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Escritores | Pedro Juan Gutiérrez: "La literatura es la gran memoria de la humanidad"

"Cuando escribo estamos solamente los personajes y yo. Me olvido por completo de los lectores, los editores, los periodistas, los investigadores. No me interesan. Este es un trabajo muy solitario."

El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez.
El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez.

Prevengo a los lectores que la introducción a esta entrevista es bastante larga, pero me parece absolutamente relevante que conozcan las circunstancias en las que, a lo largo de muchos años, me fui acercando a la singular obra de mi entrevistado.

La primera vez que leí algo escrito por Pedro Juan Gutiérrez yo era un preadolescente y Pedro Juan escribía para la revista cubana Bohemia. Aquel periodismo me pareció muy diferente. Se me antojaba cercano a la literatura y a diferencia de lo que solían hacer otros, hablaba de sí mismo con un lenguaje desnudo de metáforas o imágenes elevadas. 

Pedro Juan contaba sobre su paseo (creo que nocturno) por una playa de, dicho con las palabras que luego él usaría en su Trilogía sucia de La Habana, un tipo que se sacaba el rabo para mear sobre la arena como quien deja su marca.

Cubierta del libro "Trilogía sucia de La Habana" (Anagrama, 1998) de Pedro Juan Gutiérrez.
Cubierta del libro "Trilogía sucia de La Habana" (Anagrama, 1998) de Pedro Juan Gutiérrez.

No supe mucho más de PJ hasta que a  finales del pasado siglo me llegaron noticias del revuelo provocado por la publicación en España de aquella Trilogía… que mostraba los costados más sórdidos de la realidad habanera. Pero, desde luego, aquel libro del que acá se hablaba como antes en Checoslovaquia de La insoportable levedad del ser de Kundera o en la URSS del Archipiélago Gulag de Solzhenitsin, no llegó a mis manos y Pedro Juan Gutiérrez empezó a convertirse en leyenda.

Volví a tener noticias ciertas de este autor gracias a un amigo residente en España que, en 2006 y como obsequio por mi cumpleaños, me envió recortes de prensa sobre el escritor y su obra, y un ejemplar de Melancolía de los leones junto con una dedicatoria que rezaba: "Para mi amigo de siempre, con la fuerza de las distancias"—, conjunto de relatos publicado por la editorial española Odisea en 2005 en su colección "Hetero"; un libro que, dicho sea de paso, mostraba a un Pedro Juan diferente al que dibujaban aquellos recortes.

La tercera vez que Pedro Juan Gutiérrez se me hizo presente llegó poco después. Ya era yo un joven narrador recién egresado de los cursos del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, que participaba en el evento Habana 39, que reunió a un buen puñado de egresados del Centro y algunos de Latinoamérica.

El escritor Pedro Juan Gutiérrez en su estudio.
El escritor Pedro Juan Gutiérrez en su estudio.

Entre coloquios y tertulias formales y/o improvisadas, la narrativa de Pedro Juan centró muchos de los debates, ya fuese desde el rechazo absoluto a su manera de contar, o desde la admiración que llevó a un colombiano asistente a confesarme que él había acudido al apartamento de Centro Habana donde vivía el autor para conversar con él.

Lamenté mucho que no me hubiese invitado a acompañarlo en esta visita y dado que era la tercera vez (número cabalístico donde los haya) que el polémico narrador aparecía en mi vida sin haber yo leído más que aquel ejemplar tan distanciado de sus novelas habaneras, juré que alguna vez entrevistaría al autor.

Con el decursar de los años, llegaron a mis manos algunas de las novelas que escandalizaron a buena parte de la intelectualidad cubana y que, finalmente, fueron publicadas por sellos editoriales de la isla: El rey de La Habana (Unión 2009), Animal tropical (Editorial Oriente 2016), El nido de la serpiente (Unión 2016), Fabián y el caos (Unión 2017).

A la lectura de estos cuatro libros y del ya citado Melancolía de los leones, sumé algunos fragmentos de otras novelas, publicados en revistas literarias cubanas y el ensayo Con hambre y sin dinero, en el que Ena Lucía Portela comenta sobre El rey de La Habana. 

