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Opinión | El vuelo infinito

"Un pueblo que emigra es una señal más que convincente del infierno que lo asfixia. Esas duras palabras gravitan sobre los que aún permanecemos de este lado del océano. No podemos salir. No tenemos el dinero para una apuesta tan ambiciosa."

Bruno Catalano: "Benoit" (2023), escultura de la serie "Viajeros".
Bruno Catalano: "Benoit" (2023), escultura de la serie "Viajeros".

La misericordia de Dios es infinita. Se llevó a un número nada despreciable de mis amigos de este lugar inhóspito, lleno de fracturas externas e internas, a lejanas regiones donde trabajan y echan a un lado el dolor que significa el exilio.

Sin despedidas, sin palabras más allá de un pensamiento guardado en lo más profundo del alma. Así se marcharon. No hubo razón alguna que detuviera su impulso. Irse era arrancar la espina de una vez. Pese a retener todavía las imágenes del barrio, el café en familia y los deseos de continuar la carrera por dejar una huella en el tiempo, se marcharon. Pudieron más el cansancio y el despertar nada alentador de la pérdida y el desencanto como castigo por permanecer aquí.


Un día no hubo esperanza

Los cuerpos insepultos de las pequeñas derrotas se acumulaban y les impedían abrirse paso en la maraña nacional. Un día no hubo esperanza. No hubo deseo de sonreír y el temor al cambio se apagó, como ahora se apagan las luces y las penumbras son huéspedes de nuestros hogares. 

Hay viajes que representan el cierre de un vínculo de años, de una amistad que quizás la distancia y el afán diluyan en ese océano abstracto. Cada una de las oleadas migratorias que estremecieron y estremecen a este país se llevó los buenos y malos recuerdos de mis años. Con ellas desaparecieron las conversaciones y los tropiezos propios de una amistad forjada a prueba de traiciones. Aunque para muchos adentrarse en costumbres y culturas diferentes es sinónimo de confrontación, la coraza que siempre los acompañó todavía los protege en sus nuevas vidas. 

Hombre carga una maleta. Migrantes de Centro América hacia el norte.
Emigrantes rumbo a los Estados Unidos. | Imagen: Facebook.

Es difícil ponerse en la piel de quien anda por el mundo, sosteniéndose durante el ascenso y el descenso por la gran escalera que conduce a una vida diferente. Desde aquí juzgamos la brevedad de los contactos con quien se fue. Apenas vemos fotos que exhiben una media sonrisa en un entorno libre de suciedad y pobreza. Juzgamos mal con asiduidad. Es parte de la costumbre de permanecer unidos, durante la mayor parte del tiempo, a nuestros seres amados. Pero no vemos a través de nuestros chats o videollamadas que detrás de un rostro están el dolor y la constancia de una separación tal vez definitiva.

Mis amigos se marcharon. Decidieron buscar el horizonte y ahora se mueven por calles que alguna vez soñaron. Los imagino pasar veloces para ganarle tiempo al tiempo que cae, implacable, sobre ellos. Es parte del contrato que rubricaron y ahora deben sostener con la mayor dignidad posible. Lo que hace unos años parecía lejano, hoy cae por su propio peso sobre nuestras cabezas. 

El camino está, los deseos están, solo debemos decidirnos a enfrentarlos y comprobar si valió o no la pena. ¿Quién se atreve a cuestionar al que emigra? ¿Quién al desterrado, al que se obliga a renunciar a vivir en esta tierra de tan heterogénea visión? Todos tienen derecho, pero no todos deciden ejercerlo porque hay razones que están por encima de cualquier compromiso. Palabras más o palabras menos, valdría la pena colocar sobre una balanza sus razones.

Memorias del futuro

En Memorias del subdesarrollo, novela de Edmundo Desnoes (La Habana, 1930-Nueva York, 2023) llevada al cine por Tomás Gutiérrez Alea, Titón (La Habana, 1928-1996), se narra, desde la perspectiva de Sergio, un joven inadaptado que procura, desde la altura y la agudeza intelectual, descifrar la complejidad de la naciente revolución cubana y el contraste entre ricos y pobres, entre los pensadores y la marea "socialista" que comenzaba a arrasar y a dejar su nefasta impronta hasta el día de hoy. Lo que parecía el simple testimonio de un escritor frustrado pasa a ser el testimonio de lo que vendría después, con otros nombres y oficios. 

Cartel de la película "Memorias del subdesarrollo" (1968) de Tomás Gutiérrez Alea. Autor: Antonio Saura.
Cartel de la película "Memorias del subdesarrollo" (1968) de Tomás Gutiérrez Alea. Autor: Antonio Saura.

En 2010, se estrena el largometraje Memorias del desarrollo, dirigido por el talentoso cineasta y narrador Miguel Coyula (La Habana, 1977) que, al igual que Titón, asume nuevamente la obra homónima de Desnoes. En los 112 minutos de metraje, el realizador nos deja una enseñanza que deberíamos asimilar: el hombre será un eterno inadaptado si debe entregar su libertad para encajar en una sociedad que lo recibe, pero de la cual no se siente parte. 

Me viene a la mente el poema "La ciudad" de Konstantinos Kavafis (Alejandría, 1863-1933). La voz del poeta describe la desolación que acompaña al que parte con el anhelo de borrar el pasado y el presente en un desesperado escape, pero choca de forma inevitable con la colosal barrera de sus propios errores:

No encontrarás otro país ni otras playas,

a donde vayas la ciudad te seguirá;

en las mismas calles vagarás,

en los mismos barrios envejecerás,

y en las mismas casas encanecerás.

