desde quienes rodean el Palacio de Miraflores. Esa semana, Delcy Rodríguez se reunió con el director de la CIA. ¿De qué hablaron: de la reapertura de la embajada en Caracas, asuntos con el narcotráfico, la no colaboración con Cuba, Irán o Rusia? Lo cierto es que una visita de esa clase, bajo el chavismo, no se había dado antes de la captura de Maduro.
Destitución y deportación de Álex Saab
Casi simultáneamente, la mandataria encargada destituyó del cargo de ministro de Industrias al colombiano Álex Saab, quien esta semana fue finalmente deportado a Estados Unidos por petición de la DEA. La decisión zarandeó al esquema de poder chavista, pues Saab fue un testaferro personal de Maduro, detenido por blanqueo de capitales en Estados Unidos y devuelto por la administración Biden en 2023.
También se materializaron cambios de titulares en las carteras de Comunicación e Información, Transporte y Ecosocialismo. Sí, ecosocialismo, una formulación wokista que se une al uso del lenguaje inclusivo por parte de Nicolás Maduro.
Es posible que estas destituciones y ascensos sean parte de una purga para sentar en la toma de decisiones a individuos más próximos y obedientes a Delcy Rodríguez o purgar a quienes no estén dispuestos a caminar con potenciales cambios futuros.
"Tomaríamos la Casa Blanca"
El hijo de Maduro, "Nicolasito", parte de la Asamblea Nacional, también ha sido noticia por sus dichos bajo la presidencia interina de Rodríguez. Lejos de aquella frase de 2017, cuando aseveró, geográficamente errado, que "¡Si Estados Unidos llega a mancillar el suelo patrio, los fusiles llegarían a Nueva York y tomaríamos la Casa Blanca!", hoy pide retomar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos e Israel.
Jorge Rodríguez ha hablado en la televisión nacional chavista sobre la necesidad de reformar el Código Electoral de Venezuela, el mismo que forzó el "triunfo" de Maduro en el verano de 2024, sobre la candidatura de la dupla opositora de Edmundo González y María Corina Machado.
Si nada de eso convenciera al lector de que estos pasos paulatinos parecen indicar un desplazamiento hacia una paulatina deschavización —presión de Estados Unidos mediante, por supuesto—; si el lector cree más en los discursos soberanistas de la gobernante interina, antes que en el pragmatismo de las palabras de Stephen Miller sobre Estados Unidos controlando Venezuela... entonces ponga atención a la más reciente jugada de un aliado de Caracas.
China, a quien el chavismo le abrió otra puerta (junto a Cuba y Nicaragua) en Iberoamérica, acaba de exigirle a Delcy Rodríguez el pago de los préstamos que felizmente había desembolsado por un valor de hasta 20 mil millones de dólares.
Solo el tiempo y las borrascosas circunstancias de la política dirán, pero en este nuevo episodio del chavismo (Dios quiera que el último), China nota cómo Venezuela se empieza a mover con paso lento hacia otra dirección, una donde ya no luce como una buena inversión, ni una plataforma a largo plazo para los enemigos de Occidente.
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