Tal vez no sea bagaje suficiente para mantener un diálogo a fondo con alguien que conoce los intríngulis del periodismo y sus géneros mucho mejor que yo, pero algo dentro de mí clama a gritos por desentrañar de una vez la leyenda, el misterio, las múltiples suposiciones que rondan a alguien que carga con el sambenito de ser considerado un Bukowski tropical y cuya obra fuera clasificada por una de aquellas detractoras de Habana 39 como "puro morrongonato".

Leyendo en la solapa de mi ejemplar de Melancolía... las notas biográficas sobre su autor, siempre me viene a la mente el largo camino recorrido por Mark Twain para llegar a ser el reconocido autor de Tom Sawyer. Volviendo la vista atrás, a todas aquellas profesiones y lugares que fueron conformando los muchos Pedritos que se debatían dentro de usted en 1997, un año antes de que Trilogía sucia... lo lanzase a la fama, ¿ha pensado alguna vez en contar literalmente sus memorias de estos años de formación?, ¿cree que el llevar una vida tan rica en sucesos y cambios influyó en el hecho de que no publicara ningún libro hasta pasados los treinta?

Publiqué Trilogía sucia... con cuarenta y ocho años. Había estado escribiendo desde los trece años, cuando empecé con pequeños poemas de amor, pero el aprendizaje fue muy largo. Siempre he sido muy exigente con lo que publico.

Escribir se escribe, pero después hay que dejarlo un tiempo para que sedimente y si no merece la pena, pues no se publica. Lo que Hemingway llamaba activar el detector de mierda. 

Lo primero que realmente me gustó de mi obra fueron los cuentos de Trilogía sucia... y por eso hice la gestión para publicarlos. Antes hubo mucha poesía, muchos cuentos, incluso una novela de espionaje internacional, otra que se desarrollaba en La Habana y que está perdida por ahí. Antes de Trilogía... escribí mucho.

Ha contado muchas veces cómo Trilogía sucia... llegó a la editorial Anagrama y ha negado la influencia directa de Bukowski en la manera de contar aquellas historias, aunque se le califica a usted como Bukowski tropical. En 2005, Editorial Odisea, al promocionar Melancolía de los leones dice que son "los relatos cubanos que le hubiera gustado escribir a Jorge Bucay". ¿Le molesta que constantemente se busque un referente para su narrativa? ¿Reconoce alguna deuda ya sea estilística o en cuanto a los temas a tratar? 

Los editores son negociantes ante todo y como recurso comercial necesitan comparar a un escritor nuevo desconocido con alguien. Dicen: "vamos a ver a quién se parece este. ¿Se parece a Milán Kundera, se parece a Bukowski, Henry James, a Dostoievski?" Es una etiqueta comercial, nada más que eso. Y los periodistas la repitieron, la repitieron, la repitieron y se quedó lo del "Bukowski tropical" y toda la tontería esa, pero a mí me da igual. No me inquieta. Me molesta a veces, pero no me inquieta demasiado. 

En cuanto a los referentes, he hablado mucho de las influencias que he tenido en mi escritura y creo que han sido fundamentalmente los escritores de cuentos. Cuando leí Winesburg, Ohio de Sherwood Anderson que se publicó en Cuba en la colección "Cocuyo", quedé asombrado con esos cuentos tan breves pero tan bien escritos, tan perfectos. 

Luego leí todos los relatos de Hemingway y también quedé asombrado. Y los cuentos de Grace Paley y de Maupassant, tan maravillosos. Y en otra línea, Dostoievski, sobre todo Crimen y castigo, una novela que he leído dos o tres veces y me parece increíble, me llega mucho. 

También he contado muchas veces que, cuando tenía entre 19 y 21 años y vivía en Matanzas, leí Desayuno en Tiffany's de Truman Capote, en una edición que tenían en la biblioteca "Gener y del Monte" y me quedé deslumbrado (pese a que por entonces ya no era un lector inocente). 

El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez.
El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez.

Me gustó mucho esa forma de escribir de Capote, que no parece literatura, y me dije que, si algún día llegaba a ser escritor, quería escribir como este hombre y vivir un poco como Hemingway: viajando por ahí, teniendo muchas mujeres, muchos amigos, conocer a todo el mundo, no parar. Me gustaba eso en aquel momento, aunque hoy en día comprendo que era una locura de juventud. 