Siempre llegarás a esta ciudad;

no esperes otra,

no hay barco ni camino para ti;

al arruinar tu vida en esta parte de la tierra,

la has destrozado en todo el universo.

Desde la perspectiva de quien ha de resignarse a seguir con la mirada la estela de los aviones y afrontar las mismas carencias que padecemos quienes vivimos en naciones dependientes de las remesas y ayudas del exterior, comprendo el deseo de los jóvenes de escapar. No es posible sostener el aliento en un lugar cuya degradación deja secuelas difíciles de soportar.

"Vida pobre, exilio, pero libertad"

Hace unos meses, mi hijo mayor emprendió su mayor proyecto: emigrar. Sé que su talento le abrirá las puertas que su dedicación y capacidad intelectual le permitan. Intuyo que será complicado volverlo a ver. Pero me alegra saberlo feliz. Es parte del proceso. Lo entiendo y procuro enfocar el lado bueno.

Un pueblo que emigra es una señal más que convincente del infierno que lo asfixia. Esas duras palabras gravitan sobre los que aún permanecemos de este lado del océano. No podemos salir. No tenemos el dinero para una apuesta tan ambiciosa. Nos resta contemplar con creciente tristeza la partida escalonada de los seres que amamos.

El autor francés Víctor Hugo en la casa de Hauteville, durante su exilio en la isla británica de Guernesey (de 1851 a 1870) en 1868.
El autor francés Víctor Hugo en la casa de Hauteville, durante su exilio en la isla británica de Guernesey (de 1851 a 1870) en 1868.

Frente a ese encierro se alza la libertad, esa figura inmensa que refulge y nos enseña que no habrá crecimiento ni prosperidad sin su presencia.Víctor Hugo acertó cuando, con pocas palabras, definió ese estado de gracia:

"Vida pobre, exilio, pero libertad. Mal alojado, mal acostado, mal alimentado. ¡Qué importa que el cuerpo pase estrecheces, con tal de que el espíritu esté a sus anchas!"

Lo más importante es dejar atrás el sitio donde no se es feliz. Con dureza lo aprendieron mis amigos. Unos mejor que otros encontraron un lugar para arrojar el ancla y comenzar el arduo camino de echar raíces. La ruta, no exenta de peligros, es la guerra que debieron asumir. Una parte del país se marchó, otra, casi por obligación, permanece a la espera de un cambio que no acaba de suceder.

Emociones clandestinas

Uno de los narradores contemporáneos más interesantes es Velibor Čolić (Modriča, Bosnia, 1964). Su novela Manual del exilio. Cómo aprobar su exilio en treinta y cinco lecciones es una poderosa mezcla de humor y amargura que nos muestra el verdadero rostro de quien intenta reconstruir su existencia sin olvidar su identidad. El sonido de las bombas y las huellas implacables de la muerte no se apartarán del joven protagonista, ni siquiera cuando intente comenzar desde cero Hay una marca imposible de olvidar. Pero también existe un pequeño y valioso motivo para la esperanza:

"El comienzo de mi segunda existencia como exiliado anuncia una larga temporada de emociones clandestinas. Una temporada dura, fría y adulta.

Nada nuevo al oeste, me digo, una frontera, luego otra. Los polis y la aduana, la aduana y los polis.

Estoy sentado en un banco en Rennes. Llueve un agua tibia y bendita sobre la ciudad. Poco a poco voy tomando consciencia de que soy el refugiado. El hombre sin papeles y sin rostro, sin presente y sin porvenir. El hombre de paso pesado y cuerpo deshecho, la flor del mal, tan etérea y dispersa como el polen. Ya no tengo nombre, ya no soy ni mayor ni joven, ya no soy ni hijo ni hermano. Soy un perro mojado de olvido en una larga noche sin alba, una cicatriz pequeña en el rostro del mundo.

Soy el refugiado.

Ahora y mañana.

Aquí y en otra parte.

Bajo la lluvia o al sol, en invierno o en verano.

Ante los hombres y ante las mujeres.

Ante los sabios y los locos, junto a los árboles y las hierbas.

Tanto en la ciudad como en el campo.

Soy el refugiado.

En la tierra como en el cielo."

El vuelo es infinito, como esas aves que parten con la certeza de algún día regresar.

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Frank Castell

Frank Castell.

(Las Tunas, Cuba, 1976). Poeta y narrador. Licenciado en Español y Literatura. Egresado del segundo curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en el año 2000. Tiene publicados los libros El suave ruido de las sombras (Poesía, Editorial Sanlope, 2000), Confesiones a la eternidad (Poesía, Editorial Sanlope, 2002), Corazón de barco (Poesía, Letras Cubanas, 2006), Final del día (Poesía, Editorial Sanlope, 2012), Salmos oscuros (Poesía, Editorial Oriente, 2013), Fragmentos de Isla (Poesía, Letras Cubanas, 2015), El solitario oficio de la resistencia (Poesía, Valparaíso Ediciones, España, 2018), Como un país desierto (Poesía, Huerga Fierro Editores, España, 2019), La maquinaria (Novela, Ilíada Ediciones, Alemania, 2020), Redentor (Poesía, Ilíada Ediciones, Alemania, 2023), Paisaje humano (Ediciones Médanos, USA, 2024), Redeemer (Poesía, Ilíada Ediciones, Alemania, 2025), El horizonte blanco de la bestia (Novela, Editorial Primigenios, USA, 2025) y La isla de los sarcófagos (Novela, Editorial Primigenios, USA, 2026).

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