Hoy en día me siguen influyendo algunos escritores que prefiero y que sigo leyendo mucho, como Lucia Berlin, norteamericana que me encanta y tengo sus tres libros. La estoy releyendo ahora precisamente, en este momento. Hay escritoras, especialmente de cuentos, que me influyen mucho. Admiro mucho al escritor que puede escribir con brevedad, con fuerza, con potencia, que no desperdicia las palabras y no utiliza el idioma como si fuera una tontería. Al idioma hay que respetarlo.

Muy cercanas en el tiempo aparecen Trilogía sucia..., la censurada Habana Babilonia, de Amir Valle, las novelas que tienen como protagonista a Mario Conde publicadas por Leonardo Padura y La sombra del caminante, de Ena Lucía Portela. En todas ellas la ciudad de La Habana es protagonista, en todas hay un universo que se deshace, personajes marginales, un país que no aparece en los noticieros de televisión. 

Siendo periodista de profesión, ¿cree usted que de alguna manera los narradores cubanos de finales del siglo XX han suplido con sus obras ese déficit en el trabajo de la prensa oficial que prefiere sólo tocar tangencialmente la realidad cubana? ¿Reconoce puntos de contacto y diferencias con respecto a los tres autores que le mencionaba? 

Yo pienso que la literatura no sustituye al periódico ni a la prensa. La prensa tiene su función que todos conocemos perfectamente y la literatura tiene la suya: es la gran memoria de la humanidad, la memoria de la vida verdadera, porque la Historia por lo regular va a los combates, a los momentos importantes de guerras, luchas por la liberación y la literatura puede darse el lujo de ir por su rumbo y dejar que la política y la Historia sigan por allá, lejos. Y tú, ir indagando. 

Un escritor se parece mucho a un antropólogo, un sociólogo. Es lo que hace básicamente: investigar en la parte más secreta de la vida de cada persona. Todos tienen una vida pública, una vida personal y una vida secreta, son como tres grados de verdad que hay en cada uno y lo interesante es poder llegar a la vida secreta de cada individuo, cada personaje, y tener valor para exponerlo, porque a veces se encuentran cosas tremendas.

El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez.
El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez.

Sobre los escritores de los que hablas: Padura, Amir y Ena, con respecto a mí, creo que somos muy diferentes. Cada escritor tiene su propio proyecto, sus propias necesidades expresivas, sus propias cosas que decir y creo que somos cuatro escritores muy, muy, muy, muy diferentes. 

Eso es lo bueno de la literatura cubana, que coexisten escritores tan diferentes como Lezama Lima y Cabrera Infante, como Carpentier y Ena Lucía Portela. Es increíble que un país tan pequeño tenga una literatura tan importante. Creo que México, Argentina y Cuba conforman, junto a España, los más grandes cuerpos literarios de nuestro idioma.

Es importantísimo que cada escritor tenga su propio proyecto, su propia búsqueda. Es de lo que se trata.

Puede que la inteligencia artificial no sea muy fiable, pero, aun teniéndolo presente, cada día solemos utilizarla más. Yo le he preguntado a Grok, la IA de X, cuáles serían las veinte mejores obras de la narrativa cubana y, en una lista que encabeza Paradiso, de Lezama Lima, con una puntuación de 9.2 y que cierra La fiesta vigilada, de Antonio José Ponte, con 7.2, Trilogía sucia... aparece en la séptima posición con puntuación de 8.5, por encima de clásicos como Antes que anochezca de Reinaldo Arenas, Mi tío el empleado, de Ramón Meza o La Edad de Oro de Martí. ¿Qué le parece la ubicación de su obra en esta especie de ranking?

Mira, perdóname, pero la literatura no es una competencia. Yo no creo en eso de que Trilogía... está en el séptimo lugar y El siglo de las luces está en tal y más cual y que sé yo qué. No le encuentro sentido a ese tipo de clasificaciones. Puede ser muy bueno para un artículo periodístico, pero no creo que sea serio, no tiene sentido ninguno.

El rey de La Habana es parte del llamado "Ciclo de Centro Habana" y quiero quedarme con los epígrafes que usted utiliza, porque, en mi opinión, y perdone que teorice sobre su novela, creo que resumen muy bien el contexto de una realidad y marcan una dicotomía que tal vez la crítica no ha destacado suficientemente, pero que se me antoja esencial al adentrarnos en sus novelas habaneras. De un lado, lo popular, lo típico, cuasi folclórico, reflejado en esos fragmentos de canciones que buscan definir una identidad de lucha, autoconfianza y cierta altanería, contraponiéndose a la profunda reflexión de [Edmundo] Desnoes sobre el subdesarrollo. 

¿Hay un propósito, una clara premisa de contar la suciedad y decadencia finisecular de la capital cubana, apelando sin sonrojos a lo más sucio y sórdido de la jerga de sus habitantes, pero sin renunciar a la reflexión más profunda sobre la génesis de estos procesos? ¿No cree que en muchas ocasiones el análisis crítico de la narrativa de Pedro Juan Gutiérrez se enfoca tanto en la manera de decir que obvia la profundidad y relevancia de lo que se dice; que se privilegia el debate sobre el cómo por encima del qué se cuenta?

Lo he explicado otras veces. Originalmente, El rey de La Habana era solo un cuento. Yo había terminado Trilogía sucia..., había terminado tres años de trabajo, estaba cansadísimo emocionalmente y pensé que sería un cuento de siete cuartillas, pero me levantaba por las mañanas, me ponía a trabajar en él y se extendía cada vez más. 

Fue un libro agónico. Me pasó algo muy raro: el personaje se apoderó de mí y me destruyó. Dejé de comer, nada más que bebía y andaba como un loco por ahí en las tardes haciendo cosas, bebiendo, sin bañarme. La que era mi mujer en aquel entonces creía que había enloquecido. Estuve así 57 días y al final, los últimos tres o cuatro días llorando por el final de la novela. Fue terrible. Por suerte, eso no se repitió con otros libros. Han sido muy fuertes, porque yo siempre me concentro mucho, pero no de esa manera enfermiza.

Cubierta del libro "El rey en La Habana" (Anagrama, 1999) de Pedro Juan Gutiérrez.
Cubierta del libro "El rey en La Habana" (Anagrama, 1999) de Pedro Juan Gutiérrez.

Respecto a la crítica, desde que salió Trilogía sucia... en octubre de 1998 para acá he brindado miles de entrevistas y se han escrito tres libros sobre mi obra: uno en Estados Unidos, otro en Brasil y un tercero en España. Una buena parte de mi archivo está en la universidad de Princeton, Nueva Jersey porque ellos me lo pidieron. 

No leo los artículos teóricos sobre mi obra. Los voy guardando en cajas y los mando a Princeton. Allí están y el que quiera revisarlos que los revise. Creo que también en la Biblioteca Nacional José Martí hay algo y todavía me queda algo que quiero donarles.

No creo que me ayude en absoluto ponerme a leer las investigaciones de otros sobre mis libros. Ya bastante trabajo y agonía es escribir un libro para después ponerte a leer las opiniones de los demás.

Cuando le conté a un amigo que iba a entrevistar al autor de El rey de La Habana me confesó que no conocía ni al escritor ni la novela, pero sí la película de igual nombre. ¿Qué puede decirnos de esta versión cinematográfica de su novela?

Brevemente: la película la escogió una productora que tenía relativamente poco capital. Esa productora contrató al catalán Agustí Villaronga como guionista y productor y compró los derechos de la novela, algo normal en el mundo editorial. La película quedó mal. Hubo que hacerla en Dominicana y no en Cuba, porque aquí ni el ICAIC ni nadie tuvo interés en comprometerse y al trasladar la historia a Dominicana perdió, y la película realmente no es buena. 

Tráiler de la película "El rey de La Habana" (2015) de Agustí Villaronga.

El guion es realmente maravilloso, muy, muy cinematográfico y Agustí Villaronga (que murió de cáncer en 2023) y yo nos hicimos muy buenos amigos. Era un tipo maravilloso como persona y como profesional, pero la película quedó mal por no poder hacerse en Cuba, lo que le hizo perder toda la gracia. No es ni remotamente lo que habíamos pensado y no me gustó.

En Animal tropical aparece una especie de alter ego de Pedro Juan. Uno o todo un conjunto de esos Pedritos que luchan entre sí dentro de Pedro Juan El Grande. ¿Cómo construyó este personaje? ¿Siempre pensó que el recorrido no se limitaría a las páginas de Animal tropical?

El personaje de Pedro Juan es un jodedor, un cubano típico que puedes encontrar perfectamente. 

Es un tipo un poco machista, racista. Molesta decirlo a estas alturas, pero es así: Cuba es un país machista y racista y hay que luchar constantemente contra eso. Desde el punto de vista legal está todo muy bien, pero la estructura de la sociedad es muy difícil cambiarla en unos pocos años y Pedro Juan es un tipo así: bastante jodedor, borrachín, templador, gozador, que no se proyecta mucho hacia el futuro, vive el día a día, es un personaje de la calle, común y corriente.

Ha dicho en varias ocasiones que, en contra de la opinión generalizada, la literatura de Charles Bukowski no influyó en la redacción de Trilogía..., pero en El nido de la serpiente usa un epígrafe de este autor que hace suponer cierto conocimiento de su obra. ¿Cómo se produce el acercamiento real de Pedro Juan Gutiérrez a la literatura de Charles Bukowski?

Lo que pasa con Bukowski es que cuando llegué a Barcelona en octubre de 1998 a presentar Trilogía… leí la contraportada de mi libro que mencionaba a Bukowski. Entonces resulta que Anagrama es la editorial que lo publica en español y [Jorge] Herralde me regaló todos sus libros. Eran muchos.

Llevaban años publicando a Bukowski y me explicó que para ellos era un longseller, es decir, un autor cuya obra todos los años se vende un poco y lo mantienen en el "piso editorial" por eso, por fidelidad a unos cuantos cientos de lectores nuevos que se añaden cada año. 

No es un bestseller y me explicó que yo era lo mismo, que nunca he sido un bestseller de vender diez mil ejemplares en seis meses ni nada de eso, si no de vender unos cuantos cientos de ejemplares de cada título. También los autores británicos que publica Anagrama son longsellers. En lo personal, lo prefiero: ganar unos pocos cientos de lectores cada año y que los libros estén ahí, disponibles en las librerías.

En Animal tropical, tras los epígrafes que vuelven a unir lo marginal y la reflexión profunda, hay una nota en la que usted aclara: "Esta novela es una obra de ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia". En El nido de la serpiente, publicada a posteriori y donde reaparece el personaje de Pedro Juanencontramos, incluso antecediendo al epígrafe y bajo el título "Advertencia del autor", la siguiente nota: "Esta novela es una obra de ficción. Todos los sucesos y personajes son imaginarios". Notas similares se repiten en otras de sus novelas, ¿por qué considera necesario aclarar expresamente este punto? 

Para evitar reclamaciones posteriores, porque siempre parto de personas reales para construir mis personajes y se pone eso como una especie de aviso legal. No molesta a nadie y está aclarando que es una obra de ficción y punto. Así y todo, siempre hay gente que reclama, quieren ser los protagonistas y todo eso. Una tontería.

Quiero ahora retroceder en el tiempo para conversar sobre Melancolía de los leones, un libro en el que la forma de contar difiere de su novelística y el tono es más poético, diría que pequeñito. ¿Me cuenta cómo este libro llega a Odisea, una editorial que publicaba fundamentalmente literatura de temática gay? ¿Cómo conecta estos relatos con su poesía (lo primero que publicó, refiriéndonos a libros, claro está) y que suele ignorarse tanto que en muchas notas de contraportada se le califica a usted apenas como narrador?

Melancolía… no tenía nada que ver con Odisea pero a mi agente le gustaba mucho ese libro y Anagrama no tenía interés en publicarlo porque no tiene nada que ver con los otros. Sería como meter un bolero en medio de una sinfonía. 

Cubierta del libro "Melancolía de los leones" (Odisea, 2005) de Pedro Juan Gutiérrez.
Cubierta del libro "Melancolía de los leones" (Odisea, 2005) de Pedro Juan Gutiérrez.

Entonces había que buscar otra editorial para publicarlo. Se vendió muchísimo. Hicieron como tres ediciones de buena tirada en cuatro o cinco años, que se vendieron muy bien y ya. Esa es la historia: simplemente a Anagrama no le interesaba ese libro y había que buscar otra editorial.

Pedro Juan tiene la "suerte" de que una importante editorial española publica la mayoría de sus libros, ¿nos comenta su relación con Anagrama y otras editoriales internacionales?  ¿Cómo ha sido la negociación para publicar sus novelas en Cuba?

En Anagrama yo he tenido muchísima suerte. Es una suerte que exista una editorial tan respetuosa, tan seria y que tiene tantísimo prestigio. Publicar un libro ahí ya te da un prestigio extraordinario. He publicado trece o catorce títulos, uno detrás del otro a partir del año 98. Es una especie de proeza, eso no le pasa a nadie. 

También he publicado en Planeta España. Publiqué en la editorial Verbum una selección de mi poesía: La línea oscura y después. Hace alrededor de dos años, esta misma editorial publicó un tomo de más de quinientas páginas de mi Poesía completa con todo hasta ese momento (hoy en día habría que agregar uno o dos cuadernos más con treinta o cuarenta poemas más). Para mí la poesía es muy importante. Anagrama no quiere publicarla y entonces está en Verbum. En Planeta está Corazón mestizoque es un libro de viajes por Cuba y en Anagrama está todo lo demás.

¿Ha tenido la oportunidad de dialogar con sus lectores? ¿Cómo es su relación con ellos?

He escrito más de treinta títulos entre cuentos, novela, poesía e incluso un libro de ensayos: Diálogos con mi sombra. He publicado bastante y realmente me da igual lo que piense el lector. Cuando escribo estamos solamente los personajes y yo. Me olvido por completo de los lectores, los editores, los periodistas, los investigadores. No me interesan. Este es un trabajo muy solitario. El escritor tiene que tener cuidado porque es un oficio muy peligroso.

Con los lectores mantengo un mínimo intercambio. Durante muchos años tuve un blog. Ya no lo tengo. Me cansé un poco de escribir para ahí. Me gustaba mucho cuando lo tuve, pero me cansé.

He viajado muchísimo a hacer promociones, a presentar los libros y en ese caso por lo regular se deja un rato para que los asistentes a las presentaciones puedan hacer preguntas, pero no me interesa ese contacto excesivo con los lectores. En realidad un escritor hace la mitad del trabajo. El libro escrito es el cincuenta por ciento del trabajo. Después el lector lo coge y lo rehace a su manera, hace su propia lectura. Si un libro tiene cien mil lectores habrá cien mil libros diferentes.

Hay quien dice, por ejemplo, que Trilogía... es antropología o sociología o crónica periodística. Yo me quedo callado y dejo que cada cual piense lo que quiera, democráticamente.   

Muchos escritores de su generación y las siguientes han abandonado Cuba, otros, como Portela en su microcosmos de El Vedado, Padura en Mantilla y usted en Centro Habana, permanecen. ¿Cuáles son las razones que han llevado a Pedro Juan a no renunciar a ese entorno?

Vivir en Centro Habana me gusta. Durante los últimos veintitantos años he estado la mitad de cada año (seis o siete meses) en España y el resto del tiempo aquí, especialmente en Centro Habana. La verdad es que me gusta a pesar de todo.

El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez.
El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez.

¿Podría opinar sobre algunos de los narradores cubanos ya mencionados u otros?

Perdona, pero prefiero no contestar esta pregunta porque no quiero calificar a otros escritores. Hay unos que me gustan mucho y otros menos, como pasa siempre, pero no tengo ningún interés en estar clasificando.

Irremediablemente, la última pregunta: ¿es capaz de definirse con la misma sobriedad Pedro Juan El Grande, acallando a los peores Pedritos?

Los Pedritos son insoportables. Si les hago caso me vuelvo loco, no me dejan vivir. Los Pedritos dentro de Pedro el Grande son tremendos. Creo que le sucede a todo escritor que tenga mucha imaginación, que lea muchos libros a lo largo de su vida.

He tenido una vida muy intensa, desordenada y larga: 76 años viviendo en tantos lugares, viajando tanto, leyendo tantísimo, conociendo tantísima gente, teniendo tantas mujeres, tantos amigos.

A veces me parece que no tengo 76 años, creo que tengo 150. Una vida muy larga e intensa, pero ha sido beneficioso. He tenido una vida muy divertida, útil y provechosa, así que estoy muy agradecido. Eso es lo que toca ahora, estar muy agradecido a la vida. Y agradecido a ti también por hacerme esta entrevista, estas preguntas. Te lo agradezco mucho.

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Alejandro Langape

Alejandro Langape periodista

Ingeniero. Narrador y ensayista. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Reside en Villa Clara.

 

 

 

 

 

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